Don Felipe, un tal López y el golpe indeciso

Por Domingo Sanz. LQSomos.

Pido disculpas por el truco del título, que quedará resuelto dentro de unas cuantas palabras, pues no quería yo quitarle a usted la ocasión de jugar a lo de averiguar los dos que se ocultan tras un nombre y un apellido tan habituales.

El caso es que el tal López ha dicho que aún está esperando respuesta a la carta que en marzo de 2019 envió a Don Felipe. Tanta demora me hace pensar que la citada carta debe ser de tal categoría intelectual que su destinatario se siente incapaz de contestar.

Acto seguido me pregunto qué es lo que haría cualquier persona ante una situación como la del destinatario de la misiva y, de repente, aparece cualquier persona y me contesta lo siguiente: “Yo se la enseñaría a un amigo más listo que yo, o a un abogado, y después contestaría, más que nada para que el tal López no pueda decir que lo desprecio o que soy un cobarde, cosa que mucha gente de la que me importa podría pensar de mí, pues me consta que saben lo de la carta”.

Además, añado yo, cualquier texto que no incluya insultos se debe contestar, pues de no hacerlo la cosa podría terminar fatal para aquel que, de ambos dos, “Don” o “tal”, sea incapaz de sacar de su tejado la pelota.

Pero no, han transcurrido más de mil días con una carta aguardando respuesta y la única conclusión posible es que Don Felipe se cree que puede despreciar al tal López.

Siempre molesta, hay que reconocérselo al “Don”, que alguien publique que te ha enviado una carta.

Pero hay sueldos que se cobran a cambio de que te puedan ocurrir cosas como esta, aunque también hay personas que no saben ni lo que es trabajar por cuenta ajena ni invertir su propio dinero para sobrevivir teniendo que arriesgarse a crear puestos de trabajo, por lo que me imagino las últimas mil noches del “Don” despreciador soñando con gritarle al “Tal” aquello tan prepotente que un día todos escuchamos, y él más.

“¿Por qué no te callas?”.

Desvelados por fin, disculpe la ironía, los protagonistas de este desencuentro diplomático, también coincidirá usted conmigo en que, al tratarse de cargos públicos, y estando “Don”, digo Felipe VI, más que asesorado con cargo a nuestros impuestos, resulta que no tiene ningún derecho a sentirse molesto porque alguien que preside un país con 130 millones de habitantes escriba una carta a otro con bastantes menos de la mitad (porque todos somos “todos hijos de dios”) y lo cuente, sobre todo si rey del país menor no le responde.

Pero la memoria funciona, a veces, y hay un hecho que me hace pensar que lo que le ocurre a Felipe VI es que siente un desprecio infinito por las personas que le rodean, sobre todo si hablan y escriben en cualquier variante del español, pues no me lo imagino ignorando una misiva que estuviera escrita en inglés, y aquí le estoy regalando a usted, “tal”, digo señor López Obrador, presidente de México, este consejo, por si lo intenta de nuevo.

Lo contó el pasado 9 de mayo Carmen Calvo, alguien que fue vicepresidenta del Gobierno de Sánchez pero que ahora disfruta de más libertad de expresión, aunque no dijo si la cosa sucedió de palabra o por escrito, uno dato no menor.

Fue cuando su gobierno se dirigió a La Zarzuela para preguntar a Felipe VI si estaría dispuesto a aceptar una reforma que respetara más lo establecido para todos, sin excepción, en el artículo 14 de la Constitución. Es lo de la igualdad ante la ley, uno de cuyos ejemplos podría ser tener que comparecer ante la Justicia si fuera requerido por cosas como, por ejemplo, meter la mano en otra caja, meterla sin permiso entre otras piernas, o incluso disponer de la vida de cualquier persona que osara resistirse a los deseos de alguien tan total que puede ignorar las cartas que recibe, aunque ese silencio traiga consecuencias.

La respuesta fue que no, que quiere seguir disfrutando de los mismos privilegios que su padre, el que quiso hacer callar a otro “tal”, aunque estaba ejerciendo su derecho a la palabra en un país neutral.

Ya ni siquiera nos sorprende un rey tan corto de miras que comienza por no confiar en que el PSOE y el PP sean capaces de apañarle una reforma que sirva para lavar la cara de la monarquía, tras lo muy burda que quedó la cosa en 1978, y termina por convertirse en estatua ante un protocolo imprevisto.

Parece mentira que este rey haya perdido la ocasión de ser lo poco tonto que es necesario ser para darse cuenta de que PP y PSOE necesitan asegurar su continuidad en La Zarzuela, pues solo así podrán seguir con su excelente trayectoria en la comisión de delitos: según la tesis doctoral de José Abreu, han sido los protagonistas de la inmensa mayoría de los 3.743 casos de corrupción política registrados en este Reino entre 2000 y 2020. Sí, un delito cada menos de dos días, algunos de gran tamaño. También figura “Urdangarín”.

A la vergüenza infinita que el comportamiento de Felipe VI provoca se añade la humillante condición que se auto concede un gobierno legal que, además de no atreverse a legislar cuando al privilegiado no le gusta la ley que anuncia, se obliga a dar la cara por él, ese mismo “Don”, cuando sus desprecios los dirige contra un líder político que no está sometido al miedo que aún inspira el hecho de que su título fuera restaurado durante los años 40, aquellos durante los que seguían “muriendo” tantos por meterse en política, pero de la digna.

Ya sé que el fin de semana del 18 de diciembre de 2022 solo tocaba hablar del golpe que la derecha españolista está organizando con sus aliados en el poder judicial para conseguir que el Gobierno no pueda legislar. Como hace Felipe VI cuando no le gusta la reforma que le enseña alguien del Gobierno.

Sobre el tema de este golpe aún indeciso solo formularé una pregunta ante la sorpresa que me han producido Maraña, Elorza y otros reclamando a Felipe VI que abandone su silencio.

Si lo de ustedes no es ironía, ¿me pueden indicar algún “tapado” cuyo nombre recuerden, y que haya hablado de los delitos cometidos por sus cómplices?

Lo de mencionar la actuación del Juan Carlos I para detener el “golpe de Estado” del 23F es para morirse de risa, siendo hoy un lugar común que el padre de Felipe VI, vestido de MASUFA, había hecho dimitir al presidente Suárez a base de intrigas con esos mismos golpistas.

Ante tanta inutilidad para limpiar la basura que inunda la política que cada día demuestran los representantes salidos de una voluntad popular tergiversada por la Ley Electoral y confundida por tanta corrupción para financiar ilegalmente las candidaturas sistémicas, ¿es posible que no haya ninguna iniciativa desde la sociedad para romper algún eslabón de los más débiles de entre los que componen esta cadena de desconciertos?

Algo sabemos al respecto y, si se confirma, informaremos. Es nuestra obligación. Por tanto, hay que seguir atentos.

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