De aquí a la eternidad

Acabo de ver en un telediario una turba de alienados, una inmensa masa abigarrada de carne con ojos, peleando a brazo partido por tocar por una talla de la virgen de los Desamparados. Ha sido en Valencia. Bebés en pañales sobrevolando la mar de cabezas para que les tocara la virgen. Adultos llorando la histeria. La España de sacristía y catecismo integrista está en su máximo esplendor. Cuando los problemas no se resuelven con la herramienta de la razón, vuelven inexorables los charlatanes, los videntes, el estupefaciente submundo de las magia imaginarias. Ayer el ministerio de la policía imponiendo medalla a la virgen del Amor. Hoy esto. Mañana más España.

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