Estremeñu, lengua silenciada

Por Moisés Pérez*. El Temps.
Traducido por Leticia Palacios. LQSomos.

A pesar de la existencia del tópico de Estremaúra como un territorio en el que solo se habla castellano, la realidad de la autonomía es indiscutiblemente plurilingüe. El ejemplo paradigmático de los diversos idiomas que habitan en estas tierras es el estremeñu. Del tronco asturleonés y con una comunidad reducida de 10.000 hablantes, está relegado del espacio público, de las aulas, de las instituciones extremeñas e, incluso arrastra la clásica estigmatización social de no ser considerada como una lengua diferente del hegemónico castellano. Una invisibilización que la entidad OSCEC ha roto con la elaboración de una normativa estándar, la confección de programas radiofónicos o la promoción de festivales literarios

La comarca de Las Hurdis, constituida informalmente en la línea divisoria entre Salamanca y Estremaúra, cautiva a los visitantes por sus paisajes espectaculares. La estampa del Meandro de Melero, localizado en el parque natural de la Sierra e Fráncia, es el icono medioambiental de una zona caracterizada por la existencia de asentamientos poblacionales dispersos, como La Huetre. Enclavada prácticamente en la frontera norte extremeña y con solo 189 residentes, según el último censo del Instituto Nacional de Estadística, está habitada por gente de avanzada edad. Como otras localidades del interior, ha sido víctima del despoblamiento y el éxodo de los jóvenes.

En este municipio rural, vivía la madre de Juan Antonio, que hacía de traductor cada vez que acudía con su mujer a su casa natal. Su pareja necesitaba un intérprete para entender las respuestas de su suegra. No se trataba de una falta de conocimiento del castellano, ni menos aún de una variante diferente del idioma de Cervantes, como, a veces, pregonaban maestros y funcionarios. La progenitora de Juan Antonio y, posteriormente, abuela, de entre otros, Aníbal, se expresaba en estremeñu. “Era una demostración de la existencia de una lengua diferenciada del castellano, ya que, incluso, mis hermanos y yo hacíamos de traductores con mi madre para que entendiera a mi abuela”, narra el propio Aníbal Martín, que combina la poesía con el trabajo de traductor. Estremaúra, al contrario de lo que sostiene el relato oficial sobre la realidad lingüística del Estado español, alberga diversos idiomas, entre los cuales está el estremeñu.

Las raíces de este idioma propio de numerosas comarcas de Estremaúra son de carácter asturleonés, debido a la conquista cristiana que protagonizaron durante los siglos XII y XIII las tropas del Reino de León en los antiguos territorios musulmanes. “Para encontrar los orígenes de la lengua extremeña tenemos que retroceder al sustrato celta que lusitanos y vetones dejaron en un latín que evolucionó hasta constituir las antiguas hablas andaluzas. Este romance andalusí occidental, influenciado por el árabe hispano, es el que fundamenta el sustrato del leonés oriental, que se consolida a partir de la conquista cristiana de los siglos XII y XIII. Así tenemos, por ejemplo, el Fuero de Coria que, promulgado en 1227 y redactado en leonés antiguo, es uno de los ejemplos que podemos considerar como origen del estremeñu. Pero a partir de entonces, ya desde el siglo XIII en adelante, con la unión de Castilla y León, el castellano se convierte en la lengua culta y de referencia en la corte. El habla popular se convierte en leonés, que acabará evolucionando hasta el estremeñu moderno”, explica el Órganu de Siguimientu y Cordinación del Estremeñu i la su Coltura (OSCEC) en su último informe validado por el Consejo de Europa.

“Se trata de una lengua parecida al asturleonés que se habla en Cantabria. Escrito es muy parecido, aunque hablado cambia, ya que en el extremeño se producen aspiraciones”, complementa Daniel Gordo, rostro de la entidad por la normalización del estremeñu y la defensa de los derechos lingüísticos de esta comunidad de hablantes OSCEC. Esta organización, como colectivo de referencia en la vigilancia de las constantes vitales del estremeñu para el Consejo de Europa, indicó en el documento remitido a las instituciones comunitarias que “la uniformidad cultural y lingüística promovida por el Estado convirtió el español en la lengua popular de la Estremaúra moderna”. El trasvase masivo de hablantes se produjo, sin embargo, a mediados del siglo XX. En el siglo XIX, aún persistía la diferencia idiomática de clase, es decir, mientras el castellano era la lengua culta, empleada por los funcionarios, los médicos o los terratenientes, el estremeñu era el idioma de las clases empobrecidas.

Debido al avance inexorable del castellano, que se convirtió en hegemónico en Estremaúra, la lengua propia quedó reducida a pequeños espacios poblacionales, especialmente aquellos ubicados a mayor distancia de los grandes núcleos urbanos. Sin capacidad para elaborar una encuesta sociolingüística que retrate con detalle la vitalidad del estremeñu, dada la falta de interés de las instituciones autonómicas y provinciales, OSCEC calcula que la actual comunidad de hablantes está constituida por 10.000 personas. “Estimamos que existe una considerable masa de hablantes en el nordeste de la comunidad autónoma y en localidades fronterizas con Salamanca, con menor competencia cuando las personas son más jóvenes y viven en entornos más urbanos. Esta densidad de hablantes se proyecta hacia el este hasta Tierras de Talavera y al sur de la provincia de Ávila”, indican en el informe enviado al Consejo de Europa.

Mapa de Estremaúra y de los territorios fronterizos que marca las distintas lenguas minoritarias existentes en la autonomía| OSCEC. Pinchar sobre la imagen para ampliar.

Al sur del río Taju, que divide la provincia de Caçris, el estremeñu, según recogen en esta panorámica de la vitalidad del idioma propio, “se encuentra más debilitado y sus hablantes, a causa del aislamiento geográfico, cuentan con menos conciencia de emplear una lengua distinta del castellano y, por tanto, utilizan variantes más castellanizadas en términos fonéticos”. La lengua, en esta zona, está reservada al ámbito familiar o, como mucho, a los oficios tradicionales. Oírla lejos de estos ámbitos es, desgraciadamente, como buscar una aguja en un pajar. “Los naturales de cada lugar, al haber pocos monolingües, cambian al castellano cuando se dirigen a un forastero, o cambian de registro en el caso de hablar un castellano plagado de rasgos lingüísticos del estremeñu”, apuntan desde esta entidad civil que lucha por el reconocimiento social de un idioma propio en peligro de extinción.

“Aunque la comunidad lingüística esté conformada por 10.000 hablantes, una parte significativa de la población extremeña cuenta con una competencia pasiva del idioma, es decir, lo entiende”, remarca Gordo, debido a factores como la proximidad genética y la influencia histórica del castellano, el recuerdo del habla de los familiares mayores o las semejanzas léxicas y prosódicas con el castellano popular de Estremaúra. “Hay una parte de la población extremeña que cree que habla castellano tradicional de Estremaúra, cuando el habla popular está enriquecida con rasgos lingüísticos incorporados del estremeñu; y otra parte piensa que se expresa mal en castellano y no es consciente de que, en realidad, se expresa en estremeñu”, expone Martín. “Sorprende encontrar gente de 40 o 50 años que hablan estremeñu, pero que piensan que hablan una versión particular del castellano. No son conscientes de que hablan un estremeñu profundamente influido por la diglosia con el castellano, por esta reducción de la pureza lingüística que sufren las lenguas minorizadas cuando existe otra que ostenta la condición de hegemónica”, agrega Gordo.

En las zonas en las que el estremeñu ha resistido con más fuerza, la conciencia de emplear una lengua distinta del castellano ha estado vinculada a la creencia de que se expresaban en un habla comarcal, o incluso, local. “La diferencia respecto al castellano era tan grande, debido a un menor proceso de diglosia, que normalmente se calificaba el idioma con el nombre de la comarca, como en Las Hurdis. Esta concepción de hablas comarcales sin conciencia de constituir, en su conjunto, una lengua, ha estado bastante extendida. Yo, por ejemplo, creía que era un habla local hasta que entré en contacto con la gente de OSCEC”, relata Martín, actualmente asociado a la entidad en defensa del estremeñu, quien apunta: “En el caso del estremeñu, creo que el tradicional autoodio lingüístico proviene de las personas más formadas, que con frecuencia han considerado que era una forma de hablar mal el castellano. Los hablantes, muchas veces por vergüenza, por influencia de los maestros o por la negación de la existencia de este idioma por la administración, lo acaban utilizando solo en casa”.

“Menospreciado”

A pesar de que el Estatutu d’Autonomia d’Estremaúra reconoce la “protección de las modalidades lingüísticas propias” del territorio, el estremeñu no cuenta con presencia alguna en las aulas. Esta lengua, de hecho, ha estado perseguida en la escuela, ya que, según ha criticado la entidad OSCEC, “hasta hace poco había constancia de castigos habituales en las aulas por utilizar la lengua extremeña”. En los años setenta, aún durante la larga noche de la dictadura franquista, las sanciones a los alumnos por el uso del estremeñu, llegaban, incluso, al terreno físico. “Las escuelas continúan siendo un foco de problemas, porque hay profesores que castigan y suspenden a los alumnos por hablar mal, cuando, en realidad, se están expresando en estremeñu. Tienen que saber que es su idioma, y no que hacen un uso erróneo del castellano, como habitualmente muchos piensan. Como resultado de nuestros talleres y charlas en colegios, ha habido alumnos que han recuperado la motivación escolar, porque, por fin, sabían cómo argumentar al profesorado que hablaban en estremeñu y no en una versión incorrecta del castellano. Hay padres que, por sugerencia de la escuela, habían llevado a los niños al logopeda”, relata Gordo. La presión del OSCEC ha provocado que el Centro de Profesores y Recursos de la Junta d’Estremaúra incorpore cursos de diversidad lingüística.

Sin apoyo ni interés de las administraciones autonómicas y provinciales por proteger el idioma, el reconocimiento a escala municipal se reduce prácticamente a cuatro pueblos. “En el caso del estremeñu ningún municipio ha aprobado mociones u ordenanzas para la defensa o promoción de la lengua extremeña. Tan solo se encuentra rotulación de manera habitual en La Serraílla o de forma aislada en Barrau. En muchos otros municipios se empiezan a usar frases y palabras como elemento decorativo, como es el caso de El Carcavosu, mientras que otros, como Mairigal, empiezan a utilizarlo para parte de sus programas de fiestas. El único lugar en que el estremeñu se emplea en rotulaciones oficiales es la comarca de Salamanca de El Rebollal, determinan en el OSCEC, desde donde critican que, incluso, los alcaldes que lo utilizan son mirados con condescendencia por el resto de autoridades.

Este menosprecio institucional y social hacia el estremeñu ha estado motivado también por el papel que ha jugado la Nuversidá d’Estremaúra. “La postura oficial de esta universidad es que el estremeñu es una lengua muerta y que los extremeños han elegido libremente hablar en castellano, cuando resulta evidente que un pueblo abandona su cultura normalmente de manera involuntaria. El estremeñu, tal como dicen los organismos internacionales, no está muerto, sino en peligro de extinción por estar fuertemente acomplejado. La diglosia y la aculturación son dos conceptos que la Nuversidá d’Estremaúra prefiere ignorar”, apuntan desde la organización OSCEC.

Normativizar el idioma

Portada de un libro escrito en estremeñu. OSCEC lamenta que, hasta el momento, la edición de los libros en esta lengua son de autoedición o apoyada por la propia organización| OSCEC.

Con la Nuversidá d’Estremaúra dando la espalda a la lengua histórica de las clases populares del territorio, el OSCEC, así como las organizaciones de lucha por los derechos lingüísticos del estremeñu que lo precedieron, impulsaron la tarea hercúlea de consensuar una ortografía y una lengua estándar en la escritura. De la mano de investigadores en la materia y filólogos, se fijó un estándar fundamentado en las variantes más occidentales, ya que esta manera de emplear el estremeñu gozaba de mayor conservación de los distintos niveles gramaticales y del vocabulario. “Se ha enriquecido con el léxico de todas las zonas de Estremaúra que no son de lengua portuguesa o fala y se han rechazado todas aquellas estructuras, formas o palabras desviadas por causa de la alfabetización en castellano. A pesar de que es impensable fijar una lengua por muchas normas que se redacten dimanadas de su uso, se trata de dar una base y una referencia de la lengua con el objetivo de partir de ella para el aprendizaje, la escritura y la expresión, sin marginar en ningún momento las variedades extremeñas, sino, por el contrario, reforzándolas. Solo así se da un mínimo de garantía para la supervivencia de una lengua”, afirman en la entidad.

La elaboración de un estándar, según el colectivo, no habría sido necesaria “si la presión de la lengua oficial no hubiera arrinconado y borrado de la memoria la existencia de variedades romances extremeñas de origen occidental, ya que la gente lo continuaría hablando a pesar de no haber una norma común porque continuaría legándose entre generaciones de una manera natural”. “Como la situación es mucho más grave, salvaguardar el rico patrimonio lingüístico y, por tanto, cultural de Estremaúra, parte de la idea de unificar criterios y redactar un compendio de normas y materiales que sirvan de base para el aprendizaje, esta vez no por transmisión oral, sino como quien estudia una lengua extranjera, ya que hasta este punto se ha llegado”, lamentan.

“Tener una norma ortográfica unificada, abre las puertas de la divulgación y el aprendizaje de cualquier lengua. En el caso del estremeñu, que hasta entonces se había servido de sistemas viables pero no efectivos de escritura, las posibilidades de divulgación pasan de estar restringidas a la oralidad rural y familiar a multiplicarse por el formato escrito de manera coherente en cualquiera de los ámbitos de comunicación de los extremeños”, defienden, y amplían: “El aprendizaje de las normas gramaticales y del léxico que se facilita a través de toda ortografía aumenta las posibilidades de alfabetización y ampliación del número de hablantes. Además, se potencia la facultad del estremeñu como lengua escrita en los ámbitos literarios, científicos, de prensa y publicidad al contar con la seguridad de un soporte normativo que permite aclarar dudas y dotar a la lengua de herramientas de evolución que impidan desvirtuarse o anquilosarse en los mecanismos de adaptación a los tiempos actuales.


A la confección de un estándar para dotar de coherencia a la escritura en lengua propia y facilitar su aprendizaje por cualquier persona interesada en el estremeñu, se ha sumado la elaboración de un diccionario castellano-estremeñu con 5.000 entradas. Desde el OSCEC, no obstante, tienen pendiente la publicación de otro más grande con 27.000 palabras. Esta tarea de fomento de la lengua se complementa con el desarrollo de clases de estremeñu. Los cursos se pusieron en marcha el año pasado en Caçris, con una asistencia media de 15 personas por aula y está previsto que también se impartan en Badajós. “En nuestra lucha de difusión del estremeñu, hemos conseguido, desde 2019, un espacio semanal en Canal Extremadura Radio llamado “La Corrobra” y otro en la Cadena Ser. También hemos tenido pequeñas secciones en la televisión de Estremaúra con la denominación de Escuela de Extremeño”, incorpora Gordo.

Con la existencia de una publicación en lengua propia, Oja Local, y de algunos grupos de música que cantan habitualmente en este idioma, como Anhinojo Folk y El Pelujáncanu, se ha construido una cierta red de letraheridos que impulsan la minoritaria literatura en extremeño, como con la obra La Huélliga, de Cruz Díaz Marcos. “Hay que destacar a Luis Chamizo y José María Gabriel y Galán, pero queremos citar a otros como José María Alcón Olivera, Cruz Díaz Marcos, los hermanos Herrero Uceda o Luisa Durán. Son multitud las personas que de una manera u otra han escrito y publicado en lengua extremeña”, informan desde una entidad que ha promocionado el Día de las Letras Extremeñas, dedicado a la figura de la escritora Elisa Herrero Uceda. “El objetivo era abandonar el folclorismo y construir, poco a poco, una literatura en nuestra lengua”, expresa Gordo, quien destaca “la numerosa participación, de cerca de 60 alumnos, en un certamen de relatos en estremeñu organizado en un instituto”.


La lucha por conservar el estremeñu se ha encontrado, sin embargo, con la incomprensión de los sectores de la sociedad más hostiles a la pluralidad lingüística, aunque también ha provocado que mucha gente adquiera conciencia lingüística. “La reacción depende mucho del enfoque. Cuando reivindicas palabras sueltas o expresiones particulares de la zona, no hay ningún problema. Ahora bien, cuando argumentas que se trata de un idioma diferente del castellano, siempre hay gente que expresa su rechazo radical. Se trata de una actitud normal, porque son los resultados de los tradicionales mecanismos de defensa que insertan con su discurso los nacionalismos fuertes, como, en este caso, el español. Siempre hay personas que te dicen: “Cómo va a ser eso una lengua”. A pesar de esas respuestas, me he encontrado con más gente que aprecia y descubre con felicidad la existencia de una lengua que desconocía, o que no consideraba su habla como tal”, reivindica Martín, como representante de una asociación que lucha por romper con la invisibilidad del estremeñu, de una lengua escondida en Estremaúra.

* Nota original: Estremeñu, llengua silenciada
Traducido para LoQueSomos por Leticia Palacios

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