El cóctel Molotov del hambre

Por Jameson Mencías*. LQSomos.

La sequía, la crisis climática, la escasez de fertilizantes y la guerra amenazan a la seguridad alimentaria del mundo y la inflación; la mecha de cóctel Molotov del hambre se consume

Inflación, escasez, crisis climática y guerra

La sequía, la crisis climática, la escasez de fertilizantes y la guerra amenazan a la seguridad alimentaria del mundo y la inflación; la mecha de cóctel Molotov del hambre se consume. A partir de la operación militar especial entre Rusia y Ucrania se han reforzado los puntos identificados por la Organización para la Alimentación y Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) como las fuentes de la crisis alimentaria. Según la FAO, 193 millones de personas en 53 países enfrentan crisis alimentaria en 2021 debido a tres factores: (i) conflictos y guerras -principalmente en países africanos; (ii) cambios extremos del clima -debido al cambio climático; y, (iii) choques económicos -derivados por la inflación y la pandemia de la COVID-19. La invasión a Ucrania por parte del gigante ruso engloba el primer y tercer motivo, no obstante, la directa relación entre el cambio climático y los combustibles fósiles, teniendo en cuenta que Rusia es de los más grandes productores de petróleo y gas natural a nivel mundial. Es decir, el tema del cambio climático tambien tiene que ver con Rusia que es gran productor de petróleo y gas.

Los problemas climáticos y económicos que agravan la crisis alimentaria vienen desde mucho antes del estallido de la guerra. En la región, las sequías reportadas en el oeste de EE.UU., en México, Argentina y Brasil, afectaron cosechas y productos de exportación claves como la soya. El golpe de los huracanes ETA e IOTA en Nicaragua, Honduras, Guatemala y El Salvador a finales de 2020 enfrentó a la población en su seguridad alimentaria al destruirse 200 mil hectáreas de cultivos. La FAO identifica a Centroamérica como la región de Latinoamérica con los mayores niveles de inseguridad alimentaria. En total 12.76 millones de personas en 5 países afectadas.

La inflación durante y a lo largo de la pandemia juega un rol determinante. El índice de precios de la FAO llegó hasta 159 puntos en abril de 2020, el más alto registrado desde 1990. Sin embargo, es el índice de precios de los aceites el que ha superado cualquier registro previo. En dos meses, desde el inicio de la operación especial militar, sobrepasó la barrera de los 250 pts; 90 pts por sobre el índice general de la FAO.

La guerra reveló que Rusia y Ucrania son el granero del mundo. La producción de fertilizantes, una industria complementaria a la alimenticia no podía ser de menor importancia. De acuerdo con la North American Green Market, el precio de los fertilizantes en el mercado estadounidense rompió el récord de hace 15 años; se incrementó un 16% desde iniciado el conflicto, y la urea se encareció hasta un 22%. Tanto los precios de los alimentos como el de los fertilizantes están claramente vinculados entre sí (Gráfico 1).

Existen principalmente tres tipos de fertilizantes: a base de fósforo, de potasio y de nitrógeno. La urea, hecha a base de nitrógeno, es el más popular a nivel mundial. De los componentes nitrogenados para fertilizantes Rusia abarca el 45% de las exportaciones mundiales de Nitrato de Amonio, el 27% de amonio, y el 14% de urea (Gráfico 2). Este último es el de mayor uso en Latinoamérica para la producción de arroz, maíz, papá, trigo, caña de azúcar, etc.

Latinoamérica vive en carne propia los problemas de los mercados internacionales de fertilizantes. La región tiene un balance negativo en cuanto a la capacidad de producción comparada con el consumo. Los más dependientes son Brasil y Perú. En el primer caso, el 85% de su demanda proviene del exterior y solo las importaciones desde Rusia llegan al 62% del total. En Perú, por otro lado, el 70% de los fertilizantes vienen de Rusia y ya para finales de abril de 2022 presentó un déficit de 180 mil toneladas.

La dependencia de los fertilizantes se agrava con el incremento sus precios. En Colombia estos se han multiplicado por tres, lo que deja fuera de su alcance a los pequeños productores. Perú, por su lado, busca sustituir sus fertilizantes desde el otro lado del Pacífico y del Atlántico: 60 mil toneladas de fertilizantes ahora son gestionadas desde Argelia e Indonesia.

La sequía, la crisis climática, la escasez de fertilizantes y la guerra amenazan a la seguridad alimentaria del mundo y la inflación; la mecha de cóctel Molotov del hambre se consume. Mientras la operación militar especial continúa, no está claro si la teoría monetaria clásica va a controlar la inflación, tampoco si se va a resolver el problema del hambre.

* Observatorio Económico Latinoamericano (OBELA)

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