Je suis hypocrite

Guadi Calvo*. LQS. Octubre 2020

El pueblo francés una vez más reaccionó frente a este ataque brutal a lo que consideran la libertad de pensamiento, de expresión, de prensa… una vez más como sucedió con los ataques a la revista satírica, aparecieron los carteles donde aparecía el ya icónico Je suis…

Entre las restricciones a las que se ve obligado el gobierno francés dado el rebrote del coronavirus, que ya ha provocado unos 34 mil muertos, las autoridades han impuesto un severo toque de queda, entre las 9 de la noche y las 6 de la mañana, desde el pasado sábado 17 de octubre, que se extenderá durante las próximas cuatro semanas, con la posible prolongación de dos semanas más. Abarcando junto a la región de París, a otras ocho grandes áreas metropolitanas: Lille, Saint-Etienne, Toulouse, Lyon, Aix-en-Provence-Marsella, Montpellier, Grenoble y Rouen. La disposición afectará a cerca de veinte, de los 67 millones de habitantes.

Las restricciones comienzan en el momento en que todavía resuenan los gritos del profesor Samuel Paty, de 47 años, profesor de historia y geografía del Collège du Bois-D’Aulne de Conflants-Sainte-Honorine, un suburbio al noroeste de París, de unos 35 mil habitantes, decapitado el pasado viernes 16 de octubre por un hombre armado con un cuchillo de 32 centímetros y una pistola de aire comprimido o Airsoft, que llegó al Collège a media tarde, preguntando a los alumnos por el profesor Paty.
Después de alcanzarlo, proceder a la decapitación, para terminar, subió las fotos del crimen a Twitter con un mensaje, no por reiterado menos espeluznantes: “En el nombre de Allah, el todo misericordioso, dirigido a Macron, el conductor de los infieles, he ejecutado a uno de tus perros del infierno que han osado burlarse de Mahoma”.

El asesino es Abdulak Abuezidovich, un checheno de 18 años, nacido en Moscú, que vivía legalmente en Évreux, a unos 80 kilómetros del lugar del asesinato, a quién en marzo pasado se le había otorgado una residencia como refugiado por diez años, lo que implica que no tenía antecedentes policiales, ni estaba considerado como un radical.

El joven fue ejecutado por la policía, al recibir nueve disparos por parte de los tres agentes, en proximidades del lugar del ataque, cuándo el agresor se acercaba a ellos disparando sus capsulas de gas.

El fiscal nacional contra el terrorismo de Francia, Jean-François Ricard, informó que once personas fueron detenidas, tras los primeros resultados de la investigación, incluidos los padres, los abuelos, y un hermano de 17 años, además del padre de una de las alumnas de Paty, quien lo había denunciado a las autoridades y en círculos de la comunidad islámica por haber anunciado a su clase que iba a mostrar las imágenes similares a las publicadas por el semanario francés Charlie Hebdo, donde se ridiculizaban al Profeta, lo que provocó los ataques de enero de 2015, contra la redacción del hebdomadario, en el que murieron doce personas, la mayoría miembros de la redacción del Charlie, incluido su director Stéphane Charbonnier.

Tras las denuncias del, ahora también detenido, padre que inició la virulenta campaña en las redes contra el profesor Paty, tras los que comenzó a recibir insultos y amenazas acusándolo de difundir pornografía. Además, el furibundo padre fue personalmente a la escuela para quejarse del maestro y reclamar su expulsión del centro educativo.

El profesor Paty, quien finalmente exhibió esas imágenes, blasfemas para cerca de unos 1500 millones de fieles, había advertido a sus alumnos de unos trece años, sus intenciones a principio de octubre, por lo que aclaró que quien pudiera estar en descuerdo o sentirse afectados por ese hecho, podrían abandonar el aula o simplemente mirar para otro lado.

El fiscal Ricard dijo que, en el teléfono de Abuezidovich se encontraron varios textos con lo que se convalida su responsabilidad.

El profesor Paty, dispuesto a desafiar al radicalismo religioso a pensar no solo de las denuncias y las amenazas en su contra, sino de los hechos efectivos como los ataques contra dos empleados de una productora cinematográfica, que ahora ocupan las oficinas de Charlie Hebdo, donde se produjo la matanza de 2015, hecho por el que fue detenido un pakistaní, al igual que el checheno, también de 18 años.

Desde el ataque de 2012 contra una escuela judía en Toulouse, Francia sufrió más de cincuenta actos vinculados al terrorismo islámico, los que han dejado 290 muertos.

El ataque del viernes, parece haber colmado la paciencia de las autoridades francesas por lo que ha puesto en marcha además de una profunda investigación para saber si el joven checheno actuó solo o era parte de una organización, posiblemente de más nombres para agregarla a la lista de 231 extranjeros sospechosos de tener vinculaciones con alguna clase de fundamentalismo religioso, que ya están en la mira de las autoridades para ser detenidas y expulsadas del país.

Con este nuevo ataque más allá de si el joven checheno haya pertenecido o no a una organización terrorista, todas las agencias de seguridad europeas, habrán entrado en máxima alerta, ya que, sin duda por simple imitación, alguno de los millones de musulmanes que viven en Europa intentará replicar ese hecho, como ya ha sucedido en otras oportunidades.

Es dolor solo cuando es propio

El pueblo francés una vez más reaccionó frente a este ataque brutal a lo que consideran la libertad de pensamiento, de expresión, de prensa… una vez más como sucedió con los ataques a la revista satírica, aparecieron los carteles donde aparecía el ya icónico Je suis esta vez cambiado el Charlie Hebdo, por unos más anónimos Je suis Samuel, Je suis Blasphème, Je suis enseignant o Je suis Prof, con el que expresaban su solidaridad e indignación por la muerte del maestro, quién a falta de mejores elementos, acaba de realizar el más extraordinario trabajo practico, quizás, de la historia de la docencia. Arruinando sin ninguna duda y para siempre la cabeza de cientos o miles de alumnos franceses que sin duda no entenderán, ni se les enseñará la ya larga cadena de accidentes que se sucedieron para que un muchacho tan igual a ellos, haya decidido liquidar a un profesor, que creía cumplir con su misión olvidando la responsabilidad de su país, para que unos cuantos miles de esos 1.500 millones de musulmanes consideren que la mejor manera de solucionar una diferencia sea rajándole la carótida al presumible ofensor al grito de Allah Akbar.

Para no ir profundo a la historia y desempolvar por ejemplo las hazañas perpetradas por la France, en la guerra de Argelia, donde los heroicos legionarios franceses exterminaron a miles de aldeanos en las montañas de la Cabilia, ahogándolos con el humo de las fogatas que encendían en las entradas de las cuevas donde se habían refugiado de los bombardeos, bloqueándoles la salida o cómo solucionaron ciertas huelgas de los carboneros en Vietnam, o sus pactos con la dinastía genocida alauita de Marruecos, para permitir masacrar al pueblo saharaui, para despojarlos del territorio que les pertenece.

Quizás alcanzaría con recordar apenas ocho años atrás, cuando la intervención francesa, en el norte de Mali, le arrebató una vez más al pueblo Tuareg, la posibilidad de la creación por fin de su mítico Azawad, y encendiendo una guerra, que no solo todavía continua, sino que, desde el norte de Mali, ya se ha desbordado a cuatro naciones del Sahel.

Por aquello nadie marchó por las calles de Paris con un cartel diciendo Je suis touareg, saharien. Por no hablar de la guerra contra Libia y el coronel Mohammed Gaddafi, que, junto a Estados Unidos, inició el propio Nicolás Sarkozy, entonces presidente, para ocultar haber sido financiado por el coronel en su carrera a la presidencia en 2007: la tragedia en Libia, que todavía sigue generando ríos de sangre. Es bueno apuntar que Sarkozy, el mismo que en 2005 trató de escoria a los jóvenes que protagonizaban las protestas en las banllieues de las grandes ciudades francesas, en estos momentos se encuentra procesado por esta misma causa en los tribunales franceses. En aquel momento 2011, nadie escribió con lágrimas Je suis Libye.

Y así podríamos continuar un largo rato contados los grandes logros de la política exterior francesa, aunque si quisiéramos volver y patinar sobre el filo del cuchillo del checheno Abuezidovich, y con honestidad llegar a trazar las líneas para descubrir el verdadero dueño de aquel cuchillo, hacer la trazabilidad de toda esta porquería, sin duda las líneas nos llevarían a Riad, donde su monarquía corrupta, que con concupiscencia, se ha convertido en el mejor cliente de occidente desde aviones de última generación a abre latas de alta gama, son los verdaderos responsables de haber puesto miles de armas en las manos de tanto jóvenes, que saben que la única manera de tener una vida mejor aquí en la tierra, sea jugar la suya por los dólares que el poder internacional paga para articular sus políticas.

Aquello se inició en Afganistán en los ochenta y lo siguen probando, como lo han hecho y siguen haciendo en Palestina, en Siria, en Irak, en Yemen, en Chechenia, en Filipinas y por lo menos una docena de países africanos, donde el poder, el interés y la manipulación de fé, se maridan de una forma extremadamente siniestra.

Muchos de los que hoy marchan compungidos con esos cartelitos en Francia, en verdad tendría que llevar uno que solo dijera Je suis hypocrite.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional

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