Bochorno

diana139Jesús Gómez Gutiérrez*. LQSomos. Agosto 2015

La norma entera

La pintada de los anarcas es un pareado sin contemplaciones: «Fuego al Ayuntamiento/con vosotros dentro». Han elegido la fachada de una librería y abajo, bien visible, han puesto su A grandota en el círculo de rigor. Pero va la gente de la librería y grita ¡El lobo! ¡El lobo! ¡Los nazis nos quieren pegar! Imagínese. La típica y tradicional comunión nazianarquista. Y qué lenguaje, Virgen de los Pavores. ¿Dónde se ha visto que un anarca pinte esas cosas? Además, se empieza por un pareado indecoroso y se acaba en las drogas duras, el terrorismo, el arrancamiento de alas a las moscas, el BDSM, el café sin azúcar, las guindillas, un leñazo en el centro del espejito mágico o, no lo quiero ni pensar -tratándose para más inri de libreros- en la mayoría de los escritores, músicos, pintores, escultores y etcétera razonablemente subversivos de la historia, que habrían pintado consignas bastante más ofensivas y no mucho más literarias. Ahora bien, ¿lo saben? Pongamos que sí y que no se acuerdan o que sí y que no lo ven, como en el asombroso y espeluznante caso de la camiseta con dictador, todo el mundo gruñe que te gruñe y ni siquiera vieron la hembra medio desnuda con censored en los ojos que estaba a su lado, ocupando la mitad de la imagen. La prensa dijo es un dictador, concepto más sencillo que la verdad, hay un dictador; y, como sólo tienen ojos para la prensa, pues eso. La vista se jode cuando no se ejercita. La vista se pierde cuando se regala a un intermediario.

Y peor que la vista, la cultura; porque, ¿cuánta cultura le falta a unos ojos cuanto el dueño de los ojos mete por ejemplo a José María Pemán entre los grandes de las letras? Y, anécdotas al margen, ¿cuánta vida -es decir, cuánta cultura de base- le falta al predicador que escribe los discursos de un líder cuando mezcla Star Wars y el monstruo de las galletas con lo que determina la vida o la muerte de millones de personas, el trabajo? Lo de Pemán no es nada. Todos somos profundamente ignorantes en casi todo.

Pero este bochorno veraniego, que pilla a medio país jactándose en público de playas y montañas mientras el otro medio se hunde en la exclusión, no trae un chiste sobre excepciones a la norma: trae la norma entera, más esperpéntica que nunca o, discúlpenme, que nunquita.

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