Iturgaiz, reestreno para cinéfilos…

Joan Martí*. LQS. Febrero 2020

Iturgaiz, el fascista recalcitrante, lactante del presupuesto público que en los ratos libres campeaba por la 18ª autonomía española (Venezuela). El increíble suceso del hombre que sin querer votaba con los codos, reestreno para cinéfilos amantes del mejor …

Se puede ser bastardo y recalcitrante, como el personaje de Tom Sharpe, o fascista recalcitrante abonado al presupuesto público, como este hombre. La recalcitrancia -valga el palabro- le viene de vivir acunado en el presupuesto público desde 1991, o sea, 30 años a fecha de hoy, de suerte que desde la tierna edad de los 26 el profesor de acordeón no ha dado palo al agua, medrando de concejal, en el congreso, las juntas vascas, el parlamento europeo y aquí y allá sin que ni dios haya podido sacarle un mísero jornal en la sociedad civil.

Acaso uno de los personajes más reaccionarios y siniestros de la política española, y conste que hay muchos. Fascista por toda definición. De la mejor tradición de Aznar y Mayor Oreja, otros dos de cuidado, y acaso la demostración empírica de que la democracia española es manifiestamente mejorable cuando permite medrar a estos personajes.

Está en las hemerotecas su biografía, dones, vida y milagros, por lo que no vale la pena relatarlos. Si acaso una pequeña reseña de los sucesos extraordinarios que han jalonado la vida política de este santo varón y que conmovieron nuestra fe y creencias democráticas y de las otras.

Dicen que San Pedro consiguió andar sobre las aguas en el lago de Genesaret, pero él consiguió votar con los codos, que tampoco es moco de pavo. Y, si bien no sobre el agua, también él consiguió levitar unos segundos de puro shock al entrar en un recinto, ante el asombro de periodistas, público y filisteos maravillados por el milagro. También resulta que dejó su impronta en Caracas, intentando dar unas clases de democracia y codología como parlamentario europeo curtido en eso de las votaciones. Todo en él es santidad, dicen su adláteres, quienes ahora le han repuesto en sus queridas vascongadas como látigo de infieles y euskaldunes, que seguramente son lo mismo.

Aquí le vemos en 2003 votando «por mi y por mi compañero», como si estuviera jugando a parao o al pilla que te pilla, votando por él y por Mayor Oreja y además con los codos -dijo-, haciendo buena la regla esa de la democracia de un hombre dos votos… O sea, que su moral y honestidad a prueba de bombas, como puede verse. (Información más detallada, cilc aquí)

Aquí parece que andaba distraído pensando en la 18ª autonomía española, o sea, en Venezuela y sus problemas, y en su intervención desinteresada para arreglarlos, y en esas levitó y se le fue el santo al suelo…

Por último, le recuerdo en Caracas, en noviembre de 2006, fungiendo de parlamentario delegado de Europa, luciendo rutilante un chaleco verde oliva y su insignia azul y estrellas de la UE, con la misión de comprobar la limpieza del proceso electoral venezolano. Después de haberlo visto aquí votar por dos y con los codos, su cualificación y pericia para la misión era innegable, eso es cierto.

El caso es que el hombre iba con otro parlamentario, creo recordar que danés, cuando llegó a la barriada de Petare, núcleo rojo rojito del chavismo y al pasar por la cola de votantes que esperaban para acceder al recinto de las urnas fue reconocido por alguien que le espetó: «Eh tú, a qué vienes aquí, gallego, a enseñarnos a votar como tú, como votáis en España…, a dos manos, con los codos? Eso es lo que nos quieres enseñar? Lárgate a España, anda, escuálido, que aquí no queremos gente como tú…»

Obvio es decir que el hombre interrumpió súbitamente su misión inspectora y tras unas palabras con el colega danés salió del colegio electoral como alma que lleva el diablo entre las risas de los votantes que hacían la cola.

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