Nunca dirás “Ferrari” en China

Nunca dirás “Ferrari” en China

No hace falta ser un águila, ni tampoco sumergirse en grandes profundidades filosóficas, para poder percatarse de los grandes trazos a los que está sometida la humanidad. Como siempre, el arte se anticipó, la literatura lo dijo. Los autores proféticos fueron Aldous Huxley y Georges Orwell. Ellos lo vieron venir y los escribieron en un tono crítico; modo de intentar que no fuera así de terrorífico el destino del ser humano.

En “Un mundo feliz” las religiones clásicas son ya una entelequia, arqueología del espíritu, agua (bendita) sobrepasada por la dinámica de la Historia. Ha triunfado la ciencia aliada del sistema organizativo. No hay moralinas, ni siquiera ética; hay automatismos de las conductas. No hay dolor, ese tradicional aliado sadomasoquista de los católicos del pasado: sufrir para redimirse. Hay pastillas de soma para liberar difusas ansiedades o simplemente el aburrimiento. La Utopía se ha hecho carne. La liberación sexual es un ejercicio púbico tan natural como socialmente obligatorio. Gimnástico. Sin misterio ni frenos emocionales. Todas las necesidades están previstas y cubiertas. Todo está programado. La divertida evasión se logra consumiendo artilugios para juegos suministrados por el Estado. La rebeldía no es necesaria y no se conoce. Tampoco se sabe nada de las clases sociales. Los individuos han sido programados en laboratorio para pertenecer a un determinado e inamovible escalón jerárquico. Las criaturas no se generan en el vientre de las mujeres. No hay procreación vivípara y decir “madre” es una blasfemia intolerable.

En el “Mundo Neofeliz” de ahora, siglo XXI, todavía el influyente clero arcaico genera agrias y obsoletas polémicas sobre el derecho de la mujer al aborto. En esa misma línea, los religiosos arremeten obsesiva y dogmáticamente contra el ejercicio del sexo. Más apocalíptica les resulta la práctica de la homosexualidad, a la que definen contra natura, por evitar la procreación vivípara común y corriente. Esta obsesión pauloviana por el sexo resulta ser un soma primitivo, pero es el sancta santorum del consumo que mueve la rueda del sistema. Es el salvaje, el personaje compulsivo, el fuera de sí, la meca de la publicidad que lo inunda todo. Comprar es lo más. Ser un triunfador para poder adquirir lujos y echar los mejores polvos biológicos. No obstante, hay un amplio mercado de otros somas hipócritas, drogas seudoclandestinas, espectáculos alienantes diversos, reality shows…Todo ello todavía en un estadio de imperfección manifiestamente mejorable. Pero la tendencia es inexorable en Eurasia y América.

No obstante la perfección de la pasividad inducida por el hedonismo simplón, las élites vigilan cualquier anomalía, cualquier atisbo de disidencia. Y cuando este se produce actúan de inmediato, para que no haya lugar al peligroso contagio de hacerse preguntas. A los disidentes les envían al tormentoso exilio de las islas Falklands (Malvinas).

En cambio, en Asia propiamente dicha, el dragón chino ha optado por el más rijoso estilo de propaganda y censura del Gran Hermano”. Tras una historia de sometimiento a los absolutistas mandarines medievales, en la era moderna llegó Mao e implantó el comunismo más ortodoxo, durante un tiempo. El invento de China parecía imposible por antitético. Un omnipotente partido estalinista único tiranizando la realidad, al tiempo que se impone una economía ultracapitalista de mercado. Y los chinos a obedecer porque el ojo del estado lo sabe todo y lo controla todo y los castigos suelen ser mortales. La censura está a la orden del día y alcanza incluso y sobre todo a Internet.

Las masas producen de todo y sin parar, para la exportación y la recaudación de divisas. La moneda yuan se equipara con el dólar. China compra tierras y países.

Pero la corrupción se ha instalado entre las élites del politburo. Por un accidente automovilístico, se ha sabido la vida lujosamente disipada que llevan a cabo los hijos únicos de los dirigentes “comunistas”. Mientras estos jóvenes del vicio occidental desatado conducen al volante de sus Ferrari (icono capitalista), una buena parte del inmenso país sufre hambre y necesidades básicas. Un escándalo para el modelo de sociedad ideológica donde se mezcla, sin contradicción, el agua fría con el aceite.¿Solución? Los dirigentes del Big Brother han ordenado suprimir la palabra “Ferrari”. Así es.

“Mundo feliz” o “Gran Hermano”, la hora de desembarazarse de la crítica, en España estas cosas de la censura son asimismo bastante descarnadas. Acaba de suprimirse de un plumazo el programa de radio 3 “Carne cruda”. Era sensible a la disidencia social y no gustaba a las alturas. Al poder tan solo le interesa que le calienten la oreja con la propaganda.

Recuerdo haber puesto en marcha y dirigido un periódico semanal que se llamaba “la Realidad”. El acoso del caciquismo del ladrillo y sus cómplices en las administraciones fue constante. Hasta que encontraron una jueza que nos obsequió con una histórica condena de 120.000 euros. El derecho al honor del entonces secretario general del PP tuvo la culpa. A pesar de estar recurrido el fallo, la misma jueza decretó el “embargo preventivo” de la cabecera y los bienes de la empresa editora. Fin de la publicación y 30 profesionales al paro. Tras la apelación, la cosa se quedó en 12.000 euros. Nunca más se supo de Montesquieu y la democrática separación de poderes. 

 

* Director del desaparecido semanario "La Realidad"

 

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