A la sombra del nublo

Arucas es un municipio de Las Palmas de Gran Canaria con 37.000 habitantes, actualmente. Una localidad próspera, con abundantes terrenos dedicados al cultivo del plátano, principalmente, lo que explica que en 1937 fuese un deudo del caciquismo. También, un importante foco de militancia para las centrales sindicales y los partidos de los tiempos de las luchas obreras de aquellos años. 

Ni que decir tiene que en estas islas, a raíz del levantamiento de 1936, no hubo prácticamente resistencia, al menos en cuanto a posiciones, trincheras y todo aquello que conlleva una guerra convencional entre dos bandos: los rebeldes instalaron una más que convincente ametralladora en la calle principal, y los  obreros que quisieron detener a los militares traidores tuvieron que huir para salvar la piel, cuando pudieron, que más de uno quedó tendido sobre los adoquines. Horas antes del levantamiento, oliéndose éste, un oficial, al frente de un grupo de antifascistas, intentó asaltar el cuartel de La Isleta para apropiarse de armamento y así resistir el levantamiento. Fracasados en el intento, dicho oficial sería convenientemente pasado por las armas.

Cualquier intento de defender la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, la capital, fue sofocado eficazmente.

El diputado Eduardo Suárez (comunista) y el delegado del Gobierno para la zona Norte de la isla (socialista) trataron de organizar a los trabajadores, armados apenas con algunas escopetas y alguna pistola ocasional, que la economía no permitía mayores dispendios en la masa obrera de la época.

La versión que me llega es que los falangistas instalan una ametralladora en la torre de la imponente iglesia (aquí la llaman catedral) de Arucas, y desde allí se dedican a exterminar a todo aquel que, trepando por muros y tejados, trata de hacer frente a los sublevados (una persona de la familia de mi actual compañera, que vivió los hechos, como afiliado a Falange, me comento que “¡a quién se le ocurre, enfrentarse con el Ejército!”).

Algún foco más de resistencia se produce en el municipio de S. Lorenzo, pero, como en Arucas y en el resto de la isla, todos los resistentes son reducidos y encarcelados para su posterior ejecución, que ya el general gallego, al salir de aquí, había dejado las órdenes precisas al efecto.

Eduardo Suárez y Fernando Egea, en compañía del resto de los resistentes que salvan la piel, huyen hacia el cercano puerto de Agaete, volando un puente en su huída. Llegados a la costa, conciertan con el patrón de un barco la escapatoria de las fuerzas represivas hacia el continente africano o hacia América.

El marino les delatará, lo que permitirá que ambos dirigentes sean detenidos, para ser fusilados en los días del mismo verano de 1936.

Pero la guerra en la Península continua, que no en el Archipiélago canario, donde los focos de resistencia de la Isla de La Palma y en La Gomera son reducidos por el Ejército y cañoneados desde el mar; del mismo modo que allí donde quiera que se producen, “en el año de gracia de 1936”.

Según fuentes, se calcula que alrededor de seis mil personas pudieron ser ejecutadas y arrojadas a estos pozos y tubos volcánicos del archipiélago entre 1936 y 1950, de las cuales, los restos de sesenta y cuatro han sido rescatados del olvido hasta hoy, sólo en Arucas -veinticuatro de éstos fueron enterrados en un emotivo homenaje en dicha localidad en el 2010-. Siguen esperando ser extraídos los restos mortales de los lugares de enterramiento de Tenoya, en la Sima de Jinámar y en los barrancos del mismo Arucas, por sólo citar esta isla de Las Palmas de Gran Canaria. En todo el archipiélago, se calcula en torno a 900 los desaparecidos.

Estamos hablando de unos días en que la Falange y el Ejército vaciaba las calles de estos sencillos pueblos a fin de evitar concentraciones de protesta en contra de los sumarios arrestos, que se producían en medio de un clima de auténtico terror, pues era de todos conocido el alcance de éstas cacerías. Los hombres, y más de una mujer, eran arrestados por la Sección Especial, la Brigada del Amanecer, la Escuadra Patriótica, la Patrulla Nocturna, Acción Ciudadana, los diversos y tenebrosos nombres que en aquellos días tomaba la represión para manifestarse en estas islas inundadas por la luz que en otra hora habían servido como lugar de destierro del poeta y pensador D. Miguel de Unamuno.

El 17 de marzo pasado, con motivo de celebrarse setenta y cinco años de estas espeluznantes “sacas”, se celebró un emotivo homenaje en el lugar que durante décadas estuvieron sepultados los restos de algunos represaliados.

No llegaba a cien  el número de personas que acompañábamos  a los familiares de los represaliados, ante aquel pozo, ahora vacío ya, cubierto con una losa de hormigón; pero, dentro de la sencillez, no carecía éste acto del calor y la emotividad que estos eventos suelen entrañar. Además del inevitable Himno de Riego, en diversas versiones, de las banderas tricolor, de las palabras recordatorias, un grupo folclórico interpretó canciones de la tierra, y no falto el grito de ¡viva la República! tradicional en estos casos.

Finalizado el acto nos dirigimos al cementerio cercano, donde, ante el mausoleo de los asesinados, la hija de uno de uno de ellos agradeció a todos los asistentes su presencia.

Una vez en la calle la comitiva se dirigió al lugar donde iba a tener lugar ponerle el nombre de uno de los represaliados durante el franquismo a una vía.

Una vez en la vía en cuestión y aún portando nuestras banderas republicanas, se nos pidió que retirásemos éstas, cosa que hicimos, por respeto a quién nos lo pidió, dado, nos dijo la hija del desaparecido, que aquello ya “era un acto institucional”. Visto lo cual los compañeros de IU abandonamos el acto.

Lo más triste del caso no es que se nos obligase a retirar nuestras banderas, colores estos que representan todo aquello por lo que aquellas personas represaliadas habían defendido en aquellos días, si no que, por el contrario, se aceptase que la bandera monárquica sí presidiera aquel acto, y encima en ausencia obligada de la bandera constitucional en el momento de los dramáticos acontecimientos del treinta y seis.

No es ni mucho menos la primera vez que esto me ocurre en un acto de similares circunstancias, y que por respeto a los deudos arrió mi bandera.

Con motivo de la cremación de los restos de Gabriel Celaya, en Madrid, acudí con mi bandera, que era la misma bajo la cuál el poeta comunista había combatido en nuestra guerra pasada,  al cementerio del Éste, pero cuál no sería mi sorpresa que, nada más entrar Amparixu, su esposa, en el cementerio, me pidió enfadada que retirase el citado símbolo. Al día siguiente un periodista, en un artículo, se preguntaba por este gesto de contrariedad de la compañera de Celaya.

Nunca se me ocurrirá imponerle a nadie los colores bajo los cuales van a ser homenajeados o enterrados los restos de una persona querida desaparecida: eso corresponde a los deudos nada más. Pero en el caso de los compañeros, camaradas caídos en la lucha, el familiar fallecido, en una u otra circunstancia, deja ya de ser propiedad privada de los deudos para formar parte del patrimonio de los que heredamos su ejemplo. Es memoria colectiva. Y por lo tanto, alguien debería decirles a los familiares que lo que allí despedimos no es sólo los restos de una madre, un padre, un hijo caído en la lucha; si no un camarada más que se siembra en la larga lucha de la clase trabajadora, por el Progreso.

Desconozco la deuda contraída por los familiares del deudo con la administración local (PSOE)*, pero tiene que haber muy poderosas razones para que una persona de progreso se someta tan fácilmente. Tampoco añade más prestigio a lo acontecido, que no lo necesitan. Si ellos combatieron hasta la última consecuencia, me parece que, sometiéndonos a los dictados de tal o cual partido en el poder, les estamos negando en esa hora en que nosotros mismos estamos a prueba.  

Desde las Islas Canarias, con un poderoso ¡¡abajo el fascismo!!, en cualquiera de sus formas, y en memoria de todos los caídos, a lo largo y ancho de las largas luchas obreras.

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*¿Aún se extrañará éste de perder una y otra vez las elecciones, aquí y allá?

POR LA HUELGA GENERAL. NOS VEMOS EL 29M  EN LA PLAZA.

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