El Contenedor

Hola soy Jerry, el contenedor de basura.

Pertenezco a esa especie que los humanos y humanas habéis denominado mobiliario urbano y en que nadie repara, salvo cuando nos queman o algun@s de vosotr@s,  nos utiliza para protegerse de es@s otr@s con porra que defienden a l@s de arriba.

Necesito hablar con vosotr@s, con tod@s: de abajo a arriba.

Hoy por fin, desempeñamos un buen papel y dejamos de ser una gran papelera donde tirarlo todo junto, porque la basura es un tesoro, siempre lo ha sido.

Esto de hoy, es un derecho más que tenéis y que algunos conquistasteis con muchos años de protestas: es el derecho a reciclar y a no contaminar el medio ambiente que os da la vida.

No siempre fue así. Durante décadas sufrimos viendo cómo valiosos recursos eran depositados en nuestro interior para ser quemados más tarde y nada se reciclaba. Quienes fomentaban esta vorágine, casualmente, eran quienes veían al medio ambiente como eso: un contenedor de basura.

Algunos de vosotr@s sois extremadamente cínic@s. Decís que os preocupa que nos quemen, pero no os ha preocupado el despilfarro bárbaro de la quema incontrolada de basuras en las incineradoras de las que sacabais pingües beneficios y que todo lo envenenaban. No os importamos ni lo más mínimo: ¡Mentiros@s!

Cuando algun@ de vosotr@s verdaderamente necesitad@ se aúpa para vernos las tripas y le vemos la cara, nos inunda la tristeza, la impotencia, y lo que realmente vemos es la violencia de un Sistema capaz de crear estas situaciones, estas desigualdades, porque de ellas saca beneficios. No he encontrado nada tan realmente asqueroso que me echasen dentro como tener que tragar con la mezquindad, la soberbia y la avaricia bárbara de eso que llaman Capitalismo, que algun@s poc@s de vosotr@s –el 1%- tan bien defendéis y mantenéis.

El hecho de que algunos de nosotros desaparezcamos entre las llamas de alguna protesta, son céntimos, comparados con lo que los de arriba robáis y dejáis robar, comparado con los millones y millones de euros que suponen los sobresueldos, todo ese gasto del boato que os acompaña: la Corrupción. ¡Eso sí que es alarmante! Pero además, cuando alguien nos usa de barricada, nos sentimos halagados. Sí: halagados, pues hasta nosotros entendemos que llega un momento en el que hay que defenderse y que hay que hacerlo de manera que te escuchen. Cuando nos usan de parapeto y a veces nos incendian, nos acordamos de las tristes llamas de las incineradoras (todavía hoy algunas funcionando) que sólo alimentaban a los bolsillos de los de siempre. La diferencia es que la llama, que a veces nos consume en la ciudad, no enriquece a una rica minoría si no que defiende los derechos de los de abajo, de la mayoría. Entendemos, que gracias a estas protestas de ayer y de hoy, hemos llegado a vestir diferentes colores que identifican que se va a reciclar nuestro contenido, y que los mismos humanos que ayer detenían a los grises cruzando coches para evitar que pudieran descargar sobre ellos su violencia, y que consiguieron el cierre de la mayoría de las incineradoras, hoy se defienden detrás de nosotros y expresan su rabia quemándonos, exasperad@s ante la injusticia que sufren, porque como parece que siempre ha ocurrido y ocurrirá: “hay quienes no se resignan a morir a fuego lento”… y menos mal.

Así que, la próxima vez que nos veáis ardiendo, la próxima vez que os cerremos el paso de vuestros vehículos y lleguéis tarde, recordad que quienes ahora están detrás de nosotros son el mismo soplo que lidió antes cuando tocaba hacerlo para conseguirlo todo, y que lo hicieron con lo que tenían a su alcance. Ahora, nosotros somos un recurso para que otr@s luchen por lo suyo, y nos crecemos cuando nos prenden, porque recordamos –y ya acabo- que gracias a las luchas se consiguió apagar las llamas de las dioxinas y de tantos venenos que ardían castigando sin razón al medio ambiente y a quienes lo habitan.

Y es que, aunque os cueste entenderlo, estamos muy agradecidos. Por eso os pedimos un poco de comprensión para con quienes nos ponen en valor, y prendiéndonos, echan un poco de luz a estas oscuras ciudades del agravio, cuando es la única forma de dejar de ser invisibles.

Alguien anda pintando el cielo de rojo y anunciando lluvias de sangre

Alguien que ronda por ahí padre

Monstruos de carne con gusanos de fierro

Asómese y les dice que usted nos tiene a nosotros

Y les dice que nosotros no tenemos miedo padre

Pero asómese porque son ellos los que están matando la tierra

Padre, deje usted de llorar que nos han declarado la guerra”.

“Pare” de Joan Manuel Serrat

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