lqc136Am@sando. LQSomos. Octubre 2016

Fuente de salud y garantía de longevidad

El Kéfir es una estructura polisacárida donde conviven en simbiosis diversos microorganismos. Aunque se ha comparado con el yogurt, la microflora del Kéfir es mucho más compleja. Las bebidas que se obtienen tienen propiedades curativas. Hay tres tipos de Kéfir, el de leche, el de agua y el de té (kombucha).

Del primero, el Kéfir de leche, se obtiene una especie de yogurt, del segundo, una bebida parecida a una limonada con gas, y del tercero, una bebida de hierbas.

La mayoría de gente conoce más el Kéfir de leche. En realidad, los tres tipos son el mismo Kéfir, con la misma microflora, pero adaptados a medios distintos.

Nosotros desde ahora te vamos a hablar siempre del Kefir de Leche, que es, sus propiedades, sus efectos, como elaborarlo y conservarlo y algunas recetas que encontremos.

El kéfir de leche refuerza las defensas

El kéfir actúa en la flora intestinal en tres frentes: frena a los microorganismos patógenos, modula el sistema de defensas y aporta nutrientes.

El kéfir, al igual que el yogur, es una leche fermentada. Sin embargo, no tiene nada que ver con este, ni en el sabor ni en los fermentos que transforman la leche. Este producto, de origen caucásico, tiene un pronunciado sabor ácido derivado de la fermentación de la lactosa (el azúcar de la leche) por los gránulos de kéfir, una comunidad de microorganismos agrupados en una matriz de polisacáridos denominada kefirano. Estos microorganismos son levaduras y bacterias, que pueden experimentar alteraciones en su composición durante diferentes estaciones o en distintas condiciones, según la cultura. Como probiótico, el kéfir ha demostrado actividad antibacteriana y antifúngica, es decir, de refuerzo de la función del sistema inmune. Como consecuencia de sus atributos beneficiosos, se ha incrementado la investigación sobre el kéfir en los últimos años. El consumo de esta leche fermentada puede resultar más útil durante los meses de otoño e invierno, temporada en la que se es más propenso a catarros e infecciones respiratorias y de otra índole.

Kéfir de leche no es lo mismo que yogur

Mientras el yogur es semisólido y un poco pastoso, el kéfir es líquido. Ambos probióticos tienen diferente presencia, pero además, el sabor es distinto. Esto se debe a su diferente proceso de fermentación. En el kéfir, la mezcla de microorganismos fermenta la leche mediante una reacción lacto-alcohólica, es decir, la lactosa de la leche se transforma en ácido láctico y se produce anhídrido carbónico y alcohol, este último en una proporción inferior al 1%. En el yogur, la fermentación es solo láctica, de modo que la lactosa o azúcar de la leche se transforma en ácido láctico, que le da el toque ácido al yogur natural, aunque más suave que el ácido del kéfir.

Por el propio proceso de fermentación, la leche se descompone en sus nutrientes más elementales, por lo que el producto resultante es más digestivo y tolerable por parte de personas con intolerancia a la lactosa. Tanto el yogur como el kéfir aportan al organismo microbios que contribuyen a regenerar la flora intestinal y compiten de manera eficiente contra las bacterias patógenas que pueblan el intestino y que, en exceso, son las responsables de la mayor parte de las gastroenteritis.

Leche fermentada, a diario

El kéfir es un probiótico, es decir, un alimento que contiene microorganismos vivos. Por esta razón, su consumo reporta beneficios para la salud más allá de los nutricionales. Como probiótico, el kéfir actúa en una o varias funciones principales de la microbiota intestinal cuando se ingiere: resistencia a la colonización de la flora intestinal por microorganismos patógenos, modulación del sistema de defensas y aporte nutricional.

En una revisión de la bibliografía científica realizada por investigadores del Departamento de Inmunología, Microbiología y Parasitología de la Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea y el CIC bioGUNE (Centro de Investigación Cooperativa en Biociencias), destacaron las siguientes propiedades beneficiosas atribuibles al kéfir:

Propiedades antibacterianas y antifúngicas. Estudios epidemiológicos han demostrado la influencia positiva entre la ingesta de yogur u otras leches fermentadas y la longevidad. Diversos ensayos han comprobado la actividad antibacteriana del kéfir contra distintas cepas patógenas como Salmonella, Helicobacter, Shigella, E. coli, Enterobacter aerogenes y contra hongos como Candida albicans. Incluso en animales de experimentación se ha aplicado con éxito gel a base de kéfir, que mostró actividad cicatrizante, que se tradujo en una reducción más rápida del diámetro de la herida. Los autores sugerían que el biofilm del kéfir y sus compuestos polisacáridos resultan ser buenos agentes antimicrobianos, antiinflamatorios y cicatrizantes en variedad de infecciones.

Efectos inmunológicos. El kéfir se usa en ensayos con animales de experimentación y, en menor medida, en ensayos clínicos en humanos. Así se evalúa su capacidad de modular la respuesta inmune de la mucosa intestinal con resultados positivos. Además de tomar el kéfir como bebida, también se puede mezclar con distintos alimentos, a los cuales confiere su toque particular ácido, como batidos o macedonias de frutas o bien cremas y sopas con hortalizas, como la sopa de pepino y almendras con kéfir, sobre las recetas de Kefir ya hablaremos más adelante.

Kéfir de leche casero, cómo elaborarlo y conservarlo

El kéfir se elabora de forma artesanal y no soporta los procesos industriales. Por ello, una vez que se dispone de los gránulos de kéfir, su elaboración es sencilla pero si se realiza de forma descuidada es posible que se contamine el producto con otros gérmenes.

1. En un frasco de cristal muy limpio, con cierre hermético, se colocan los granos de Kéfir en una cantidad equivalente al tamaño de un limón junto con tres cuartos de litro de leche fresca pasteurizada de vaca sin hervir, en la cual flota y se desarrolla.

2. No se debe llenar de leche por completo el frasco, ya que tiene que haber espacio para los gases de la fermentación, pero es importante cerrarlo herméticamente para que no ingrese aire.

3. Se deja reposar 24 horas, y después se cuela, siempre con utensilios de plástico o madera, nunca utilizar metal, y el líquido resultante que se extrae, se guarda en frío.

4. Nuevamente se agrega leche a los gránulos de Kefir y se vuelve a repetir el proceso. Los granos de Kéfir y el frasco se lavan con agua templada cada 7/10 días.

5. El Kéfir se puede ingerir con cualquier comida fría, pero nunca debe calentarse.

6. Lo idóneo es utilizar una leche fresca, mejor si es pasteurizada, en lugar de esterilizada o UHT. Es indiferente que la leche sea de vaca, cabra u oveja.

7. A medida que se repite el proceso los granos de kéfir se van agrandando, debido a que es un organismo vivo, y esto hará que los nódulos de kéfir aumenten de tamaño con el paso de los días, entonces es posible retirar una parte y entregar a otra persona.

Si se deja reposar más de 24 horas, la bebida adquiere un sabor más intenso, ácido y astringente. Si por cualquier motivo no se tiene la posibilidad de hacer kéfir, se puede conservar tres o cuatro días en agua con azúcar en el frigorífico. Si es más tiempo, lo mejor es escurrirlo bien, secarlo y congelarlo. De esta forma, aguanta varios meses. Después se deberá descongelar poco a poco, en el frigorífico, y rehidratarlo con agua mineral y azúcar unos días antes de dejar que produzca la bebida fermentada. Tras este proceso de congelación, el kéfir no crece al mismo ritmo que lo hacía antes.

* Am@sandos

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