Carmen Martínez Sierra, decana de los cómicos de todos los tiempos

El día 6 de noviembre pasado, (2012) moría a los 108 años la que ha sido la actriz más longeva de la cinematografía española.

Como es lo normal en estos casos la noticia no apareció hasta unos días después, y en las páginas del PAIS principalmente, y en algunos otros medios “fusiladores” de noticias,  el día 14 aparecía con el nombre de “Concha”, lapsus sin importancia, pero en honor a la verdad hay que decir que era Carmen, como dicen los créditos de sus películas, y porque oportunamente Concha Velasco y su “Cine de Barrio” las rescató del olvido el “Día del Carmen” (16 de julio) del pasado 2011, para felicitarla en la residencia donde se encontraba desde hacía 15 años.

Había nacido Madrid el 3 de mayo de 1904, al mismo tiempo que lo hacía Bing Crosby en EEUU y una semana antes de que lo hiciera en Figueres un sujeto controvertido llamado Salvador Dalí. Comienzo de un siglo que se prometía esperanzador del que ella fue testigo día a día. 

Tercera de cuatro hermanos de una familia acomodada compuesta por un Inspector del Timbre y una cantante de zarzuela y pianista que hasta los noventa años tocó con soltura, a los que parecía que “las señoritas no debían trabajar”.

Fue por la actividad de su madre la que se inició en el canto, para el que estaba especialmente dotada, tanto que con solo tres años ganó un concurso infantil por el que fue premiada con una caja de bombones forrada de terciopelo, que como talismán conservó durante muchos años.

A los dieciséis años se inició en el teatro en papeles de damita joven, y no fue hasta 1942 cuando pasó a engrosar la nómina de la compañía lírica de Alfredo Kraus como mezzo-soprano.

El cine la llamó a la vez que la incipiente TVE del Paseo de la Habana, y así en 1957 comenzaba una andadura “secundaria” con la participación en el Tigre de Chamberí, que aunque diga la Wikipedia que estaba protagonizada por Tony Leblanc, y aunque tenía un papel destacado, el “Tigre” Miguel Orégano, no era otro que el extraordinario José Luis Ozores “Peliche”.

De físico y timbre especialmente particulares, pronto se hizo reconocible y familiar en aquella televisión comprimida  de los años 60, donde puso cara a “Doña Clotilde” en los anuncios de las acciones de “Telefónica”, al igual que en la popular “La Casa de los Martínez” daba vida a “Matilde” junto a legendarias figuras como Rafaela Aparicio, María Carmen Prendes o Laly Soldevila, en episódicas visitas a aquella conmoción nacional que era el “Un, dos, tres” de Ibáñez Serrador y Kiko Legard,  o haciendo de madre de Felipito Tacatún, aquel argentino esperpéntico llamado Joe Rígoli en su famoso programa “Yo sigo”. Aunque bien debía dar en estos papeles de madre, ya que lo fue en la mayoría de los papeles que hizo para el cine, incluso de Avelina (Chus Lampreave) en 1993 en “Supernova”, y cuando no era así, también la encajonaban en el socorrido de “tía”  como en la serie “Eva y Adán agencia matrimonial” con Verónica Forqué y Antonio Resines.  

Pudo ser otra su suerte cinematográfica, ya que otros directores como Patino, Fernán Gómez y Camus, la reclamaron para hacer cosas tan importantes como La forja de un rebelde” pero su carrera se diluyó en los años noventa arrastrada por aquel cine canalla de los tiempos de la confusión del que títulos como “Don Cipote de la Manga”, “El cura ya tiene hijo” o “Haz la loca…. No la guerra”, pueden dar cumplida cuenta.

El ser decana mundial de la cinematografía hacia inevitable el título del artículo, pero algún otro también la hubieran definido perfectamente: “Se esfumó la bruja bigotes”, aquel personaje que interpretó en “Pinpín y sus amigos de José A. Arévalo.

Y así lo hizo el 6 de noviembre, mientras dormía, tranquila y discretamente como lo hacen las personas que están en paz.

Como curiosidad comentamos que decía la AISGE, sociedad de gestión a  la que permanecía, que hasta su muerte cobró la pensión de orfandad de su padre, lo que la convierte no solo en record de actriz perdurable, sino también el la huérfana más resistente de las conocidas.  

* El otro “Cine de barrio”

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