Del percebe a la abadesa lesbiana: notas sobre la naturalidad

Por Nònimo Lustre*. LQSomos.

El percebe visto por un dibujante anglosajón

Además de manjar, el percebe (Pollicipes pollicipes) es caldo de discusiones familiares y de bar porque hasta el vulgo sabe ahora que comemos su pene. En efecto, posee un pene que equivaldría a que los varones humanos lo tuviéramos de 30 o más metros de largo –en esas discusiones tabernarias nunca se menciona que su ‘vagina’ es igualmente descomunal puesto que es un animalito hermafrodita. Pero, metidos en anatomías comparadas, subrayaremos que el pene más grande en términos absolutos no es el del percebe sino el del rorcual azul (Balaenoptera musculus), que puede superar los dos mts. de longitud y expulsar 150 litros de semen en cada eyaculación -en términos relativos, tampoco es tan descomunal pues semejaría un pene de 11 cms. para un humano de 1,70 de alto.

Hombre-percebe. Malhadada representación pues faltaría la mujer-percebe, morfológicamente idéntica

Decíamos que suele faltar la consideración del aparato reproductor femenino porque el percebe es hermafrodita: cada individuo presenta dos sistemas reproductores, uno masculino y uno femenino. Pero, en contra de la creencia popular, no puede autofecundarse pues para reproducirse es necesario que intervengan dos individuos distintos, actuando uno como macho y otro como hembra. Y aquí debemos abordar la cuestión crucial que nos ha recordado el exquisito Pollicipes; a saber, la auto-reproducción. Que un cirrípedo sea hermafrodita pero no pueda auto-fecundarse, señala los límites de una parte considerable de la Naturaleza amén de suscitar una pregunta: ¿cuántos casos de ‘rarezas’ o ‘minorías naturales’ existen en el planeta?, ¿cuántos en la Humanidad?

Antes de contestar –poco o mucho, bien o mal-, a estas cuestiones, permítasenos mencionar en el parágrafo siguiente la variedad de la Naturaleza o, si se prefiere, su tolerancia ante fenómenos sociales que la barbarie cree anti-naturales. Por supuesto, los abordaremos sin referencia alguna a la Moral. No porque los creamos amorales sino, simplemente, porque, siendo naturales, están fuera de las elucubraciones humanas.

El marco popular del marco cultural de la Ciencia

La polémica sobre las sexualidades demográficamente minoritarias, ayer se agostaba en el marco punitivo. Pero, hoy, las “personas no binarias y de género fluido” han salido a la palestra. Por ello, he cogitado que conviene analizar el tema pero enmarcándolo en el campo amplio de las Ciencias Naturales para, una vez observado en la Naturaleza, entrar en el campo humano con mayores criterios. La conclusión debería ser que la Naturaleza es tan diversa –ininteligible diríamos incluso-, rica y variopinta, que alberga naturalmente muchas más minorías de las que nunca podremos imaginar –hace pocos días glosábamos a la popularmente impensable rana peluda.

Evidentemente, un tema así era impensable en el pasado por la sencilla razón de que el marco popular-mediático que –mal que les pese a los científicos- gobierna a distancia la Ciencia, se ha deslizado de lo mórbido delincuencial a lo descriptivo. Y, en esa mudanza, han encontrado acogida políticamente correcta y científicamente impecable nuevas investigaciones sobre rincones insospechados de la realidad que ayer eran imposibles y hoy son solamente un poco ‘heterodoxas’.

Cuando estábamos redactando esta nota, nos enteramos de la última: el alga Pleodorina starrii tiene tres sexos. Se trata de un alga verde que posee sexo masculino, sexo femenino y un tercer sexo que los investigadores han llamado bisexual porque tiene células reproductoras femeninas y masculinas a la vez y puede crear colonias de sexo femenino, masculino o bisexual. Debido a que las algas son un grupo tan grande y diverso, hay mucha variación en la forma en que se reproducen. Hay algas que se reproducen de forma asexualmente (clonándose a sí mismas); sexualmente (con una pareja), dependiendo de la etapa del ciclo de vida en que están; pueden ser haploide con un solo juego de cromosomas o diploide con dos juegos; y hay algas hermafroditas que pueden cambiar según la expresión genética del organismo. Aunque las algas presentan una gran variedad reproductiva, la Pleodorina starrii es diferente. La forma bisexual de esta alga haploide tiene células reproductoras masculinas y femeninas. El equipo lo describe como un “nuevo sistema de apareamiento haploide” completamente exclusivo de las algas (cf. Kohei Takahashi et allii, “Three sex phenotypes in a haploid species”, 12 Julio 2021, en Evolution, https://doi.org/10.1111/evo.14306)

Hermafrotidismo animal

Como vimos en el percebe, el hermafroditismo es la cualidad de nacer con órganos reproductores femeninos y masculinos. En el reino animal suele encontrarse en los invertebrados. Un individuo/a puede fecundarse a sí mismo –incluso por segmentación- pero, en general, necesitan de otro animal para reproducirse, aunque puedan desarrollar el trabajo masculino o femenino según el momento de su vida. Hay dos tipos de hermafroditismo: Secuencial, los que nacen con un tipo de sexo y al llegar a su vida adulta cambian al otro tipo. Y Simultáneo, los que nacen con los dos tipos de sexo activos y pueden cambiar a uno u otro dependiendo de las necesidades del momento en el que estén. Ejemplos:

Secuenciales.- La rana venenosa y la lombriz de tierra son hermafroditas secuenciales porque, con el tiempo, cambian de un sexo a otro. El pez Guppy, cambia su sexo al llegar a la vida adulta y ya mueren con ese sexo sin volver a mutar.

Simultáneos.- Las vieiras liberan sus células reproductoras en diferentes momentos; así, al juntarse ambas producidas por el mismo animal se hace posible la fecundación. No todos los crustáceos son hermafroditas pero sí la mayoría de ellos. Se reproducen por huevos que ellos mismos pueden fecundar aunque lo normal es que sean dos animales los que intervengan en la reproducción. La reproducción de los corales puede ser sexual o asexual; en la reproducción sexual intervienen varios animales, en la asexual se produce un desprendimiento de una de sus partes que poco a poco se desarrollará como un nuevo animal.

Otros casos. Los peces loro son unos híbridos creados por el hombre en los acuarios. Los machos son estériles. Solo los peces hembra son capaces de reproducirse gracias a que en realidad son hermafroditas simultáneos y pueden producir ambas células de la reproducción. Como son ‘artificiales’ se diferencian mucho de los otros animales hermafroditas.

Los gusanos planos o planarias, se reproducen por fecundación pero también pueden reproducirse por segmentación, ya que algunos de los segmentos que sueltan este tipo de gusanos pueden tener sus propias células reproductoras.

Las arañas de mar son muy variadas. No todas ellas son hermafroditas -de hecho, por ahora solo hay un caso estudiado. Se reproduce de manera sexual tanto en las especies hermafroditas como en las que no lo son.

Hermafrodito -o Hermafrodita-, finalmente en el Louvre. Copia romana de mármol de original griego del siglo II; esta escultura entraba en la colección de 400 piezas antiguas que Napoleón compró al príncipe Camillo Borghese en 1807 por 13 millones de francos. Durante años, la pacatería europea prohibió su exhibición en los museos. No he reproducido la escultura de mármol El Hermafrodita durmiente porque es demasiado conocida.

Las estrellas de mar pueden tener reproducción sexual o asexual. La reproducción sexual es externa. Es decir, liberan los óvulos y los espermatozoides fuera del cuerpo, y es en ese momento en el que unos fecundan a otros y tiene lugar la reproducción. Cuando la reproducción es asexual la estrella de mar se desprende de uno de sus brazos, que poco a poco se desarrollará y dará lugar a otro animal completo.

Hermafroditas humanos

Comencemos con la intelligentsia mexicana de finales del siglo XIX, cuando se creía que el hermafroditismo era consecuencia del casorio de Hermes y Afrodita o, dicho más literariamente, fruto «de la molicie de la mujer y la virilidad del hombre». «El hermafroditismo en los mamíferos, y muy especialmente en la raza humana, consiste en la apariencia más o menos grande de la unión de ambos sexos, y en algunos casos la confusión es tan perfecta, que casi se llega a creer en su existencia» (Rodríguez, Juan María. 1871.»Hechos curiosos de hermafroditismo femenino complexo», en Gaceta Médica de México, tomo 6) cit. en Frida Gorbach, 2008, El monstruo: objeto imposible. Un estudio sobre la teratología mexicana, siglo XIX.

Para Rodríguez, el hermafrodita estaba muy lejos del absoluto; nacía debido al detenimiento del desarrollo embrionario en la fase anterior a la diferenciación sexual y permanecía siempre en exceso o en falta, porque «cuando existen los órganos genitales externos, faltan los internos, y cuando existen los internos, faltan los externos y jamás se ha tenido un ejemplar que enseñe en el hombre, la seguridad de fecundar y ser fecundado» (ibid, p. 391)

Son algunos de los profundos pensamientos ocasionados por el caso clínico –y penal- de Guadalupe Vargas (GV), una señora –o señoro- que fue procesada por agresión sexual a una compañera de pulque. En un esfuerzo anatómico emprendido por los teratólogos se llegó a una rara descripción de sus genitales:

Igualicos… menos en el peinado

“1) La longitud del pene en estado de reposo es de 3 ½ cms, 2) El prepucio está bien conformado; circunferencia del pene 4 ½ cms.; extensión del perineo 6 cms; longitud que simula la vulva, 3 cms; profundidad de ella «tomada con un bitoque de jeringa de mujer», 8 cms, 4) Tamaño del testículo derecho, 5 ½ cms, 5) Tamaño del testículo izquierdo, 4 cms” (Egea 1890)

¿Era hombre o mujer? El tacto rectal confirmó que GV carecía de útero así, pues, la Ciencia, incapaz de superar esa absoluta dicotomía, negó el hermafroditismo y optó por clasificarla como varón.

Perdonen la cuasi auto-cita que versa de un caso español de aquellos mismos tiempos de hermafroditismo incompleto derivado judicial e inéditamente a la licantropía: Manuel Blanco Romasanta (1809-1863), “Manuela” en su partida de nacimiento pues sus padres creyeron que era una niña hasta que cumplió los ocho años, fue un caso claro de hermafroditismo -sexo femenino, con enorme cantidad de hormonas masculinas-. Midió 137 cms. y fue rubio con barba pero con facciones femeninas. Se casó a los 22 años pero enviudó enseguida. Romasanta fue un lobishome que mataba a niños y mujeres y les extraía el sebo o unto para luego venderlo. Condenado al garrote vil tras reconocer 9 de los 17 crímenes que se le achacaron, al final fue absuelto tras confirmarse que, efectivamente, era un licántropo clínico.

Doctora observando un presunto caso de hermafroditismo. Códice de Al-Tarisf

Aunque inicial y popularmente fue apodado el Hombre Lobo de Allariz, en Romasanta convergen los folklores que dominaron los terrores aldeanos del Medioevo europeo (Hombres-Lobo como los barghaist, loup-garou y lobishome) con la representación individual del Sacamantecas y/o Hombre del Saco. Pero, en pleno siglo XIX, ¿cómo consiguió su abogado defensor que fuera absuelto escudándose en la elusiva e inédita licantropía clínica? Pues gracias al peritaje forense del hipnólogo francés “Profesor Philips” quien convenció a la reina Isabel II de la necesidad de mantener con vida al supuesto hombre-lobo “para poder estudiarlo y comprender el origen de su maldición». La reina gozona y beata le conmutó la condena desde aquel Palacio Real controlado por una turba de religiosos a cual más pillo complementados, a veces, por unos sementales de alcoba. La milagrería y la ciencia coexistían y dio la casualidad de que el caso Romasanta coincidió con una coyuntura en la que se prefirió el término inédito de lo clínico, primera y única ocasión en la que ese concepto tuvo peso legal.
En todo caso, Romasanta sigue siendo un tema de ‘rabiosa’ actualidad. (cf. Obesos y sacamantecas, 09 junio 2021)

Aún más actual es el caso del pueblo de La Salinas (Barahona, Rep. Dominicana; menos de 5.000 habitantes) donde se registran más de 20 casos de jóvenes y adultos hermafroditas. Por ejemplo, Carla Terreno (hoy, Carlos) nació mujer pero, a los 12 años, cambió de sexo.

Tres sexos, Dos Espíritus y cinco géneros

India.– Santhi, con 25 años, aún no ha alcanzado la pubertad porque es un hijra (=impotentes) Entre los cinco millones de hijra hindúes –cifra más que dudosa-, apenas un puñado son verdaderos hermafroditas, «en su mayoría varones de nacimiento que más tarde deciden operarse sus genitales y vestir saris y ropa de mujer.” Los miembros de este tercer sexo indio tienen una vida paralela que se organiza por barrios, con un maestro encargado de cuatro o cinco chelas (aprendices) que van ascendiendo escalones de femineidad hasta llegar a la castración, dentro de un mundo marginal y cercano al hampa.

Casi todos ellos -transexuales, eunucos y hermafroditas-, comparten la misma situación de prostitución y discriminación laboral y social, que lleva a los hospitales a «no atenderles cuando solicitan ayuda». En Bombay-Mumbai, la mitad de los hijra están infectados de sida: «En la ciudad somos 30.000 hijra, la mayoría dedicados al espectáculo y la prostitución”.

Es de subrayar que su existencia está reconocida en una gramática en sánscrito de hace 2.200 años, el Mahabasya, donde se afirma que «los tres géneros gramaticales (del sánscrito) se basan en los tres sexos naturales». El Gobierno indio reconoció su existencia añadiendo a sus pasaportes la letra e (eunuco)

Fotograma del video Two Spirit, producción indígena

EEUU.– La persona con ‘dos espíritus’ era considerada por los amerindios del Norte como un don o un regalo del Creador. Era un ser humano venerado por la tribu y un gran halago para la familia que tenía un miembro con esas características ya que, según ellos, este podía ver el mundo con los ojos de ambos ‘espíritus’ (masculino y femenino). Obviamente, el concepto de los ‘dos espíritus’ fue una de las primeras ‘lacras’ que los Invasores quisieron erradicar.

Entre los Diné-Navajo son los Nádleehí (=uno que se transformó); entre los Lakota son los Winkté (hombres que tienen la costumbre de comportarse como mujeres); para los Ojibwe, son Niizh Manidoowag (= dos espíritus); y los Cheyenne definían a sus Hemaneh como “mitad hombre y mitad mujer.”

Bugi a la izqda., ambonés (moluqueño) a la drcha.

Bugis (Indonesia).- Según la antropóloga Sharyn Graham Davies, podríamos decir que los Bugis, pueblo indígena de Indonesia, conocen cinco sexos: los dos heteros ortodoxos (mujer/hombre) y, además, los tres siguientes:

Los calalai nacen con cuerpos femeninos pero asumen roles de género tradicionalmente masculinos; pueden llevar camisa y pantalones, fumar cigarrillos, llevar el pelo corto y realizar trabajos manuales. Y viceversa, los calabai nacen con cuerpos masculinos pero asumen roles de género femeninos, usan vestidos y maquillaje y se dejan crecer el cabello; no se hacen pasar por mujeres, sino que exhiben su propio conjunto de comportamientos femeninos que serían mal vistos en las mujeres makkunrai (ortodoxas) como usar minifaldas, fumar y actuar de una manera más sexualizada exteriormente. Ambos colectivos son tolerados y juegan un papel importante en la sociedad bugis.

Pareja bissu –en Occidente se les clasificaría como trans

El quinto género es el bissu, que no se considera ni masculino ni femenino, sino que representa la totalidad del espectro del género. Los bissu, como los calabai y calalai, muestran su identidad a través de la vestimenta: a menudo usan flores, un símbolo tradicionalmente femenino, pero llevan la daga keris asociada con los hombres. Muchos bissu nacen intersexuales, pero se considera que los bissu están por encima de esa clasificación -son seres espirituales que no están a medio camino entre el hombre y la mujer, sino que encarnan el poder de ambos a la vez. Son percibidos como intermediarios entre mundos y ocupan un papel similar al de los chamanes en la religión bugis.

Lesbianismo

El último caso de variantes sexuales que hoy nos ocupa se desarrolló en la Italia de los siglos XVI-XVII, época en la que Hispania era la potencia hegemónica en Europa Central. Recientemente, Palao nos ilustra, no sobre temas genéricos y/o sexuales, sino sobre el ambiente político de la España e Italia de circa 1524 y nos llama la atención sobre una expresión muy característica de aquel entonces: el peccadiglio di Spagna:

“El “pecadillo español” era la duda en el dogma de la Santísima Trinidad y, por extensión, una acusación –bien antisemita, por cierto– de increencia en la fe verdadera y de escepticismo ante los dogmas de la Santa Madre Iglesia, heredados de los genes islámicos y hebreos”. Y culmina con una estupenda síntesis historiográfica que choca frontalmente con la propaganda barata que ha dominado la auto-imagen de los españoles de aquellos siglos:

“Lejos de la devoción fanática y de la ortodoxia católica intransigente y sin fisuras con que se pintan en ellos, los españoles eran vistos como una amalgama heterogénea de escépticos, creyentes a medias, analfabetos del catecismo y de la formación religiosa más rigurosa, gentes de fe vacilante e incierta, poco fiables e hipócritas… Dignos descendientes, pues, de los musulmanes y moriscos que todavía poblaban extensas regiones de la Península, y de los judíos que, aun cuando acababan de ser expulsados de los territorios de la monarquía, dejaban en los conversos o marranos –vaya nombre– la funesta semilla de la herejía y la heterodoxia.” (cf. Javier Palao, El “peccadiglio di Spagna” en su versión contemporánea, 16.XI.2020; versión reducida en Tinta Libre nº 85, nov. 2020)

Supuesto retrato de la abadesa Carlini (1590-1661)

Benedetta Carlini

Un siglo después de la fama de aquellos ‘pecadillos españoles’, se conoció con gran bochorno el caso de una abadesa lesbiana. Hoy, cuatro siglos después del escándalo, todavía inspira películas de alto presupuesto (cf. infra, última ilustración)

Benedetta Carlini (Vellano, a 70 kms. de Florencia, noche de san Sebastián de 1590 o 1591–Pescia, 1661) fue una mártir ‘civil’ de la Contrarreforma italiana. A sus 30 años, fue nombrada abadesa de un opulento convento en Pescia. Al poco tiempo, comenzó a sufrir unas alucinaciones sobrenaturales encarnadas en hombres que la querían asesinar. Convencidas de que la Madre Benedetta estaba siendo agredida por demonios, el resto de las monjas hicieron que sor Bartolomea Crivelli, analfabeta, la acompañara en su celda. Pero siguió siendo poseída por cuatro demonios, fantasmas o genios llamados Tesauriello Fiorito, Virtudioello, Radicello y Splenditello, el más importante.

Un chiste más de un corpus de grabados similares

En 1621, mientras Benedetta estaba sumida en pleno trance, Tesauriello Fiorito profetizó su muerte inminente. Más aún, el día de la Anunciación de ese mismo año, las monjas teatinas atestiguaron su fallecimiento; aterradas, llamaron al confesor quien llegó enseguida. A gritos conminó a Benedetta a que resucitara ¡y la abadesa resucitó ipso facto!

Aquí se armó la de troya: aunque Carlini había superado una primera investigación papal, sus ‘muertes’, sus excentricidades y, en especial, las habladurías de su convento, la llevaron ante un segundo interrogatorio–el definitivo. Los vaticanos interrogaron a sor Bartolomea quien aportó a la Causa evidencias de las supercherías abaciales que, para tan humilde sierva, habían principiado con las sospechas de la señora Carlini sobre la hipotética magia contenida en el anillo mágico que exhibía Benedetta –para la, madre, era falso; a continuación, la sor registró una cajita de latón propiedad de la abadesa y encontró el azafrán diluido que utilizaba para dorar el anillo ‘mágico’ (Brown, 113)

La Causa papal enseguida pasó a mayores: Bartolomea confesó que mantenía relaciones sexuales con la abadesa. Los inquisidores –no necesariamente familiares de la Inquisición-, extrajeron de sor Crivelli los pormenores del aquel nefando, sacrílego y hasta adulterino –las monjas se casaban con dios-, lesbianismo: “durante más de dos años, no menos de tres días a la semana, se desnudaban hasta diez veces y hasta veinte veces, Benedetta la forzaba a dejarse besar los genitales, de noche y hasta de día.

Cartel de la película Benedetta dirigida por Paul Verhoeven en 2021

Trasuntada en Splenditello, la abadesa la enseñaba a leer y escribir pero, durante las clases, aprovechaba para “tocar sus pechos y su cuello y besarla murmurando palabras de amor” (ibid, 121) Benedetta la perseguía y, si no la podía agarrar, “con sus propias manos se corrompía a sí misma en presencia de Bartolomea” (ibid, 122) La pequeña sor soportaba todo ello con “enorme vergüenza” y por eso decidió hablar. Huelga añadir que Benedetta fue despojada de todas sus prerrogativas siendo condenada a prisión perpetua –dentro del convento.

Finalmente, el 07.VIII. 1661, una monja anónima escribió en su diario: “Tras 17 días enferma, Benedetta Carlini murió de fiebre y de cólico doloroso a los 71 años. Murió en penitencia, después de 37 años en prisión” (Brown, 132)

Algo no cuadra en la supuesta voluntariedad de las acusaciones de Bartolomea que llevaron a la defenestración de la abadesa Carlini. Porque, a la postre, sor acusica acompañó a Benedetta hasta sus respectivas ancianidades en el convento -¿y en su celda?- pero murió en 1660, un año antes que su amante. El delito-o-lo-que-fuera que las llevó a sus prisiones ‘domiciliarias’ no lo sabemos todavía. (cf. Brown, Judith C. 1986. Immodest acts. Oxford University Press) Esta casa editorial publicitó este libro con el lema «The earliest documentation of lesbianism in modern Western history.» Brown había anunciado dos años antes, en la revista Signes, el descubrimiento del expediente sobre Benedetta)

Un caso actual sólo relativamente parecido al de Benedetta: hace pocos años, una monja “closeted lesbian”, decide salir del armario –y del convento- escribiendo sus experiencias como académica. Ver Elizabeth Ettorre. 2010. “Nuns, Dykes, Drugs and Gendered Bodies: An Autoethnography of a Lesbian Feminist’s Journey Through ‘Good Time’ Sociology”, pp. 295-315 en Sexualities Vol 13: 3. DOI: 10.1177/1363460709363137

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