Vuelo 787

Francisco Cabanillas. LQS. Novimbre 2019

… para ir de Florida a Caracas, tuviera que tomar un avión de los que
suelen llamar [porque hacen muchas escalas]‘lecheros.”
Álvaro Mutis

El otro, espectral,
se abre paso con su máscara letal.
Rafael Acevedo

air-poet
Victor Hernández Cruz

I

Aeropuerto Metro de Michigan (diáspora boricua). Vuelo 787; de Detroit a San José, Costa Rica, leyendo sin parar El Killer (2004) de José Montijo: “He decidido matar a todos los tecatos.”

Novela sobre un personaje posmoderno, aséptico, demasiado pulcro en su maldad consentida, que mata fríamente a los drogadictos [tecatos] callejeros de San Juan, Puerto Rico: “Todo un proceso esto de asesinar.”

Desplazamiento al cuadrado (aéreo y literario). Velocidad. Vuelo. De Detroit a San José, la escala en el aeropuerto de Ft. Lauderdale, Florida, coincide con este pasaje de El Killer:

“Pero el que no se salvó fue un tipo jovencito, jovencito y súper desesperado que quería que le diera dinero, como siempre… El chamaquito, que no debía tener ni diecisiete años, tenía pinta de crakero. Los peores y los más peligrosos. Debes dejarle el canto libre cuando vienen porque cuando quieren crack quieren crack y se acabó. La solución para él fueron dos tiros en la mano con la que me tocó la mano, y cuando se bebía las lágrimas y los mocos que le empezaban a salir tres balazos más en el pecho.”

Desde un libro de crónicas, Mi tecato favorito (2011) de Rima Brusi-Gil de la Madrid, la literatura puertorriqueña se estremece:

Suelo darles monedas a los que piden en las luces [semáforos]. Sé que con eso no resuelvo ‘el’ problema: la droga, el hambre, el sistema, la desigualdad, el mundo… Pero debo confesar que hay otra razón [para darles monedas a los tecatos que piden en los semáforos], más poderosa, y bastante tonta. Y aquí va. Algunos me caen bien… Hay uno, mi favorito, a quien siempre trato de darle unas monedas, una manzana, una botellita de agua, o un café…

Tensión.

II

Entre la novela de ciencia ficción detectivesca, Exquisito cadáver (2001) de Rafael Acevedo y la novela de autoficción metapoética, La muerte de mamá (20014) de Yván Silén, la prosa de la novela del primer lustro del siglo XXI boricua se deja seducir por la poesía.

Imantación. Voracidad. Novelas —¡con tanta hambre poética!— que se comen a sí mismas. Banquetes de carne literaria.

El paisaje literario hace temblar: entre el hambre de la posnación de Exquisito cadáver (2001) y el de la matrialidad edipal de La muerte de mamá (2004), irrumpe otra hambre de prosa (pero no ficcional), La nación postmortem: ensayos sobre los tiempos de insoportable ambigüedad (2002) de Carlos Pabón:

En el país ocurría [a principios de 1990] algo parecido a lo que pasa en la película de ciencia ficción Strange Days: nada es lo que parece ser, ni lo que se supone que sea, ni lo que se supone que pareciera ser. La izquierda era de derecha, lo que había sido considerado transgresivo ahora era mandato consensual, la heterodoxia se había convertido en ortodoxia, las voces culturales alternas en el canon, la disidencia en el establishment, lo revolucionario en conservadurismo y el pensamiento crítico en el pensamiento cínico de la ideología oficial dominante.

La poesía nuyorican de Pedro Pietri, Obituario puertorriqueño (1973), ocupa su lugar en la ecuación mortuoria:

Murieron quebrados.
Murieron endeudados.
Murieron sin saber cómo lucía el frente de la entrada
del first national city bank.
Juan
Miguel
Milagros
Olga
Manuel
Todos murieron ayer hoy
Y morirán de nuevo mañana

III

Al releer por enésima vez la antología emblemática de la poesía nuyorican de la época épica, Nuyorican Poetry: An Anthology of Puerto Rican Words and Feelings (1975) de Miguel Algarín y Miguel Piñero, la trinidad de poetas nuyoricans propuesta por Algarín en la introducción —el poeta bandido, el poeta evolutivo y el poeta dúsmico (¡neologismo glorioso!)— dramatiza un paralelismo freudiano no destacado antes, según el cual el “poeta bandido” articula la turbulencia del ID, el “poeta evolutivo” la del SUPER EGO y el “poeta dúsmico,” dueño del amor que transforma lo negativo en positivo, la del EGO.

Entre los tres tipos de poetas nuyoricans que conforman la antología de voces y sentimientos puertorriqueños, los cuatro momentos que Juan Flores acuñó en la estructuración de la identidad puertorriqueña en Nueva York (esta vez a partir de la poesía de Tato Laviera) —el momento de abandono, el de encantamiento con Puerto Rico, el de reentrada a Nueva York y el de ramificación solidaria con otras culturas marginadas— entran y salen por la Nuyorican Poetry.

Entre 1975 y 1985, Miguel Algarín y Juan Flores sentaron las bases mínimas para una crítica literaria nuyorican, en función de la cual, un poeta bandido como Piñero, en su magistral “A Poem for the Lower East Side” (1980), transforma dramáticamente el momento de “abandono” en una “reentrada” trascendente a Nueva York, cuando pide que, tras su muerte, esparzan por las calles de Loisaida sus cenizas, lo que le garantiza, per secula seculorum, una presencia indeleble en las calles de Loisaida.

IV

Una novela salsera, El Nazareno (2018) de Daniel Nina, empieza a girar alrededor de uno de los personajes, el llamado “Johnny Walker,” “el Orixa” de la novela de ciencia ficción detectivesca Exquisito cadáver, ya que el mismo, un tipo negro con ojos amarillos, dice “ecuajey,” como Ismael Rivera, El Nazareno de El Nazareno: ¡Maelo!

Un año antes de la publicación de El Nazareno, el libro de Ángel Quintero Rivera, ¡Saoco salsero! O el swing del sonero mayor: sociología urbana de la memoria del ritmo (2017),
revelaba las claves del sabor/saber característico de Ismael Rivera, el sonero mayor de Puerto Rico, quien, en clave yoruba, decía “ecuajey” como muletilla existencial del goce, la solidaridad y la soberanía.

Sobre ¡Saoco salsero!, dice Edgardo Rodríguez Juliá:

Nos explica cómo el ‘swing’ de Ismael Rivera, ese ‘pisar el coro’ que el libro explica tan brillantemente, tiene sus orígenes en la bomba, nuestra música antigua, ancestral, la zapata de la música genial de Cortijo y su combo… Además de esta singularidad, Quintero Rivera nos explica el uso del ‘slide’, el llamado portamento en la música clásica, cuando Ismael Rivera desliza palabras en la frase, alargándolas o agolpándolas según el capricho rítmico. Estos son los misterios principales que nos intenta desvelar nuestro principal sociólogo y filósofo de la música tropical.

V

Al aterrizar en Costa Rica, ocurre lo que tenía que pasar. La gastronovela de Rafael Ángel Herra D. Juan de los manjares (2013) intercepta las referencias a la literatura puertorriqueña.

Escritor costarricense, autor de más de 20 libros. Poeta, ensayista y narrador. Durante varios años, crítico culinario del periódico La Nación.

Filósofo escritor.

Gastronovela: propuesta de un Don Juan culinario tico.

La literatura se deja seducir por el saber del sabor:

Una cosa son los alimentos en la huerta, en el mercado o la olla; otra, en la mesa. Ahí, junto a las velas, en porcelana blanca, obedecen a un ritual, a una estética. La carnes aromatizadas con romero o tomillo, las pulpas de fruta abierta, las papas horneadas con cebolla y tocino salado… cada combinación gastronómica es un relato. La realidad llega a ser nuestra conciencia por medio de los sabores, ordenándose, reproduciéndose sin fatiga y sin límite.

VI

Cuando el avión llega a la terminal del Aeropuerto Internacional Juan Santamaría, El Killer está por terminar:

Al fin y al cabo, este es un libro trágico. Necesariamente, lo es por lo que cuenta, ya que sus palabras surten el efecto mecánico de una regadera de pesadumbre y desasosiego. Pero también porque derivan sus líneas hacia un sendero doblemente mortal; el paradero de su autor, quien como corolario a su gesta sangrienta, se arrancó la vida de un balazo.

La literatura dentro de la literatura poetiza la ficción de El Killer, multiplicando los autores al final de la novela. ¡Proliferación!

Del avión a la terminal, un poema de La brevedad del goce (2013) de Rafael Ángel Herra, que celebra la intensidad de lo efímero,

Vive el ya, el ahora,
cuenta los segundos,
las fracciones,
el detalle de las polvaredas,
los estremecimientos de la aguja,
comulga solo con átomos despedazados,
olvida los meses y las horas
y abandona el cuerpo
a la fracción infinitesimal,
regálale la piel a los detalles,
a la sonrisa mínima del tiempo,
piensa que solo existe
la gozosa antimateria

se enfrasca con este fragmento de la novela de ciencia ficción detectivesca, Exquisito cadáver:

Todo nuevo bajo el sol. Los depredadores naturales son balanceados por los depredadores artificiales, que son lo depredadores naturales. Recuerden: aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, ya fue; aquello que es, está siendo; y lo que está, será lo que fue, y viceversa, y todo lo contrario, y quizás, pero tal vez. El que tenga oídos, que vea.

La brevedad del goce plantea su argumento final:

Si quisieras recorrer lo efímero,
déjame enseñarte los espacios
y los tiempos sin relato
donde habitan los placeres.
Niégale tus labios a la eternidad,

al infinito círculo del mundo,
vive el ya, el ahora,
el secreto breve y dulce,
el oro de lo que ya se acaba.

VII

De San José a Ciudad Colón; de ésta a Punta Arenas; después a Liberia. Ocho días a lo largo del Pacífico. Regreso al Aeropuerto Internacional Juan Santamaría en la provincia de Alajuela, cerca de San José, cuando la turbulencia en El Killer, tras una ojeada al azar, parece baja:

“Tanta sangre me afecta, no piense que no. Al fin y al cabo no soy una máquina exterminadora… Necesito un break. Quiero estar un par de días fuera de esta asunto. Mi vida no es esto. Soy fiel creyente del ocio… Mi mayor inversión es caminar sin rumbo. Coger la calle y caminar y mirar y mirar. Todo es una escena… Si me quedo ciego o sordo me ahorco. No podría resistirlo.”

Desde Exquisito cadáver, la referencia a la piña del cronista español del siglo XVI, Gonzalo Fernández de Oviedo, quería salirse de la novela:

Esta era una de las más hermosas frutas que yo he visto en todo de lo que del mundo he andado. Las calidades son: hermosa de vista, suavidad de olor, gusto de excelente sabor; así que de cinco sentidos corporales los tres que se pueden aplicar a las frutas y aún un cuarto que es el palpar, en excelencia participa de estas cuatro cosas o sentidos sobre todas las frutas o manjares del mundo.

Sobre todo porque en estos días se publicaba en la revista Rebelión.org el artículo de Nicolás Boeglin, “A propósito de un reciente reportaje crítico de la televisión francesa (France2) sobre la piña costarricense” (24/6/2019), detallando una hilera de reportajes críticos ante la destrucción ecológica de la industria piñera en Costa Rica, la cual, desde 2008, las “apáticas” autoridades costarricenses toleran, por lo que el artículo termina así:

Con relación al mercado mundial de la piña fresca, según un informe de la UNCTAD del 2014 (véase texto completo), Costa Rica lidera la exportación de piña a nivel mundial con 2.126.929 toneladas métricas exportadas, seguida en América Latina por Panamá con tan solo 67.038 toneladas y Ecuador con 57.380 (véase gráfico Table 3 ubicado en la página 13): hemos revisado detenidamente esta tabla para detectar algún error de dígitos. Al parecer, Costa Rica es el único Estado en el mundo cuyas autoridades se muestran dispuestas a favorecer y a expandir el cultivo de la variedad «Sweet Gold» en semejantes proporciones.

Bromacil, Diurón y otros plaguicidas…

VIII

Vuelo 787. Regreso. De San José a Ft. Lauderdale, Florida, la poesía viaja a más de diez mil metros de altura; lo que hace que novelas como Exquisito cadáver, cienciaficcional, detectivesca y metaficcional, reescriba la dialéctica hegeliana: “antítesis, tesis y prótesis.”

Desde lo alto, La brevedad del goce flota como el poemario hedonista que es: “Ruega, / sigue rogando por el triunfo del pecado bello / que inventó la carne.”

Carne que, en La muerte de mamá, la novela se come con gusto; autoficción metapoética del hijo-poeta prohibido que, obedeciendo las órdenes, su último deseo, de la madre autoritaria muerta, la prepara en una Ultima Cena familiar en la que, hipertélico, le come el ojo. ¡Hambre!

Novela que aterriza en el Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín de Isla Verde:

El avión tropezó en el aire y se inclinó peligrosamente hacia la derecha de la pista. Contemplé los garajes de siempre. Contemplé los aviones que esperaban para huir del pánico de nosotros, del miedo mío. El avión se volvió a sacudir, pero en esta ocasión por la violencia de sus frenos. La azafata, que se hallaba atada con su cinturón de seguridad delante de mí, me sonrió con la misma sonrisa de mamá… Hoy tampoco nos habíamos estrellado. Contemplé la alfombra roja que corría iluminada hacia la cabina del piloto y le di gracias a Dios por haber llegado. La tristeza esperaba por mí (La muerte de mamá).

IX

De Ft. Lauderdale, Florida, a Detroit (diáspora boricua); la literatura no descansa. Prosa. Ensayo. Crónica. Poesía. Ocho días en Costa Rica, tomando sopa de gallina en D. Juan de los manjares, gastronovela que le da dimensión epistemológica al comer; y picoteando de La brevedad del goce, poesía, siempre poesía: “Qué vicio el de las sombras: necesitan luz para vivir.”

Entre otros manjares, como el poemario Melancolía de la memoria (2014), también de Rafael Ángel Herra: “Los deseos matan: / espíritu soy / alcohol puro en la botella.” ¡Potens!

Al aterrizar en el aeropuerto de Detroit, la poesía pone los pies en la tierra: “¿En qué estación ha quedado / el fantasma que recorría / el mundo?” (Rafael Acevedo, Moneda de sal, 2006).
La novela, Exquisito cadáver, antecede al poemario, Moneda de sal (del mismo autor): “No se puede entender nada [dice la novela] sin fantasmas. Intelligere sine conversiones at phantasmata est animae praeter naturam.”

X

La novela corta de Marta Aponte Alsina, Vampiresas (2004), sienta las bases para lo que se transformará, tres años después, en la obsesión de El Killer (2007):

“En la acera, una tecata con el brazo izquierdo en carne viva miraba el carrito de paquetes de Ariel [una compañía de mensajería], mientras agitaba con la mano derecha un cono de papel donde recogía sus honorarios. Era prostituta… Laurita la odiaba porque la tecata tenía su edad y era flaquita como ella…” (Vampiresas).

XI

Fragmentación; fin de un vuelo que después de aterrizar en el eje de la diasporidad aérea, Detroit, cae en otra novela poética, Caja de fractales (2018) de Luis Othoniel Rosa:

Que los hoyos negros tragan tanto la materia, la luz, el tiempo, como tragan y atraen el interés de los humanos… que son muchos los que están viendo fractales estos días, que el mundo muestra sus fractales cuando muta, sus costuras cuando se metamorfosea, cuando se reinventa… Nosotras, que nos sabemos fantasmas peripatéticos.

Desde la poesía nuyorican, al poeta callejero, autor de Traffic Violations (1982) y de Obituario puertorriqueño (1973), Pedro Pietri, le tocará morirse (en 2004) en el aire; en un vuelo de México a Nueva York, destruido por el cáncer.

XII

En el cuento de Julio Cortázar, el avión se estrella en las islas griegas.

XII

La guagua aérea (1983): vuelo de San Juan a Nueva York. Diáspora.

Más artículos del autor
* Francisco Cabanillas (1959, Puerto Rico) enseña lengua castellana, cultura y literatura hispanoamericana en Bowling Green State University, Ohio. Ha publicado cuatro libros de ensayo: Escrito sobre Severo (1995), Pedreira nunca hizo esto (2007), K-lores del trópico: ensayos transboricuas (2012) y Ensayos silenistas (2014). Miembro de LoQueSomos

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