¿Se puede llegar a odiar a un comentarista deportivo?

Desconozco desde cuándo está ahí, pero tengo la impresión de que lleva toda la vida al frente de las noticias deportivas en TVE: sonriente, llena de optimismo, saludable (aunque ha ganado algunos kilos con la edad), luminosa, tras esas gafitas tan unidas a su irrenunciable sonrisa.
 
¿Por qué tengo la malsana impresión de que ya estaba ahí con el telediario del “extinto”; con el del Gobierno Arias Navarro, el de Suárez, el de Calvo Sotelo, el de Felipe González y los sucesivos? Ignoro si a vosotros os ocurrirá lo mismo.
 
Por su corta biografía en Internet compruebo que estoy equivocado, pero hubiera jurado que estaba ya ahí cuando aquellos “entrañables” David Cubedo, Ladislao Azcona y Pedro Macía; aquellos “bustos parlantes” de la “edad de oro” de la “tele” nos anunciaban la caída de algún camarada, el desmantelamiento de alguna célula del PCE, la ejecución de Grimau; aquellos “contubernios” de marras, en palabras del señor del Pardo, Fraga y el almirante; la apertura de relaciones con la Unión Soviética, la llegada del Hombre a la Luna, los triunfos de aquellos “comprometidos” ases de la canción, del toreo y del deporte: Manolo Santana, El Cordobés, Manolo Escobar; los días del Capitán Tan, Valentina, Locomotoro y Narciso Ibáñez Menta, así como las inefables y “pedagógicas” horas con el “Un dos tres, responda otra vez” de marras.
 
Han “caído” del Telediario -o de la “casa”- nombres como Georgina Cisquella, Pepa Bueno, Felipe Mellizo, Ángela Rodicio, aquellos hermosos rostros (he olvidado sus nombres) de mujer que nos remitían a los resultados de la Bolsa y nos relataban lo que ocurría en la Audiencia Nacional. Cayeron los gobiernos de Zapatero, Gadafi, George Bush, (padre e hijo); murió Yasir Arafat, Saramago, Delibes, Manuel Azcona; Marruecos invadió los territorios del Sáhara Occidental, Israel llevó a sus colonos hasta más allá de donde lo permite la paciencia del pueblo palestino; a la guerra del Golfo siguió la de Afganistán…pero ella sigue ahí, relatándonos los éxitos del Barcelona y del Madrid, como en los mejores tiempos de Matías Prats (padre), enumerándonos los éxitos cosechados por la selección tal en tal o cual país. Digérase que su beatífico rostro ya estaba ahí cuando se implantó la “tele” en España, mucho antes de que un compañero suyo le anunciara al Mundo por ese medio que los comunistas ya éramos “legales” en  nuestro propio país.
 
Erigieron a Nelson Mandela presidente de su propio país, cayó el gobierno de los sandinistas en Nicaragua, cambiaron de gobierno en el Reino Unido, en Francia, en Colombia, en Brasil, en Alemania; cayó Berlusconi, el presidente del FMI, el de BANKIA; se arroja la gente al  vació en el momento en el que un funcionario le va a comunicar su desahucio, cierran empresas, se deslocalizan otras, la gente bucea en los contenedores de desechos de comida, se “socializan” alimentos en Mercadona, se anuncian EREs en Iberia, sube el IPC, cae la bolsa, sube la Prima de riesgo; al Papa Wojtyla le sucedió Ratzinger…pero ella sigue ahí, impecable, inasequible al desaliento, inalterable; dándonos la noticia del hundimiento deportivo del Betis o de la Unión Deportiva con la mismísima carita de ángel que lo hace cuando nos anuncia el abultado medallero de la “roja” tras los últimos JJ.OO.
 
Supongo que, como tantos y tantos profesionales, está ahí para hacer su trabajo. Pero jode, tantas horas de fútbol, de baloncesto, de raquetas para aquí y para allá; de tanta marca, tanto tío millonario contándonos sus éxitos, sus “miserias”, cuando tienen una lesión, en tanto el País cae hecho pedazos a los pies de cuatro desaprensivos y las gentes muestran el cabreo nacional en calles y plazas (tantas veces, negado por esa pequeña pantalla que se empeña en mostrarnos una España “normal”). Como en tiempos del General, se niegan, se escamotean las hostias a la gente a manos de la Policía, se ningunean las manifestaciones y las movilizaciones: “aquí no pasa nada; esto es una democracia orgánica; todo son inventos y maledicencias del extranjero y de la Pirenaica, de la masonería y de aquellos que no pueden admitir que España es diferente y vive sus momentos de mayor bienestar y prosperidad”. 
 
Es verdad que jode esa imagen de normalidad, desde la sonrisa, totalmente de espaldas a la de aquellos que mendigan un puesto de trabajo en la oficina del INEM, hasta esa mujer recién llegada del continente africano buscando un espacio en nuestro país, con un pequeño bulto humano a las espaldas.
 
Me hacen daño esos estudios fastuosos que con tanta facilidad se reconvierten para una entrevista con el Presidente del Gobierno, con el líder de la oposición, con el empresario de la CEOE. Me hace daño tanta luz, tanto despliegue de medios, tanta aparente afabilidad, mientras, a nuestro alrededor, Vicente Romero nos acerca cifras, paisajes, nombres de países, imágenes que no parecen de este planeta: gentes disputándose con los buitres un trozo de sandía en cualquier basural del Mundo, soldados custodiando -cuando no torturando- a supuestos terroristas que, en otras circunstancias, bien podríamos ser nosotros mismos, y  que más bien parecen guerreros llegados de otros mundos; criaturas de corta edad comidas por las moscas, por la desnutrición y por la enfermedad; escombros que hasta ayer mismo fueron ciudades con niños, con mujeres caminando al mercado o a la oración diaria, con hombres que se afanaban en mercados, en tareas para sacar a su prole adelante… 
 
Cuando algunos vemos ese espacio de los deportes en TVE, tenemos la impresión de que no existe cosa más grande que el “PLANETA DEPORTE”: escapamos de la realidad de este planeta para entrar en la realidad virtual del esférico, el “open”,  la canasta: no existen las cifras del paro, no se producen los temidos desahucios, no hay fracaso escolar, hoy no se privatizó nada, nadie escribió un excelente libro, hoy no se cerró ninguna librería ni se levantó un metro más el muro entre la miseria y la indiferencia; hoy no murió de tristeza ningún viejo poeta ni se apagó la voz del filósofo, el sociólogo que nos mantenía en vela ante la injusticia; no existe Guantánamo ni la Cárcel Negra de El Aaiún, no existe Wall Street ni la CIA; el señor Morenés juega inocentemente al parchís con un vecino que es de CCOO, tras una dura jornada en la pizzería, donde trabaja de repartidor con su propia moto; el señor Rouco Varela no ha dicho una nueva barbaridad acerca de la familia ni de las relaciones entre los hombres y las mujeres de este país; no se evadió ninguna fortuna, no existen los “paraísos fiscales”, no se produjo ninguna huelga, no se produjo ningún nuevo recorte en los servicios sociales… Tras unos minutos de “desasosiego”, con presidentes negros que ganan elecciones en su propio país, con guerras distantes, con desgracias y terremotos en la remota América Latina y dimisiones que “nada tienen que ver con nuestra realidad nacional”, entramos en un espacio que, si fuéramos mal pensados, bien se podría creer que fue diseñado para hacernos olvidar las imágenes anteriores y para irnos ya sedados a la cama, a disfrutar de unas más que merecidas horas de descanso. No falta si no la voz en “off” que nos anuncie: buenas noches, miembros de la Comunidad.
 
Bueno, en realidad yo solo quería recomendaros que leyerais una vez más Fahrenheit 451, de Ray Bradbury.
 
Buenas noches, ciudadanos.           
          

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