2017: el franquismo está más vivo que nunca en una destrozada España

Maryssa Ruiz*. LQSomos. Agosto 2017

¿Hasta qué punto es legal seguir rindiendo pleitesía a asesinos sanguinarios con monumentos y calles a su nombre? ¿Por qué los ciudadanos españoles han de mantener con sus impuestos a una asociación que trabaja en virtud de los ideales de un dictador sin escrúpulos que acabó con la vida de miles de inocentes solo por tener la valentía de defender la libertad? Y ahora la más difícil: ¿Por qué tenemos que aguantar que nos siga gobernando la estirpe de un clan de genocidas que lideró un cobarde neurótico?

Todos conocemos la historia tan terrible que supuso la dictadura franquista en nuestro país pero lo más curioso es que a fecha de hoy todo sigue igual pero disfrazado de democracia, cubierto con un manto de Constitución en la que prevalecen unos artículos que dicen proteger al ciudadano cuando la realidad es que no son más que letras escritas sobre hojas de papel, que nadie tiene en cuenta, representadas por un jefe de Estado que no es más que alguien incapaz de mover un dedo por el pueblo que tiene a su cargo. Aunque claro, esto tiene sentido, ya que él sabe a la perfección que nadie lo eligió sino que nos lo impusieron sin opción a voto así que no le interesan demasiado las condiciones de una España en la que muchos no le soportamos y pensamos que estaríamos mejor con una REPÚBLICA.

En esta destrozada España, nido de corruptos y sinvergüenzas, aún persisten esos principios tan ilógicos de intentar acabar con todo el que no siga la ideología de un Régimen corrupto que atenta contra los derechos civiles y que representa toda la basura que en vez de estar en el Congreso debería trasladarse a la prisión de Alcalá Meco. En el pasado estas valientes ratas de la alcantarilla más mugrienta te fusilaban y te arrojaban a una cuneta o fosa común pero ahora te roban tus derechos, te dejan sin hogar y sin trabajo hasta el punto de ponerte al borde del suicidio. Intentan privarte de un sistema sanitario en función a las condiciones que mereces, limitan la educación de tus hijos creando estúpidos sin capacidad de aprendizaje alguno pretendiendo así que sean más fáciles de manipular y ponerlos a su servicio, suben tus impuestos, cohíben tu libertad de expresión y te sumen en la peor de las desdichas.

Han pasado ochenta años pero no ha pasado ni un solo día sin que las familias que se vieron destrozadas por este deplorable Régimen no recuerden aquel tormento que supuso el que los separasen de los suyos. Son muchas las mujeres que quedaron viudas a causa del deseo de unos pocos de matar a hombres nobles, muchos los niños y niñas que quedaron huérfanos sin entender la razón por la que fusilaban a su padre o madre y muchas personas que vieron que su vida ya no era más que una sucesión de días vacíos de ilusión y esperanza en los que no contarían con la presencia de alguno de los suyos a quien habían asesinado por capricho. Intentan vendernos la idea de que el franquismo es algo del pasado, que tenemos que olvidar y perdonar, pero…. ¿Cómo vamos a olvidar que fueron miles de inocentes los que perdieron la vida por defender la libertad? ¿Cómo vamos a perdonar a quienes no quieren hacer justicia recuperando los cuerpos de aquellos valientes a los que mataron para otorgarle la dignidad que merecen? En vez de tanto ejercer la corruptela apropiándose de lo que no es suyo evadiendo impuestos y enriqueciendo más su patrimonio, lo que deberían de hacer es sacar todos huesos de las cunetas y exhumar todas las fosas comunes de este miserable país para que se recuperen los restos de los que tuvieron el valor de hacer frente a un Régimen injusto dando ejemplo a la sociedad tan cobarde de hoy día que solo piensa en irse de copas y en que gane su equipo de fútbol, lo que deberían de hacer es dejar de apropiarse de lo que no es suyo y seguir la línea de la transparencia, la ética, la moral y el respeto, lo que deberían de hacer es trabajar en virtud de la coherencia y el sostenimiento de un país que siempre fue próspero y que han convertido en un estercolero.

Vamos a llamar de una vez a las cosas por su nombre, vamos a tener la valentía de decir la verdad y la verdad es que vivimos en una dictadura franquista liderada por la herencia de asesinos corruptos que se encargan de crear esclavos a las órdenes de caciques cuyo principal ideal es el despotismo; vivimos en un país de hipócritas que no quieren aceptar que prevalece el neoliberalismo y una falsa democracia teñida con el rojo de la sangre de los que fueron fusilados por defender todos los derechos que ahora estamos dejando que nos roben.

¡NI OLVIDO, NI PERDÓN!

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4 comentarios sobre “2017: el franquismo está más vivo que nunca en una destrozada España

  • el 7 agosto, 2017 a las 10:14
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    ENHORABUENA Y FELICITACIONES A MARYSSA RUIZ POR ESTE IMPORTANTE, POR VERDADERO, JUSTO, SOCIAL Y ÉTICO, ARTÍCULO CRÍTICO SOBRE EL PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE ESTE POBRE Y DESGRACIADO PAÍS. SUSCRIBO ÍNTEGRAMENTE SU CONTENIDO.

    ESPERANZA PRESENTE Y FUTURA: «GINER SEGUIRÍA RECLAMANDO UN PUEBLO ADULTO»; Y, TAMBIÉN, LA HISTÓRICA «INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA»(ILE) RECLAMA -HOY DÍA- UN PUEBLO ADULTO, CON EDUCACIÓN, CULTURA, JUSTICIA SOCIAL Y ÉTICA.

    ¡SALUD Y REPÚBLICA!

    MÁLAGA, A 7 DE AGOSTO DE 2017.

    ARTURO FERNÁNDEZ DOMÍNGUEZ
    (HIJO DEL EXILIO REPUBLICANO, SOCIALISTA E «INSTITUCIONISTA» ESPAÑOL)
    (DOCTOR EN DERECHO, EXPROFESOR TITULAR DE HISTORIA DEL DERECHO ESPAÑOL DE LA FACULTAD DE DERECHO DE LA UNIVERSIDAD DE MÁLAGA, Y SECRETARIO JUDICIAL).

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    • el 7 agosto, 2017 a las 18:58
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      Muchas gracias por tus palabras Arturo, es un verdadero honor que alguien como tú de una respuesta a un artículo que solo es fruto de mi indignación ante un sistema destructivo con la clase obrera y plagado de mafiosos que tan solo son la herencia de quien ha convertido este país en una tumba de huesos de inocentes y en el paraíso de corruptos, asesinos y ladrones.
      Maryssa

      Respuesta
  • el 7 agosto, 2017 a las 09:53
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    “GINER SEGUIRÍA RECLAMANDO UN PUEBLO ADULTO”
    (MIRANDO AL FUTURO).

    Publicado el agosto 6, 2015

    Rafael Asín Vergara / Historiador y profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha.

    Que el centenario este año del fallecimiento de Francisco Giner de los Ríos haya pasado casi desapercibido en España indica paradójicamente la vigencia de su pensamiento y de su ejemplo moral. Su influencia entre los intelectuales y políticos progresistas de los siglos XIX y XX fue enorme, pero muchos de los retos que planteaba para la sociedad española siguen pendientes.

    Cien años ya de la muerte de Francisco Giner de los Ríos, el fundador de la Institución Libre de Enseñanza y uno de los representantes de lo mejor de nuestra cultura y nuestra sociedad. Era un 18 de febrero y a la falta de luz del invierno se sumó una gran sensación de desaliento y de tristeza. Se había ido el referente moral más importante del último medio siglo. Antonio Machado lo explicaba en un poema que todos recordamos:

    Como se fue el maestro, / la luz de esta mañana / me dijo: Van tres días / que mi hermano Francisco no trabaja. / ¿Murió?… Solo sabemos / que se nos fue por una senda clara, / diciéndonos: Hacedme / un duelo de labores y esperanzas. / …
    … / Vivid, la vida sigue, / los muertos mueren y las sombras pasan, / lleva quien deja y vive el que ha vivido. / ¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas! / …

    Dolor sí pero también impulso para seguir la senda del trabajo iniciado y completarlo. Machado quiere teñir la melancolía de esperanza y elegir para el maestro un cielo laico, un lugar de descanso vigilante en el lugar en el que “un día soñaba un nuevo florecer de España”.

    Obligar a pensar

    Esa orfandaz dejó un poso profundo en todos los alientos que habían trabajado en aquellos proyectos que Giner impulsaba y que fueron el germen de lo mejor de nuestra vida colectiva. Tras el entierro dirá Castillejo que “es muy difícil acostumbrarse a carecer del calor de aquella llama viva”. Y sus amigos (Cossío, Azcárate, Rubio, Jiménez Frau), discípulos y miembros de las generaciones del 98 y del 14 (Machado, Unamuno, Azorín, Azaña, Ortega), que habían asistido a su entierro, volvieron cabizbajos y en silencio. Terminaba una etapa donde siempre contaron con su tremenda fuerza, con su serenidad y con su aliento.

    Lo que significaba tenerlo en la batalla lo expresa Joaquín Costa en una carta del 11 de enero de 1878: “Usted que posee el don de consejo…”. Ortega confiesa que “ha sido don Francisco Giner el único manantial de entusiasmo que hemos hallado en nuestro camino” y hasta Emilia Pardo Bazán, profundamente creyente, reconocía que aunque sus ideas fuesen muy diferentes “su alegría era la de un franciscano de los primeros tiempos, al cual la desgracia de los nuestros hizo un heterodoxo”. Unamuno, al que Giner definió como un “agitador de espíritus”, lo recordó como el hombre que “inquiría, preguntaba, objetaba, obligándonos a pensar”. Un poco huérfanos, todos ellos comprendieron que construir un país moderno e instruido donde tuvieran su lugar los hombres libres seguía siendo su mejor tarea pendiente.

    Actualidad sarcástica

    Este hombre singular había nacido en Ronda (Málaga) en 1839 y se mudó a Madrid para hacer el doctorado. Encontró su vocación y sus maestros, Fernando de Castro y Julián Sanz del Rio, y alimentó sus ideales con la influencia krausista con la que supieron impregnarlos: tolerancia, razón, ciencia e integridad moral que condujeron su compromiso social y ciudadano a un liberalismo profundo y a una defensa de la pedagogía como arma para cambiar las cosas.

    La oscuridad cultural y política de la época que asfixiaba nuestra Universidad le exigió dos veces renunciar a su cátedra, poner en peligro su futuro y su supervivencia económica para poder defender sus convicciones, la libertad de cátedra, la del pensamiento.

    Decepcionado por el fracaso del sexenio revolucionario siente que el compromiso de los llamados a cambiar las cosas se rindió sin luchar, sin dejar huella: “¿Qué hicieron los hombres nuevos? ¿Qué ha hecho la juventud? ¿Qué ha hecho? Respondan por nosotros el desencanto del espíritu público, el indiferente apartamiento de todas las clases, la sorda desesperación de todos los oprimidos, la hostilidad creciente de todos los sentimientos generosos… ha proclamado la libertad y ejercido la tiranía; ha consignado la igualdad y erigido en ley universal el privilegio”.

    Qué enorme sarcasmo la actualidad de estas palabras todavía. Se pone a trabajar cuando ha perdido por voluntad propia su trabajo y, convencido de que solo la dignidad que puede conseguir la formación traerá cambios profundos, en cada día a día y cada esfuerzo, abandona todas aquellas actitudes que otros eligen para cambiar las cosas. Su mejor esperanza está en la escuela y a mejorar su país consagra esa esperanza de conseguir un hombre libre a partir de la educación interior.

    No ceja en este empeño ni en los momentos en que todos dudan. Su optimismo contenido con la firmeza de una serenidad indestructible le obliga a disentir de todos los atormentados por el desastre del 98 y proponer su solución frente a las que vienen impulsadas por el desaliento. “En los días críticos… es más cómodo para muchos pedir alborotados a gritos ‘una revolución’ ‘un Gobierno’, ‘un hombre’, cualquier cosa antes que dar en voz baja el alma entera para contribuir a crear lo único que nos hace falta. Un pueblo adulto”.

    El paradigma del pecado

    Y por ello creó la Institución Libre de Enseñanza, para empezar a desterrar las creencias que solo sirven para acentuar las diferencias entre seres humanos, para enseñar a pensar activamente, para buscar tan solo aquella verdad que utilizase la curiosidad, el pensamiento y la ciencia , para educar en profundas convicciones de comprensión y convivencia, para ofrecer a cada ciudadano todas las oportunidades que merece, para que nadie sea discriminado por su sexo, su color o su religión o sus ideas.
    Intentó con el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza que se acercara la posibilidad de conocer y dialogar, que todos los que estaban aportando algo para el desarrollo de la humanidad tuvieran también entre nosotros su lugar, impulsó la Residencia de Estudiantes, la Residencia de Señoritas, el Instituto Escuela, la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. De todo queda huella física y ética.

    Estas convicciones en las que hoy todos podemos reflejarnos fueron terriblemente perseguidas. Al acabar la Guerra Civil se convierte a la ILE en el gran paradigma del pecado. Todos aquellos asesinos de sueños, los enemigos de la libertad, convirtieron un proyecto de justicia y de diálogo en un enemigo que debía ser destruido. Pasaron demasiados inviernos hasta que conseguimos componer la más ambiciosa construcción de proyecto común. También tuvimos que reencontrarnos y que reconocer en nuestro origen lo mejor de lo que habíamos sabido componer. Y así fuimos recuperando muchas cosas, maestros olvidados y proyectos que esperaban a ser recuperados. También recuperamos a Giner y a su obra aunque no sé si a su espíritu del todo.

    Ruidos sin ideas

    Hoy, cien años después, cuando tantas cosas son nimias y efímeras, podemos constatar que permanece la vigencia de todo lo que representó y también de que, a pesar de congresos, artículos y reediciones, no está la sociedad interesada en ese sueño del florecer de España.

    Nuestra crisis no es solo económica y coyuntural, porque tiene mucho de derrota moral. Giner no nos permitiría el abandono ni el amargo sabor de la derrota. A cada error debe seguir un nuevo intento de construir aquella sociedad que pueda poseer un pueblo adulto.

    La educación sigue siendo esa aventura que convierta en orquesta todos los instrumentos distintos que somos cada uno. Poca cosa sonar por separado, ruidos, a veces bellos, dentro de muchos otros. Ruidos que pugnan por imponerse. Una pelea a viva voz pero sin debate crítico, sin ideas. El proyecto de mejorar al hombre, que nunca estará falto de conflicto, nos exige otra cosa.

    Para Giner esa actitud era importante, la atención a lo nuevo y lo valioso. Solo dos meses antes de morir, en la Navidad de 1914, regalo a los hijos de sus amigos y de sus colaboradores y discípulos la primera edición de un libro nuevo, recién editado, que había escrito Juan Ramón Jiménez y que se llamaba Platero y yo. El poeta, conmovido, escribió pocos días después de su muerte: “Parece que hubiese ido encarnando cuanto hay de tierno y de agudo en la vida: la flor, la llama, el pájaro, la cima, el niño… Ahora tendido en su lecho cual rio helado que le corriera por dentro, es el camino claro para el recorrido sin fin”.

    Un hombre muy querido para mí y, uno de los mejores alumnos de Giner, Rafael Altamira, evocaba en sus últimos años su figura y su influjo mientras escuchaba la pieza musical que ambos preferían, La Pasión según San Mateo de Bach. Desanimado por las circunstancias de la guerra y el exilio se ha dejado vencer por el desaliento momentáneamente, como nos explica en Confesión de un vencido, pero decide renovar su compromiso con el futuro y con la convivencia al recordar todo lo aprendido y los ideales con los que Giner alimentó todas sus clases y paseos, los proyectos que forjaron juntos.

    El mejor homenaje para un hombre que caminó por delante de la Historia sería conjurarnos para recuperar aquella fe maravillosa que hemos utilizado y luego abandonado tantas veces, que señala el camino hacia ese mito viejo pero nunca alcanzado de Libertad, Igualdad, Fraternidad. Tendremos que coserle las costuras, abandonar sus primitivos signos de violencia, pero educar y educarnos hasta conseguirlo.

    PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 38, MAYO DE 2015

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