Adiós, Almudena

Por Mariano Muniesa*. LQSomos.

Descubrí a esta gran escritora a mediados de los 80 con un precioso libro llamado «Te Llamaré Viernes» que me convirtió desde entonces en uno de sus lectores habituales. Acabo de saber que, por desgracia, no ha podido vencer el cáncer que padecía y ha fallecido hace unas horas. Mi reconocimiento a una escritora de una enorme calidad narrativa y a una mujer luchadora, feminista y comprometida admirable, así como mis condolencias a todos sus familiares y amigos, en especial a su marido, el gran poeta Luis García Montero, compañero de lucha en Izquierda Unida…

Los hijos del fascismo y de la barbarie vomitan su odio

Como herederos de Hitler y la extrema derecha más venenosa, terrorista y descerebrada, los fascistas de Abascal y su asquerosa mafia se han lanzado a vejar la memoria de Almudena Grandes con el hedor pestilente de su odio y de su ignorancia. Se que es repugnante ver las imágenes de lo que publico aquí:
Pero lo pongo para ver si alguno de esos bocachanclas que dicen que «pasan de la política» o que «todos son iguales» se enteran de una vez que el fascismo de esta patética maraña de cuñados verdes son los enemigos declarados de la cultura, la sensibilidad y la humanidad. Y que contra esta gentuza no cabe la indiferencia ni la equidistancia: solo combatirles como lo que son, hienas carroñeras enemigas de la vida, la convivencia y la dignidad humanas.

Confesiones

Yo te estaba esperando.
Más allá del invierno, en el cincuenta y ocho,
de la letra sin pulso y el verano
de mi primera carta,
por los pasillos lentos y el examen,
a través de los libros, de las tardes de fútbol,
de la flor que no quiso convertirse en almohada,
más allá del muchacho obligado a la luna,
por debajo de todo lo que amé,
yo te estaba esperando.

Yo te estoy esperando.
Por detrás de las noches y las calles,
de las hojas pisadas
y de las obras públicas
y de los comentarios de la gente,
por encima de todo lo que soy,
de algunos restaurantes a los que ya no vamos,
con más prisa que el tiempo que me huye,
más cerca de la luz y de la tierra,
yo te estoy esperando.

Y seguiré esperando.
Como los amarillos del otoño,
todavía palabra de amor ante el silencio,
cuando la piel se apague,
el amor se abrace con la muerte
y se pongan más serias nuestras fotografías,
sobre el acantilado del recuerdo,
después que mi memoria se convierta en arena,
por detrás de la última mentira,
yo seguiré esperando.

Luis García Montero

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