Colombia. “No me arrepiento de nada y sigo en la lucha”

Carlos+Ossa+Trejos+lqsGiorgio Trucchi*. LQSomos. Agosto 2015

Cortero gravemente herido por represión policial recupera lentamente su vida

En la madrugada del 3 de marzo pasado, un contingente del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) atacó con saña a los corteros en huelga del Ingenio Risaralda (1), que exigían contratación directa e indefinida. Carlos Ossa Trejos, directivo de la seccional La Virginia del Sintrainagro, recibió el impacto de una bomba lacrimógena disparada a quemarropa en su rostro.

No contentos, arremetieron contra él a patadas y golpes, y con machetes le propinaron varias heridas. Carlos permaneció más de un mes en coma (2) y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente en repetidas ocasiones.

La brutal represión (3) provocó la pérdida de su ojo derecho y de parte de masa encefálica, pero sobrevivió y, lentamente, está recuperando la vida.

“Fue un ataque brutal y estuve al borde de la muerte. Pero no me arrepiento de nada y sigo en la lucha al lado de mis compañeros”, dijo durante una visita que La Rel realizó a su casa en Ansermanuevo, Valle del Cauca.

-¿Cuáles son sus recuerdos de aquel 3 de marzo?
-Era de madrugada. Estábamos descansando cuando de repente llegaron los agentes del ESMAD y comenzaron a lanzarnos bombas lacrimógenas. Nos levantamos y nos replegamos hacia la planta del Ingenio. Me acuerdo que había mucha confusión y humo. Pasé un alambrado para entrar al Ingenio y sentí un impacto muy fuerte en mi rostro. Creo que perdí el conocimiento porque el impacto y el dolor es el último recuerdo que tengo.

Mis compañeros me contaron que la explosión me botó el ojo y parte de mi cabeza, justo aquí donde ahora tengo este hueco. Los malditos continuaron pegándome. Me daban golpes y patadas, y me dieron varios machetazos en la cabeza y en los brazos. Finalmente me levantaron, me tiraron en un carro y me llevaron a un hospital.

Estuve mucho tiempo ingresado en el hospital. Los médicos le decían a mi esposa que los golpes podían haber afectado al cerebro, y que si sobrevivía podía quedar como un vegetal.

Sin embargo desperté y estoy aquí, con vida y recuperándome. Perdí un ojo, tengo este hueco, muchas heridas…estos malditos me masacraron. Pero también tengo muy buenos compañeros que nunca nos han dejado solos.

-¿Qué dice la empresa?
-Me está mandando alguna cantidad de dinero cada semana, muy poco, y no quiere reconocer que mi baja es por accidente laboral. Ya no puedo trabajar y sufro de vértigos. Mis compañeros ya presentaron una demanda en los tribunales, para que se me garantice una pensión y una indemnización por lo que me hicieron dentro de las instalaciones del Ingenio Risaralda.

-Su esposa y sus compañeros me contaban que usted estaba muy comprometido con la lucha por la defensa de los derechos laborales y sindicales.
-Decidimos ir a la huelga porque la empresa nunca quiso escucharnos. A las 10 de la noche del día 2 de marzo me llamó mi hija llorando y me pidió que regresara a casa, porque era muy peligroso estar ahí. Yo le contesté que no podía dejar la lucha, ni abandonar a mis amigos y compañeros de trabajo. ¿Cómo podía traicionarlos?

En los días previos al inicio de la huelga, la empresa mandaba gente a mi casa para que renunciara a la lucha y no me involucrara en la protesta. Me prometían la luna, pero me mantuve firme y sigo en la lucha. Estoy vivo, voy recuperándome y vamos para adelante.

-¿Se abrió una investigación sobre los hechos del 3 de marzo?
-No hay ninguna investigación y todo está quedando en una total impunidad. Estos malditos casi me matan y nadie dice, ni hace nada.

-Es bueno ver tantas compañeras y compañeros solidarios con usted y su familia.
-Esto es lo más bonito. Los compañeros del Sindicato nunca nos han dejado solos. Nos visitan, nos apoyan, hacen recolectas para ayudarnos y para costear los gastos médicos. Su ayuda es invaluable y se la agradezco desde lo más profundo de mi alma.

-¿En algún momento se arrepintió de haberse involucrado en esta lucha?
-Esta empresa es muy injusta. Hemos sufrido muchas injusticias y humillaciones. Nunca quiso escucharnos y nos obligó a tomar la decisión de ir a la huelga. ¡Nunca me voy a arrepentir, no importa el precio que tuve que pagar! Y si algún día me tocara volver a hacerlo, no lo pensaría ni un momento.

Notas:
1.- Pobreza y represión: el tándem azucarero
2.- “Por exigir respeto a sus derechos mi marido lucha ahora contra la muerte”
3.- Directivo de Sintrainagro corre riesgo de vida

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Imagen de Mauricio Ramos
* Rel-UITA

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