Entender la sostenibilidad

Por Fco. Javier Fernández San Juan*. LQSomos.

Como suele suceder con las palabras o términos que se ponen de moda, cada vez se emplean con más soltura las que se refieren a “sostenible” o “sostenibilidad”, con un grado de desconocimiento e imprecisión notables. El resultado es que producen extrañeza, y hasta sonrojo, cuando las escuchamos o vemos la gran cantidad de anuncios publicitarios que aseguran la sostenibilidad de tal o cual empresa, o que este u otro producto es sostenible.

En realidad, el concepto sostenible se refiere a como es la existencia de la mayoría de los sistemas biológicos que conocemos en la actualidad. En buena parte de los ecosistemas que conocemos en la actualidad, se dan las mejores muestras de sostenibilidad.

Por ejemplo, si observamos un bosque o una laguna vemos que, con la única aportación del aire, el agua y los nutrientes del suelo, estos ecosistemas, pueden subsistir durante cientos y hasta miles de años siguiendo una transformación evolutiva, basada en el ciclo vital de nacimiento, vida y muerte. Incluso en esta última fase, contribuyen con sus restos a la continuación de la vida, pues sirven de abono y cobijo a multitud de otras especies que inician o continúan un nuevo ciclo vital. A veces se nos olvida que muchas especies vegetales y animales han estado viviendo millones de años sin nuestra presencia, sin más ayuda que los recursos naturales ofrecidos por la Tierra. Sostenible quiere decir que permanece sin más soporte que el que le ofrece su entorno.

En la sociedad actual, la sostenibilidad como concepto se basa en tres aspectos fundamentales, que son: económicos, ambientales y sociales. Todos ellos de igual importancia y que deben ser considerados de forma conjunta. En realidad, la sostenibilidad ideal no existe en nuestras sociedades, y siempre se debe considerar que se trata de un grado, porque los tres aspectos descritos no se suelen cumplir en su totalidad. Por tanto, las actividades no son sostenibles al cien por cien, ni simplemente sostenibles como se suele dar a entender con frecuencia, sino que son “más” o “menos” sostenibles.

Refiriéndonos a los tres aspectos señalados, el aspecto económico se refiere a la capacidad de producir bienes y beneficios manteniendo unos parámetros adecuados de gobernanza, estabilidad, equidad, formación y promoción sin alterar el capital natural ni el patrimonio industrial de la empresa.

El aspecto ambiental significa que debe existir una ausencia de contaminación, reducción máxima de residuos, mantenimiento de la biodiversidad, así como una utilización adecuada de recursos manteniendo su disponibilidad y evitando la sobreexplotación.

En tercer lugar, los aspectos sociales, tienen que ver con el grado de bienestar, igualdad, transparencia, participación y los derechos básicos como la seguridad, la educación y la salud, entre otros.

Estos tres aspectos deben mantener un grado permanente de relevancia y continuidad.

Desde otro punto de vista, la sostenibilidad de una empresa o actividad nada tiene que ver con su tamaño: grande o pequeña no significa que tenga que ser más sostenible. Tampoco tiene porque estar relacionada con su facturación y no necesariamente con sus beneficios. Por otro lado, y al contrario de lo que estamos acostumbrados a oír, un simple producto, ya sea industrial o alimentario, difícilmente puede calificarse como sostenible, sin evaluar de forma conjunta todos los aspectos relacionados con su producción. Consecuentemente, una empresa o actividad será más o menos sostenible en tanto en cuanto mantenga unas exigencias económicas, ambientales y sociales adecuadas y de forma continuada.

Analicemos ahora el grado de sostenibilidad que presenta alguna de las más importantes actividades humanas, teniendo en cuenta los aspectos económicos, ambientales y sociales relacionados con ellas.

La producción de energía, por ejemplo, será sostenible si no deteriora los ecosistemas en los que se asienta, por mucho dinero que genere y muchos puestos de trabajo que cree. Su contribución al bienestar y a la situación igualitaria de la sociedad debe ser exigida. Esto significa que determinadas formas de energía renovable no son necesariamente sostenibles, aunque ayuden a reducir la tasa de emisiones, ¡que menos! Aunque el impacto sea menor que el de otras formas de energía, los efectos de algunas de ellas sobre el paisaje, la fauna, la flora y la conectividad son causantes de importantes déficits de sostenibilidad. Por otro lado, hay que destacar la enorme importancia que tiene el acceso universal, igualitario, descentralizado y a precio razonable de la energía. Socialmente este aspecto es determinante, ya que la dependencia actual y futura de la energía en la sociedad cada vez va a ser mayor. El lector ya habrá observado que la mayoría de las compañías suministradoras de energía, están llevando a cabo una enconada campaña de conversión “verde” (greenwashing es el término que se suele utilizar) de todas sus actividades, presentándose como defensores de lo sostenible. Hay quien sospecha que esto, más tiene que ver con las presiones recibidas por parte de los accionistas y la propia sociedad, así como la prevista llegada de fondos europeos, que con una real conciencia de cambio. Nada que oponer si la mejora es real y la actividad cada vez más sostenible.

Otro aspecto de la vida diaria que tiene que ver con la falta de sostenibilidad es el consumo en los hogares. Un primer detalle es el derroche de alimentos. Pensemos como eran los residuos domésticos de nuestros hogares en tipología y cantidad hace cincuenta años, y como son ahora. Es enorme la cantidad de alimentos que desperdiciamos y, por otro lado, el volumen de residuos de todo tipo que generamos es espectacular. Bastaría con consumir lo estrictamente necesario y reducir al mínimo el derroche de energía, así como los materiales no reciclables (plásticos, esencialmente), para mejorar la sostenibilidad.

Hemos comentado algunas de las actividades más conocidas y su relación con la sostenibilidad, pero qué duda cabe que hay otras muchas que también son francamente mejorables (transporte, turismo, agricultura intensiva etc.). La clave de todo está en que nuestra sufrida Tierra ya no es capaz de asimilar actividades no sostenibles y muchas especies, incluidos nosotros mismos, vamos a ver fuertemente reducida nuestra supervivencia. Si la Naturaleza va perdiendo salud, los órganos y los sistemas que la forman, como si de un cuerpo humano se tratara, se van a ir deteriorando cada vez más hasta llegar a enfermar. A nuestra escala, la sostenibilidad es como la salud: pasa por situaciones diversas, pero si se tiene, se continúa viviendo, el día que desaparece, se acaba la vida.

Nuestro planeta y muchas especies sobrevivirán, como lo han estado haciendo desde hace millones de años, pero el ser humano, debido a su extrema vulnerabilidad y al efecto producido por el uso inadecuado de los recursos naturales, puede ir desapareciendo como especie. Porque no habrá porvenir para nuestra especie si no conseguimos que la Tierra tenga un futuro sostenible.

* Fco. Javier Fernández San Juan es Biólogo y Veterinario, Doctor en Ecología y consultor de la FAO.
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