Compota de crisis

En Tenerife se manifiestan las personas con discapacidad, sus familiares y los profesionales (fisioterapeutas, cuidadores…) que habitualmente les atienden. Las pancartas y los gritos son contra los recortes presupuestarios que les amenazan con una dolorosa precariedad de seres dependientes e improductivos. Canarias está a la cola de atención a los ciudadanos minusválidos. En las Islas Afortunadas los que priman son, sobre todo, los seguros sanitarios privados.

Recorte es una palabra muy frecuentada en los últimos tiempos. Los “recortables” pueden echarse a temblar porque para ellos sí actuará diligente y rauda la tijera del Estado. Al lado mismo de los condenados a las carencias, aunque en otro mundo distinto, está la sociedad del derroche. La frivolidad desenvuelta del despilfarro y el trinque.

Un sentimiento de malestar agudo está suplantando y sepultando al antiguo estado de bienestar, avasallado por el ultraliberalismo que financia a los banqueros en sus aventuras bursátiles. La obsesión del sistema es la deuda pública y por ello se procede a rebanar por el lado más débil. Los cuerpos maltrechos no tienen mucha capacidad para hacer ruido. Y es preciso un estoicismo senequiano para vivir la precariedad de que te quiten lo poco que tienes, mientras los pensionistas alemanes se compran chalés de lujo en Menorca. Las diferencias de estatus son insultantes. Efectivamente, hay Europas de distintos lustres y varias velocidades. Nadie lo discute y tampoco lo corrige.

Luego está la cosa cuartelaria de Mambrú. A los militares no solo no les recortan los gastos sino que han aumentado de manera espectacular en los últimos años. España acaba de comprar 96 blindados antiminas y ha pagado una ruidosa cuota que le corresponde para construir el avión de combate “Eurofighter”. La propia ministra de la Guerra, Carme Chacón, admitía hace poco que no bastarían 20 años para pagar la factura de las Fuerzas Armadas. Que no les falten juguetes, porque se podrían cabrear con nosotros, los civiles.

Desde el lugar donde vivo veo pasar todos los días y varias veces aviones de combate en vuelos rutinarios de patrullaje. Esos vuelos cuestan un ojo de la cara. Son una defensa, pero ¿de quién? Francia no nos va a atacar y Portugal tampoco. Todos somos miembros de la Unión Europea. Aliados. El único país no comunitario es Noruega. Sin embargo, los nórdicos nos venden cremas neutrógenas para la piel, salmón ahumado y están encantados de que vayamos a visitar sus fiordos. Así pues, si no tenemos que defendernos de nadie el despilfarro de los vuelos está fuera de lugar. Cada vez que despega uno de esos aviones es un médico menos o un profesor menos o una pensión menos para alguien que la necesita.

Los cuantiosos gastos militares no están en crisis. Este es el panorama mundial, según la BBC.

Tampoco parece haber mucha crisis en las altas cañerías del Estado. Son cosas de la sociedad de dos o más velocidades y sensibilidad con marcha atrás. El propio rey Borbón acudió no hace mucho a una comida ofrecida por Bono, el presidente de las Cortes. Antes de sentarse a la mesa, el rey les dijo a los periodistas que “España deberá apretarse mucho el cinturón para salir de esta crisis”. A continuación se metió entre pecho y espalda un buen bogavante y después se zampó un rodaballo. Predicar con el ejemplo siempre es bienvenido cuando las cosas van mal. Ahora su yerno, el exjugador de balonmano Urdangarín, ha hurgado con las manos sucias en las arcas públicas y está en el punto de mira de los jueces “por apoderarse de fondos”. Su entramado societario se llama Instituto Nóos y lo usa de cepillo arramplador como una ONG cualquiera, sin ánimo de lucro.

El parné estaba depositado en un paraíso fiscal británico. Un paraíso en el que también cree la familia Botín en pleno. Tienen una fortuna en cuentas opacas de Suiza. La justicia está investigando a este peculiar banquero santanderino. Ya le habían investigado por blanqueo de dinero negro en el conocido caso de las “cesiones de crédito”. En aquella ocasión se fue de rositas. El propio fiscal del reino, el nada cándido Conde-Pumpido, le echó a don “Emilione” un capote de grana y oro.

Decididamente, incluso en tiempos críticos como estos, no es lo mismo ser comedor de bogavante que ser un vulgar comemierda, aunque sea con derecho a voto. Todos pululamos en el mismo planeta, aunque en muy distintos círculos y esferas.

El ilustre problema es que la Edad Media todavía no se ha ido, la herradura feudal sigue vigente, aunque con nuevas herramientas.

Así que, con ese ejemplo en el ambiente incontrolado que se respira, los cargos públicos se dan por aludidos y deciden que la suya es una tarea muy pesada. Requiere compensación. En definitiva, se suben los salarios y las dietas para compensar el estrés. Tienen la cara blindada contra el escándalo, que ya no es escándalo sino costumbre de jetas que están acostumbrados por la Historia.

Quizá las respuestas a tanta incógnita económica las sepa Dios. Eso debió barruntar el pasajero del vuelo entre Charm-el-Sheik y El Cairo. Quería apearse en marcha por los aires porque tenía la necesidad urgente de hablar personalmente con Dios. En su turbación, el hombre no tenía en cuenta que Dios, Alá y Yaveh están en todas partes. Está repartiendo bondad y justicia en Egipto, Israel, Somalia, Libia, Iraq, Afganistán…

El Papa Beneficio XVI anda precisamente polemizando estos días con el científico Stephen Hawkins sobre el origen del universo en general y de nuestro pequeño mundo humano en particular. Encuentra el papa que la ciencia da datos pero no explica el fondo de la cuestión, el porqué estamos aquí. A su modo de ver, la fe resulta más elocuente y satisfactoria.

Y sobre todo tranquilizante.

* Director del desaparecido semanario "La Realidad"

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