Guerras no televisadas: Yemen, el infierno en la tierra

Por Selodi Gasan Adie. LQSomos.

«Yemen es la peor y más grande catástrofe humanitaria del mundo, y esta catástrofe continúa agravándose» Achim Steiner, administrador del PNUD (1)

La población yemení vive una de las crisis humanitarias más graves del mundo. El conflicto armado de la coalición de países del Golfo liderada por Arabia Saudí contra el movimiento Ansar-Allah, ha devastado el país.

Desde que en marzo de 2015 estallase la guerra, por Yemen se ha extendido la pobreza, la miseria, los desplazamientos masivos (más de cuatro millones de personas han sido desarraigadas de sus hogares) en un país sembrado de miles de muertes de civiles y enfermedades como el cólera que es una amenaza constante, miles de personas carecen de acceso a servicios básicos tales como las letrinas y el agua potable (2).

A lo anterior hay que sumar el Covid-19, ahora mismo el país esta viviendo la cuarta ola.

Al fragor de las “primaveras árabes”, la población del sur de Yemen también se lanzo a protestar a las calles, las duras medidas impuestas por el FMI que conllevaron un aumento del precio de los combustibles, ya eran un buen motivo para rebelarse. La represión gubernamental a las protestas fue inmediata y brutal. Mientras los huthíes, también llamados movimiento Ansar-Allah, se afianzaban con fuerza en el norte, a lo que hay que añadir la presencia en el territorio de grupos yihadistas transnacionales, y para aumentar la suma, la guinda la pone la intervención militar de Arabia Saudí para poner orden a su capricho, apoyada por el Occidente “demócrata” y varios países del Golfo, todo eso diseñó el actual escenario.

Cronología de la peor crisis humanitaria del mundo

Tras el levantamiento de 2011 que derrocó al ex presidente yemení Ali Abdullah Saleh, el entonces vicepresidente Abed Rabbo Mansur Hadi asumió el poder en 2012.
Según la Constitución yemení, en caso de que el puesto de presidente quede vacante, el vicepresidente asumirá temporalmente el cargo por un periodo que no exceda de 60 días, hasta que se celebren elecciones presidenciales.

En febrero de 2012, Hadi fue el único candidato en las elecciones presidenciales de dos años de duración que darían lugar a un diálogo entre los partidos políticos para un Yemen pacífico post-Ali Abdullah Saleh, libre de la injerencia de Arabia Saudí.
Sin embargo, una vez finalizado el periodo de dos años, los yemeníes habían sufrido un deterioro de los problemas económicos y de seguridad, que el gobierno de Hadi no ha conseguido resolver.
En una revolución exitosa durante 2014-2015, liderada por el movimiento yemení Ansar Allah, Abed Rabbo Mansur Hadi presentó su dimisión en 2015, huyó a Adén y luego huyó a Riad, afirmando que seguía siendo el presidente «legítimo», y anunciando que deshacía su dimisión.

Un autentico rompecabezas que supera las dos líneas enfrentadas donde también son actores de este desastre el partido Islah (aliado de Hadi) o Tareq Saleh, sobrino del antiguo presidente, sin dejar de tener en cuenta a los grupos armados que surgen y desaparecen constantemente, al sistema tribal, etnias, clanes, la segmentación norte-sur, las antiguas y nuevas élites, los grupos yihadistas transnacionales…

Todo puede ser peor

A estas alturas se calcula en más de 400.000 muertos en esta guerra, de los cuales en torno al 60 por ciento, se debe a consecuencias indirectas del conflicto, como la falta de agua potable, el hambre y las enfermedades. El número de personas desnutridas supera los cinco millones. Todas las partes implicadas en el conflicto de Yemen han causado víctimas civiles.

Las intervenciones militares sauditas son verdaderas carnicerías hacia la población, pero no consiguen cambiar el rumbo de la guerra, como pretendían los lideres del golfo, todo lo contrario, militarmente son un fracaso, la capital Sana’a, es controlada por los huthíes que en estos años ha incrementado su relación con Irán. La lucha militar ahora se centra por control de la ciudad de Marib, una zona clave rica en petróleo, donde la coalición de occidente y los países del golfo han centrado toda su ofensiva militar contra movimiento Ansar-Allah. Washington ha acentuado el apoyo militar a sus aliados del Golfo, mientras piensa en incrementar las sanciones contra los huthíes (ahora mismo se mantiene un embargo naval y aéreo impuesto por la coalición saudí) impuesto a la población yemení. Por cierto, parte del material bélico que utiliza Arabia Saudí y sus socios de coalición es de fabricación española, la guerra siempre es un buen negocio, aunque luego nos hablen de paz (3).

Desde 2015 hasta junio de 2021, España autorizó exportaciones de armas a Arabia Saudí y EAU por importe de más de 2.300 millones, cantidad que casi alcanza los 2.700 millones al incluir otros miembros de la coalición internacional que opera en Yemen como Egipto, Jordania y Kuwait. Todo un papelón (4).

El año pasado se disolvió el Grupo de Eminentes Expertos sobre Yemen, un organismo dependiente de la ONU que se encargaba de la vigilancia de los abusos contra los Derechos Humanos cometidos en Yemen, ahora mismo  no hay ningún tipo de observación internacional sobre las transgresiones constantes hacia los DDHH.

El final del conflicto parece estar lejos, los intereses internacionales junto al rechazo de la población a la intervención extranjera, alejan una salida política que gane el terreno al enfrentamiento armado.

“El infierno en la tierra” es como Amnistía califica la situación en Yemen, un encarnizado conflicto en que la población civil paga el pato, una vez más, como siempre.

Notas:
1.- Programa De Las Naciones Unidas Para El Desarrollo
2.Datos de ACNUR
3.- El Gobierno se niega a informar sobre los cohetes exportados a Arabia Saudí
4.- Amnistía Internacional: una epidemia de violencia e impunidad

Yemen en LoQueSomos

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