El largo silogismo de la amargura

Según la vestal de proa del gobierno del Partido Popular Artico, sus votantes dejan de comer antes que no cumplir con el pago de su hipoteca bancaria. Es de suponer entonces que, en aquellos casos en que la deuda sea muy abultada, la pagarán los descendientes del cadáver titular de la hipoteca. Al menos así ocurre cuando el desesperado firmante opta por el suicidio. El atosigamiento de la factura bancaria sería una especie de pecado original, añadido al de nacimiento. Derivado aquel de la soberbia de querer tener un piso en propiedad. La propiedad es para los elegidos y no para que la usurpe cualquier advenedizo con ínfulas de rampante clase media. Hasta ahí podríamos llegar.

Y llevados por la apoteosis lógica de la honradez cosppedaliana, los accionistas bancarios ¿deben ayunar para pagar al Estado sus cuantiosas inyecciones de dinero público, invertido en su reflotación? Ya sé que es una pregunta tonta. No hace falta que nadie la conteste. Basta con machacarse las partes con un adoquín y que el consiguiente aullido no moleste a los vecinos.

Dolores de Cosppedal es un dolor antiestético, un destilado vinagre con forma de mujer, un eterno femenino, versión loewe en constante diferido. Su perfil humano no mejora ni con el sol ni con la lluvia de las flores en primavera, esa milagrosa y fértil estación donde, como decía aquel anónimo, “en primavera no sé que pasa, que hasta mi mujer me gusta”.
El veneno que decantado del verbo de Loles Caspadal no conoce matices: es todo él mortal de necesidad. Por su maliciosa necedad, principalmente. Aunque cala en las capas políticas al uso. Ella sabe muy bien que, este supuesto país, donde una vez hubo un irrepetible Siglo de Oro, la actual bisutería del oropel ideológico es permeable a cualquier cosa idiota que se diga por un micrófono y ante una cámara. Y que el analfabetismo cívico, tan profundamente cultivado por los terratenientes del casino, hacen posible la pusilánime falta de criterio general. Lo cual deriva en votos y cierra el círculo vicioso, dando pie a la existencia de ectoplasmas como Botella, Aguirre, Barberá, Bañez, Mato o Dolores de Cospedal. Y sus equidistantes masculinos.

Llamando a los desahuciados morosos o malos pagadores Cosppedal pretende seguir elevando opacas cortinas de humo y ganar tiempo. El PP necesita tiempo para seguir perpetrando la privatización del país y el sobreseimiento de su podredumbre. Tiempo para maniobrar en los juzgados y hacer leyes que propicien la impunidad de sus militantes y cargos inmorales. O directamente delincuentes.

Apelando al viejo y rancio adagio español de “pobres pero honrados” la secretaria general enturbia el ambiente de la palabrería habitual. Es lista en lo suyo y una vez más nos tiene ocupados en responder y denostar. Así pues, los votantes del PP no comen para que medre Botín.

El chalet de Botín en Santander está situado, casualmente, en la calle Pilar Primo de Rivera. En definitiva, Cosppedal podría ser, por méritos y por afinidad, la líder suprema de la renovada Sección Femenina del Movimiento Falangistopus.

 – Nota sobre el titulo:
 "Es imposible saber si el hombre se servirá aún durante mucho tiempo de la palabra o recobrará poco a poco el uso del aullido". E.M. Cioran.
 
 

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