Afganistán: lucha de clases y pactos que parecían imposibles

Por Nònimo Lustre*. LQSomos.

Afganistán inunda los corrompidos espacios mediáticos con datos parciales, exclusiva y excesivamente frescos. Faltan, por tanto, las nociones básicas sobre ese país “tumba de Imperios”; de hecho, desde el siglo XIX, en él se han estrellado el británico, el zarista, el soviético, el gringo-europeo y pasado mañana sabremos si también el chino. Las siguientes fichas pretenden ofrecer unas informaciones para iniciarnos en el estudio de Afganistán (en adelante Afg) No son, por tanto, un análisis holístico ni encontraremos en ellas un comentario de índole universal –excepto en 4 o 5 casos escondidos tras escasas líneas.

Territorio binacional pashtun (pinchar sobre la imagen para ampliar)

Afg no es un Estado fallido sino un país étnico. La antropología no suele ayudarnos cuando hay un conflicto internacional –casi todos lo son- puesto que de poco nos sirve saber que en tal o cual sitio se hablan equis lenguas si todas ellas están aplastadas por la ‘modernización’. Excepto en Afg donde el pueblo Pashtun –antes, Pathan si es en Pakistán- es hegemónico y donde los Talibán (en adelante, talib, seminaristas) son pashtun en su inmensa mayoría. Primera lección: Afg es pashtun. Claro que este pueblo convive con otras etnias –tayikos, uzbekos, etc.- a las que mencionaremos en el parágrafo sobre los señores de la guerra.

Hay abundancia etnográfica sobre los pashtun pero suele ser anterior a las invasiones ‘aliadas’ y a los talib. Actualmente, este pueblo ha emigrado a medio mundo y las estadísticas habituales lo calculan, en Afg y Pakistán, entre 10 y 50 millones de personas –evidentemente, no son cálculos fiables. Sabemos muy poco de cómo ha influido esta diáspora en la evolución de este pueblo. Y, en consecuencia, sabemos menos todavía de la evolución de los talib, desde que gobernaron en Kabul hasta su actual vuelta al Poder. Esta última cuestión es precisamente la que, hoy, genera ríos de opiniones, comenzando con la rotunda negativa a admitir evolución alguna. Sin embargo, veinte años no pasan en balde de manera que hemos creído ver algunos signos de cambio talib, algunos cosméticos y otros dudosos.

Somos conscientes de que los medios tenderán a ubicar el problema Afg en el campo de las guerras de religión. ¿Musulmanes de la rama X contra musulmanes de la rama Y?, ¿la musulmanía contra la cristianería? Algo dello hay pero también hay factores políticos y geoestratégicos que no debemos olvidar. Concretamente, sobre este trabajo planea el ojo de la lucha de clases, un enfoque común a cualquier conflicto pero que, en el caso de Afg, no ha tenido ninguna atención. Ofreceremos varios ejemplos de que la lucha de clases está presente.

¿Narco-estado?

Para el conocido ‘gomorrista’ Roberto Saviano, «en Afganistán, no ha ganado el islamismo, ha ganado la heroína» (17.VIII.2021) Si creemos a este experto (bien a su pesar), Afg siempre fue un narco-estado y, con los talib en el Poder, lo será aún más. Veremos… por ahora, no se parece a Kosovo –primer país nacido del narcotráfico- u Honduras –narcogolpe de junio 2009 contra el presidente Manuel Zelaya. Los talib son guerrilleros, no golpistas. Su política internacional dependerá de su actitud ante el opio, principal producto de exportación, y todo apunta a que ésta ha girado radicalmente desde la erradicación del cultivo de la Papaver somníferum poco antes de perder el Poder hasta su transición ‘permisiva’ cuando han estado en la guerrilla (ver infra)

Dos gráficos de UNODC, agencia de la ONU, lo retratan sin necesidad de ningún comentario
Gráficos publicados por la agencia United Nations Office on Drugs and Crime, (ver los dos ‘opium surveys’ de noviembre 2014 y de abril 2021; accesibles en www.unodc.org/unodc/en/crop_monitoring.html )

Desde el principio de su invasión, los gringos declararon claramente su opción por el restablecimiento del cultivo de opio: en 2002, el general Franks, primer jefe de la invasión de las tropas terrestres estadounidenses, declaró: «No somos un grupo de trabajo antidrogas. Esa no es nuestra misión”. De ahí que la agricultura ‘opiácea’ haya experimentado un auge vertiginoso.

Durante la primera fase de su seudo ‘clandestinidad’, concretamente en 2009, los talib clavaban avisos en las mezquitas recomendando a los campesinos que no cultivaran opio. Pero, en realidad, no se trataba de una admonición religiosa sino financieramente especulativa puesto que, bajo la ocupación gringa, entre 2007 y 2008, los precios de la Papaver s. habían caído un 22%, evidentemente por exceso de producción y de oferta. Al igual que ahora, en aquellos años se ignoraba todo de los talib; ejemplo, la renombrada experta Gretchen Peters sostenía en 2009 que los seminaristas eran una fuerza transnacional, fragmentada sin “political aspirations.” (cit. en Schmidt, infra)

Pese a su erradicación en 2001, en la guerrilla los actuales talib recomenzaron ese cultivo clasificándolo como halal (legal y leal) pero con una condición: que sólo se vendiera a los kafirs (bárbaros, extranjeros) (sobre este giro, ver Farhana Schmidt, 2010, “From Islamic Warriors to Drug Lords: The Evolution of the Taliban Insurgency”, en Mediterranean Quarterly 21:2 DOI 10.1215/10474552-2010-005)

Ahora, girando de nuevo pero esta vez desde Kabul, portavoces tan cualificado como Zabihullah Mujhadid han manifestado que Afg no será un “country of cultivation of opium anymore” porque la adicción entre los jóvenes le pone “very, very sad” (18.VIII.2021)

Emigración

“The most authentic Pashtun food in UAE”. Patan Restaurant (Dubai, Al Quoz Industrial Area 1)

El opio es la primera cuestión que se preguntan los occidentales pero nadie se pregunta nada sobre el segundo rubro de la exportación afgana. A saber, la emigración de tres o más millones de afganos. Centrémonos en el caso de los migrantes hacia Emiratos Árabes Unidos (EAU, UAE en inglés)

Haciendo caso omiso de las diferencias entre esos Emiratos, señalaremos que en EAU solo residen un 15% de nativos. El 85% restante son expatriados –pakistaníes un 17% de los cuales no sabemos cuántos son pashtun. En cuanto a los afganos en general, se calcula (a ojímetro) que hay unos 8.000 –en Dubai, un 30% mujeres. Pero también existen otras fuentes (también a ojímetro) para las que la suma de pashtun afganos y pakistaníes asciende a medio millón de migrantes en los EAU. Naturalmente, se han puesto en huelga innumerables veces pero siempre por unos litigios laborales que, para un antiguo funcionario del ministerio del Interior, AI Jumairi, eran sencillos de resolver porque aquellos pashtun solo exigían “small things”.

Striptease de una joven pashtun en Dubai (no hemos podido confirmar la veracidad de este espectáculo)

La desigualdad social, aquel punto fundamental que, como dijimos al principio, está vigilado por “el ojo de la lucha de clases”, se manifiesta con suma crudeza en la emigración. Puesto que, por un lado, hay explotación y esclavismo pero, por el otro, escandaliza el despilfarro de las élites. Ejemplo, en Dubai existe un lugar conocido popularmente como “la calle del Banco de Kabul”, porque las mansiones que en ella se han construido los expatriados afganos nacen del expolio sistemático y duradero de ese ‘banco’ (ver Nichols, Robert. 2008. A History of Pashtun Migration, 1775-2006. Oxford University Press, ISBN 978-0-19-547600-2)

Las afganas

La lucha de clases continúa presente en el caso de dos pashtunas –afgana una, pakistaní la otra; una pobre y la otra rica- que son mundialmente famosas por muy distintos motivos:

Ashraf Ghani, presidente de Afganistán, cuando recibió a Sharbat Gula en el palacio presidencial (fuente: Mysterious Earth, 14.XI.2016)

Sharbat Gula, ‘la joven de los ojos verdes’. A sus 10 o 12 años, su foto fue portada del National Geographic (junio de 1985) 17 años después, su ahora avejentada faz volvió a encabezar otro número de esa revista (abril de 2002) quien hizo un alarde técnico para certificar que era la misma persona. Pero esta vez estaba exiliada en el área pashtun de Pakistán. En 2016, fue detenida en Pakistán con documentación falsa y por residir ilegalmente en el país. Fue deportada junto a sus cuatro hijos. Después, su esposo y su hija mayor murieron de hepatitis.

Malala Yousafzai (Malālah significa ‘afligida’), pashtun pakistaní, en 2012 sufrió un atentado cuasi mortal a sus 15 años. Dos años después, recibió el Nobel de la Paz. Antes, cuando tenía entre once y doce años, Malala escribió con seudónimo un blog para la BBC donde detallaba su vida bajo la ocupación de los talibanes y protestaba contra la segregación de las mujeres en su natal valle del río Swat (provincia de Khyber, noroeste de Pakistán)
[Uno de los primeros libros que leímos sobre los Pashtun/Pathan, fue Barth, Fredrik. 1959. Political Leadership among Swat Pathans. Este antropólogo escandinavo nos informó que el Swat es un valle muy fértil, densamente poblado por campesinos. En 1900, eran 300.000; en 1950, medio millón y un millón en los años 1950’s. Y hoy ascienden a 2,5 millones –casi todos, Pashtun.

Subrayemos que, a juicio de Barth, en sus tiempos todavía era un valle cuyo Estado centralizado duraba ya 30 años. Y afirma: era un ‘estado’ indígena, no una invención colonial]

Las otras mujeres

El destino de las afganas es, sin duda, el tema que más preocupa a Occidente. Unánimemente se repite que van a perder las libertades que conquistaron en los últimos veinte años. Pero, dando por hecho que van a perder derechos, nos preguntamos, ¿van a perder muchos o pocos? A este respecto, conviene recordar que esas mujeres no vivían en Jauja bajo el paraguas gringo. Veamos:

Se pregona que, en 2001, cuando la OTAN ocupó Afg un mes y una semana después de los atentados del 11S en EEUU, las mujeres ‘comenzaron a recuperar ciertos derechos’. Sin embargo, en 2012, el presidente títere Karzai aprobó un código de conducta ordenando que ‘las mujeres no deben viajar sin un tutor masculino y no deben mezclarse con hombres extraños en lugares como escuelas, mercados y oficinas‘.

Abd El Hamid Karzai, pashtun, fue Presidente de Afg entre 2001 y 2014, sucedió a Rabbani y fue sucedido por Ashraf Ghani del que se dice que, horas antes de la entrada de los talib, se fugó de Kabul con cuatro autos y un helicóptero atiborrados dinero en metálico –como era de prever, se aposentó en los EAU donde es vecino de Juan Carlos el rey (poco) emérito.

Ese polichinela que se fotografiaba con los Amos del Mundo disfrazado de indígena (¿de cuál?, porque hay muchos pueblos indígenas en Afg) fue funcionario de la multinacional petrolera Unocal y, en villana correspondencia, fue multi-condecorado. Ejemplos, como Caballero de la Gran Cruz de la Orden de San Miguel y San Jorge y, en plus, recibió en 2005 el Premio Indira Gandhi.

Entre Karzai y Ghani, tuvieron veinte años para mejorar la suerte de las afganas. ¿Qué hicieron?: mantener el grueso de las discriminaciones más infames (la o el burka entre ellas) pero permitiendo que se abrieran salones de belleza femenina e incluso que algunas oligarcas más o menos étnicas pudieran acceder a la universidad. Dicho en plata: otro ejemplo del clasismo, elitismo y misoginia poco encubierta que han dominado Afg.

Para los talib actuales, llueve sobre mojado. Olvidando algunas indignas medidas con las que los medios nos bombardearán (cierre de comercios dirigidos por afganas y de escuelas), los ‘seminaristas’ podrán aherrojar a las mujeres mucho más de lo que antes perpetraron los mamporreros de gringos y británicos. Pero tendrán que forzar su imaginación porque el Corán no les deslumbrará en esta criminal peripecia.

Si no están de acuerdo, recuerden a Turquía. Erdogan es un genocida contra el pueblo kurdo y es tan sátrapa contra sus opositores como cualquier déspota oriental. Y no bastarán docenas de series turcas a cual más azucarada para ocultar que se ambientan en un país sin burka (mejor no dar ideas) pero de rampante misoginia.

Finalmente, una especulación feminista: ¿sería posible culpabilizar de la corrupción afgana a la ausencia de mujeres? Evidentemente, toda corrupción comienza en el hogar y, si el país es étnico en el sentido de priorizar a la familia, el hogar corrupto lo permea en todos los niveles, desde el presidencial hasta el campesino sin tierra. Las comparaciones no son infalibles pero, en los años 1960’s e incluso bajo dominación soviética, ¿Afg era menos corrupto? Casi había minifaldas y abundaban las universitarias ergo la corrupción no era general sino sólo clasista. En todo caso, desde el punto de vista analítico-sociológico, aislar a la mitad de la población para observarla en el laboratorio es simplemente imposible.

Otros mitos baratos

Después de haber observado la corrupción, la misoginia y, en párrafos anteriores, la segregación laboral de la diáspora afgana, nos quedan algunos lugares comunes que exigen ser duramente criticados:

Visto desde España, “los mensajes tranquilizadores de los talibanes en su entrada en Kabul recuerdan los de Franco instando a los republicanos a rendirse o al retorno a España”. Cierto. Pero eso ocurrió hace añales y ahora tenemos un inesperado problema: talib y españoles padecen al mismo patrocinador –EEUU. Lo dijo Bill Clinton cuando visitó Barcelona y escribió, “El futuro será catalán o talibán” (octubre 2001) Los nacionalistas españoles todavía caen en éxtasis orgiástico cuando recuerdan este ukase.

La comparanza entre la caída de Saigón y la de Kabul. ¿En qué quieren que se parezcan?, ¿puede el casi único argumento de un par de fotos sustentar semejante comparación? No lo creemos pero hay más: para los gringos, la ventaja de los patriotas vietnamitas estribaba en su estricta (militar) cadena de mando mientras que los talib no son un ejército regular sino unas guerrillas con bastante autonomía –además de que los GI’s eran soldados a la fuerza y los talib, voluntarios (ver una fuente nada sospechosa, Ali Ahmad Jalali y Lester W. Grau. 1999. The Other Side of the Mountain: Mujahideen Tactics in the Soviet-Afghan War. The United States Marine Corps Studies and Analysis Division Quantico, Virginia)

Y un último estribillo: Afg es un país extremadamente estratégico. ¿Por qué es tan estratégico un país sin salida al mar?, ¿sólo porque varios Imperios le escogieron como campa del honor en aquellos torneos con otros Imperios que pagaban los espectadores? Entonces, si los Imperios se pelean en otros sitios, ¿perderá Afg tan brillante condición? Suponemos que tal es la meta que señalan en Beijing. Pero, en general, lugares realmente estratégicos son los océanos, los ríos e incluso los polos –por mencionar sólo los más amenazados. Claro que mantener este criterio sólo tendría acogida si la geopolítica gozara de un amplio aire global y huyera de la actual hegemonía de covachuelas lúgubres como las Bolsas -de Alí Babá.

Los señores de la guerra

Los nombres de estos warlords son muy conocidos: Gulbuddin Hekmatyar (pashtun, clan Jaroti de los Ghilzai), Mohamed Atta Noor (tayiko), Abdul Rashid Dostum (uzbeko), Mohammad Ismail Khan, ‘el León de Herat’ (tayiko), Abdul Khani Alipur (hazara) y el más pregonado por los medios occidentales: Ahmad Shāh Mas’ūd (1953-2001), el Mesías del valle de Panjshir, tayiko, asesinado dícese que por al-Qaeda.

Al informar sobre la vertiginosa blitzkrieg de los talib, muchos periodistas se han fijado en “la sorprendente flaqueza de los otrora poderosos señores de la guerra de las etnias minoritarias en el norte y el oeste del país” que se rindieron sin combatir facilitando que la entrada en Kabul “fuera más un desfile que una operación militar”. ¿Estará agonizando el regionalismo tintado de etnicismo de los warlords?

La élite afgana había llegado a un compromiso inter-étnico: el ex presidente Ghani, es pashtun, y su ex vicepresidente, Abdullah Abdullah (AA), tayiko. Hoy, los medios de costumbre repiten sin tregua que AA se cree Presidente y que encabeza la oposición al régimen talib. Junto con el hijo del asesinado Massud alardean de que el valle del Panjshir será el núcleo que vencerá a los talib. Ese valle está cerca de Kabul; no sabemos si los hipotéticos proto-insurrectos recibirán enseguida la ayuda occidental o si serán olvidados por el planeta. En cualquier caso, es significativo que los talib capturaran sin problema la remota provincia de Badakhshan (Badajshán), dominio indiscutido de la Alianza del Norte o apaño entre los gringos y los warlords (cf. infra, Corredor de Wakhan, China) En esta conquista sin tiros, influyó que, en sus pozos, los campesinos utilizaban unos paneles solares made in China.

Las continuas referencias a los warlords buscan sugerir que Afg es un país medieval. No nos confundamos: en 1747, ya existió bajo la forma de Imperio Durrani y, un siglo después, mantuvo tres guerras con el Imperio británico (en 1839-1842, 1878-1880, 1919) Además, ni en Afg ni en el resto del mundo, los territorios étnicos son puros, homogéneos, exentos, autónomos y hasta herméticos. En Afg, la influencia pashtun es notoria en todos esos enclaves dibujados en los mapas como exclusivos de tal o cual pueblo. Por ende, es más que dudosa la ilusión de los ‘aliados’ en que los Hekmatyar & Co. levantarán sus pendones autonómicos y/o comarcales ocasionando un dolor de cabeza a los centralistas talib.

Pese a estas evidencias, para los medios occidentales, los warlords afganos son equivalentes a los señores feudales del Medioevo europeo –imposible paliar el eurocentrismo. Pero, visto desde Europa, el feudalismo padece mala fama pese a que el amo lejano sea mejor que el cercano. Y todavía es mejor que el rey lejano no tenga poder absoluto. Por todo ello, parece plausible suponer que los difamadores del feudalismo sólo tienen un argumento: que menoscaba el siempre naciente Estado.

Para concluir este parágrafo, subrayemos que nunca debemos olvidar que las relaciones entre los talib y los yihadistas al estilo de Ben Laden son tan conspicuas como difíciles de interpretar. Sobre todo porque, aunque los talib nacieron en 1994, desde entonces los EEUU juegan con dos barajas: unas veces crean a los talib (et al, Al Qaeda, Isis) y otras a los gobiernos que les combaten –a su manera, claro está.

Alepo (Siria), mayo 2013. Una foto sistemáticamente censurada: John McCain, entonces senador republicano por Arizona, mantuvo una reunión con el líder del llamado Estado Islámico de Irak y Levante, un tal Abu Dua, alias Ibrahim, alias Ibrahim Awad, Ibrahim Ali Al-Badri, Al Samarrai, alias el Doctor, alias el Buen Samaritano, alias Simón o Shimon, que será conocido más tarde como Abu Bakr Al-Baghdadi –quien, después, proclamaría el Califato.

El futuro -es decir, China

Territorio binacional pashtun (pinchar sobre la imagen para ampliar)

A esta fecha (21.VIII.2021), el pasado está claro: tras los regateos de Qatar y de Doha, los gringos guardaron su aviación y permitieron el avance talib. No hubo esa sorpresa en la que tanto insiste la prensa. Los únicos sorprendidos fueron los europeos y ello por la simple razón de que, como los mamporreros que siguen siendo, sus amos gringos no les habían informado de casi nada. Corolario: nunca sabremos qué es más peligroso: ser amigo o enemigo de los EEUU.

A pesar de que, más bien antes que después, la represión talib llegará con toda crudeza, volvemos a la pregunta que no hemos respondido en los parágrafos anteriores: ¿en qué grado? Porque es público y notorio que, en breve, las potencias occidentales van a restablecer relaciones con los talib. Comenzaron a pactar hace 5 años, primero en Qatar y ahora en Doha. Es de suponer que habrán negociado las cuestiones económicas, depósitos y deuda incluida. Ahora bien, si Clinton exigió a Vietnam el pago de una ‘deuda odiosa’, es probable que Washington le imite. Los vietnamitas tuvieron que pagar lo que robaron sus gobernantes títeres –evidentemente, esos dólares prestados regresaron a los EEUU antes de aterrizar en Vietnam, un pellizco se quedó en los bolsillos de los exiliados viets (un atajo de genocidas…) y otras gruesas porciones es probable que nunca saliera del Pentágono o de Wall Street. Cuando, dentro de pocos años, vuelvan a Kabul los gringos por prescripción de la real politik, ¿cómo pagarán los talib, en opio, en mujeres o en litio?

Puesto fronterizo chino

Por lo pronto, la Reserva Federal tiene en sus sótanos de Manhattan 22 toneladas de oro afgano (1.250 millones de US$, aprox) y Joe Biden (POTUS) ha jurado que ni ese oro ni los activos afganos en depósito en los EEUU (10.000 millones de US$) llegarán nunca a Kabul. Por su parte, su perrito faldero, el Fondo Monetario Internacional (FMI), se ha negado a abonar un tramo final de 370 m. US$ de un crédito aprobado el 20.XI.2020. Aunque es obvio que este tema ha sido negociado en Qatar y en Doha –donde talib, gringos, saudíes y emiratíes se abrazaban como amantes-, en este momento no sabemos qué pasará con estas operaciones financiero-esclavistas.

Sea como fuere, EEUU y sus palanganeros europeos tienen un problema: China.

China y Afganistán comparten una frontera de 76 kilómetros llamada ‘Corredor de Wakhan (Waján) que culmina a casi 5000 mts. en el puerto de Wakhjir. Este Corredor pertenece a la provincia de Badajshán (cf. supra, Warlords) habitada principalmente por Tayikos pero con núcleos Uzbekos e incluso con una pequeña minoría de Kirguises.

Más de un siglo después del Great Game entre los imperios zarista y victoriano, el próximo Big Game ¿será entre China y EEUU? Como siempre, los afganos pagarán las rencillas ajenas.

Badajshán fue la única provincia no ocupada por los talib durante los años de su Presidencia nacional. En plena cúspide del control talibán en los años 2000 y 2001, B. Rabbani, nativo de allá, y Massoud –padre- fueron los últimos remanentes de la Alianza del Norte anti-talib y usaron esta provincia como su cuartel. Desde tan remoto como inhóspito enclave, presenciaron la caída talibán que comenzó cuando los gringos -gracias a su poderío aéreo- regalaron el control del país a la Alianza del Norte. Mutatis mutandi, como si el gobierno de España fuera regalado por los marcianitos a una hipotética alianza ‘separatista’.

China es el segundo socio comercial de Afg (con poco más de mil millones de US$ en julio 2020). Cuando, en este Corredor, se haga la carretera en el lado afgano, se calcula que el comercio con China se triplicará. El Imperio del Centro está interesado en algunas materias primas afganas -litio, cobre, hierro, cobalto, petróleo, gas, tierras raras y un potencial hidroeléctrico de 23.000 MW listos para exportar.

Además, al otro lado del Corredor de Waján, está la oficialmente llamada Región Autónoma Uigur de Sinkiang. En ella, los Uigur –musulmanes- representan la mitad de la población y por ello son oprimidos sin piedad ni descanso. Huelga añadir que Beijing abomina de un horizonte en el que los aguerridos talib instruyan a sus vecinos Uigur. Por ello, conviene recordar que, en 2017, China creó su primer cuartel internacional en Djibouti. Dentro de pocos años, ¿habrá cuartel chino en el Norte de Afg?

Más artículos del autor

Síguenos en redes sociales… Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb Instagram: LoQueSomos

Un comentario en “Afganistán: lucha de clases y pactos que parecían imposibles

  • el 23 agosto, 2021 a las 13:17
    Permalink

    Enhorabuena, excelente artículo que aporta datos y reflexiones propias y alejadas de la intoxicación mediática.

    Respuesta

Deja un comentario

Nos obligan a molestarte con las "galletitas informáticas". Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar