El agricultor en peligro de extinción (2)

1. Hay dos visiones contrapuestas de entender la agricultura. La primera, la visión simplista y mecanicista del agro como un gran negocio en la era de la globalización. Sometido sin previo aviso a la ortodoxia del mercado y a sus falsas leyes de libertad, y que está o pretende estar en manos de unos pocos. En la otra banda, la agricultura de subsistencia y a pequeña escala, conformada por cientos de millones de personas que siembran para alimentarse y para tener un trabajo generando, a la vez, bienestar y futuro. Garantizan la seguridad y la soberanía alimentaria, mantienen vivo el tejido rural, enriquecen la diversidad cultural y ofrecen mayor protección y equilibrio al medio ambiente. Ambos modelos son incompatibles, pues el primero busca maximizar y acaparar riqueza desplazando al segundo.

2. El tan cacareado libre mercado es una falacia. Sus pilares teóricos no se aplican por igual y su funcionamiento no es autónomo y ajeno a la intervención. Se manipula en beneficio de los grandes intereses. Como dice Noam Chomsky (profesor de Lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y ensayista político): "Son programas neoliberales para las víctimas, pero no para los manipuladores. (…) La gente que trata de imponer los principios del neoliberalismo en el tercer mundo y en los slums (barrios bajos) de nuestras ciudades, no quiere esos principios para ella misma. Quiere un poderoso estado nodriza para protegerlos, como siempre" (39). Es una ilusión pensar en el neoliberalismo como una situación donde todo el mundo puede participar y beneficiarse. Jean Ziegler, el ex relator especial de la ONU para el derecho a la alimentación, recuerda que "la liberalización total equivale a la organización de una pelea entre el campeón mundial de boxeo Mike Tyson y un desnutrido desempleado bengalí. Para decir después, al estilo de la OMC, que las mismas reglas valen para los dos, que los dos tienen los mismos guantes y que seguramente el mejor ganará. (…) El neoliberalismo en sí es un sistema asesino" (40).

La paulatina concentración de los productos de consumo, los procesos de producción, las materias primas y los servicios en manos de unos pocos, y la cada vez más precaria situación de la clase trabajadora y agrícola, es la clara evidencia de qué es y a quién sirve el neoliberalismo. Alberto Montero, Profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga, lo explica así: "Yo creo que el problema actual obedece a que con la liberalización de determinados sectores para favorecer una mayor competencia que redunde en mayores beneficios para el consumidor (fundamentalmente, precios más bajos y mejor servicio), se suele generar el fenómeno opuesto al esperado porque las empresas lo que hacen es, en primer lugar, tratar de expulsar a los competidores más débiles para, una vez controlado el mercado por unas cuantas, esto es, llegados a una situación de oligopolio, repartirse el mercado y fijar precios mediante comportamientos colusorios". (41) En el caso de la citricultura valenciana, se ha visto cómo la intermediación está en manos de unos pocos y, al paso que vamos, la tierra y la comercialización también lo estarán. Ésta es la trampa del libre comercio.

3. La agricultura valenciana es víctima del libre mercado. Dicha doctrina postula la no intervención del Estado en la economía. Esto deriva en que el gobierno no gobierna y no puede plasmar las exigencias y soluciones que desde las asociaciones de agricultores se proponen, dejando a éstos a la deriva. No se pueden establecer precios mínimos, ni frenar los oligopolios y abusos de la distribución, ni crear un fondo de crisis, ni limitar la producción y, en general, no se puede intervenir hacia una solución integral de la crisis citrícola. Joan Brusca dejó entrever este punto cuando dijo: "Esa reacción popular contrasta con las de las diversas administraciones, que no quieren saber nada del asunto de los precios, echando balones fuera y desviando las culpas hacia otras direcciones, como si ellos no fueran gestores públicos de la cosa agraria". (42) Cristóbal Aguado, presidente de la Asociación Valenciana de Agricultores, coincidió cuando denunció que "el sector está planteando importantes propuestas para atajar la crisis, pero todas chocan contra la ineficacia y la dejadez del Ministerio, que parece haber abandonado el sector a su suerte. Tenemos un gobierno que agrícolamente no gobierna, sin rumbo, que no atiende a las peticiones de los agricultores y que, por el contrario, va a su bola conformándose con lo que la Comisión Europea le pone delante y pensando en hipotéticas reflexiones globales cuando el campo necesita desesperadamente unas soluciones eficaces y urgentes" (43).

4. El concepto de libre mercado sitúa en tela de juicio el concepto de democracia. Por ejemplo, al preguntarle a Josep Puxeu sobre controles en la producción para evitar la sobreoferta, él negó esa posibilidad amparándose en la liberalización económica emprendida en el seno de la UE. La conclusión es clara: el pueblo es abandonado, la democracia se desvirtúa, el mercado se antepone a un demos sin cracia. Atilio Borón, Profesor de Teoría Política y Social de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y ex Secretario Ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, afirma: "…el debilitamiento de los Estados nacionales facilitado, por un lado, por la extinción práctica de la idea de nación –supuestamente subsumida bajo la corriente "civilizatoria" de la globalización– y, por el otro, por el imperio de las políticas "orientadas hacia el mercado" culmina en la degradación de la nación al rango de un mercado. Además, lo anterior significa aceptar (…) que los hombres y las mujeres de la democracia son despojados de su dignidad ciudadana y se convierten en instrumentos, en simples medios, al servicio de los negocios de las empresas" (44). Sin embargo, esa libertad de mercado que acaba con el sustento de miles de personas, no se aplica a todos por igual (45). Recientemente, Estados Unidos estudiaba la mayor intervención estatal de la historia por un monto de 700.000 millones de dólares, a fin de salvar el sistema financiero. Por las mismas fechas, en una muestra de cinismo sin parangón, la patronal española pedía al gobierno "un paréntesis en el libre comercio". Es decir, no quieren intervencionismo para que no se obstaculicen sus negocios, pero, cuando lo revientan todo, tiene que ir "papá Estado" a apagar el fuego con dinero público. Privatizando los beneficios y socializando las pérdidas.

5. En otras partes el neoliberalismo también ha devastado la agricultura. En América Latina, el principal problema con los tratados de libre comercio y demás acuerdos neoliberales estriba en la reducción de los aranceles en algunos productos, que ha permitido la importación de los excedentes subvencionados desde Estados Unidos a unos precios más competitivos. Además, los gobiernos han ido abandonando a los agricultores a su suerte, de manera similar a lo acaecido con los citricultores valencianos. Esto ha producido el desplazamiento de la producción local y la consecuente ruina de millones de personas. Según datos de Hernán Pérez Zapata (46), Colombia antes podía autoabastecerse con su propio trigo hasta que el estadounidense fue invadiendo sus mercados. En 1966, el país sudamericano producía 160.000 toneladas e importaba 120.000. En 1990, cultivaba 20.000 e importaba 1.200.000. En el 2004, la importación superó 1.800.000 toneladas. En el maíz, de 1990 a 2002, el país pasó, de importar 20.000 toneladas, a 1.800.000 (47). Cabe recordar que el maíz, el trigo y el arroz representan el 60% de la alimentación mundial y en algunas sociedades son la base nutricional de la ciudadanía. Si además tenemos en cuenta que de la agricultura depende el 75% de la población en China, el 77% en Kenia, el 67% en la India o el 82% en Senegal… se puede deducir fácilmente que esta serie de medidas económicas pueden arrastrar a la miseria, hambre y ruina a cientos de millones de personas (48). En México, la Confederación Nacional Campesina denuncia que, a diez años del Tratado de Libre Comercio entre USA, Canadá y México (NAFTA),"…sólo quedan 5.200 productores de arroz en todo el país, cuando hace una década eran casi 30.000, y si antes se sembraban unas 250.000 hectáreas, la superficie actual apenas llega a 70.000" (49). Y, en ese mismo país, "investigadores de varias universidades mexicanas, como Alma Ayala Garay, aseguran que aproximadamente emigran al año 40.000 habitantes de las zonas rurales y, de esos, muchos se dedicaban a los cultivos de frijol y maíz" (50).

6. Hay que acabar con mitos y estereotipos tales como "agricultores del sur" y "agricultores del norte". Más adecuado sería distinguir entre pequeños y grandes agricultores o, simplemente, entre ricos y pobres. Vía Campesina lo dice bien claro: "…el verdadero conflicto –en torno a los alimentos, la agricultura, la pesca, las fuentes de trabajo, el medio ambiente y el acceso a los recursos– no es entre el Norte y el Sur, sino entre ricos y pobres. Es un conflicto que gira en torno a los diferentes modelos de producción agrícola y desarrollo rural, un conflicto que está presente tanto en el Norte como en el Sur. Es un conflicto entre la agricultura industrializada centralizada, controlada por las corporaciones y orientada hacia las exportaciones, por un lado, y la producción campesina y familiar sustentable y descentralizada, principalmente destinada a los mercados nacionales, por otro" (51).

¿Acaso se benefician los pequeños agricultores marroquíes de la exportación citrícola? Se ha visto que no y, es más, salen perjudicados, como indica Aakik Driss, secretario general del Sindicato de Campesinos de Aoulouz (provincia de Taroudant): "El régimen marroquí defiende siempre los intereses de los compradores y de los grandes propietarios en la llanura de Souss, quienes, tras arrancar los arganes, ocuparon las tierras colectivas de los campesinos pobres en la zona. Todo ello para implantar campos de hortalizas y cítricos, o lo que es lo mismo, para impulsar una agricultura capitalista destinada a la exportación hacia Europa. El embalse se construyó con el sudor y la sangre de los campesinos pobres de Ouzioua que perdieron sus tierras, su único medio de subsistencia, a cambio de indemnizaciones ridículas…" (52). En la otra banda tenemos la citricultura valenciana, que aún hoy, aunque cada vez menos, está conformada por miles de minifundistas. Unos pocos viven de sus cosechas y el resto tienen otros trabajos, aunque oxigenan con la tierra la cada vez más apretada economía familiar. Muchos cultivan en sus parcelas otros alimentos para consumo doméstico. ¿Quién sale perdiendo en esta coyuntura? Sin duda alguna, minifundistas y campesinos valencianos y marroquíes.

7. Esta división geográfica errónea desemboca en un segundo mito que convendría revisar, defendido incluso por algunas ONG's. Me refiero a la demanda de supresión de los aranceles en el Norte. Si tenemos en cuenta que la mayoría de agricultores del Sur practican una agricultura de subsistencia, venden en mercados locales o tienen que tratar con intermediarios, ¿les beneficia en realidad que los aranceles del Norte se desarmen? ¿Este hecho no sería un nuevo espaldarazo a la agroexportación en detrimento de la soberanía alimentaria? ¿Cómo se puede combatir la injusticia liberalizadora con más liberalización? ¿Acaso olvidan que en el Norte también hay pequeños agricultores y en el Sur grandes terratenientes y transnacionales agroexportadoras con poder y voracidad? Que se lo pregunten al matrimonio Kirchner, que, durante años, criaron a cuervos sojeros que ahora les están sacando los ojos. Y también que se lo pregunten a los pequeños campesinos que son expulsados de sus tierras por la avaricia de unos pocos. También a los bosques que ven avanzar imparablemente la frontera agrícola. Gustavo Duch, director de Veterinarios Sin Fronteras, dice al respecto que "es preocupante la defensa que, desde algunos medios de comunicación y de algunas ONG de desarrollo, se hace del comercio internacional, situándolo como herramienta casi mágica para asegurar el desarrollo. Y desde esos discursos de lucha contra la pobreza se defiende el papel de la OMC (se anima a los gobiernos a participar en las cumbres) si es que acepta introducir medidas regulatorias; o se criminalizan las políticas arancelarias que pueden proteger a los pequeños campesinos frente a la dura competencia de los agronegocios. En las políticas agrarias el comercio internacional no puede figurar como prioridad. Así lo defienden las familias campesinas integradas en la Via Campesina, y los hechos lo demuestran. Los beneficios de la exportación del azúcar, antaño, o de la soja, ahora, nunca revierten hacia los pequeños productores" (53).

En julio de 2004 pude asistir al IV Foro Mesoamericano por la Diversidad Biológica y Cultural, celebrado en el municipio salvadoreño de Carolina. Durante varios días pude entrevistar a agricultores y expertos de varios países americanos. Les pregunté sobre los problemas que ellos enfrentaban. Juan Rojas, del Instituto de Permacultura de El Salvador, destacaba la importación de productos subsidiados y las pésimas políticas gubernamentales. Macario Santizo, maya quiché guatemalteco, mencionaba cómo existe una concentración de las tierras fértiles mientras que el campesino pobre tiene las peores. Santizo apuntaba también a la entrada de agroquímicos y sus plagas, así como al cambio en los patrones climatológicos consecuencia directa del cambio climático. La mayoría de estos campesinos no disponen de sistemas de regadío y dependen de la lluvia. Ellos han constatado distorsiones en las fechas de las estaciones lluviosas y también han sido víctimas de violentos temporales.

Artemio Aguilar y Romi Palacios, técnicos agrícolas guatemaltecos que trabajan con agricultores pobres, resaltaron también los problemas climatológicos, la dependencia hacia los insumos derivados de la revolución verde y la inexistencia de financiamiento. Sobre el modelo agroexportador reinante señalaron que "te ha impuesto los precios, la demanda, los volúmenes de compra, etc.". Es muy curioso cçomo señalaban un problema que, alucinantemente, es el mismo que padecen los citricultores valencianos: el intermediario. Dicen de él que "es una figura bien conocida y nosotros lo denominamos de otra manera: el coyote. El que tiene menos riesgos en la inversión y el que más gana es el intermediario". Generalmente, el coyote se aprovecha de que el agricultor no tiene vías de comunicación, transporte para sus productos y un mercado seguro (posiblemente indefenso ante las importaciones subsidiadas). La incertidumbre generada por estos factores obliga al campesino a vender de cualquier manera al coyote, que ofrece transporte y salida al producto. Algunas veces, de un intermediario local que transporta la cosecha, se pasa a uno regional que la procesa y luego a otro nacional que la exporta. El agricultor, al igual que en Valencia, paga caro el paso por esta cadena, pues el coyote se acaba embolsando entre el 50 y el 75% del valor final.

Cesar Morales es mexicano, concretamente de Chiapas. Cuando lo entrevisté era miembro de un comité cívico de carácter local que tenía vínculos con el campesinado. Morales coincidió con sus compañeros al señalar problemas como la inexistencia de políticas públicas. No existen subsidios ni créditos, solamente para amigos y conocidos de personas bien ubicadas en el poder. Hasta las instituciones que apoyaban a campesinos se han desmantelado. También subrayó los factores meteorológicos asociados al cambio climático, que no son solventados con el regadío porque, por regla general, no existe. Morales criticó fuertemente los tratados neoliberales que impiden el financiamiento público y desarman los aranceles permitiendo la entrada de productos subsidiados. También porque privatizan los recursos (biopiratería). Finalmente habló del intermediario con escepticismo: "El famoso coyote, donde quiera existen".

Con las declaraciones de Teófilo Martínez, del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), se fue conformando un patrón al señalar prácticamente lo mismo que sus compañeros. Reprochó duramente el neoliberalismo, especialmente las importaciones subsidiadas, al intermediario y el pasotismo gubernamental. La palabras de Lorenza Pichinte, campesina salvadoreña, aportaron una nueva dimensión al mencionar ciertos problemas estructurales, como la pobreza, el analfabetismo, la doble carga laboral para la mujer campesina, etc. Sin lugar a dudas, estos factores son un lastre molesto para el agricultor pobre. Mencionó, por ejemplo, que frecuentemente los padres de las comunidades tienen que pagar materiales de educación básicos, como pupitres o pizarras. Si a esta realidad se le añaden los problemas y dificultades que se han ido desgranando, el cuadro final es dramático.

En agosto de 2008, Vía Campesina realizó un llamamiento porque líderes de la organización en Honduras estaban siendo hostigados. Así mismo, son conocidas las presiones y expulsiones por la fuerza de campesinos en Paraguay, Argentina, Brasil, etc. Estos desalojos, extorsiones, presiones, secuestros e incluso asesinatos, son constantes en muchos países del mundo, pero, sin embargo, son desconocidos por la opinión pública. Ciertas transnacionales de la solidaridad que se jactan de defender los derechos humanos, miran a otro lado y centran sus pomposas campañas en países como China, Irán, Venezuela o Cuba, ya que su producto solidario es más vendible para la ciudadanía primermundista que, en el fondo, es quien paga la cuota de socio o apadrina niños.

Por lo tanto y resumiendo: A) Suprimir los aranceles del Norte supondría un impulso al agronegocio que, en el Sur, también está controlado por grandes propietarios, coyotes y transnacionales. Este hecho alimentaría la avaricia del terrateniente por apoderarse a la fuerza de más tierra, impulsaría la agroexportación y sería un obstáculo para la soberanía alimentaria. B) La propiedad de la tierra y la consiguiente reforma agraria, la integridad de los campesinos, la ortodoxia neoliberal, el intermediario y los agroexportadores, el cambio climático, el efecto tóxico y alienante de ciertos insumos, el financiamiento, las políticas públicas, la pobreza, la protección de productos estratégicos mediante aranceles, etc. son, sin duda alguna, cuestiones más perentorias que la supresión de aranceles en el Norte.

8. El problema que se aborda, como se ha visto, tiene unos orígenes políticos y comerciales. Por lo tanto, las soluciones tienen que partir desde esos ámbitos. Intentar suplir la injusticia del comercio con la tecnología es una decisión irresponsable, falaz y que, posiblemente, busque o provoque el efecto contrario. El Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias intentó diseñar un robot para recolectar naranjas (54). Esta tecnología generaría desempleo y sólo se la podrían permitir unos pocos, con lo que se puede vislumbrar hacia qué intereses dirigen los políticos los fondos públicos. Los transgénicos son otro ejemplo. Profetizar que pueden ser la solución al hambre y los problemas de los campesinos del mundo resulta una afirmación engañosa, tendenciosa y malintencionada. Según el Servicio de Estadística Agrícola Nacional de Estados Unidos, entre los años 1997 y 2002 dicho país perdió más de 85.000 explotaciones agrícolas (55). Argentina, en 1988, albergaba 421.221 explotaciones y pasó a 333.533 en 2002, según los Censos Nacionales Agropecuarios elaborados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos de la República (56). Ambos países, en 2002, sumaban el 85% de la superficie de cultivos transgénicos del mundo y, como se observa, dicha tecnología no evitó el abandono de la tierra.

Existe otro matiz que me gustaría comentar, relacionado con ciertas tecnologías como los transgénicos. Antes se apuntaban los testimonios de campesinos centroamericanos. Entre otras cosas, reconocían que muchos agricultores carecen de transporte básico y, en muchos casos, sus tierras están mal comunicadas, lo que dificulta la salida de sus cosechas. En Jalapa, zona montañosa del norte de Nicaragua, pude ver cómo se cargaba el techo y el pasillo de un autobús con sacos de frijoles. En otros muchos casos, las cosechas dependen de unas lluvias que ya no llegan con la misma puntualidad que antes y frente a esto no existen sistemas de regadío. En el País Valenciano aún se siguen utilizando canalizaciones y acequias que construyeron los árabes, hace unos 8 o 9 siglos.

Es muy curioso, y a la vez sospechoso, que se presente una tecnología de última generación – los transgénicos– como una herramienta contra el hambre y la pobreza, a unos campesinos que carecen, incluso, de tecnologías o infraestructuras que, en otros lugares, hace siglos que existen. Dicho de otra manera, es extraño que a un campesino se le quiera embaucar en paquetes tecnológicos y "semillas milagrosas" propiedad de empresas transnacionales, cuando no dispone de una mísera carretera por la que poder transportar su "cosecha milagrosa". ¿No da la sensación de que alguien quiere empezar la casa por el tejado? ¿O será que ciertas tecnologías se crearon para perpetuar el actual modelo y beneficiar a unos pocos? Además, desde organismos multilaterales y desde el politiquismo corrupto se ensalzan las propiedades sobrehumanas de estas semillas, mientras propugnan e implantan ajustes fiscales que asfixian a países e impiden que éstos puedan ayudar a sus campesinos e invertir en agricultura y en infraestructuras básicas, públicas, elementales y, sobre todo, estratégicas y necesarias para el desarrollo. ¿No son paradójicos y contraproducentes estos hechos?
9. Como conclusión final, tanto en el Norte como en el Sur, los agricultores tradicionales están en peligro de extinción. Ni los unos ni los otros se benefician de la actual situación, y es infructuosa la distinción por motivos geográficos. Más bien es urgente la cohesión y cooperación a nivel mundial para señalar claramente el problema y exigir a las autoridades soluciones políticas reales, cuyo eje principal sería excluir a la agricultura de la ortodoxia liberal. Canalizar dicha lucha será tarea de las organizaciones agrarias y, ante la falta de voluntad política, habría que plantearse de una vez por todas medidas de presión más fuertes que, además, fueran coordinadas e implementadas por las diversas organizaciones agrarias del mundo. No hacerlo supondría escurrir el bulto y plegarse ante el fundamentalismo del mercado.

* Investigador asociado de la Cátedra “Tierra Ciudadana – Fondation Charles Léopold Mayer”, de la Universitat Politècnica de València. Autor del libro El parque de las hamacas.

Más artículos del autor

Notas:

39 CHOMSKY, N. Y DIETERICH, H.: Hablemos de Terrorismo, Tafalla, España, Editorial Txalaparta.

40 UITA, 19 de marzo de 2008, en http://www.rel-uita.org/agricultura/con_jean_ziegler.htm

41 Correo electrónico de Alberto Montero Soler, 5 de noviembre de 2007.

42 BRUSCA, J.: "Agricultores y consumidores", en Levante Mercantil, 30 de abril de 2006.

43 AGUADO, C.: "¡Balones fuera!", en Levante Mercantil, Valencia, 28 de enero de 2007.

44 BORON A.: "Sobre mercados y utopías", 2 de octubre de 2007, en http://www.rebelion.org

45 GALLEGO, M.: "Estados Unidos se estrella en el ladrillo", 19 de agosto de 2007, en http://www.ideal.es

46 PEREZ, H.: "La seguridad alimentaria frente al ALCA-TLC", presentación en el Seminario de Seguridad Alimentaria, realizado en Armenia, Colombia, 2003.

47 PEREZ, H:: "Agronomía, TLC y ALCA", artículo-e, 2004

48 GALA, R.: "Agriculture without farmers", Institute of Science in Society, 6 de julio de 2005.

49 INFODEMEX: "A 10 años del Tratado de Libre Comercio perdió la autosuficiencia arrocera", en Argenpress, 1 de agosto de 2005, en http://www.argenpress.info

50 LÓPEZ, H.: "México en la olla del TCLAN", 7 de agosto de 2007, en http://www.rebelion.org

51 VIA CAMPESINA: "Carta sobre agricultura después de Cancún", 15 de diciembre de 2003, en http://www.biodiversidadla.org

52 LAHOUCINE, A.: "La lucha de los campesinos pobres de la provincia marroquí de Taroudant por la tierra, el agua y la luz", 30 de noviembre de 2006, en http://www.rebelion.org

53 Correo electrónico enviado por Gustavo Duch.

54 "EEUU desarrolla robots capaces de recolectar cítricos", en Levante, 21 de septiembre de 2007.

55 http://www.agcensus.usda.gov/Publications/2002/Volume_1,_Chapter_1_US/st99_1_001_001.pdf

56 http://www.indec.mecon.ar/principal.asp?id_tema=494

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