Homenaje a José Luis Morales

Iñaki Alrui*. LQSomos. Marzo 2017

«Lo que no me mata,
me hace más fuerte».
F. Nietzsche

Homenaje, más que merecido, a uno de los escasos periodistas que han ejercido como tales en el Estado español, y discúlpenme (o no) pero la bazofia que llevamos engullendo desde la Transición (y lo de antes) produce nauseas. Él es, está, entre esos pocos que se negaron a perder su dignidad como profesionales y como personas… todo va junto.

José Luis Morales Suárez nació el año 1944 en Agüimes, Gran Canaria. Se trasladará a Madrid, a la Complutense para estudiar Sociología y Periodismo, de la que será expulsado por el Consejo de “Disciplina Académica” de la Complutense. Su rebeldía y compromiso -milita en FUDE-FRAP-, le empezarán a pasar factura(s).


Es detenido por la criminal Brigada Político Social:

…Estaba en una celda del sótano, reventado del ‘tiempo’ que llevaba allí, cuándo volverían a subirme hasta la primera planta. Poco menos de seis minutos antes me habían bajado. Eran las tres o tres y media de la mañana, según el reloj que había en la pared de aquel cuchitril, en el que operaba Billy el Niño con su banda. Estaba molido de los leñazos que me daban, ensañándose en el cuerpo. Los golpes y puñetazos, sólo yo lo notaba, doliéndome así hasta los higadillos. Billy el Niño me repetía, nunca saciado, que “esta vez sí vas a llorar, canario de mierda”. Para aguantar las salvajadas de aquellos canallas que estaban torturándonos, habíamos aprendido casi todos, mis compañeros y otros apresados, e invariablemente, que ‘centrásemos nuestros pensamientos’ en cualquier objeto inanimado, sin ‘salirnos’ nunca de lo que cada uno hubiese decidido, cuando el verdugo (en ocasiones, varios torturadores al alimón) iniciase la criminal sesión correspondiente. Cuando me lo dijeron, en mi ignorancia supina, pensé que aprovechaban mi tercermundismo por darme la macabra broma. Sin embargo, había razones sobradas. No era ningún Bálsamo de Fierabrás, pero los efectos sicológicos sí que se notaban. Ineludiblemente, yo pensaba en mis padres y en mis hermanos, a los que hicieron sufrir todas las perrerías imaginables…” (1)

Fue procesado y sentenciado por el Tribunal de Orden Público (TOP), otra herramienta represora de la dictadura, lo que le llevo a recorrer diversas cárceles por el todo el Estado. Viviría un pequeño exilio francés, en el que aprovechó para rematar Sociología en La Soborna, de la mano de Alain Touraine.

Durante la Transición ostentó el glorioso record de ser procesado unas trescientas veces por su trabajo profesional, siendo el periodista más represaliado en toda Europa, al menos durante la Transición. Su recorrido periodístico es amplio: El Día, La Provincia, Triunfo, Posible, Primera Plana, Artículo 20, España crítica, El Otro País (fundador), Interviú… Sus trabajos en la revista Interviú de investigación histórica y de actualidad en los años 70, 80, 90, son dignos de una “tesis”, en unos tiempos en los que se creaba el nuevo pesebre informativo, principalmente a sueldo del grupo Prisa, estos trabajos representaban el periodismo puro, libre, independiente. Fueron el dedo en la llaga en la transacción, y a pesar de las amenazas constantes a las que se veía sometido, junto a otros compañeros, no cejaron en las denunciar injusticias, olvidos calculados y poner luz, donde ya se ponía sombra.

¡Ojo! no confundir aquel “Interviú” de entonces con el bodrio que se publica hoy. En el año 76, cuando inicio su andadura la revista fue un referente de información y disidencia (informativa)

Recordando alguno de esos trabajos es imposible no mencionar “Matanza de rojos en Canarias” en la que José Luis junto al reportero Miguel Torres y toda una expedición de espeleología, descendieron a más de setenta metros de profundidad por el cono volcánico de la Sima de Jinámar, donde descubrieron cientos de restos humanos, tirados por los asesinos fascistas durante la sublevación golpista del 36, algo que siempre se supo en la zona, pero se calló por el miedo tan fuerte al franquismo. Publicaría la novela “Sima de Jinámar” en ediciones La Torre (2), presentada por Agustín García Calvo y con prólogo de Santiago Aguilar. “Sima de Jinámar” que el autor calificaría el lugar como “el Gernika canario” (3).

Otros reportajes que hicieron “daño” al franquismo reinante (pero sin Franco) fueron: La saga de los Rosón (4), Los somatenes de Cuenca (5), Eugenesia y eutanasia, Terrorismo en la trastienda, La policía se acusa a sí misma

De su trabajo en Interviú, tampoco podemos olvidar su recuerdo y reivindicación de los últimos asesinados por Franco el 27 de septiembre de 1975, algo innombrable en el pacto de silencio de la Transición, pero que siempre tuvo su espacio en aquellos años.

Como escritor cuenta con novelas, ensayos y guías territoriales. Aparte de la ya mencionada “Sima de Jinámar”, están las novelas “Largo de zafra en las tierras del sur” una novela sobre la Transición española (que nunca fue) o “El delirio de los náufragos” con presentación de Javier Sádaba y prologo de Moncho Alpuente.

En ensayos y trabajos de investigación tiene publicados como autor o colaborador: El Salvador, la larga marcha de un pueblo; Extrema Derecha, sociedad anónima; La alternativa militar; La trama del GAL

Mucho trabajo, mucha constancia, mucha investigación, mucha verdad, mucho periodismo. Periodismo que hoy seguiría levantando ampollas, porque al fin y al cabo, el régimen continúa, y nosotras seguimos aplastados por periodismo basura.

Este viernes 24 de marzo hay muchos motivos para acudir al homenaje tal como reza la invitación a “un periodista al servicio de la verdad”, que le organiza la “Cooperativa de El Otro País”, una buena ocasión para conocerlo y aprender… periodismo, que algo queda.

Viernes 24 de marzo, a las 19:30 horas.
Club de Amigos de la Unesco – CAUM – Calle Atocha, nº 20, 1º izda. (Metro Antón Martín)

Notas:
1.- Sobre el caso de “Billy el niño”
2.- Flota de islas a la deriva
3.- Entrevista con el autor de la novela, José Luis Morales
4.- Secuestro de la revista Interviú
5.- Incidentes en el juicio del periodista acusado de desacato y calumnias contra un teniente coronel de la Guardia Civil

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En Twitter: @IkaiAlo

2 comentarios en “Homenaje a José Luis Morales

  • el 3 abril, 2017 a las 19:57
    Permalink

    Hermano, quedas servido,
    todo el pueblo está contento,
    ya que tu homenaje ha sido,
    sin duda y en tal momento,
    lo de en justicia debido.

    Bueno, querido José Luis, como creo que recuerdas estos versos, allá pintorriaos en la pared, cerca de la Casa de Colón (aún allí permanecen),con motivo de unas elecciones (no generales,claro), de las que era candidato un tal Machado (S-XVIII), los he traído a colación para también rendirte mi chiquitito homenaje; aunque tú bien sabes que te homenajeo día tras día, recordándote y rememorando nuestras infantiles y juveniles diabluras. Amén de leer, con bastante frecuencia, ‘Sima Jinámar’.
    ¿Sabes? Cada vez que paso por el ‘Barranco la Gallina’ y cerca de ella, ayer mismo, miro la piconera y oigo, ahora con nitidez, los lamentos de Maribel, de Fermín y los de don Carlos, el alcalde republicano. Como también los del ‘Pollo del Cortijo’.
    En fin, que te tengo muy presente y lamento, a pesar de telefonearnos con frecuencia, que no me participaras de este homenaje; porque, de haberlo sabido, ten por seguro que me hubiera pegado un brinco hasta ahí; y mi alegría hubiera sido inmensa al estar presente en acto tan entrañable y con tan buenas y honestas compañas.
    Los libros están terminados y en imprenta. Tan pronto los tenga en mi poder, te los enviaré. Mientras, recibe mi más sincero y fraternal cariño y un prontísimo y total restablecimiento. Te espero este verano o antes, si lo deseas.
    Abrazos para María, para ti, y para todos los compañeros quienes aún persisten en la brega… ‘La lucha continúa?, como dijera Miriam.
    Hasta siempre,
    Juanele.

    Respuesta
  • el 23 marzo, 2017 a las 21:32
    Permalink

    Me sumo a este homenaje con unas palabras para este amigo, primero antifascista y luego periodista. Larga vida, José Luís.

    Inextinguibles

    Quizás pudieron extinguirse las llamas de todos nuestros mecheros, en aquellos lejanos conciertos de los años sesenta, setenta y ochenta, con Silvio, con Pablo Milanés, con Labordeta, Merceses Sosa y Paco Ibáñez; quizás pudieron cortarnos las manos a todos en aquel maldito estadio de Santiago de Chile; quizás pudieron derrotarnos en la quebrada del Yuro y fotografiar nuestro cadáver hasta la saciedad en Higueras; pudimos caer bajo las balas franquistas, o en el “garrote vil”, en aquellas odiosas madrugadas españolas del pasado siglo; o bien pudimos ser arrojados a las profundas simas de Jinámar, a las aguas del Atlántico, al grito de aquel falangista: “¡Al agua, patos!”, mientras empezaba ya a clarear en la Isla. Conocimos los horribles vagones de ganado donde se nos conducía a los tenebrosos campos de la muerte, en Polonia. Pudimos morir baleados miles de veces en las montañas de Nicaragua, en Sierra Maestra, en El Salvador, en Colombia, en Uruguay, en el Portugal salazarista, en la Grecia de los coroneles, en el Paraguay de Stroessner, en la Yacarta de Suharto, en el Brasil de los “años de plomo” y en la Europa ocupada y envilecida por el Fürer. Pudimos ser desaparecidos en la Argentina de Videla y encarcelados en la “cárcel negra” de El Aaiún; electrocutados o ahorcados en las prisiones de USA, con los Rosenberg y con Sacco y Vanzetti. Pudimos caer a millares bajo las balas y el napalm del “tío Sam”, en Vietnam. Empalidecieron los colores de nuestras banderas y viajaron al sepia las hojas del libro de poemas de nuestro más amado poeta. Pudieron apagarse para siempre las luces de aquella entrañable librería donde un día compramos nuestros primeros libros de Steinbeck y de Miller; pudo cerrar el último cine del barrio, allí donde nos enamoramos irremediablemente de Donna Reed y de Kim Novak y donde besamos por primera vez a una chica; y pudo secarse aquella vieja higuera donde trepábamos cuando éramos apenas unos críos de pantalón corto. Pero aún no se extinguió la espuma de los sueños de aquellos días en que fuimos los señores absolutos de nuestras calles, los capitanes de nuestras vidas.
    ¿Estamos a punto de perderlo todo, o estamos a punto de conquistarlo todo?

    Respuesta

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