Victoria sin derrotados

diana280Raúl González García*. LQsomos. Abril 2016

Un 48% de los jóvenes aceptaría cualquier trabajo, en cualquier lugar y aunque el sueldo sea bajo, según una encuesta del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud. Esta encuesta a los jóvenes, sobre la percepción del presente y el futuro, también informa de que nueve de cada diez ven la situación igual o peor de lo que se esperaban.

A pesar de crecer dentro de un sistema de educación obligatorio parece que los resultados que se reflejan, tanto al final como a mitad del camino, no son muy satisfactorios de cara a un futuro prometedor. Como consecuencia, el sistema educativo ha recibido críticas por parte de distintos grupos sociales, no cesan. No tanto por su calidad y la de sus docentes, que se atienen a lo que hay, sino por su estructura.

El Estado no contempla otro modelo educativo que no sea el escolar, que está considerado por ley de carácter obligatorio y el hecho de que unos padres no escolaricen a su hijo incluso se puede considerar delito. Los niños se educan por tanto bajo un método sistemático que considera a todos por igual, lo que no favorece a que cada uno desarrolle sus capacidades y sus virtudes bajo otros procedimientos más creativos. Algunos que aprendieron su materia por sí solos son Ray Bradbury en la literatura, Woody Allen en el cine o Jimmy Hendrix en lo musical.

Se enseña a considerar que el triunfo lo es todo. Ser el mejor, el más exitoso, estar por encima, esforzarse por obtener la mayor calificación numérica en lugar de valorar lo aprendido. Creer que llegar a la cima de la montaña lo es todo y no disfrutar lo cultivado en el camino; sin olvidar con quien lo has compartido.

Es importante educar también en valores emocionales. No siempre se puede ser el mejor en todo, cada uno debe aceptarse, conocer sus capacidades y desarrollarlas con tal de ser feliz consigo mismo. Pero no hay por qué resignarse por algo que no podemos hacer, sino alegrarse por todo lo que uno puede hacer. Entender que no ser el primero no es sinónimo de fracaso; y saber reconocer el triunfo a quien lo merece. Porque la victoria de uno no supone la derrota de otro, sino todo lo contrario, también le enriquece. Ya que tal vez la solución al problema esté en cambiar la base.

* Periodista. (CCS)

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