Chad: El desamparo de los parias

Chad: El desamparo de los parias

Guadi Calvo*. LQS. Marzo 2019

En la primera semana de febrero aviones Mirage 2000 con asiento en N’Djamena, de la operación Barkhane bombardearon, una importante columna de vehículos de rebeldes chadianos pertenecientes a la Unión de Fuerzas de Resistencia

Las consecuencias de la guerra de occidente contra Libia, el martirio del Coronel Gadaffi y la devastación absoluta del país, han provocado, en un efecto domino, repercusiones sangrientas en varias naciones de la región. El aluvión de armamento enviado desde los estados que se beneficiaron de la entente contra la Yamahiriya, fundamentalmente Estados Unidos, Reino Unido y Francia, ha puesto esas armas a disposición de las más variopintas causas que la presencia del Coronel, había contenido durante décadas, particularmente el fundamentalismo wahabita alentado por Arabia Saudita, sus socios Osama Bin Laden y los Hermanos Musulmanes.

En una de las tantas campañas periodísticas contra el Coronel Gadaffi, se instaló la leyenda que todas las armas que pulula en esas regiones son el resultado del saqueos de los ubérrimos e inagotables arsenales del Coronel, que alcanza para abastecer no solo a las organizaciones integristas que con la cobertura de al-Qaeda, en un inicio, y más tarde del Daesh, abrieron sucursales prácticamente en cada uno de los países del Sahel. Además de esos arsenales se han servido multitudes de bandas criminales de la más diversas especialidades y organizaciones de combatientes de causas largamente postergadas, como por ejemplo sucedió con el levantamiento tuareg de 2012 en el norte de Mali, en reclamo de Azawad, su ancestral territorio, o las reivindicaciones que exigen las diferentes tribus del norte de Chad y este de Níger, las que están siendo masacradas por sus gobiernos centrales que cuenta con la “inestimable” colaboración de Francia, cuya presencia en sus antiguas colonias a casi sesenta años de haberlas abandonado, en vez de atenuarse, se han incentivado gracias al descubrimiento de ricos yacimientos de oro, diamantes, petróleo y fundamentalmente uranio, que esas naciones empobrecidas por el expolio europeo de siglos, guardaban en sus subsuelos.

Si bien la falta de Estado en Libia ha provocado el caos en todo el país, donde más se ha notado la anarquía, es en la sureña provincia de Fezzan y en el sur de la Cirenaica, regiones que han utilizado, además de las bandas criminales, combatientes del norte de Chad, este de Níger y oeste de Sudán, para reagruparse, obtener recursos para volver a sus países a seguir combatiendo, contra sus gobiernos.
Innumerables grupos rebeldes desde los años noventa han combatido contra la dictadura de Idriss Déby, incluso en el año 2000 con la ayuda del dictador sudanés Omar al-Bashir, estuvieron a punto de derrocarlo. Hoy diferentes organizaciones como el Frente para la Alternancia y la Concordia en Chad (FACT), el Consejo de Mando Militar para la Salvación de la República (CCMSR), la Unión de Fuerzas para la Democracia y el Desarrollo (UFDD) y la Unión de Fuerzas de Resistencia (UFR), lo siguen intentado. Estos grupos están fracturados internamente por la diversidad de etnias y las ambiciones personales de sus líderes, intentaron regresar al Chad.

Instaladas en el sur de Libia, tras ser expulsadas de Darfur al oeste de Sudán por el ejército al-Bashir en 2010. Esas milicias transfronterizas se abastecen de armamento y fondos, sus combatientes se conchaban temporalmente en las diferentes organizaciones criminales que operan en Libia, dedicadas fundamentalmente al tráfico de drogas y personas o en alguna de las distintas facciones del conflicto interno libio.

A pesar de que el Chad, con 15 millones de habitantes, ocupa el puesto 73 de 78 países en el Índice Global de Hambre y el puesto 184 de 187 países en el Índice de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), su ejército es uno de los más poderosos de la región, al punto que es utilizado por Francia, como asistente de la operación Barkhane, que el Eliseo ordenó desde el levantamiento Tuareg de 2012 y la posterior invasión de los grupos wahabitas, que no solo se extendió al norte de Mali, sino también a Níger, Chad, Burkina Faso y Mauritania.

El autócrata Idriss Déby, presidente de Chad desde 1990, enmascarado en una democracia de reelección permanente, en un claro guiño a occidente y a pesar de que el 55 por ciento de su población, es musulmana acaba de reponer vínculos con el estado genocida de Israel, rotos desde 1972.
Déby, en un abierto desafío a la Causa Palestina, se reunió en noviembre último, en al-Quds (Jerusalén) el tercer lugar sagrado del Islam, con Benjamín Netanyahu con quien firmó importantes acuerdos de asistencia fundamentalmente militar. El 20 de enero pasado Netanyahu, retribuyó la visita y llegó a N’Djamena, donde fueron refrendados esos acuerdos, por los que el estado sionista, abastecerá de importante equipamiento militar, además de instrumentos de geo localización y dará entrenamiento a los servicios de inteligencia chadianos. Israel espera establecer relaciones también con Mali y Níger, ya que está intentado conseguir una silla de observador dentro de la Unión Africana (UA), con el fin de quebrar la histórica alineación del continente a favor del Estado Palestino.

Idriss Déby, trata de curarse en salud frente a la alta inestabilidad que sufre el país tras la debacle libia. Chad no solo tiene conflictos en su frontera norte con Libia, sino también con la llegada desde el este, de milicianos de Darfur (Sudán) en un largo conflicto con Omar al-Bashir, el dictador sudanés y miembros de diferentes organizaciones fundamentalistas como Daesh del Gran Sahara y el Jama’at Nasr al-Islam wal Muslimin (Frente de Apoyo para el Islam y los Musulmanes), que responde a al-Qaeda y por el sur oeste con los nigerianos de Boko Haram (Daesh), que ha obligado a desplazarse al Chad a 600 mil refugiados nigerianos por sus acciones, los cerca de 40 mil mineros sudanés, que ingresaron ilegalmente al país para explotar los yacimientos de oro en la región de Tibesti y el recalentamiento de la guerra en la República Centroafricana, cuya frontera de 1200 kilómetros, Déby ya no puede controlar y el despliegue de su ejército en ella cada vez le requiere más hombres.

Déby, un baluarte francés

En la primera semana de febrero aviones Mirage 2000 con asiento en N’Djamena, de la operación Barkhane bombardearon, una importante columna de vehículos de rebeldes chadianos pertenecientes a la Unión de Fuerzas de Resistencia (UFR), con base en Libia, que intentaban penetra al Chad para llegar a N’Djamena, con intenciones de derrocar al presidente Déby, y establecer un gobierno transición que reúna a las múltiples fuerzas política y militares del país. En Libia la UFR, combatió junto las milicias de Misrata y las brigadas de defensa de Bengassi, ambos grupos enemigos de Haftar, en la guerra civil, que desangra a ese país desde 2011.

El proyecto la operación de alcanzar la capital chadiana y derrocar a Déby finalmente fue frustrado gracias a la intervención francesa, por la que según un comunicado del 9 de febrero del ejército de Chad, se pudieron detener a unos 250 milicianos, junto a cuatro de sus principales líderes, al tiempo que les fueron incautadas gran cantidad de armas y más de cuarenta de sus vehículos fueron destruidos.
El Ministro de Relaciones Exteriores francés Jean-Yves Le Drian, se justificó ante la Asamblea Nacional de Francia el 12 de febrero, justificando la intervención aérea se ordenó “para evitar un golpe”, agregando que Chad es un aliado estratégico que despliega su ejército en varios teatros de operaciones contra el terrorismo en la cuenca del Sahel y del Lago Chad.

Aunque esta no ha sido la primera operación francesa en socorro de Déby, la Unión de Fuerzas de Resistencia (UFR), cuyo líder es Timan Erdimi, sobrino del presidente, intenta derrocar a su tío desde el 2008, año en que Déby solicito al Eliseo la intervención militar en su territorio.
Debido al creciente malestar de la población, por el constante aumento de la pobreza, la desocupación y la corrupción, las distintas fuerzas rebeldes han ganado mayor predicamento. El 6 de febrero pasado, Tom Erdimi, hermano de Timan, envió un mensaje a los militares de Chad, llamándolos a la unidad con las fuerzas de la UFR, para derrocar a Déby, alternativa que en mucho fracaso por la intervención área de Francia.

El arribo de la UFR otra vez en a territorio del Chad, según algunos analistas responde a la ofensiva de mediados de enero lanzada por el Ejército Nacional de Libia (ANL), de Khalifa Haftar, que buscaba expandirse hacia el sur de Libia. Aunque fuentes de la UFR informan que la llegada de sus combatientes al norte de Chad, fue planeada largamente y no tiene conexión con los movimientos de las tropas de Haftar.

La situación en el Chad se sigue calentado y todavía no ha estallado gracias una vez más Francia, que en procura de defender sus intereses en la región da protección a un régimen autocrático y corrupto, ignorando los reclamos de una población que vive sometida a la miseria y la orfandad de los parias.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
África – LoQueSomos

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