¿Cuándo se jodió la educación?

Está de moda encolerizarse contra los recortes educativos de los gobiernos del PP. Sin embargo, no vayamos a pensar que hasta ahora la educación pública española era una joya.

Este título evoca aquella pregunta de una novela de Vargas Llosa: ¿cuándo se jodió el Perú? La sensación es que en algún momento del pasado ocurrió algo que torció el rumbo de la historia. Y de aquellos polvos vienen estos lodos.

¿Cuándo se torció el rumbo de la educación en España? ¿Por qué ocupamos los últimos puestos de Europa en nivel educativo y los primeros en fracaso escolar?

Ahora está de moda encolerizarse contra los recortes educativos de los gobiernos del PP. La mayor parte de estos recortes son injustificados y responden a una ideología neoliberal feroz mezclada con neoconservadurismo. Una ideología que tampoco debería sorprender a nadie, pues algunos políticos hacen gala de ella. Sin embargo, no vayamos a pensar que hasta ahora la educación pública española era una joya o un modelo de calidad.

En general, y por muy bienintencionada que fuese, la política educativa del PSOE estuvo viciada desde el origen. Los fundamentos teóricos de la LOGSE -su ley bandera- eran cualquier cosa menos incuestionables. La psicopedagogía que los acompañaba era muy discutible. Sin embargo, aquella ley pasó como un rodillo sobre la enseñanza española y quienes la criticaron fueron tachados de cavernícolas, aunque lo hicieran desde la izquierda.

La LOGSE trajo a la enseñanza burocratización y pedagogización. Relegó los contenidos en favor de los procedimientos y las actitudes. Dio protagonismo a las asignaturas complementarias y secundarias -por no decir vacías- en detrimento de las principales, como lengua o matemáticas. Pretendió educar de forma directa en unos valores -transversales- que sólo pueden transmitirse en la práctica y con el ejemplo (y eso suponiendo que se consideren positivos). Al final, tales valores se han acabado explicando acríticamente y han dado lugar a materias -Educación para la Ciudadanía es el mejor ejemplo- que convierten la clase en una catequesis laica y sólo sirven para fomentar la buena conciencia. Por último, aunque no menos importante, la LOGSE prolongó la escolarización obligatoria, dio carta de naturaleza a la promoción automática y auspició la proliferación de unas figuras satélite (orientadores, pedagogos, tutores, psicólogos, mediadores…) que en gran medida han socavado las funciones de los verdaderos profesores y contribuido al descenso de algo tan igualitario como el nivel de exigencia.

No es que absolutamente todo en la LOGSE fuera rechazable. El problema es que el espíritu general de la ley y la actitud triunfalista y autocomplaciente con que se implantó, aparte de la falta de realismo (incluso aceptando su bondad, nunca disfrutó de la financiación adecuada ni se aplicó de veras), la convirtieron más en un banderín de enganche progre que en algo capaz de afianzar un pacto educativo sólido.

Lo peor de todo es que la política educativa del PSOE, al alimentar el deterioro de la enseñanza pública, ha perjudicado a quienes supuestamente constituyen su base electoral. Aquellos cuyas familias poseen recursos económicos o culturales pueden protegerse de ese deterioro. A los demás se les hurtan las únicas herramientas con las cuales podrían compensar la falta de dichos recursos: una buena cultura general, una formación crítica y un conocimiento amplio y fundamentado del mundo en que viven.

Espero que nadie entienda lo anterior como una legitimación de los recortes en educación. No creo haberlo propiciado, pero las actitudes de algunos izquierdistas de piñón fijo rozan a veces lo increíble. El miedo a la derechona -como la llamaba Alfonso Guerra- ha funcionado y sigue funcionando para justificar cualquier cosa. Por lo demás, tampoco pienso que todo sea sagrado en el mundo de la enseñanza pública, ni mucho menos.

Desde luego, lo que se avecina no es mejor. No me extrañaría que volviéramos a la enseñanza separada por sexos o al castigo físico. O que los colegios públicos e institutos acabaran convirtiéndose en una especie de reserva india, al menos en ciertos barrios. Pero, en política, el maniqueísmo y el sectarismo sólo sirven para tragar lo intragable

* Publicado en La Haine

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