¿Alguien me puede explicar qué es eso de la modernidad?

Días atrás dieron en la “tele” un programa (Somos jóvenes) homenaje a El Dúo Dinámico, con un repaso de sus éxitos musicales, derroche de agradecimientos por parte de estos dos señores y algunas intervenciones de colegas que compartieron el éxito en el tiempo con estos dos artistas.

Francamente, en estos casos se echan de menos las palabras críticas del profesional de la comunicación que sea capaz de situarnos -a estos o a otros en su lugar- en el contexto sociopolítico que vivieron aquellos sus dorados años, cuando millares y millares de jóvenes de ambos sexos se compraban todos, o al menos muchos de sus discos, cuando llenaban con sus actuaciones salas y auditorios, también cuando unas sencillas palabras dichas a tiempo en cualquier actuación en directo hubieran precipitado la toma de conciencia de millones de jovencitas de aquellas que acudían al quiosco de la esquina para devorar revistas, cancioneros y todo lo que girase en torno a la sin par pareja.

Joan M. Serrat llegó al extremo de afirmar incluso que el D.D. “representaba la modernidad”. Según puedo ver en su web, estos mozos graban su primer disco en 1959.

Desconozco las preferencias literarias, así como las fuentes de información a las que recurren Manolo y Ramón, pero en ése mismo año se ejecuta en Canarias -mediante el “garrote vil”- a Juan García, llamado “El Corredera”, huido por matar a un falangista que asediaba a su madre y a su hermana.

Aquellos que estamos a miles de años luz de Manolo y Ramón echamos de menos esa tarde las justas palabras de un Manolo Tena, por poner un ejemplo, que nos explicase qué estaba pasando realmente en el mundo mientras millares y millares de jóvenes se solazaban con el dichoso… ¡Oh!, Mari Carmen, qué guapa eres…

Mientras vosotros, desde Maurice Chevalier hasta Frankie Avalon; desde Raphael hasta Ricki Martin, Bustamante, Mari Trini, la “rutilante” Karina, con su El baúl de los recuerdos siempre a cuestas; Julio Iglesias y su siempre “comprometidísimo” repertorio, Bobby Darin, Lola Flores; mientras el “inmortal” Elvis nos enseñaba a mover las caderas, Rocío Dúrcal, Sacha Distel, Marujita Díaz, Gigliola Cinquetti, el repelente Georgie Dann y su ineludible “canción del verano”, la Massiel del “concienciador” La, la, la, la tierna Jeannette de No tengo edad…, etc., tantas veces adobados por las “sabias” palabras de J. L. Uribarri, Joaquín Prat o la Laurita Valenzuela de marras; los innumerables Alejandro Sanz, David Bisbal y Miguel Bosé que aún hoy mismo narcotizan a los pueblos, allí por donde pasan, con sus despreciables productos al servicio de la “causa”.

Mientras vosotros, decía, degustabais las mieles del éxito, en este país se torturaba, se aplicaba la pena de muerte a antifascistas como Julián Grimau, Enrique Granados, Salvador Puig Antich, Juan Paredes Manot, Ángel Otaegui, Ramón García Sanz, José Humberto Baena; se cazaba como a alimañas a Quico Savaté, a “El Manco de la Pesquera”, entre otros muchos; se enterraba en el mayor de los silencios a las autoridades republicanas y a los intelectuales en el exilio; se condenaba a largas penas de cárcel a sindicalistas como Marcelino Camacho, se reprimía cualquier forma de nacionalismo o de oposición que se ocultase detrás de la “senyera”, la “ikurriña” o la “tricolor”, reprimiendo las legítimas aspiraciones de estos pueblos a la autodeterminación; se nos impedía el acceso al conocimiento de nuestra historia reciente prohibiendo la entrada en el país de los libros de Ruedo Ibérico, así como la obra de M. Tuñón de Lara; se prohibían recitales de Paco Ibáñez, de Adolfo Celdrán y Pablo Guerrero…

Mientras muchos de vosotros os solazabais con la pasta de los premios, con potentes coches y chalés en la Moraleja o de cualquier urbanización con guardias de seguridad a la puerta que impidiesen el acceso a cualquier pordiosero o “terrorista” de O Bloque, en la España de Manolo Escobar se ejecutaba a 5 jóvenes antifascistas –herederos de aquel inquebrantable espíritu de los guerrilleros de antaño: desde Mariana Pineda y Riego hasta los indomables “hijos” de “Pasionaria” y de Manuel Azaña- por combatir al “tío” de El Pardo, así como a todas sus fuerzas represivas. Sí, en el Mundo, además de inventarse la “minifalda”, de las celebraciones con “folclóricas” y con buenos alimentos en el Palacio de La Granja cada 18 de julio; además de las celebraciones el Día de la Fiesta Patria en el palacio del torturador de turno en La Habana, en la República Dominicana o en el Palacio Nacional de Managua -mientas se aplicaba picana en la Escuela de Mecánica de la Armada-; además de que un hombre llamado Yuri Gagarin, a bordo de una nave espacial lanzada por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, daba su primer viaje espacial en nombre de la Humanidad y del Progreso -que no de Wall Street y los “mercados”, que se dice ahora-; se descargaban auténticas tormentas de NAPALM sobre Vietnam, se invadían los territorios libres del Sáhara, arrojando a la terrible hamada argelina a su población más insumisa; se producen revoluciones democráticas en Cuba, en Nicaragua, en medio África, en prácticamente toda América Latina; se arrojan sendas bombas en Hiroshima y Nagasaki; se asesina a Sacco y a Vanzetti, se masacra a los habitantes de los campamentos de Sabra y Chatila, se instalan gobiernos títeres en países castigados por el colonialismo, para así robarles a los pueblos las materias primas.

Mientras ustedes, cigarras, grillos de un sistema depredador y despreciable, se desgañitan ante esas sociedades que se debaten entre el hambre, el paro el hastío y las guerras, el Mundo, a pesar de esa maldición que sobre él pesa -que es el capitalismo más feroz-, camina se levanta, inventa remedios contra la devastación del SIDA y del cáncer, combate la ignorancia, el militarismo y la guerra.

Mientras ustedes escriben estériles canciones de amor y aburridas baladas destinadas a adormecer las conciencias de la masa trabajadora y de los pueblos mismos, otras gentes que bostezan ante la banalidad de sus letras exhiben banderas y pancartas, aquí y en Nueva York, en demanda de un nuevo orden mundial que no pase necesariamente por las ventanillas del Banco Mundial ni las del FMI.

Mientras ustedes escriben banales baladas para enriquecerse ustedes mismos, a las productoras, a los ejecutivos de la SGAE, centenares de niños buscan su sustento en los basurales del Mundo, fabrican prendas para las grandes marcas, se dejan la salud en las tintorerías y en las maquiladoras de China, Marruecos, India; trabajan de picapedreros en apartados lugares del Planeta donde no llegan sus tediosos balidos.

Mientras ustedes convierten el dinero de sus millonarios conciertos en lujosas mansiones para que por allí paseen después las cámaras de TV y los “periodistas” que alimentan a su clientela con papel couché a todo color; los príncipes, las princesas, los mismos coleguitas que se extienden en elogios para con aquellas letras tan “ingeniosas”, extraídas de esas mismas calles donde los menos afortunados duermen entre cartones, pero que no ponen en riesgo en ningún momento el estatus de ustedes ni el porvenir que les sustenta.

Mientras se “exprimen” ustedes el cerebro delante del ordenador para “parir” su próximo aborto seudocultural; mientras se mesan ustedes los cabellos buscando la inspiración para decirle a ella por enésima vez que se mueren de amor en su ausencia, que se detengan las horas del reloj y todas esas memeces; mientras contemplan las aguas de su magnífica piscina “en espera de la musa”, ahí fuera, criaturas de corta edad, ancianos y gentes de todas las edades mueren por millares, a diario, en apartadas aldeas de África que ni siquiera se mencionan en las guías Michelín ni en sus canciones, mueren de hambre, así, literalmente; y en las calles y en las plazas de estas nuestras modernas ciudades, los fracasados que no tienen sitio en sus “hermosas” composiciones duermen –a veces hasta mueren- bajo unos cartones, expuestos a la crueldad de los rigores del invierno.

Mientras ustedes incrementan cuantiosamente su patrimonio llevando el viento de sus “comprometidos” mensajes hasta las cálidas playas de Miami, una mujer que nunca tendrá una miserable línea en sus repertorios será brutalmente violada, otras sufrirán la cruel y tradicional ablación del clítoris antes de alcanzar la pubertad, aquella será asesinada y sepultada en cualquier estercolero de Ciudad Juárez, la de más allá caerá extenuada bajo el peso de esa criatura que murió en sus brazos, en su huída del mismo soldado rebelde que acribilló – quizás con un arma Fabricada en España– al marido y que después incendió la aldea.

Mientras vosotros sembráis vuestros trinos por un mundo azotado por las guerras, el hambre, el calentamiento global, la superstición religiosa, la migración; mientras vosotros contamináis a los jóvenes con vuestras “revolucionarias” canciones para hacerlos un poco más sumisos, si cabe, las gentes de aquí y de allá se movilizan para salvar un espacio natural de la codicia de las inmobiliarias, detiene un tren con residuos radioactivos, las grandes compañías saquean los grandes bosques de la Amazonía, contaminan y roban las aguas de los pueblos indígenas, ordenan a sus sicarios que asesinen a Chico Mendes, se extermina a los opositores hostiles al régimen de Marruecos -como en el caso de Ben Barka-.

Mientras vosotros os “ahogáis” en el éxito, las ciudades se incendian con las llamadas a la resistencia ante el fascismo que nos viene de fuera en forma de recortes de libertades y de ajustes económicos; contra los días del desempleo, la ignorancia, la explotación, la miseria y la marginación. Mientras vosotros armáis el triste esqueleto de vuestras caducas canciones sobre el papel –cadáveres culturales antes de nacer- a vuestro alrededor sucumben los viejos edificios nobles, las “dachas”, las escuelas rurales, bajo los bombardeos de la OTAN; se derriten como la cera de los cirios las hermosas edificaciones del románico florido, los “campaniles”, los templos donde ayer mismo se oraba por la paz en el Mundo.

Mientras vosotros levantáis el lamentable edificio de vuestros desmayados gorjeos, el campesino siembra una y otra vez la tierra; perfila, moldea, cuece el artesano la hermosa talla que ya tiene su sitio en el salón burgués, entre las sombras que el crepúsculo le va ganando a la tarde, mientras una racha de viento precipita una hoja que dibuja una espiral en el aire y una mujer se ajusta el pañuelo que le protege los cabellos, en cualquier bulevar devastado por el otoño.  

Pero, a pesar de vuestros lamentables lloriqueos, de vuestras insufribles letanías, la Vida sigue su marcha. El Mar devuelve a tierra los cuerpos de los ahogados en poderosas tempestades que no quiere para sí; la tierra, tras la anual sementera, nos regala sus partos de cereales, frutas, árboles que solo producen sombra pero que añaden belleza a un paraje; un hombre ama a una mujer, la insemina y unos meses después ha nacido otra hermosa criatura. La simple caída de una gota de lluvia sobre el surco, el trabajo de una sencilla abeja, tiene la virtud de producir más vida y más provecho que toda vuestra larga vida de éxitos.

Moderno es mantener, como se sostiene una bandera proletaria, estas páginas desde donde los pueblos más dignos y rebeldes le muestran los dientes a un sistema de barbarie que nos regatea un lugar digno en el mundo.

No sé exactamente si son modernos o clásicos pero, puestos a elegir, déjenme que les diga que, inmortales como el genio de Miguel de Cervantes o de William Shakespeare, son los ejemplos de Ernesto Guevara, César A. Sandino, Espartaco, Emiliano Zapata. Modernos, actuales, los luminosos y combativos poemas de Miguel Hernández, el gesto de la huelga de hambre de un Mahatma Gandhi para exigir la expulsión de los ingleses de India; esa mujer negra quese niega a abandonar el asiento de los blancos. ¿Qué es más moderno, ocupar un edificio vacio -a falta de un techo- o enriquecerse con la fabricación de proyectiles que quizás mañana puedan reprimir una huelga o una revuelta popular; morir con un fusil entre las manos y un ¡NO PASARÁN! en los labios o enriquecerse con los fondos públicos, ostentar una corona heredada de un cruel y sangriento dictador, mientras tu pueblo hace cola delante de Cáritas por un plato de lentejas y para pillar una cama en un centro de acogida municipal?

Modernos, eternos, de siempre: una composición de Manuel de Falla, Mark Knopfler, el gesto de no ir a recoger el Premio Nobel, en una señal de desprecio hacia quién lo mismo se lo da a Yasir Arafat que a Henry Kissinguer.

Moderno, el Guernica de Picasso, la actitud crítica de un Leonardo Boff y la Doctrina de la Liberación hacia el despotismo de Roma. El discurso de Saramago, la resistencia implícita en un poema de Benedetti, la inquebrantable solidaridad de Albert Camus hacia el ser humano; Brecht, Arthur Miller, Buero Vallejo, Robert Capa, Cesare Pavese, Rosalía, Violeta Parra, Víctor Jara, Silvio, Fidel, Pablo Milanés, Galeano, Marx… esos, si no modernos, son imprescindibles. Ustedes son otra cosa: productos perecederos.

Es terrible repasar tu biografía hoy y, mirando hacia atrás, comprobar que jamás fuiste detenido con la dictadura –sea aquí, en el Paraguay del señor Stroessner, en el Chile de Pinochet o el Portugal de Oliveira Salazar, que para el caso tanto da-, que jamás te prohibieron un poema o una canción, el diálogo o la escena de una película; que ningún policía vino jamás a llamar a tu puerta a las dos de la madrugada para registrar tu domicilio; que jamás firmaste contra esto y aquello de más allá; que tu piel no tiene memoria de un vergajazo en tal o cual “mani”.

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