El euro sin la industria alemana

El euro sin la industria alemana

Por Michael Hudson. LQSomos.

Después del sabotaje habrá que preguntarse ¿Qué pasará si se rompen los lazos comerciales y energéticos con Rusia? ¿Cómo cambiará la relación entre el dólar estadounidense y el euro? ¿Por qué no se discute abiertamente las consecuencias económicas para Alemania, Italia y otros países europeos?

La reacción al sabotaje de tres de los cuatro sistemas de oleoductos Nord Stream se ha centrado en especulaciones sobre quién lo hizo y si la OTAN hará un intento serio por descubrir a los responsables. Sin embargo, en lugar de pánico, ha habido un gran suspiro de alivio, incluso de calma en la diplomacia anglosajona.

La desactivación de los gasoductos acaba con la incertidumbre y las preocupaciones de EEUU y la OTAN. Una incertidumbre que había crecido considerablemente por las manifestaciones que se produjeron en Alemania exigiendo el fin de las sanciones y la puesta en marcha del Nord Stream 2 para resolver la escasez de energía.

Los alemanes empezaban a comprender lo que significaría el cierre de sus empresas siderúrgicas, de fertilizantes, de vidrio y de papel higiénico. Estas grandes compañías anunciaron que tendrían que cerrar por completo (o cambiar sus operaciones a otros países) si Alemania no se apartaba de las sanciones comerciales y monetarias contra Rusia.

Al otro lado del Atlántico, el halcón del Departamento de Estado, Victoria Nuland, ya había anunciado, a principios de enero, cuál era la opinión de Estados Unidos: «de una forma u otra, Nord Stream 2 no funcionará«. Un mes más tarde en conferencia de prensa, junto al canciller alemán, el presidente Biden respaldó directamente la amenaza: “No habrá un Nord Stream 2. Le pondremos fin… Lo prometo, seremos capaces de hacerlo”.

La mayoría de los observadores asumieron que estas declaraciones reflejaban un hecho obvio: los políticos alemanes estaban completamente en el bolsillo de EEUU y de la OTAN. Los líderes de Alemania habían retenido las turbinas negándose a autorizar Nord Stream 2, y Canadá se apoderó de los dínamos de Siemens necesarios para enviar gas a través de Nord Stream 1. Esto medidas parecían resolver las cosas hasta que un número creciente de ciudadanos y empresarios alemanes comenzaron a calcular lo que significa bloquear el gas ruso para el tejido industrial y, por lo tanto, para el empleo en casa.

Ante estas manifestaciones, la voluntad de Alemania de autoimponerse una depresión económica empezó a vacilar. Si los políticos alemanes se hubiesen decidido a poner fin a las sanciones, el frente de la guerra contra Rusia habría saltado por los aires. Italia y Francia podrían haber seguido su ejemplo. Esta perspectiva hizo urgente quitar el mecanismo de las sanciones de las manos de los políticos europeos.

A pesar de ser un acto de violencia, el sabotaje de los gasoductos ha restablecido la calma en las relaciones entre Estados Unidos y sus aliados europeos. No hay más incertidumbres. Europa ya no podrá apartarse de la política estadounidense, restaurando el comercio con Rusia.

La sola amenaza que Europa pusieran fin a las sanciones comerciales y financieras contra Rusia se ha resuelto a favor de los Estados Unidos. Ya no habrá gas barato para las industrias europeas. La presión ha caído en tres de las cuatro tuberías, y el agua salada las corroerá haciéndolas inútiles.

¿Hacia dónde van el euro y el dólar a partir de aquí?

Después del sabotaje habrá que preguntarse ¿Qué pasará si se rompen los lazos comerciales y energéticos con Rusia? ¿Cómo cambiará la relación entre el dólar estadounidense y el euro? ¿Por qué no se discute abiertamente las consecuencias económicas para Alemania, Italia y otros países europeos?

El resultado no lo discute ningún economista sensato: se producirá un colapso económico en Alemania y, en casi toda Europa. La próxima década será un desastre. Puede haber recriminaciones por el precio pagado por permitir que la OTAN dicte la diplomacia europea, pero no hay nada que Europa pueda hacer al respecto. por el momento.

Las exportaciones industriales alemanas y la atracción de flujos de inversión extranjera fueron los principales factores que sustentaron el tipo de cambio del euro. Para Alemania, el gran atractivo de pasar del marco alemán al euro era evitar que su superávit exportador hiciera subir el tipo de cambio del marco alemán y en consecuencia sacara los productos alemanes de los mercados mundiales.

La expansión de la eurozona – incluyendo a Grecia, Italia, Portugal, España y otros países con déficit en la balanza de pagos – impidió que el euro se disparara. En la práctica la eurozona protegía la competitividad internacional de la industria alemana.

Después de su introducción a 1,12 dólares, el euro se hundió a 0,85 dólares en julio de 2001, pero se recuperó y, de hecho, subió a 1,58 dólares en abril de 2008. Desde entonces, ha ido descendiendo y, desde febrero de este año, las sanciones han empujado al euro por debajo de la paridad con el dólar, a $0.97 hace una semana.

El principal problema con un euro débil es el aumento de los precios del gas y del petróleo y, también, de productos como el aluminio y los fertilizantes que requieren grandes insumos de energía para su producción. Y a medida que el tipo de cambio del euro cae frente al dólar, el costo de mantener la deuda europea en dólares (condición normal para las filiales de las multinacionales estadounidenses) aumenta, reduciendo sus ganancias.

Este no es el tipo de depresión en la que los «estabilizadores automáticos» pueden funcionar para restablecer el equilibrio macroeconómico. La dependencia energética es estructural. Para empeorar las cosas, las reglas económicas de la eurozona limitan sus déficits presupuestarios a solo el 3% del PIB. Esto impide que sus gobiernos nacionales apoyen sus economías mediante el gasto deficitario. Los precios más altos de la energía y los alimentos, y el servicio de la deuda en dólares, dejarán muchos menos ingresos para gastar en bienes y servicios.

Como puntapié final, el analista internacional Pepe Escobar nos recuerda: “Alemania está obligada por contrato a comprar al menos 40 mil millones de metros cúbicos de gas ruso al año hasta el 2030… Según los contratos, aunque a Berlín no le llegue gasolina, por ejemplo, producto de un sabotaje, igualmente debe pagar a Gazprom”. Se puede esperar una larga batalla judicial antes de que el dinero cambie de manos. Y la capacidad de pago final de Alemania se debilitará constantemente.

A medio mundo le pareció muy raro que el mercado de valores de EEUU se haya disparado el miércoles. Tal vez, el Equipo de Protección contra un Colapso de Wall Street haya intervenido para tratar de asegurar al mundo que todo estaba razonablemente bien. Pero, el mercado de valores cayó el jueves y el viernes. La realidad no podía ignorarse más tiempo.

La competencia de la industria alemana con la de los Estados Unidos está terminando. Ha perdido Alemania. Esto ayudará fuertemente a la balanza comercial estadounidense. Pero en la cuenta de capital, la depreciación del euro reducirá el valor de las inversiones de estadounidense en Europa y el valor de sus beneficios se contraerán sí o sí. En otras palabras, las ganancias globales reportadas por las multinacionales estadounidenses caerán.

El efecto de las sanciones estadounidenses y la Nueva Guerra Fría fuera de Europa

La capacidad de muchos países para pagar sus deudas internas y externas ya estaba llegando al punto de ruptura antes que las sanciones contra Rusia elevarán los precios mundiales de la energía y los alimentos.

Los aumentos de precios provocados por las sanciones se han visto agravados por el aumento del tipo de cambio del dólar frente a casi todas las monedas (irónicamente, excepto frente al rublo, cuya tasa se ha disparado en lugar de colapsar). Los precios de las materias primas internacionales todavía se cotizan principalmente en dólares, por lo que la apreciación del dólar está elevando aún más los precios de importación para la mayoría de los países.

El dólar en alza también eleva el costo en moneda local del servicio de las deudas externas. Muchos países de Europa y del Sur Global ya han llegado al límite de su capacidad para pagar sus deudas denominadas en dólares y todavía están lidiando con el impacto de la pandemia de Covid.

Ahora que las sanciones de Estados Unidos y de la UE/OTAN han hecho subir los precios mundiales del gas, del petróleo y de los cereales, y que la apreciación del dólar ha elevado el costo del servicio de las deudas, los países se encuentran en una disyuntiva feroz: importar la energía y los alimentos que necesitan para vivir o pagar su deuda externa. Algo en este dilema tiene que ceder.

El martes 27 de septiembre, el secretario de Estado, Antony Blinken, derramó lágrimas de cocodrilo y dijo que atacar los oleoductos rusos “no beneficia a nadie”. Pero si ese fuera realmente el caso, nadie habría atacado las tuberías. Lo que el Sr. Blinken realmente estaba diciendo era otra cosa: “No hagas preguntas tontas”. Nadie cree que los investigadores de la OTAN vayan a trabajar en serio y pongan en evidencia a Estados Unidos.

Los estrategas de Washington tienen un plan sobre cómo proceder a partir de aquí. Intentarán mantener una economía global neoliberal todo el tiempo que puedan. Usarán la estratagema habitual para los países que no pueden pagar sus deudas: el FMI les prestará el dinero, a cambio de la privatización de todo lo que queda de dominio público, de otros activos y de los recursos naturales. Ya hay ávidos inversores, entre los estadounidenses y sus aliados, dispuestos a comprarlos a precio de subasta.

¿Funcionará? ¿O los países deudores se unirán y encontrarán formas de restaurar el mundo sin las “condiciones” que pone Estados Unidos?

Que el sur del mundo implemente una alternativa al orden neoliberal es la gran preocupación de los estrategas estadounidenses. Sus mejores pensadores saben que la crisis no se resuelve saboteando Nord Stream 1 y 2. La solución probablemente será, una vez más, la intervención militar y nuevas revoluciones de color para recuperar el poder perdido en el Sur Global y Eurasia.

Sin embargo, el hecho de que las sanciones antirrusas haya funcionado justo lo contrario a lo que creía la administración Biden ofrece una perspectiva para un nuevo orden económico. El desprecio que expresan los diplomáticos estadounidenses hacia otros países que actúan en su propio interés parte de una visión unilateral y presuntuosa: Washington cree que no hay alternativa al dominio del dólar.

Por tanto, a menos que los países trabajen juntos para crear una alternativa al FMI, al Banco Mundial, a la Corte Internacional, a la Organización Mundial del Comercio (y a otras agencias de la ONU controladas por los estadounidenses) la dominación financiera y militar se seguirá desarrollando de acuerdo con las líneas que han planificado los estrategas de Washington.

Entonces, ahora la gran pregunta es la siguiente: ¿serán los países capaces de desarrollar un orden económico alternativo para protegerse de un destino como el que ha impuesto Estados Unidos a Alemania y Europa?

* Economista estadounidense. Observatorio de la crisis

Síguenos en redes sociales… Mastodon: @LQSomos@nobigtech.es Diaspora*: lqsomos@wk3.org Telegram: LoQueSomosWeb Twitter: @LQSomos Facebook: LoQueSomos Instagram: LoQueSomos

LQSomos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Nos obligan a molestarte con las "galletitas informáticas". Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar