Fallece Nikolai Leónov, último jefe del departamento analítico del KGB

Fallece Nikolai Leónov

Por Rafael Poch de Feliu*. LQSomos.

Era inevitable preguntarle a este general heterodoxo y en absoluto representativo, uno de los raros rusos de su generación que seguía razonando en términos de un socialismo genuino, sobre el epitafio que pondría a su tesón de tantos años al servicio de aquel “bastión de la paz” Leonov respondió con una cita de Simón Bolívar sobre la independencia de América Latina: “Los que lucharon por ella, araban en el mar”…

Al servicio del Estado soviético

De izquierda a derecha Anastás Mikoyán, el Che Guevara, Leonov y Nikita Jrushov, durante la visita de Guevara a Moscú

El 27 de abril murió en Moscú Nikolai Sergeyevich Leonov, teniente general del KGB y último jefe de su departamento analítico. Tenía 93 años. En este artículo, escrito hace más de veinte años, se glosa la trayectoria de este singular personaje y su época. En la segunda mitad de los años noventa, aislado y asqueado ante los espectáculos de la privatización de la Rusia de Yeltsin, el Teniente General fue una fuente muy valiosa para el autor de estas líneas

Estaba allí desde los años setenta. Era de acero y estaba montado sobre una enorme estructura de cemento armado y hierro forjado. Sobre la bola del mundo remachada por la hoz y el martillo el letrero, en letras plateadas, proclamaba orgullosamente: “SSSR, oplot mira”, es decir: “La URSS es el baluarte de la paz”. El lugar era el cruce de la avenida Lenin con la calle Kravchenko, muy cerca de mi casa. Un día de 1992, con la URSS ya disuelta, desmontaron aquella enormidad y colocaron en el mismo lugar, sobre el mismo soporte, otro cartel que decía: “Inkombank”. Era de plástico, con letras azules. Aquel día pensé que nada mejor que aquel cambio resumía todo lo que había sucedido en el país desde el inicio de la reforma. Han cambiado –me dije– “una posición en el mundo por una posición en la vida”.

Leonov en el centro. A su derecha Raúl Castro. A la izquierda el guatemalteco Bernardo Lemús

Lo que antes el país se gastaba en mantener el “baluarte de la paz”, el estatuto de superpotencia de la Rusia soviética, ahora se lo ingresa su clase dirigente en cuentas privadas a través de entidades como el “Inkombank”, que, por cierto, quebró años después. Hasta ahí todo claro pero, ¿qué había de genuino en aquel “baluarte de la paz”? Desde luego nada de “socialismo”, por lo menos en el sentido puro e ideal de un orden más justo y más humano. Las ilusiones sobre aquello deberían haber desaparecido en el mismo momento en el que el comunismo ruso se planteó como dictadura, es decir, desde sus mismos inicios. Pero entonces, ¿por qué sentía como una pérdida aquel desmantelamiento?, me pregunté. No era un sentimiento emocional ni pasajero, sino algo maduro y profundo. Algo debía haber en aquello que no era socialismo pero que estaba contenido en la realidad de la URSS, que me hacía pensar en una carencia. ¿Qué era pues aquello, por lo que ocasionaba tristeza que aquel superestado se hubiera disuelto?

Leonov con García Márquez en una visita al Kremlin. La foto que desapareció misteriosamente

No era la “druzhba narodov”, la “amistad de los pueblos” que, según decían, regía las relaciones entre las naciones de la URSS. La verdad es que dentro de aquel enorme conjunto multinacional había demasiada diversidad de sentimientos como para reducirlos sólo a “amistad”. La URSS había sido madre y opresora, partera de naciones y carcelera. Aún más, para muchas naciones había sido todo eso al mismo tiempo. No, no era eso. Tampoco era la gloria imperial de Rusia, la “derzhavnost”, tan cara a los rusos, que con la disolución de la URSS quedaba manifiestamente disminuida. Expatriado en Moscú, ese patrioterismo ruso me era tan ajeno como cualquier otro. Tampoco se trataba de los ecos de la victoria contra el fascismo hitleriano. Desde luego eso sí que había sido serio, pero había llovido mucho desde entonces. Mi generación podía comprender intelectualmente la importancia que había tenido aquello, pero para ella esa no era una “causa biográfica”. ¿Entonces por qué esa nostalgia, al ver cómo desmontaban aquel letrero de acero? Tras reflexionar un rato di con la respuesta al enigma: era por la historia de Nikolai Leonov. Por todo lo que esa historia contenía. Eso era lo que me hacía vibrar. Ahí encontraba no únicamente puntos de contacto con las experiencias de mi generación, sino también algo universal e importante no solo para el pasado, sino también para el futuro, pensé. Y esta es la historia… Seguir leyendo, clic aquí

– Las fotografías son del archivo del autor.

* Blog personal

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