Estados Unidos y el nuevo colonialismo ambiental

Estados Unidos y el nuevo colonialismo ambiental

Por Gabriela Ramírez*. LQSomos.

A partir de la década de los 80’s, China comenzó a importar plásticos para buscar reutilizarlos y así menguar la falta de materias primas que tenía en ese momento. Desde entonces, Estados Unidos y Europa comenzaron a exportar sus desechos hacia el gigante asiático y lo convirtieron en el vertedero del mundo. En el 2018 el país del dragón hizo un cierre parcial a la importación de estos desperdicios y en el 2020 dejó de recibir aquellos que no fuesen procesados previamente para reciclaje. Con lo anterior, los estadounidenses necesitaban un nuevo lugar para su basura y voltearon a ver a América Latina.

Este proceso comenzó en el arranque del 2018, cuando China les cerró parcialmente la puerta a los desechos que durante casi 40 años llegaban a su territorio. La enorme cantidad de desperdicios que ingresaban al país ya se había convertido en un problema para la estructura china del reciclaje. De acuerdo con datos de la ONU, el gigante de Asia importó 7.35 millones de toneladas de residuos plásticos en el 2016, equivalente a 55.3% del total del mundo.

A inicios del 2020 se dio el cierre definitivo. En enero de ese año China anunció que ya no aceptaría la llegada de ningún desperdicio sólido que no fuera procesado anteriormente. Por ejemplo, se podría importar pulpa de papel, pero no papel usado. Así, Estados Unidos tuvo la necesidad de buscar otro destino para su basura y lo encontró en Latinoamérica.

La Enmienda de Plásticos del Convenio de Basilea se hizo efectiva en el 2021, ésta obliga a que los países que quieran exportar plásticos cuyo destino no sea el reciclaje deban solicitar el consentimiento previo del país que los reciba. Diez países de Latinoamérica ratificaron la enmienda, Estados Unidos no lo hizo.

De acuerdo con un informe de Global Alliance for Incinerator Alternatives (GAIA), durante el año 2020 y el 2021, Washington exportó a América Latina cerca de 200 mil toneladas de plásticos con la partida 3915 (que corresponde a una clasificación arancelaria para desechos, desperdicios y recortes de plástico, misma que es poco específica). México, El Salvador y Ecuador fueron los principales receptores, que entre esos dos años recibieron un acumulado de 147 mil, 20 mil y 12 mil toneladas de desechos respectivamente.

Las escasas regulaciones a la importación de residuos, poco control aduanal, ineficiente estructura para reciclar y falta de datos sobre importación y exportación, volvieron a la región latinoamericana el centro de acopio perfecto. Ya que el comercio de plásticos limpios destinados al reciclaje está exento de consentimiento previo, los exportadores aprovechan y envían contenedores de desperdicios con denominaciones ambiguas que no muestran la realidad del tipo de plásticos que ingresan a la región.

MarViva, una fundación ambientalista, menciona que todo comienza cuando las productoras llenan contenedores con sus propios desechos plásticos y los venden a otras empresas en países en vías de desarrollo con el fin -supuestamente- de que sean reciclados. Éstas pagan precios muy bajos por los desperdicios y buscan lo que pueda ser reutilizado; el resto es abandonado y se suma a la basura que genera el mismo país.

La Interpol reportó en el 2020 que los residuos se declaran falsamente como destinados a la recuperación, y como se encuentran contaminados o mezclados con otro tipo de basura, no pueden ser reutilizados de ninguna manera. En el mismo reporte se señala que hubo un aumento entre 2018 y 2020 de estos traslados ilícitos, principalmente desviados al sureste asiáticos a través de otros países con el fin de camuflar el origen del envío.

México, Ecuador y Chile, de acuerdo con el informe de GAIA, lideran la exportación de residuos plásticos de la región. Los tres países exportan más de lo que importan. En el caso mexicano, el 77% de las exportaciones iban a China y, tras el cierre del gigante asiático, fueron a parar a Malasia. De forma que la región latinoamericana funciona como un clasificador y redistribuidor de la basura.

El sureste asiático, tras el incremento de flujo de desechos, devolvió los plásticos a sus países de origen. Malasia envió de vuelta tres mil toneladas, Indonesia regresó 100 contenedores y Filipinas hizo lo propio al regresar 69 contenedores; sin embargo, tras investigaciones, se encontró que de 58 contenedores enviados de Indonesia a Estados Unidos únicamente 12 regresaron, el resto fue a Corea del Sur, Canadá, Tailandia, Países Bajos y México.

Los países ricos se jactan de tener altos niveles de reciclaje, sin embargo, sus desperdicios rebotan entre los países del sur global. Los desechos que no pueden ser reutilizados se quedan en los países emergentes para ser incinerados o depositados en vertederos ilegales, lo que contamina el aire, el agua y los suelos, además de mermar la salud de los pobladores de la región.

* OBELA

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