El poeta del ensayo

zas4Francisco Cabanillas. LQSomos. Abril 2014

Brevemente: hoy necesitamos fundar una filosofía de la rebelión…
Una filosofía de la libertad, que busque fundar las
Condiciones de la negación. Porque hoy lo fundante es decir no.
José Pablo Feinmann (2005)
[Octavio] Paz es verdadero poeta en la sabiduría de su prosa…
es uno de nuestros grandes ensayistas,
pero no uno de nuestros grandes poetas…
El poeta que Paz exhibe en sus ensayos todavía no posee parangón…
poeta del asombro del ensayo.
Yván Silén (1997)

Introducción. Con la publicación de Del escándalo al asombro (2013), un híbrido entre el ensayo y la entrevista, se produce un empate —que no un impasse— entre el número de poemarios y el de libros de ensayo (siete cada uno). Balance este, una relativa paz, entre la poesía y el ensayo (dupla silenista por antonomasia), que no podemos sino aprovechar para mirar, desde ese equilibrio temporal, la obra toda de Yván Silén, de más de 20 libros, a lo largo de 43 años (1970-2013); de una manera tal, que dramatice una literatura que es de por sí, como se sabe, dramática (en el sentido de exuberante, estridente, volcánica): “El destino será radical. ¿Paradojo? El poeta es la presencia esencial de la paradoja” (Del escándalo al asombro. Todas las citas sin referencias pertenecen a este libro).

Para dramatizar la obra silenista —“El poeta-filósofo es el Simultáneo de lo esquizo (el héroe, el antihéroe, el epónimo, el ardido, el adonis). El que ubica su vida en el concepto de la metáfora o en la metáfora del concepto”—, me valgo de una propuesta de Octavio Paz, que parafraseo más o menos así: la poesía dice más de lo que dice el poeta. A veces, incluso, dice lo contrario (El arco y la lira, 1956; La otra voz, 1990).

Perfil mínimo.Ubicamos a Silén, desde la pulsión subjetivizante, y a pesar del toqueteo con la de 1960, en la generación de 1970. Se trata de una literatura filosófica, lírica (alter, anti, meta); ligada a la diáspora que, desde Nueva York, escribe en español (por ejemplo, en la editorial El Libro Viaje) durante más de tres décadas de “exilio.” En fin, estamos ante una literatura enganchada a la vida (o a lo vital), a pesar de la temática de la muerte o a partir de ella misma: “Tengo deseos de no estar. / De no haber pasado nunca” (La poesía como libertá, 1992). Insistimos; como demuestra, a mi modo de ver, el mejor poemario de Silén, Catulo o la infamia de Roma (2010), Eros prevalece sobre Tánatos.

Enfatizo tres puntos más del corpus silenista: 1) biografía y metaliteratura; 2) cierto anarquismo (crítica al establishmenty crítica a la crítica); 3) vivencia de los personajes literarios (realidad de los heterónimos): el Poeta del Sombrero de Copa, el Paria, el Antinihilista, el Metafilósofo, entre otros: “Los ‘aprioris’ son las utopías de Europa. Por tal razón hemos asumido vitalmente el Sospechoso.”

Propuesta. Tipo tesis (bien general): la obra de Silén dice más de lo que el poeta ha dicho. Incluso, pude decir lo contrario.¿Qué dice la obra de Silén?

Antes de contestar, miremos a vuelo de pájaro la obra. En términos de los libros publicados (el mundo de lo inédito es otro universo), la obra se desglosa (y espero no equivocarme) en 7 poemarios, 7 libros de ensayo —notemos la centralidad entre la poesía y el ensayo (¿qué hacer con la entrevista-libro-¿ensayo? de Felix Córdova Iturregui y Silén?)—; 5 novelas, 3 libros de cuentos, 2 antologías, 1 obra de teatro (3 inéditas), y 1 libro de crítica literaria (como se verá pronto, mi propuesta le da una dimensión de búmeran a este libro, Francisco Matos Paoli o la angustia de Dios (2009):

La crítica ha querido asumir el papel de la madre, pero la madre no admite substituto. La crítica —ridículamente— es la madrastra de los cuentos infantiles… la crítica es un instrumento burdo de represión. Es el diálogo de la envidia y de la impotencia. Desea la destrucción del poeta” (El llanto de las ninfómanas, 1980).

La obra de Silén dice, en términos de las relaciones de género; es decir, de géneros literarios, que es lo que me interesa abordar, la obra dice que la poesía, desde un absoluto poético que rige las jerarquías literarias, es la madre de la literatura: “¿Para qué carajo te ha servido la poesía?” La poesía es la madre del pensamiento, de la filosofía (venganza contra Platón): “El poeta-filósofo, pensador o no, es el que molesta. Él es el Molestador… El Perturbador.” La poesía está en el pináculo ontológico, epistemológico, político, estético, sociológico, lingüístico, gramatical, erótico y por supuesto religioso: “La fe será el rostro de lo prohibido.”

Desde esa centralidad poética (totalitaria, voraz, agónica, crística, carnal, espiritual, orgásmica, lúdica), la obra asume su ética, “La metafilosofía no puede repetir al poder,” y su estética: “¿Es que la existencia es lo bello?” Su mayor objetivo político será entonces la poetización del ensayo; embellecerlo “cloacamente” (si no lo es, podría ser un adverbio silenista), para “elevar” la filosofía, que es el discurso del poder, al nivel de la poesía, que es el discurso de la libertá, y vengar una vieja traición occidental que América Latina hereda como parte de la colonialidad del saber y del poder.

La culminación de ese proyecto de poetización, que empieza de lleno en 1980, con el primer libro de ensayos poéticos (El llanto de las ninfómanas), se da 30 años después, en el libro de ensayos/antiensayos, La poesía piensa o la alegoría del nihilismo (2010), pero tiene sus raíces —y esto es importante subrayarlo— en el poemario El pájaro loco (1972), dividido como está en ensayo-manifiesto, poesía y narrativa.

Culminación de un proyecto de género intrínsecamente silenista: hacer que el ensayo piense como la poesía, para que al libro le acontezca la prosa como una segunda naturaleza: “¿O es que acaso lo bello es el ensayo mismo?”

Del escándalo al asombro. Desde el universo silenista, el libro que nos convoca hoy, hay que verlo como un satélite que gira alrededor de La poesía piensa: sol inamovible de la poetización del ensayo, proyecto que a su vez singulariza la obra.

Y esto que dice la obra, es imprescindible enfatizar que lo dice desde una práctica encontrada con la crítica literaria, que la poesía considera como su Némesis.

Desde El pájaro loco, la crítica literaria se tematiza como prohibición de la poesía: “este poema está prohibido / en puerto rico” (El pájaro loco). En El llanto de las ninfómanas, la madre surge como agente del Estado, que prohíbe y proscribe (disciplinando al niño para que no haga las preguntas peligrosas del poeta). Y ello porque la subjetividad del poeta está abocada a los senos de la madre, como belleza (aunque prohibida): “Pero la madre es el instrumento más perfecto que haya creado la represión, porque se sabe el objeto amado. El objeto codiciado. La madre tiene conciencia de la mujer que exhibe” (El llanto de las ninfómanas).

En Del escándalo al asombro (donde la crítica “se ha vuelto tísica;” “Una crítica que está despolitizada y que está espiritualmente sodomizada”), se reitera la represión ejercida desde la crítica literaria (y sus secuaces), que no solo prohíbe la poesía, sino que ahora también desemplea al poeta: “Probablemente la profesora María Luisa Lugo se encargará nuevamente, como lo ha hecho, de dejarme sin trabajo en el otoño de este año (2013).

Figura silenista (lo que crea la obra). Resumo y repito: la poesía como matrialidad absoluta, una libidinosidad entre “la imagen (la poesía) y el concepto (el ensayo),” siempre a favor de la poetización de este, para que la prosa acontezca como lo hace la poesía, en su devenir material y espiritual: “Los que creían que yo iba a venir en el día de hoy a leer como poeta radical, como cuentista raro, como antinovelista lírico, se equivocan. Hoy he venido aquí como metaensayista (o como metgramatical o como delirante).

He aquí la figura que conforma la obra: estamos ante un universo libresco regido por la Poesía y el ensayo, alrededor del cual gravita la novela, como una narrativa inevitablemente poética, esquiza, cuyo proyecto específico consiste —exceptuando a una de las cinco novelas, La muerte de mamá (2004)— en construir una versión lírica y por eso política de Jesús. Otra marca distintiva de la obra. No creo que nadie más en nuestra literatura contemporánea, de los 70 en adelante, haya usado tanto papel, o gastado tanta tinta, en imaginar a Cristo: “¡Yo soy el holograma de Dios!… La palabra es carne del espíritu (la palabra es prepucio del falo de Dios, es logos de Dios, verbo, palabras, expresión, poesía: metáforas)… ¡Dios… se parece a la muerte!”

Después de la novela, el cuento establece su órbita poética, seguido finalmente por el teatro (poético-narrativo-político): El velocípedo de Jesús (2011). Quizás como excrecencia del universo poéticocéntrico, ¿o como su excremento?, la crítica literaria —Némesis del poeta: “La poésis es lo que es”— se mantiene al margen de esta libidinosidad libresca que conforma la obra. En ese sentido, digámoslo sin más, Francisco Matos Paoli o la angustia de Dios (2009) es un libro solitario, que no se puede repetir.

La poesía (la obra) dice lo contrario (la otra voz de Paz). Aquí, por supuesto, entra en juego protagónico, como búmeran, el libro de crítica literaria, Francisco Matos Paoli o la angustia de Dios (2009).Unas buenas 370 páginas de un estudio largo y sostenido sobre —cito los capítulos— “el misticismo político y la religiosidad; el derramamiento de la fe; la discordia entre la filosofía y la poesía; la contradicción; la poesía y la política; el conflicto de ser poeta; el escándalo de los adjetivos negativos; el misticismo y la nada.”

Un estudio serio (trabajo de tesis doctoral) de la obra poética de Matos Paoli, en el contexto (anacrónico/fuera de tiempo) de la poesía-el misticismo-la política. Cabe recordar que, como plantea la novela La casa de Ulimar (1988), lo anacrónico implica una estrategia: “Lo anacrónico es un atrecho para ver lo que hemos dejado en el olvido (…) Lo anacrónico es una técnica, una crítica, un juicio contra la Historia que mana del poder. (…) Lo anacrónico es una ironía política; una forma de mirar el tiempo.”

 Estudio fundacional, en el que la prosa no sucumbe al banquete poético, sino que se mantiene como crítica literaria: “La obra de Matos Paoli provoca en el lector de nuestro tiempo una serie de interrogantes: ¿es posible hoy día hablar con Dios? ¿Es posible hablar del alma y hablar del amor sin desembocar en el ridículo? ¿Son todavía posibles el sobrecogimiento y el amor como manifestaciones de una pasión oculta en ese fracaso extendido de la democracia que le tocó vivir a Matos Paoli?” (Francisco Matos Paoli o la angustia de Dios). Estudio que se ofrece como una contribución a América Latina del misticismo político en la poesía.

Como la monumentalidad que es el libro sobre Matos Paoli, la crítica literaria se inscribe en la obra desde la asimetría radical que la marca: un libro solitario contra todo un universo poético. Irrupción esta que, por su fuerza de gravedad, nuclea la obra de una manera inesperada: no más como la promiscuidad entre la poesía y el ensayo, de la que surge como híbrido el ensayo poético, sino como tensión, como F[R]ICCION, entre, por un lado, la Poesía (que ahora subsume al ensayo poético, la novela, el cuento, el teatro) y la crítica literaria, cuya asimetría voraz y descomunal hace girar al resto de la obra sobre un eje insospechado (el del crítico literario): ¿se muerde la cola el poeta de la prosa poética?

Por supuesto, de eso está hecho el silenismo (siempre atroz): “Esta es la paradoja: la inmutabilidad de la poesía es el devenir (el ser de lo dialéctico es el movimiento de la dialéctica), el enigma. El poeta, como el filósofo, no poseen límites… Desde lo paradójico, la poesía avanza… Contaminado de poesía, el ensayo desemboca a lo paradójico. La poesía paradojiza y contradice el ‘sentido’ mismo de la lógica. Su lógica de ser es más poderosa.”

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