Atentado contra el diálogo y la paz en Cataluña

Tomás F. Ruiz. LQS. Octubre 2018

“Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es, para el pueblo y para cada una de sus porciones, el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes.”

Este 14 de octubre de 2019 pasará a la historia como el día que se consumó el crimen del Estado español contra el pueblo catalán y contra sus representantes democráticos. La sentencia, emitida por el Tribunal Supremo contra los miembros del Procés (con un total de casi cien años de condena), pretende mostrarse como un acto de benevolencia de los jueces españoles para con los presos políticos catalanes.

Tanto los magistrados del Tribunal Supremo, aquellos que han dirigido desde su indigna autoridad esta parodia fascista de juicio, como el gobierno psoista, que les ha espoleado para castigar a hombres inocentes, son igualmente responsables de este atentado contra la democracia, la libertad de expresión y los derechos humanos en Cataluña.

La arrogante declaración del presidente del gobierno, amenazando con nuevas venganzas contra el independentismo catalán si éste no se somete a su “dialogo” de represión y violencia, degrada a España al nivel de Estado tercermundista. El paso hacia la degradación política y moral que ha dado este presidente en funciones, pasará a la historia como la consumación oficial del psoe como partido antisocialista, antiobrero y -eso sí- muy, muy españolista. Ni siquiera la esperpéntica máscara de pseudo progresismo que se pone para retirar la momia de Franco del Valle de los Caídos, puede ocultar el Alien franquista que Pedro Sánchez lleva dentro.

Ellos, tanto los espurios magistrados como los indignos políticos, saben que todo este vergonzoso y despreciable castigo al independentismo catalán que recogen las sentencias tiene sus días contados. En menos de seis meses las injustas sentencias serán inhabilitadas por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, que obligará al Estado español, una vez más, a torcer su testuz bovina y a reconocer que se equivocó castigando, en la persona de sus representantes, el derecho a la autodeterminación que tiene todo pueblo del mundo.

Su obstinación en castigar al pueblo catalán por votar en un referéndum es cruel, represora, vengativa y fascista. Esta sentencia es la venganza de una banda de criminales togados contra un pueblo indefenso. Esta sentencia confirma ante el mundo que somos un país gobernado por un despreciable tirano, por un monarca ilegítimo que impone su ley con el látigo de una indigna justicia, a golpe de infames leyes despóticas y amparado en una impresentable Constitución, dictada bajo el terror franquista y las torturas de la policía.

Esta sentencia es el canto de cisne de una justicia, la española, que se hunde sin remisión en el fango de su propia inmundicia; el último pataleo de unos magistrados sátrapas y corruptos que imponen su tiránica concepción de la justicia simulando procesos descarriados y encarcelando a hombres inocentes. Como todo cerdo tiene su San Martín, estos magistrados pronto serán alcanzados por una justicia digna, severa e inclemente, una justicia ante la que tendrán que responder de éste y de todos los crímenes que hayan cometido a lo largo de toda su pervertida carrera. Jueces y magistrados del Tribunal Supremo, fiscal del Estado, acusación particular (la mano nazi de Vox que mueve la cuna) y todos aquellos que firman esta aberrante sentencia, no deberían olvidar cómo esa justicia implacable alcanzó en 1945, en los implacables procesos de Núremberg, a todos los jueces que sirvieron como criminales togados a la Alemania nacional socialista.

Ahora es el pueblo catalán el que tiene en sus manos mover ficha. Cualquiera que sea su respuesta, estará legitimada por la Declaración Universal de Derechos del Hombre, que en su artículo 35 dice: “Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es, para el pueblo y para cada una de sus porciones, el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes.”

A partir de ahora estará plenamente justificado todo lo que el pueblo catalán haga, tanto en su propia defensa como en la liberación de sus representantes encarcelados. Como cualquier otro pueblo del mundo, Cataluña tiene el derecho a defenderse y me consta que lo hará con la misma determinación y el mismo coraje con que hasta ahora NO se ha dejado agredir impunemente.

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Urnas son amores. Derecho a decidir

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