Hurgando en el Capital de Marx. Epílogo a la 2ª edición

sab203Antoni Puig Solé*. LQSomos. Abril 2016

El epílogo alerta que la 2ª edición ha introducido cambios, especialmente en las partes que ya se nos había dicho que eran las más delicadas, o sea, en el capítulo 1.

En la 1ª edición la forma de valor (que el prólogo había descrito como la más embrollada) se trataba dos veces: primero en el capítulo 1.3 y después, de manera complementaria, al final del libro1. La 2ª edición, unifica las dos explicaciones en una nueva (1.3), que es, precisamente, la que encontramos en la mayoría de ediciones en catallano.

«En el capítulo 1.1 hemos efectuado con mayor rigor científico la derivación del valor (…); del mismo modo, se ha destacado de manera expresa el nexo, en la primera edición apenas indicado, entre la sustancia del valor y la determinación de la magnitud de éste por el tiempo de trabajo socialmente necesario. Se ha reelaborado íntegramente el capítulo I, 3 (La forma de valor), tal como ya lo exigía la exposición doble de la primera edición. (…). Se ha modificado en gran parte el último apartado del capítulo I, «El carácter fetichista de la mercancía»

Marx anticipa que no ha podido hacer todas las modificaciones que quería, sobre todo después de haber revisado la traducción francesa:

» Al revisar la traducción francesa, pronta a publicarse en París, me he encontrado con que bastantes partes del original alemán hubieran debido ser, unas redactadas de nuevo, y otras sometidas a una corrección de estilo más a fondo o a una depuración más detenida de ciertos descuidos deslizados al pasar. Me faltó el tiempo para ello(…). «

Desgraciadamente, no pudo hacerlo; murió antes de la publicación de una nueva edición en alemán. Más adelante, Engels, en la 3ª y 4ª edición en alemán mejoró el redactado, incorporando correcciones que Marx había hecho al revisar la traducción francesa (y otros que Engels y una hija de Marx incorporaron al revisar la traducción inglesa).

Marx analiza las razones por las que, a diferencia de Inglaterra, en Alemania la economía política fue marginal y lo atribuye a las circunstancias históricas que frenaron el desarrollo del modo de producción capitalista.

«Faltaba en Alemania el cimiento vivo sobre que pudiera asentarse la economía política. Esta ciencia se importaba de Inglaterra y de Francia como un producto elaborado; los profesores alemanes de economía seguían siendo simples aprendices. La expresión teórica de una realidad extraña se convertía en sus manos en un catálogo de dogmas, que ellos interpretaban, o mejor dicho deformaban, a tono con el mundo pequeñoburgués en que vivían. «

Pero cuando la producción capitalista prospera en Alemania, la lucha de clases ya se ha extendido por doquier. Entonces la economía política se convierte en un estorbo para la burguesía que la suplanta por la economía vulgar.

«Desde 1848, la producción capitalista comenzó a desarrollarse rápidamente en Alemania, y ya hoy da su floración de negocios turbios. Pero la suerte seguía siendo adversa a nuestros economistas. Cuando habían podido investigar libremente la economía política, la realidad del país aparecía vuelta de espaldas a las condiciones económicas modernas. Y, al aparecer estas condiciones, surgieron en circunstancias que no consentían ya un estudio imparcial de aquéllas sin remontarse sobre el horizonte de la burguesía. La economía política, cuando es burguesa, es decir, cuando ve en el orden capitalista no una fase históricamente transitoria de desarrollo, sino la forma absoluta y definitiva de la producción social, sólo puede mantener su rango de ciencia mientras la lucha de clases permanece latente o se trasluce simplemente en manifestaciones aisladas.»

La recepción de la economía política en Alemania se hace, por tanto, de la mano de Marx con de El capital y de manera crítica, cuando el proletariado es la única clase social interesada en desarrollar esta teoría, como herramienta para entender el funcionamiento del capitalismo, en toda su amplitud.

«El peculiar desarrollo histórico de la sociedad alemana impedía, pues, todo florecimiento original de la economía «burguesa», lo que no era obstáculo para que se desarrollase la crítica de este tipo de economía. Y esta crítica, en la medida en que una clase es capaz de representarla, sólo puede estar representada por aquella clase cuya misión histórica es derrocar el régimen de producción capitalista y abolir definitivamente las clases: el proletariado.»

Desde mi punto de vista, lo más interesante de este epílogo es la explicación que hace Marx de su método que, según dice, muchos han interpretado de manera contradictoria y han etiquetado de mil y una maneras.

«El método aplicado en «El capital» ha sido poco comprendido, como lo demuestran ya las apreciaciones, contradictorias entre sí, acerca del mismo»

La primera etiqueta que se puso a este método (que, según se nos acaba de decir, se ha comprendido poco), fue -¡sorprendentemente! – la de metafísico. Después, se dijo que no era metafísico sino «analítico», etiqueta que también se consideró no apropiada, pasando a considerarlo «deductivo». Los críticos literarios alemanes, por su parte, llevaron las aguas a su molino, tildándolo de «sofística hegeliana» justo cuando Hegel ya había caído en desgracia. ¡Se lo llegar, incluso, a considerar idealista!

«Así, la Revue Positiviste (VIII) de París me reprocha, de una parte que trate los problemas económicos metafísicamente, mientras que de otra parte dice –¡adivínese!– que, me limito a analizar críticamente la realidad dada en vez de ofrecer recetas (¿comtistas?) para el bodegón del porvenir. Contra la acusación de metafísica, escribe el profesor Sieber:

«En lo que se refiere a la teoría en sentido estricto, el método de Marx es el método deductivo de toda la escuela inglesa, cuyos defectos y cuyas ventajas comparten los mejores economistas teóricos.»

El señor M. Block (…) descubre que mi método es el analítico, y dice:

«Con esta obra, el señor Marx se coloca entre los espíritus analíticos más brillantes.»

Los censores alemanes ponen el grito en el cielo, naturalmente, hablando de sofística hegeliana. El Wiestnik Ievropi («Mensajero Europeo»), en un artículo dedicado
exclusivamente al método de El Capital (…) encuentra que mi método de investigación es rigurosamente realista, pero el método de exposición, por desgracia, dialéctico–alemán. Y dice:

«A primera vista, juzgando por la forma externa de su exposición, Marx es el filósofo más idealista que se conoce; idealista en el sentido alemán, es decir, en el mal sentido de la palabra. Pero, en realidad, es infinitamente más realista que cuantos le han precedido en el campo de la crítica económica . No hay ni asomo de razón para calificarlo de idealista.»

A continuación Marx describe su método reproduciendo las palabras del crítico ruso, del que ya nos había empezado a hablar, referentes, todas ellas, al famoso Prólogo de la Crítica de la Economía Política de 1859. Parece, pues, que Marx veía aquel prólogo como un ejemplo adecuado de exposición de su método y consideraba que el crítico ruso lo había sabido resumir.

«No encuentro mejor modo de contestar al autor del citado artículo que reproducir unos cuantos extractos de su propia crítica, que además interesarán seguramente a los lectores a quienes no es asequible el original ruso.»

Según la primera parte del original ruso que pasa a comentar, Marx está interesado en encontrar las leyes del desarrollo social, los cambios en estas leyes y las consecuencias de sus manifestaciones:

«Luego de citar un pasaje de mi Prólogo a la «Crítica de la economía política» (Berlín, 1859, pp. IV-VII), en el que discuto la base materialista de mi método, prosigue el autor:

«Para Marx, sólo una cosa es importante: encontrar la ley de los fenómenos en cuya investigación se ocupa. Y no sólo le resulta importante la ley que los rige cuando han adquirido una forma acabada y se hallan en la interrelación que se observa en un período determinado. Para él es importante, además, y sobre todo, la ley que gobierna su transformación, su desarrollo, vale decir, la transición de una a otra forma, de un orden de interrelación a otro. No bien ha descubierto esa ley, investiga circunstancialmente los efectos a través de los cuales se manifiesta en la vida social… «

A partir de aquí, el texto reproducido es más epistemológico:

«Lo único que a Marx le importa es descubrir la ley de los fenómenos en cuya investigación se ocupa. Pero no sólo le interesa la ley que los gobierna cuando ya han cobrado forma definitiva y guardan entre sí una determinada relación de interdependencia, tal y como puede observarse en una época dada. Le interesa además, y sobre todo, la ley que rige sus cambios, su evolución, es decir, el tránsito de una forma a otra, de uno a otro orden de interdependencia. Una vez descubierta esta ley, procede a investigar en detalle los efectos en que se manifiesta dentro de la vida social … Por tanto, Marx sólo se preocupa de una cosa: de demostrar mediante una concienzuda investigación científica la necesidad de determinados órdenes de relaciones sociales y de poner de manifiesto del modo más impecable los hechos que le sirven de punto de partida y de apoyo. Para ello, le basta plenamente con probar, a la par que la necesidad del orden presente, la necesidad de un orden nuevo hacia el que aquél tiene inevitablemente que derivar, siendo igual para estos efectos que los hombres lo crean o no, que tengan o no conciencia de ello. Marx concibe el movimiento social como un proceso histórico–natural regido por leyes que no sólo son independientes de la voluntad, la conciencia y la intención de los hombres, sino que además determinan su voluntad, conciencia e intenciones. Basta fijarse en el papel tan secundario que el elemento consciente representa en la historia de la cultura y se comprenderá sin ningún esfuerzo que la crítica que versa sobre la misma cultura es la que menos puede tener por base una forma o un resultado cualquiera de la conciencia. Por tanto, lo que puede servirle de punto de partida no es la idea, sino la manifestación externa, exclusivamente. La crítica tiene que limitarse a comparar y contrastar un hecho no con la idea, sino con otro hecho. Lo que a la crítica le importa es, sencillamente, que ambos hechos sean investigados de la manera más escrupulosa posible y que formen real y verdaderamente, el uno respecto al otro, distintos momentos de desarrollo, y le importa sobre todo el que se investigue con la misma escrupulosidad la serie en que aparecen enlazados los órdenes, la sucesión y articulación en que enlazan las distintas fases del desarrollo. Pero es, se dirá, que las leyes generales de la vida económica son siempre las mismas, ya se proyecten sobre el presente o sobre el pasado. Esto es precisamente lo que niega Marx. Para él, no existen tales leyes abstractas …»

Por tanto, más allá de las determinaciones generales, hay rasgos particulares, determinaciones específicas de cada modo de producción. Hay que distinguir, pues, lo que es general y lo que es peculiar, ya que cada período histórico tiene sus propias leyes.

«Según su criterio, ocurre lo contrario: cada época histórica tiene sus propias leyes. Tan pronto como la vida supera una determinada fase de su desarrollo, saliendo de una etapa para entrar en otra, empieza a estar presidida por leyes distintas. En una palabra, la vida económica nos brinda un fenómeno análogo al que nos ofrece la evolución en otros campos de la biología… Los viejos economistas desconocían el carácter de las leyes económicas cuando las comparaban con las leyes de la física y la química … Un análisis un poco profundo de los fenómenos demuestra que los organismos sociales se distinguen unos de otros tan radicalmente como los organismos vegetales y animales. Más aún, al cambiar la estructura general de aquellos organismos, sus órganos concretos, las condiciones en que funcionan, etc.»

La ley de la gravedad, por ejemplo, fue considerada como una ley general. Hoy sabemos que sólo es válida para la tierra. Lo mismo ocurre con las leyes sociales.

» Marx niega, a modo de ejemplo, que la ley de la población sea la misma en todas las épocas y todos los lugares. Asegura, por el contrario, que cada etapa de desarrollo tiene su propia ley de la población… Con el diferente desarrollo de la fuerza productiva se modifican las relaciones y las leyes que las rigen. Al fijarse como objetivo el de investigar y dilucidar, desde este punto de vista, el orden económico capitalista, no hace sino formular con rigor científico la meta que debe proponerse toda investigación exacta de la vida económica… El valor científico de tal investigación radica en la elucidación de las leyes particulares que rigen el surgimiento, existencia, desarrollo y muerte de un organismo social determinado y su remplazo por otro, superior al primero. Y es éste el valor que, de hecho, tiene la obra de Marx.»

Al terminar de reproducir este párrafo tan largo del autor ruso, Marx concluye.

«Al caracterizar lo que él llama mi verdadero método de una manera tan certera, y tan benévola en lo que atañe a mi empleo personal del mismo, ¿qué hace el articulista sino describir el método dialéctico?»

Llegados a este punto, Marx hace una diferenciación entre lo que denomina exposición e investigación.

«Ciertamente, el modo de exposición debe distinguirse, en lo formal, del modo de investigación. La investigación debe apropiarse pormenorizadamente de su objeto, analizar sus distintas formas de desarrollo y rastrear su nexo interno. Tan sólo después de consumada esa labor, puede exponerse adecuadamente el movimiento real. Si esto se logra y se llega a reflejar idealmente la vida de ese objeto es posible que al observador le parezca estar ante una construcción apriorística.»

Marx nos viene a decir que la investigación debe hacerse a partir de una visión dialéctica de la realidad objetiva. Hecha la investigación se puede exponer su contenido como una construcción a priori, pero los materialistas sabemos que no lo es. He aquí una de las diferencias entre el método de Marx y el de Hegel.

«Mi método dialéctico no sólo difiere del de Hegel, en cuanto a sus fundamentos, sino que es su antítesis directa. Para Hegel el proceso del pensar, al que convierte [20] incluso, bajo el nombre de idea, en un sujeto autónomo, es el demiurgo de lo real; lo real no es más que su manifestación externa. Para mí, a la inversa, lo ideal no es sino lo material traspuesto y traducido en la mente humana.»

Inmediatamente Marx nos recuerda que él, criticó antaño el método hegeliano cuando estaba de moda, pero ahora, que la moda ya ha cambiado, no acepta que lo traten como a «un perro muerto».

«Por eso me declaré abiertamente discípulo de aquel gran pensador, y llegué incluso a coquetear aquí y allá, en el capítulo acerca de la teoría del valor, con el modo de expresión que le es peculiar. La mistificación que sufre la dialéctica en manos de Hegel, en modo alguno obsta para que haya sido él quien, por vez primera, expuso de manera amplia y consciente las formas generales del movimiento de aquélla.»

A continuación Marx dejo caer su famosa teoría sobre la inversión de la dialéctica hegeliana.

«En él la dialéctica está puesta al revés. Es necesario darla vuelta, para descubrir así el núcleo racional que se oculta bajo la envoltura mística.»

Marx dice que en la lógica de Hegel chocamos con un caparazón que esconde un núcleo racional. El caparazón sostiene que la razón o la subjetividad, determina la realidad sociopolítica. El núcleo, en cambio, permite un análisis profundo de esta realidad. Es preciso, pues, dar la vuelta a esta cáscara y tener en cuenta que es el modo de producción lo que determina el proceso social, político e intelectual de la vida en general. Ahora bien, para el análisis de este modo de producción, es interesante emplear el núcleo de la lógica dialéctica que la cáscara mística escondia.

Al criticar la cáscara mítica y explicar que aquellos que primero consideraban la dialéctica hegeliana como una moda luego pasaron a tratar a Hegel como «un perro muerto», Marx utiliza una argumentación similar a la que ya había utilizado para explicar el rechazo burgués hacia la economía clásica, al entrar en la etapa donde el capitalismo se ha impuesto.

«En su forma mistificada, la dialéctica estuvo en boga en Alemania, porque parecía glorificar lo existente. En su figura racional, es escándalo y abominación para la burguesía y sus portavoces doctrinarios, porque en la intelección positiva de lo existente incluye también, al propio tiempo, la inteligencia de su negación, de su necesaria ruina, porque concibe toda forma desarrollada en el fluir de su movimiento, y por tanto sin perder de vista su lado perecedero, porque nada la hace retroceder y es, por esencia, crítica y revolucionaria.
El movimiento contradictorio de la sociedad capitalista se le revela al burgués práctico, de la manera más contundente, durante las vicisitudes del ciclo periódico que recorre la industria moderna y en su punto culminante: la crisis general. Esta crisis nuevamente se aproxima, aunque aún se halle en sus prolegómenos, y por la universalidad de su escenario y la intensidad de sus efectos, atiborrará de dialéctica hasta a los afortunados advenedizos del nuevo Sacro Imperio prusiano-germánico.»

Marx advierte que la cáscara idealista de Hegel es fruto de la realidad moderna, constituye la racionalización apropiada al modo de producción capitalista. Ahora bien, su núcleo cuestiona la continuidad de este modo de producción y pone al descubierto sus contradicciones. Es por ello que el pensamiento burgués la acaba detestando, aunque, tarde o temprano, se la deberá tragar.

«El movimiento contradictorio de la sociedad capitalista se hace notar de la forma más impactante al burgués práctico en las vicisitudes del ciclo periódico por el que pasa la industria moderna, especialmente en el punto culminante: la crisis general, que se vuelve a poner en movimiento, aunque todavía se encuentra en los estadios preliminares, y que por la universalidad del ses escenario hará entrar la dialéctica dentro y todo el cerebro de los traficas y trafolles del nuevo sacro imperio prusiano-alemán.»

Algunas frases de este epílogo y del primer prólogo, se han empleado para afirmar que Marx es determinista. Pero decir que el marxismo lo «reduce todo a la economía», es como decir que Freud lo reduce todo «al sexo».

Esto no significa negar la importancia de la base económica. Ahora bien, como hemos visto en este prólogo, Marx nos desvela como la organización social de la producción y la manera que tenemos de percibirla, está atravesada por la división en clases sociales y por la lucha entre ellas. Por lo tanto, Marx no se está refiriendo a unos fenómenos estrictamente económicos, o al menos no lo hace con las limitaciones propias de la economía vulgar.

Como explica Marx en el prólogo de la introducción a la economía política y como remarca de nuevo en este epílogo, hay una relación entre la base y las ideas que se pueden generar en cualquier momento. De la misma manera que no era posible viajar en avión hace mil años, tampoco existían entonces las condiciones para que surgiera la economía política o para que apareciera el proletariado y se propusiera llevar a cabo una revolución socialista.

Si no se quiere caer en el idealismo y se pretende analizar las relaciones y contradicciones sociales, debemos entender cómo estas relaciones y contradicciones afectan el punto de vista de los humanos y su conducto. Hay una lógica inherente dentro del sistema que impulsa la acción de la gente. Los empresarios no propugnan, por maldad, el empeoramiento de las cuestiones laborales, sino que lo hacen para poder obtener mayores beneficios y mejorar su posición. Si los trabajadores se organizan y realizan huelgas, no es para molestar a los capitalistas o a los usuarios de los servicios; es para poder trabajar en mejores condiciones y acceder a una parte superior de la riqueza material.

Por supuesto, algunas ideas pueden existir «antes de tiempo», pero no se pueden afianzar o convertirse en un verdadero fenómeno social capaz de cambiar el mundo a menos que se den las condiciones sociales para hacerlo. Esto Marx lo explica en varios casos. Lo hace, por ejemplo, en el capítulo primero de El Capital, al observar las reflexiones de Aristóteles hace miles de años, sobre la mercancía.

Por el contrario, las ideas reaccionarias que han prosperado gracias a formas de organización social ya superadas, también pesan sobre el presente. Precisamente, uno de los factores que nos impiden derribar todas las relaciones sociales existentes son las tradiciones del pasado de las que se ha apropiado la clase dominante del presente y que pesan como una losa sobre las mentalidades de la población.

Entonces, ¿qué relación existe entre la organización de la producción y la «superestructura» que incorpora la política, el derecho, la filosofía, la religión o el arte? Es evidente que la primera influye en la segunda. La cultura moderna, el sufragio universal y la política parlamentaria eran impensables en una sociedad feudal.

Es innegable que la evolución de la base económica incentiva muchos de los eventos sociales. Por ejemplo, el crecimiento de la burguesía bajo el feudalismo dio alas a la aparición de una nueva forma de cristianismo: el protestantismo. Más recientemente, a comienzos del siglo XX, el desarrollo del capitalismo industrial y la adopción de la forma de capitalismo monopolista crearon un impulso muy poderoso hacia el imperialismo y la división del mundo entre «grandes» potencias.

La concepción materialista y dialéctica de Marx es precisamente una buena manera de analizar las cosas y deberíamos ser capaces de aplicarla a los acontecimientos de hoy en día. En cambio, ahora parece que todo se quiere explicar vinculándolo a una u otra corrienten ideológica o religiosa o en la actuación individual de tal o cual persona maligna o angélica, según convenga a los poderosos y a sus creadores de opinión.

Nota:
1.- Las dos explicaciones originaries del libr primero, las encontramos la traducción al castellano de la edición de Siglo XXI (Apendice pag. 971).
Más artículos del autor
* LQSomos en Red

Deja un comentario

Nos obligan a molestarte con las "galletitas informáticas". Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar