De Malta 1983 a Costa Rica 2022

Por Nònimo Lustre. LQSomos.

“Mercado del deporte. En 2018, las estimaciones oscilaron entre los 488.500 millones de dólares cuando se trata de productos específicos para el deporte, y los 756.000 millones de dólares cuando se incluyen otros sectores económicos, como el transporte y el ocio… Real Madrid y Barcelona cuentan juntos con más de 500 millones de seguidores a través de sus redes sociales” (ver ONU-UNODC. 2021. Evolución del deporte en relación con la corrupción)

Valga esta cita para evaluar la importancia político-económica del deporte y, dentro de él, la hegemónica industria futbolera. Una millonada semejante se cocina entre apaños inmobiliarios, blanqueos del capital, racismos, homofobias, esclavitud infantil, trata de mujeres –ahora que despunta el fútbol femenino- y, por lo que atañe a los Estados, exenciones fiscales y golosas subvenciones. Y todo esto no es nada comparado con los sueños frustrados de niños y jóvenes que fantasean con un futuro de estrellas -no quieren saber que sólo uno entre un millón ganará dinero. Todo este complejo político-económico está en manos de una gerontocracia elegida por sí misma –la FIFA. Quien crea que el fútbol es un campo limpio, mejor que no siga leyendo. En un artº precedente, escribimos que Infantino, el actual Presidente de la FIFA, sucede a los dos anteriores presidentes, ambos ‘apartados’ por infinidad de corruptelas. Quien crea que la corrupción en la FIFA y en España alcanza cotas repugnantes, puede seguir leyendo.

Gusanera incomestible

Malta 1983

En una competición relativamente menor como fue la Eurocopa de 1984, hace 40 años y en plena resaca tardofranquista –aún hoy vivita y coleando-, aconteció un partido que los españoles todavía celebran con alborozo nacional: la victoria de la selección española por 12-1. Lamentamos bajar los humos del patriotismo futbolero pero, donde los hinchas ven Patria y Raza, nosotros vemos Soborno en letras grandes. La secuencia es así: por un dineral cuyo monto nunca conoceremos, en un partido previo, Malta pactó con Países Bajos un tanteo de 5-0 a favor de los neerlandeses; esa goleada garantizaba que los centroeuropeos pasarían a la siguiente ronda y que España se quedaría fuera –ah!, cómo nos odian los herejes. Cuatro días después, la selección maltesa, mucho más amateur que profesional, llegaba a Sevilla para jugar el partido definitivo y, sobre todo, para negociar la siguiente corruptela: su precio para dejarse encajar los 11 o 12 goles que el equipo peninsular necesitaba para seguir en la Eurocopa. Y, en efeto, regada y abonada con dinero público, los isleños perdieron 12-1, España se clasificó y los malteses volvieron a su islita con dos sobornos en la faltriquera. Habían conseguido que las futbolmanías de dos potencias europeas pagaran sus respectivas psicopatías. Chapeau!, por los llamados “últimos piratas del Mediterráneo”.

Culminada la ‘hazaña’ de la selección española, nadie quiso reconocer que ese 12-1 era relativamente plausible puesto que todos los equipos de fútbol están igualados de manera que no es raro que un once en alpargatas venza a un once plagado de millonarios. Antes que reconocer la hipotética excelencia alcanzada por los pobretones, los patriotas hispanos justificaron el escandaloso tanteo atribuyéndolo a la furia española –“¡a mí el pelotón, que los arrollo!”, gritaba un aguerrido delantero. Entonces surgieron las imperecederas jaculatorias a los más arcaicos Padres de la Patria –“Viriato, va por ti; Mío Cid, ví que los malteses eran medio moros y me encomendé a SantYago Matamoros; sin Franco esta victoria no hubiera sido posible”. Es decir, la mística todo-a-zen de la Reserva Espiritual de Occidente aplicada al futbol.

Malta futbolera

La Soberana y Militar Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, asimismo conocida como Orden de Malta o Caballeros Hospitalarios, mantiene relaciones diplomáticas con 112 países, entre ellos España -y Costa Rica como veremos más adelante. En 1994, patrocinada por 71 países, fue admitida sin votación en la ONU con estatus de observador con rango de embajador. La isla, militarizada pero idílica aunque sólo fuera en el protocolo, era una potencia mundial. Lastimosamente, esta imagen se vino abajo en octubre 2017 cuando el, hasta entonces apenas visible poder de su mafia, se manifestó crudamente mediante el asesinato de una periodista crítica: Daphne Caruana Galizia –su ejecución sigue sin investigarse a fondo.

Reventadas las costuras de su inmejorable efigie, podemos analizar las variedades del universal modus operandi mafioso: olvidemos los maletines para los futbolistas –el metálico es de aficionadillos, malteses incluidos. Ahora se soborna en todo el mundo a través de las ingenierías contables y financieras. De ahí que este tópico fundamental sea tabú y de ahí que se desvíe la atención hacia el anecdótico dopaje –cuanto más se hable de hipodérmicas, menos se hablará de paraísos fiscales.

El ejemplo del 12-1 a Malta: décadas después de consumarse el soborno, un exjugador maltés declaró: “Yo tengo un hermano que era culturista y sé lo que pasa cuando se toman esteroides; la energía de los españoles era algo fuera de lo normal. Algunos tenían espuma en la boca, les salía un ácido líquido de la boca y no paraban de beber agua”. Otra cortina de humo: durante el primer tiempo, España sólo consiguió un marcador de 3-1 que la dejaba fuera del campeonato. Según el seleccionador maltés Victor Scerri, en el descanso «entró al vestuario un hombre pequeño vestido de blanco con una bandeja grande con limones cortados. Después de chupar los limones empezamos a sentirnos bastante mal. Me sentía borracho, como si hubiese estado toda la noche de fiesta. Le pregunté al médico. ¿Puede que los hayan drogado? Porque perdimos la cabeza en la segunda parte”. Olvidemos que, seguramente, los jugadores isleños habían trasnochado. Antes de que se celebrara el rito en el césped, perseguido por la prensa, el portero Bonello apuntó que “no volvería a mi país si me marcasen 11 goles”, declaración que anunciaba el inminente chanchullo. Sobra decir que, finalizada la componenda, los héroes del balón fueron felicitados por Javier Solana, entonces ministro de Cultura -y, años después, el bocazas de la OTAN al que apodamos Carnicerito de Belgrado.

Por cierto, cuando se amañó el partido en Sevilla, G. Abela era presidente de la Asociación de Fútbol de Malta –lo fue entre 1982 y 1992. Ergo alguna astilla en pesetas le correspondería. Ergo la corrupción llegaba desde antaño al aparato federativo. Y siguió ascendiendo hasta el Estado pues Abela fue Presidente de Malta entre 2009 y 2014, prueba evidente de que a través del fútbol se puede controlar cualquier país.

Noticia más reciente sobre la corrupción en Malta y en España: “La Guardia Civil desvela la operación Tarantelo contra los sobornos: Andreina Fenech Farrugia, directora de Pesca de Malta, al jefe de la red española del atún: ‘Me tienes que pagar’» (15/02/2019)

Costa Rica (CR)

Ahora, regocijémonos con el 7-0 de España a Tiquicia en la actual Copa de Qatar. Según nos cuentan los televidentes (más videntes que tele) que lo ‘gozaron’ junto con el monarca futbolero, la defensa de Tiquicia fue bastante negligente y su estrella nacional, el evangélico portero K. Navas, perpetró algunas pifias impropias de su fama. Asimismo, nos señalan que los defensores de CR fueron algo violentos, seguramente porque la mayoría eran unas moles ‘afroamericanas’. Nosotros no lo vimos porque hubiera dañado nuestros precarios equilibrios psíquicos pero, con negros o sin ellos, su enérgico proceder nos recordó la rabia de algunos jugadores neerlandeses mostraron en la final de la World Cup de 2010 –“las más alta ocasión que vieron los siglos”. Lógico cabreo pues sabían que tenían que perder y, encima, quizá por menos chanchullos –léase, dineros- que el precedente de Malta. Sea como fuere, automáticamente percibimos que la paliza a los ticos era análoga a la sufrida pero bien pagada paliza a los malteses de 1983. ¿Pruebas?, evidentemente no las tenemos ni jamás las conseguiremos –ni siquiera sabremos si intervino el seudo-embajador de la Orden de Malta en CR. Sin embargo, sí sabemos que la presencia del monarca en el palco y luego incluso en el vestuario, exigía una rotunda seguridad en el tanteo –una demostración más de lo carísima que nos resulta la Casa Real.

CR Pura Vida tenía la misma fama de santidad que tuvo Malta. Hasta que comenzamos a desconfiar unos republicanos escépticos frente a las místicas patrias aliados a unos contumaces vendepatrias y aguafiestas profesionales. No sólo del 7-0 sino más aún, de que el fútbol tico sea impoluto. Dos antañonas evidencias en contrario: “05. I. 2011. Sigue la corrupción en Costa Rica. El tercer caso de corrupción, en cuatro años, en el futbol de Costa Rica, estalló este mes.”; “Mayo 2015. La fiscalía y el organismo tributario de Costa Rica abrieron sus respectivas investigaciones sobre el presidente de la federación local de fútbol, Eduardo Li, quien fue arrestado horas antes en Suiza junto con otros dirigentes de la FIFA acusados de corrupción.”

CodaLos ultra-neoliberales de un partido político hispano, escriben ‘remontada’ porque ‘resurrección’ implica muerte previa –su estado actual.La banca siempre gana. En Sudáfrica 2010, calculamos que un centenar de prebostes sabía quién ganaría las migajas de la final (ver Apéndice)

APÉNDICE

Carta de la Interpol, la OTAN y la ONU a la multinacional FIFA

Joseph Sepp Blatter
Presidente, FIFA, Zurich

Por la presente, los abajo firmantes, presidentes de la INTERPOL, la OTAN y la ONU, actuando en nombre de nuestras instituciones así como en representación del resto de las fuerzas y cuerpos de seguridad de todos los Estados del mundo, nos dirigimos a Usted con todo el respeto que nos merece su exitosa multinacional para manifestarle:

1) No nos parece políticamente correcto que sólo un puñado de elegidos conozca el nombre del equipo ganador de la Copa Mundial. Le agradecemos la confianza que Usted ha depositado en ese puñado, en especial porque nos incluye y, más especialmente, porque ese privilegio nos ha permitido concretar con ventaja jugosas apuestas. Pero, querido Sepp, sepa Usted que, por indiscreción de algún minúsculo administrativo, varios de nuestros altos subordinados sospechan que los Jefes sabemos lo que sabemos y, claro, nos presionan para obtener su parte del pastel.

Sabemos que la codicia humana es insondable; para evitarla, no debemos hacer público nuestro conocimiento. De acuerdo. Pero, señor Presidente, ¿no sería posible flexibilizar el secreto de la World Cup de tal manera que llegue a algunas castas inferiores, digamos que a nivel de Presidentes de Estados medios, cargos y fortunas equivalentes?

2) Una medida así aplacaría inmediatamente el descontento de varios cientos de personalidades de talla planetaria y la seguridad mundial mejoraría de manera automática. Además, a largo plazo, les permitiría a esos mismos dignatarios seguir justificando –e incluso incrementando- las partidas presupuestarias dedicadas directa y específicamente al Control Social.

Como su fina inteligencia ya ha captado, “directa y específicamente” alude a que las recibiríamos nosotros, que por algo somos de forma pública las fuerzas y cuerpos de seguridad estatal. Ahora bien, no piense que nuestra modesta proposición está regida por la avaricia. No la rechace por el hecho –baladí- de que ya nos llevamos la parte del león en todos los presupuestos estatales.

No, lo que nos ha animado a presentarla ante su alta consideración es que muchos de nuestros subordinados -en este caso no sólo cuadros medios-, se creen víctimas de un agravio comparativo. Ello crea un clima poco propicio para el correcto desarrollo de nuestras instituciones, pegajoso clima que, a corto y a medio plazo, redundará en una relajación de la vigilancia que deben mantener para garantizar su función básica: el control progresivo del Control Social.

3) El agravio comparativo sobre el que llamamos su atención radica en que los Estados dedican más dinero al mantenimiento de su empresa -la FIFA y sus franquicias, más conocidas como “Federaciones nacionales de fútbol”-, que a los organismos oficialmente especializados en el Control Social.

A este respecto, las cuentas son muy claras: si sumamos las exenciones fiscales, las aportaciones a fondo perdido, las ayudas de todo tipo y la permisividad ante las más dudosas operaciones especulativas –desde el tráfico inmobiliario hasta el de capitales-, obtendremos una cantidad muy superior a la destinada a nosotros, pobres gendarmes mundiales.

Si en algún párrafo anterior un orgullo muy humano nos llevó a erigirnos en policías eficaces, es comprobable que nunca presumimos de puritanos: ante Usted, ello sería un demérito -por ese motivo no hemos mencionado el tráfico de personas o la idiotización mundial en las que tan exitosamente se ha especializado su FIFA-. Así que, continuando con la misma sinceridad, reconocemos que las fuerzas y cuerpos de seguridad tienen mala fama mientras que el fútbol goza de todas las bendiciones. Es obvio que ésta –equivocada- imagen es la principal causa de que el Control Social sea más efectivo en las manos de su multinacional que en las nuestras pero, humildemente, creemos que la desproporción entre unas partidas presupuestarias y otras está agrandándose exageradamente.

Resumiendo: nos congratulamos de que, a estas alturas de los partidos, sólo un centenar de personas conozca al ganador de su Copa –las margaritas no son para los puercos. Aunque nuestros servicios de inteligencia están al corriente de los gigantescos negocios que subyacen a esa designación, por nada del mundo interferiríamos en la buena marcha del libre mercado. Pero, señor Blatter, el populacho empieza a percibir que los Estados gastan demasiado dinero en el mantenimiento del Control Social a través del fútbol y eso no es bueno ni para Usted ni para nosotros, marginados y empobrecidos especialistas en Seguridad. Por lo tanto, le invitamos muy respetuosamente a una reunión en la que, entre todos y por el bien de la Paz Mundial, trataríamos de equilibrar la balanza de pagos del Estado, ahora descaradamente vencida del lado de su multinacional.

Varias firmas ilegibles
04.julio.2010, vísperas de las semifinales de la Copa FIFA.

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