Cuba, “la solidaridad no se negocia”

Luis Varese*. LQS. Marzo 2020

El trabajo humanitario sin fronteras… es la práctica que no tiene el capitalismo

El acoderamiento del Crucero Británico MS Braemar, en puerto cubano, para rescatar a cinco pasajeros enfermos, diagnosticados con COVID-19 (Coronavirus) no es un hecho aislado o coyuntural. Es la forma de vivir de la Revolución Cubana, “the cuban way of life”, diría parafraseando.

La solidaridad es inherente al pensamiento de Martí, de Fidel y del Che. La práctica desarrollada a lo largo de 60 años por el Gobierno de Cuba ha beneficiado a varios millones de personas alrededor del Mundo. Desde las más aisladas aldeas africanas en Guinea, Angola, Etiopía, hasta las americanas en Haití, Guatemala, Perú, Brasil, Ecuador hasta las ciudades y barrios de Caracas o Minas Gerais, los pueblos han agradecido a la Revolución Cubana esta eficiente solidaridad.

Es el pensamiento revolucionario del “hombre nuevo”, es la línea política e ideológica del verdadero internacionalismo. Es el trabajo humanitario sin fronteras. Es la práctica que no tiene el capitalismo. Lleva tanto al asombro, que los gobiernos y los médicos, que no tienen vacuna contra la codicia ni contra la estupidez, se oponen a ello.

Es el resultado de una mente de profeta, en el sentido bíblico de visionario, que tuvo Fidel. El desarrollo de la biotecnología, el desarrollo de la medicina, la escuela de medicina, pero y sobre todo la vocación de servicio propia de los franciscanos originarios del 1200 o propia de un cristianismo auténtico, si no fuera porque es de un socialismo auténtico.

Hoy los gobiernos de Bolivia, Brasil, Ecuador, El Salvador, Honduras, lamentan haber pedido la salida de los médicos cubanos. Pero que ellos lo lamenten ya es tarde, e importa poco. Los que de verdad lo lamentan y lo sienten en carne propia son sus pueblos que perdieron esta ayuda solidaria y eficiente. Hoy Italia, España y pronto otros países europeos piden y pedirán ayuda a Cuba y a los médicos cubanos.

La eficiencia del Estado en estos servicios es innegable. Lo vemos en Ecuador hoy, que se trata de desmantelar a la salud pública y a la vez, contradictoriamente, se confía solamente en la salud pública para atender la emergencia del Coronavirus. En nombre de una política económica fracasada (el neoliberalismo) se persigue y proscribe a una línea política exitosa (la Revolución Ciudadana) y paradójicamente se busca apoyo en uno de los grandes éxitos del gobierno del Presidente Correa como es la Salud Pública. La prueba de que servicios que, son derechos conquistados como la salud y la educación, deben ser parte del Estado es que no se logra un acuerdo con los laboratorios privados alrededor del precio de los análisis. Increíble.

Cuba es ejemplo de lo que sería el Sumak Kawsay en esta materia y en muchas otras. Hoy vivimos una emergencia mundial y quienes han podido dar respuesta son Cuba, China, Venezuela y Nicaragua (que no tiene aún casos de Covid-19) y que cuenta con el apoyo inmediato de la medicina de los hermanos cubanos.

Cuba heroica, cercada, acosada por el bloqueo es solidaria y eficiente. Contribuye a la humanidad entera.

Esa bestia apocalíptica que es Donald Trump, demonio de la codicia, lo primero que hace es querer comprar a los médicos y al laboratorio alemán que está produciendo la vacuna contra el Coronavirus, para poder venderla al precio que se le ocurra. Esa es la diferencia entre el bien y el mal. Entre el socialismo y el capitalismo.

Viva Cuba, libre del mal. Gracias, hermanos y hermanas cubanas por todo lo que entregan arriesgando su salud y sus vidas. Gracias Fidel por el ejemplo y la práctica. Estas y las futuras generaciones es mucho lo que le deben a este ejemplo de solidaridad y dignidad del pueblo cubano.

Nota: El título del artículo es una frase del compañero Hertie Lewittes (ya fallecido) que, en 1978, cuando un dirigente aprista le quiso “vender” un pasaporte diplomático peruano a cambio de que dijera a la prensa, que 120 muchachos apristas combatían en Nicaragua contra Somoza, sabiendo que no había ni uno solo. Mauricio (Lewittes) le contestó “la solidaridad no se negocia” y no llevó el pasaporte que seguramente le hubiera facilitado mucho la vida como representante itinerante del FSLN en tiempos de guerra.

Publicado en ALAI

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