Concordia 78

Lilith Rojo*. LQS. Junio 2021

Y aquí nos quedamos quienes vimos una oportunidad en el Procés, cuando funcionaba de abajo a arriba consiguiendo mover e ilusionar transversalmente a millones bajo la consigna del antifascismo, el progreso y los derechos humanos

La palabra de moda ahora es concordia. Es la que ha decidido que triunfará para la historia quien redacta los argumentarios del partido socialista y la palabra que esparcen a los cuatro vientos sus voceros a sueldo, en metálico o en especies, consejeros de lo público y lo privado. Los que vamos teniendo una edad ya sabemos de que otro sustantivo histórico es sinónimo concordia. Se trata de la archiconocida reconciliación con la que curiosamente comparte a su vez los sinónimos acuerdo y arreglo. El acuerdo de unos pocos traicionando a muchos para arreglar la máquina que pinta la línea del continuismo en el tradicional rojigualda marca España.

O nos toman por desmemoriados o por idiotas, que seguro que también. Los experientes en la materia sabemos que significa reconciliación, un pacto en el que en la más orgullosa tradición del reino español, otrora dictadura, hay un vencedor que redacta las capitulaciones y un vencido que hace ver que firma el acuerdo en igualdad de condiciones, aunque a la práctica renuncie a todas sus demandas o las deposite en el cajón del tiempo.

Y es que el día de la marmota español es una rueda de hámster donde nos marean para provocar la alucinación colectiva de que el mal mayor es el bien absoluto. Para convencernos de que claudicar es honroso cuando el fin lo justifica, porque en realidad no es claudicación sino la vía correcta que, los que se tienen por representantes de los perdedores, han elegido de motu propio por el bien común. Qué sabremos pobres de nosotros lo que nos conviene. Donde dijeron digo dicen Diego mientras se hacen fotos con los poderes fácticos, invisibilizando la represión e ignorando que a veces confrontar es lo sensato. Pero cuál es el fin, pues eso, poner punto y final a los sueños de libertad con los cantos de sirena del seny, del ahora toca sacar adelante el país, justo en el momento en que todo podía suceder, salvando a los salvapatrias ajenas y abandonando el rupturismo portador de repúblicas.

Ahora tenemos un gobierno oficial de Pere Aragonés en coalición con Junts, un gobierno en la sombra con luz, taquígrafos y bendiciones mediáticas de Illa y un gobierno en el exilio que va cosechando éxitos que al llegar a los Pirineos chocan con el ahora no toca, que tanto se criticó antaño y con razón. Trino.

El lenguaje es importante, el lenguaje corporal en algunas circunstancias quizá aun lo es más. Con la clase política que toca sillón nos pasa como a los indios americanos en las películas del oeste, que mientras fumaban la pipa de la paz les iban metiendo en reservas, prueba del nueve de que el hombre blanco hablaba con lengua bífida. Es hiriente que te monten un discurso de concierto mientras sus gestos te desconciertan con su soberbia tras sus maneras de curas melifluos, su condescendencia desde su posición de privilegio de estado que transparenta su grosera satisfacción ante la que creen jugada maestra para zafarse de la espada de Damocles de Europa. Porque el PSOE, artífice de la venta del milagro de la Transición, sigue explotando la misma vía. Concordia 2021.

Todos los tópicos repetidos y todos los errores que tras ellos se esconden van apareciendo y lo más triste es que parece funcionarles. Hoy decía Iceta en TV3 que los indultos llegarían antes de agosto, justo cuando todo el mundo esté pensando en playa, piscina o terraza y no en procesos de ninguna índole, pura casualidad es también que coincida agosto con el fin de la moratoria de los desahucios. El verano sirve para un roto y un descosido, también fue en agosto cuando el PSOE modificó la supuestamente intocable Constitución para vendernos al Capital. Iceta ha hablado de otro hit de la transición, ha nombrado aquello de cerrar heridas, en falso como en la peor tradición PSOE. Cerrar heridas mientras sangran y supuran, con miles de afectados en primera persona y todo un colectivo de agraviados de centenares de miles de personas, que entienden que de contemplar la vía del diálogo debe ser en igualdad de condiciones y sin renunciar a nada antes de sentarte en una mesa, que ya sabemos de que pata cojea.

Es muy triste que los que han denunciado por activa y por pasiva la transición como parte del discurso emancipador hacia la república caigan en el grave error de repetir aquello que tanto han criticado desde una superioridad moral, que ahora rueda despeñándose hacia el precipicio del vasallaje. Entonces fue una ley de amnistía que blindó la impunidad de la dictadura y que sigue barrándonos el paso a los que reclamamos verdad, justicia y reparación para sus víctimas. Hoy son unos indultos que no hacen justicia ni a los presos, ni a los miles de represaliados. Resulta duro decirlo pero desde la prisión no se puede negociar el destino de una gran parte de la ciudadanía a la que no se le puede pedir que olvide sus ideales y tanta humillación. Mirar hacia delante por un supuesto progreso fruto de la reconciliación no trajo nada bueno antes, ni después, las heridas solo deben cerrarse cuando han sanado y no a golpe de hilo censurador y aguja de amnesia.

Y aquí nos quedamos quienes vimos una oportunidad en el Procés, cuando funcionaba de abajo a arriba consiguiendo mover e ilusionar transversalmente a millones bajo la consigna del antifascismo, el progreso y los derechos humanos. Nos quedamos con la misma cara de perplejidad y tristeza, de indignación y pesar de quienes en su día sufrieron la traición de la transición en sus carnes y vieron sus esperanzas republicanas sepultadas en las mismas cunetas aun hoy sin abrir judicialmente. Quienes siempre hemos defendido la vía rupturista no podemos con más trágalas por mucho disfraz de concordia que le pongan, porque hemos constatado por activa y por pasiva que el Reino de España es irreformable a mejor, ya que nada bueno puede tener su origen en un golpe de estado sangriento contra la legalidad democrática.

Y ahora no nos queda ni amnistía, ni libertad, eso sí, estatuto de autonomía tutelado, mientras el fascismo campa a su libre albedrío porque las calles siguen siendo suyas, a nuestro pesar, al grito de una y no cincuenta y una, que traducido a su imperial español sería una, grande y libre.

-Ilustraciones de Alejandro Pacheco
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