Virus y virajes

Lilith Rojo*. LQS. Abril 2020

Seguridad es tener hospitales y servicios sanitarios bien equipados, suficientes profesionales bien remunerados, previsión y todo ello público, universal, gratuito y de calidad

Hoy cumplo años, no tiene una relevancia especial el hecho de que sea mi aniversario, no suelo celebrar estos eventos y no porque me resista al paso del tiempo, quizá sea fruto de la dejadez de lo propio. Lo que hace especial este día es el hecho de estar en casa confinada, privilegiadamente encerrada, rodeada de estadísticas de muerte y enfermedad. Eso ha hecho que este cumpleaños sea especial y digno de celebrarse, intelectualmente hablando, como contrapunto al duelo abierto que nos rodea. Celebrar la vida también es lucha y resistencia, porque solo desde la vida podemos combatir en tantas causas en las que militamos en pos de los Derechos Humanos, de la Verdad, la Justicia y la Reparación.

Yo soy gran amante del género audiovisual donde la distopía es el marco de la acción pero no me imaginé viviéndola por culpa de un virus, en pleno primer mundo, o eso dicen, y aun menos que sería normalizada a tanta velocidad. Siempre pensé que esos escenarios se darían en esta sociedad salvajemente capitalista, neoliberal o como gustéis etiquetar, gracias a la desigualdad, la explotación desalmada de personas y de nuestros entornos y a la rebelión de los invisibles por pura supervivencia, aunque quizá debería haber supuesto que eso sería más fantástico todavía que el cine. Revoluciones triunfadoras para derrocar injusticias son utopías.

El sistema ya ha comprobado que ante crisis de todo tipo nos mantenemos como gallinas ante una raya pintada en el suelo. Y verdaderamente es triste como hemos asumido el falso argumento de seguridad por libertad y como hemos comprado que es incompatible ser libre y estar segura. Se ha asumido que seguridad es el ejército paseándose por nuestras calles haciendo sonar el himno del Reino de España, publirreportajes de desinfecciones y montajes de hospitales que ha realizado la clase trabajadora de siempre, señores con el medallero diciéndonos lo buenos soldados que somos comandados por el número uno, Felipe, caudillo de esta guerra que nos han vendido. El monarca siempre en prime time y en cabeza para el blanqueamiento de su figura y del dinero sucio que heredará de su corrupto padre. Y sin investigaciones parlamentarias porque dicen que ahora no tocan. Que no nos engañen, ya sabemos que no tocan nunca, gobierne quien gobierne el rey se defiende, como cabeza visible de otra herencia militar y corrupta llamada Régimen del 78. Y que no nos vengan ahora con la segunda parte de los funestos Pactos de la Moncloa, padres de impunidades, para perpetuar ad eternum el “atado y bien atado”, bajo la bandera de una unidad que desune y que nos dirán ser de todos los demócratas. Una unidad que ni tan siquiera es jacobina porque aquí no hubo revolución, ni guillotina, aquí siguen mangoneando los mismos de siempre entre incienso, latifundio, monopolio, privilegio y ¡Viva España!. Receta única de recentralización para todos los males del estado.

Seguridad es tener hospitales y servicios sanitarios bien equipados, suficientes profesionales bien remunerados, previsión y todo ello público, universal, gratuito y de calidad.
Seguridad es una administración responsable, solvente, que sepa dar indicaciones claras, tomando decisiones por el bien común al margen de las presiones del Sistema, sanguijuela de la especulación y carroñero de la desgracia ajena.
Seguridad es dotar a la población de elementos como guantes, mascarillas, alcohol, seguridad es hacer los tests a todo el mundo para evitar contagios gratuitos de tan alto coste.
Seguridad es tener unas residencias de la tercera edad, que jamás deberían estar al servicio del beneficio de constructoras y aseguradoras, sino que deberían ser un bien público para proteger a quienes con su sacrificio contribuyeron a que hayamos disfrutado del cacareado estado del bienestar, por desgracia en continua descomposición.
Seguridad es que ninguna persona sea ilegal y que tengan los mismos derechos que el resto de la ciudadanía, que el racismo no tenga cabida en nuestra sociedad.
Seguridad es que los sectores que se han demostrado mucho más esenciales de lo que en nuestra ceguera colectiva y elitista pensábamos, tengan unas condiciones dignas de trabajo y sean bien retribuidos.
Seguridad es tener buenos medios de transporte público y no tener que viajar hacinado.
Seguridad es proteger y ofrecer recursos públicos a quien no va a vivir un confinamiento con Netflix, la nevera llena, sin problemas de salud física o mental, con familias que le hagan de colchón emocional y que no sean la cama de un faquir, con un techo y un salario garantizado.
Seguridad es aplicar la ley sin creerse protagonista de un western porque el servicio público no es agredir gratuitamente a quien te paga el sueldo, ni llevar flores a santos y santas, ni ser el Kevin Costner de curas medievales exorcizando la Peste.
Seguridad es que a los mecenas idolatrados en vez de cantarles el cumpleaños feliz se les exija que paguen sus impuestos para que quien no pueda pagarlos disponga de ayudas para seguir adelante.
Seguridad es tejer redes de solidaridad y ayuda en comunidades, vecindarios, pueblos y ciudades para superar lo que estamos viviendo y lo que vendrá, si salimos del confinamiento de manera irresponsable y alegremente.

Este concepto de seguridad tendría que formar parte de nuestra cultura y la cultura tendría que ser un bien a proteger, no a desdeñar. Nuestro dinero no tiene que servir en ningún caso para pagar cifras millonarias a medios privados de desinformación, que solo sirven a su propio propósito porque son sistema.

Seguridad es respetar a tus vecinas y vecinos de primera y segunda residencia, quien la tenga y no haya tenido la decencia de quedarse en la primera, cumpliendo en la medida de tus posibilidades las indicaciones para protegernos de esta pandemia, que dicen los expertos que no será la última que vendrá a visitarnos sin avisar. Solo espero que entonces no haya excusa posible para no hacer las cosas bien.
Seguridad no es respeto inducido por los uniformes, es respeto generoso a las personas que nos rodean en un feedback que seguro será muy gratificante.

No compremos que se deben adoptar las parafernalias de la derecha y la extrema derecha para contentar a sus votantes y a ciertos estamentos, porque estos nunca van a aprobar la gestión de los que apodan rojos, aunque no lleguen ni a color teja, como buenos enemigos. Que no nos digan que es para que no se apropien de símbolos y colectivos que forman parte del estado porque lo que se consigue es que los que se identifican con éstos acaben votando a la ultraderecha por sobredosis de ardor nacional. Que no nos vendan que si no le dan cancha al ejército este va a ser más franquista de lo que es, mientras no se atreven a airear los cuarteles para eliminar ese olor a dictadura. Que no insinúen que hay que salvar la economía, patronal y banca, antes que a quienes la sustentamos. Porque la pregunta que se impone es para qué se vota a opciones que se autodenominan de izquierdas si con sus posturas inclinan la balanza hacia la derecha para contentar a la mano que mece la masa. Mi voto será para la mujer del César, que no solo debe ser honrada sino que debe parecerlo, porque ética y estética deben ir de la mano en estos tiempos tan peligrosos de campos embarrados de mentira y de cálculos políticos.

No debemos ser dóciles ovejas sin capacidad de realizar nuestros propios análisis, atrapados en la tela de las redes sociales, sin criterio y maleables por unos y por otros, difundiendo a diestro y siniestro lo que llega a nuestro móvil. No somos una masa informe y debemos ser una sociedad bien informada, porque verdad es libertad y esta no se canjea por nada. Nos va en ello la vida, esa que tanto amamos para seguir siempre de pie luchando por la justicia social.

Es abril, es tiempo de repúblicas.

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