El segundo gran tesoro de Led Zeppelin

Mariano Muniesa*. LQS. Enero 2020

En Inglaterra muchos de los grupos que serían los iconos de los 70 o estaban naciendo o estaban creando las obras que les elevarían a la categoría de referentes absolutos

A finales de 1969 se precipitaron en el mundo del rock una cantidad tal de acontecimientos, que vistos con la perspectiva que el tiempo permite obtener, explican cómo y por qué esos últimos meses de la década de los 60 llevaban en su matriz el final de todo lo que habían sido aquellos años y al mismo tiempo, generaron todo lo que nació en 1970 como cambio fundamental y sustancial en el rock. El conocido filósofo marxista italiano Antonio Gramsci afirmó en cierta ocasión que las épocas más convulsas de la historia, en la que según su argumentación, “es cuando aparecen los monstruos” siempre se producen en esos procesos en los que lo que ha quedado viejo y caduco no acaba de desaparecer y lo nuevo no termina ni de llegar ni de tomar forma. La excepción que confirma la regla de Gramsci, sin duda y en lo que se refiere a la historia de la música popular contemporánea y si se quiere, más específicamente en el rock, fue el año 1969.

Pueden citarse muchos ejemplos en este sentido: el tristemente célebre concierto de los Rolling Stones en Altamont, que degeneró en unos sucesos cargados de violencia y muerte, el procesamiento de Jim Morrison por supuesto escándalo público y su exilio en París, o inclusive por su carga simbólica, los asesinatos de la familia Manson. El mundo idílico de los 60 se venía abajo y las ilusiones de cambio de toda una generación se quebraban de golpe. Aunque en esos mismos meses, en Inglaterra muchos de los grupos que serían los iconos de los 70 o estaban naciendo o estaban creando las obras que les elevarían a la categoría de referentes absolutos: Yes, Supertramp o Jethro Tull en el rock sinfónico-progresivo, Black Sabbath en el proto-heavy metal, David Bowie con su “Space Oddity”, Elton John con “Your Song” o los Who creando la primera gran Opera rock de la historia, «Tommy».

Y en ese contexto, un sensacional álbum, cátedra sonora de la historia del rock, que en este octubre pasado ha cumplido 50 años desde que se puso a la venta por primera vez el 22 de octubre de 1969: el mítico segundo álbum de estudio de Led Zeppelin, «Led Zeppelin II».

Nueve meses antes, el magistral debut discográfico de esa banda liderada por Jimmy Page y a la que en principio se tomó meramente como una nueva versión de los Yardbirds, rompió todos los esquemas y en concordancia con los dos primeros discos del The Jeff Beck Group, sentó las bases de un nuevo estilo de blues progresivo con mucha mayor carga de dureza e intensidad tanto desde el tratamiento de las guitarras como desde las bases de ritmo o las voces. Led Zeppelin causaron tal impacto, que tanto su manager Peter Grant como su compañía de discos, Atlantic, presionaron hasta el extremo para que el grupo editara de inmediato un segundo disco, en el otoño de 1969, ante el espectacular éxito que la banda había logrado en todo el mundo, especialmente en Estados Unidos.

Jimmy Page y Robert Plant, si en muchas ocasiones se habían quejado de que dispusieron de poquísimo tiempo para poder grabar su disco debut y no perdían ocasión de explicar que si hubieran tenido más tiempo para grabar el disco habría salido mucho mejor, en esta ocasión se encontraron en una situación todavía peor: «Led Zeppelin II» tuvo que ser grabado en, al menos cinco estudios diferentes, aprovechando los días libres dentro de los apretadísimos programas de gira que la banda tuvo durante todo 1969 y con mucho menos tiempo todavía para poder hacer la mezcla del disco con Eddie Kramer, a quien el cantante de la banda, Robert Plant, ha atribuido en más de una entrevista la responsabilidad de que fuera capaz de poner en orden el maremágnum de cintas de diferentes grabaciones y junto a Jimmy Page, convertir todo aquello en un disco homogéneo, compacto y que pasaría a la historia con la vitola de una verdadera obra maestra.

Recopilar todo el historial de grabaciones con las que se confeccionó «Led Zeppelin II» requeriría de un artículo tres veces más largo que éste, pero simplemente para que todos ustedes se hagan una idea de lo que hicieron Jimmy Page y Eddie Kramer para sacar adelante este disco, tan solo algunos ejemplos: “The Lemon Song” se grabó en los Mystic Studios de Hollywood en mayo de 1969 durante la segunda gira de Led Zeppelin por Estados Unidos. “Thank You”, se grabó en los Morgan Studios de Londres a finales de enero del 69, teóricamente en la misma sesión en la que se grabó una “rough-mix” de “What Is And What Is Should Never Be”, que se terminó en los Olympic de Londres en septiembre, en plena mezcla del resto del disco, “Ramble On” se grabó entre el 1 y el 2 de junio en los Juggy Sound Studios, en Nueva York y “Heartbreaker” el 30 de enero de ese mismo año, recién terminada su primera gira por Estados Unidos, en los Estudios A&R de Nueva York. Si antes citaba a Gramsci, permítaseme ahora que cite a uno de los grandes enemigos del pensamiento lógico y precursor del dadaísmo, el rumano Tristan Tzara: “Solo desde el más absoluto e incomprensible caos puede revivir la perfección”. Bien, esta sentencia pareciera imaginada para «Led Zeppelin II».

Porque ciertamente, toda vez que se escucha, aunque sea por enésima vez en mi caso a la hora de documentarme mejor para escribir este artículo sobre este maravilloso disco, nunca deja de sorprender la homogeneidad de su sonido, la fuerza y la crudeza que se le imprime desde la producción y como por tanto, es perfectamente natural que se le equipare junto con su predecesor «Led Zeppelin I» como una obra clave en la evolución del rock y como trabajo de referencia absoluta en la consolidación del heavy metal como estilo sumamente característico de los 70.

El espectacular híbrido entre el primigenio hard rock, la psicodelia –un estilo que gustaba mucho a Robert Plant y del que siempre dejó alguna pincelada en esta primera etapa de Led Zeppelin- y el blues progresivo que se funden en “Whole Lotta Love”, el rock fuerte, crudo, duro y que ya anuncia el heavy metal de “Heartbreaker”, el blues que evoluciona hacia el hard rock de manera magistral como es “Bring It On Home”, ese medio tiempo hardrockero con una deliciosa cadencia del rock de la costa oeste de los 60 que es “What Is And What Should Never Be”, la mezcla de blues, rock y funk de “The Lemon Song”, la sensibilidad de esa preciosa balada llamada “Thank You”… todo, absolutamente todo en «Led Zeppelin II» es pura explosión de talento, imaginación, genialidad, en definitiva explosión de ese espíritu, de esa creatividad, de esa magia que esa quizá irrepetible generación de músicos de finales de los 60 consiguió plasmar en unos discos que a día de hoy, al escucharlos, siguen transmitiendo un sentimiento, una emoción, una energía creativa en todos los aspectos, verdaderamente fascinante, cautivadora, embriagadora…

¿Verdad que nunca les he defraudado recomendándoles un disco? Pues una vez más, háganme caso.

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* Nota original del diario “La Región”

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