¿Hay alternativas?

El debate que nos quieren imponer es ¿Austeridad o crecimiento? No hay político, partido, sindicalista o periodista en los medios (y a sueldo) del régimen que no insista en argumentos en uno u otro sentido. Se trata, naturalmente, de un falso debate.
 
En resumen, los que están por la austeridad quieren más medidas para, manteniendo la estructura del estado, acabar con todo lo que recuerde al “estado de bienestar”, así que lo que implementan es más paro, más impuestos, desmantelamiento de la sanidad pública y, ahora, la bajada de pensiones que viene.
 
Los que dicen buscar el crecimiento buscan que la fiesta (la suya) no pare. ¿Que el Estado está superendeudado? ¿Que la deuda pública es del 100% del PIB y la total (pública más privada) sube más allá del 300%?…pues nada, lo que hace falta según ellos es… ¡¡¡doblar la dósis!!! Más liquidez, más compras de bonos (papelitos) por parte del Banco Central Europeo. Ya pagarán las generaciones venideras. Para estos, de lo que se trata es de poder seguir financiando este estado (en mantenerlo es en lo que coinciden con los “austeros”). Mantenerlo para seguir saqueándolo como han estado haciendo. A estos que están por el crecimiento los distinguirá porque siempre atacan a Merkel, pero nunca, nunca, a la política hegemónica de los Estados Unidos, como si sus subprime, su monstruosa deuda y su voluntad de seguir viviendo a costa del resto del mundo no tuviesen nada que ver con la crisis.
 
Hace unos días me entristeció que un veterano, conocido y honorable economista, exiliado republicano, afirmase en una conferencia a la que asistí, que había que conseguir que el Banco Central Europeo se convirtiese en una Fed (Reserva Federal estadounidense) a la europea. Su conferencia se titulaba: “Hay alternativas”. A estos niveles hemos llegado.
 
En medio, el gobierno español, con la doblez de siempre, aplica por un lado las medidas de austeridad que le vienen muy bien (subrayando, eso sí, que las “impone” Europa) y, a la vez que coge el dinero que viene de Alemania, lanza insidias contra Merkel y se pone al pairo rezando para que las políticas estadounidenses, apoyadas por Berlusconi, Letta (éste también miembro de siempre de la Trilateral) y un vacilante Hollande, logren imponerse (doblegando a Alemania).
 
¿Han notado cómo nuestro ministro de economía, antiguo presidente de Lehman Brothers en España ha salido la semana pasada en defensa del BCE de Draghi (antiguo de Goldman Sachs) en cuanto la Buba, el Banco Central alemán, le criticó por haber bajado los tipos de interés de 0,25 puntos? Por si no estuviese suficientemente claro o por si no fuese suficiente, el último martes han llegado refuerzos de parte de un antiguo presidente del gobierno, muy amigo de los intereses USA y que ya nos metió en una guerra.
 
El debate austeridad o crecimiento es un falso debate, pero ¿quién va decir que es verdad, que no podemos seguir viviendo como hemos vivido, que va a haber que hacer muchos sacrificios, pero sacrificios para nosotros y nuestros hijos, no en beneficio de los parásitos de siempre, que hay muchas cosas que no podemos permitirnos, que España siempre ha sido un país pobre?
 
¿Quién va a decir que sí, que a lo mejor no podemos crecer mucho, pero que podemos repartir mucho mejor, pero que para ello tenemos que salirnos del pacto tóxico que ha dominado este país desde la transición: el de un poder financiero (el de siempre, no se olviden, el del franquismo) y una clase política/sindical que ha asaltado el estado, con el telón de fondo de una sociedad que no ha querido ver lo que ocurría en esa charca de corrupción? Y, aunque alguien dijese que si no lo hacemos no podremos recuperar nuestra dignidad y que, además, si no lo hacemos no tenemos futuro, aunque alguien lo dijese, ¿de dónde van a salir las fuerzas para hacerlo? Porque eso nadie nos lo va a regalar y, en mi opinión, el tejido social se encuentra en estado de coma.
Vienen tiempos todavía más difíciles porque a nivel global las economías siguen en recesión y además los conflictos se van a agudizar. Los alemanes no van a parar de cuestionar en Europa la hegemonía americana, igual que los chinos en Asia/ Pacífico. Chinos y americanos siguen inmersos en una guerra de divisas (devaluaciones), a la que los japoneses se han sumado con medidas brutales. La maquinaria está lanzada. En cualquier momento esos conflictos pueden envenenarse y extenderse, los estadounidenses (con la ayuda de Israel y de Turquía) lo están intentando en Siria, al igual que en Corea, a la vez que preparan un gran cambio (en su beneficio) en América Central y del Sur.
 
¿Hay alternativas? Siempre las hay. Pero, en mi opinión no para mantener un mundo que se acaba, el de la hegemonía USA, el del crédito sin fin, el del desastre al que nos llevan los Bancos Centrales. Nunca se han construido alternativas mirando hacia atrás, intentado apuntalar lo que se cae. Pero, ¿de verdad estamos dispuestos a pagar el precio de un cambio real? Es lógico que luchemos por una sanidad mejor y por rescatar una educación que sigue siendo lamentable o por las pensiones, pero, ¿podemos olvidar que miles de millones de personas “viven” con un euro al día?
 
¿Cuántas manifestaciones ha habido en España para protestar (y exigir responsabilidades aquí o por el boicot de ciertas marcas) por los cientos de muertos, trabajadores/esclavos en aquella empresa (con capital español) de Bangladesh?, muertos porque los “empresarios” les obligaron a volver a un edificio que estaba en ruina y que acabó aplastándolos. ¿Salario?: 30 euros al mes.
 
Hace unos días, un amigo, técnico en una gran constructora de automóviles, me contaba la visita de un grupo de ingenieros indios de la misma empresa. En su país son unos privilegiados y viven muy por encima de la media. Trabajan doce horas seis días a la semana y tienen siete días de vacaciones al año. ¿Salario?: 100 euros al mes.
 
Ese es el mundo real. El capitalismo es, por desgracia, más fuerte que nunca. El resultado del endeudamiento extremo y de la creación sin límite de un dinero virtual, sin valor real, no puede ser feliz. Es responsabilidad de cada uno hacer una pausa y ponerse a pensar cuáles pueden ser las alternativas reales, tanto a nivel global, como individual, de cada uno. Sin esperar nada de ellos.
 
 

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