Keynesianos y marxistas

Keynesianos y marxistas
En algunas ocasiones he sugerido que en las condiciones actuales de hegemonía del neoliberalismo, puede ser interesante la coincidencia entre keynesianos y marxistas, sobre todo cuando permite impulsar un movimiento amplio a favor de determinadas reformas.
 
Sin embargo, no se puede olvidar que los posibles puntos de coincidencia se dan entre formulaciones teóricas diferentes detrás de las cuales, además, se esconden intereses de clase opuestos.
Los keynesianos tienen su propia teoría del subconsumo y del desempleo, y pretenden reparar estas dos taras del sistema. Pero sus propuestas teóricas están pensadas para reformar el capitalismo y garantizar su continuidad.
 
Los marxistas, en cambio, no compartimos este punto de vista teórico, porque sabemos que las medidas que sugieren los keynesianos no permiten poner fin al paro masivo y las crisis del capitalismo. Además, la experiencia de los últimos años nos enseña que no hay que perder mucho tiempo discutiendo sobre reformas económicas cuando el sistema no está dispuesto a aceptarlas. Esto no quiere decir que no aboguemos por las reformas, pero lo hacemos con la intención de lograr un cambio más fundamental.
 
El problema, es que ahora mismo no hay ningún movimiento popular significativo que cuente con la posibilidad de imponer las reformas de tipo progresista aunque si que hay reivindicaciones parciales y movilizaciones puntuales. Si existiera un movimiento reformista, sería fácil darle apoyo, intentar radicalizarlo y convertir la lucha por la reforma en una combate antisistémico.
 
Durante el siglo pasado, en Europa estuvimos muy pegados a la lucha por las reformas y se consiguieron algunas mejoras importantes. Pero ahora es difícil no darse cuenta de que las reformas logradas se han erosionado con el retroceso en la conciencia revolucionaria de las masas. Este pasado reformista reciente ha dado lugar a falsas esperanzas, como se puede ver ahora mismo con las demandas genéricas de "un nuevo modelo productivo" y los cantos de sirena favorables a las políticas interclasistas "para salir de la crisis".
 
El elemento central de la coyuntura actual es la tendencia general hacia la deformación, o sea, hacia la destrucción de las reformas del pasado. Por eso, cuando la socialdemocracia o incluso la derecha incorpora alguna pequeña reforma, inmediatamente se expande la retórica reaccionaria para hacerla fracasar.
 
En el primer volumen de El Capital, Karl Marx analizó el funcionamiento del sistema capitalista. Una de las aportaciones más sugerentes de Marx es la demostración de que el desempleo es necesario para el sistema. Keynes, en cambio, creía que el pleno empleo se puede lograr si el gobierno toma las medidas adecuadas. Esta teoría de Keynes ha sido abrazada por buena parte de los sindicatos y los socialdemócratas, ya que abren la posibilidad de que el futuro no sea "tormentoso".
 
La demanda de políticas "de pleno empleo" sigue teniendo un gran potencial movilizador, al ir asociadas a la estabilidad laboral y al desarrollo de la negociación colectiva. Ambas reivindicaciones permiten un cooperación coyuntural entre keynesianos y marxistas y pueden dar lugar a importantes movilizaciones secundadas por el movimiento sindical, pero el apoyo de esta reivindicación no puede llevar a los marxistas a actuar como unos ilusos.
 
Keynes, se opuso a la "Ley de Say", que parte de la suposición de que las personas gastan el dinero a medida que lo adquieren con lo que la producción y la venta siempre se mantendrán en equilibrio. Pero nadie está obligado a comprar inmediatamente, cuando acaba de vender y, por tanto, puede haber un intervalo, una ruptura entre la venta y la compra.
 
Marx había visto esto mucho antes. En la contribución a la crítica de la economía política, al explicar las funciones del dinero, Marx recuerda que a veces, por razones diversas, el vendedor puede preferir atesorar. Si esto se extiende a muchos sectores de la economía, la escisión Mercancía-Dinero se agranda y se abre la posibilidad de las crisis.
 
Keynes, como Marx, reconoció que en tiempos de depresión los capitalistas sólo deciden invertir para expandir la producción si hay posibilidades contrastadas de vender los productos y obtener con ello un beneficio "adecuado". Marx anticipó que mientras no se dieran estas condiciones, los capitalistas optarían por el "acaparamiento". Keynes utiliza el término "preferencia por la liquidez", que indica que en una situación de incertidumbre los capitalistas prefieren mantener su dinero en efectivo o su equivalente, hasta que se supere la turbulencia.
 
A pesar de estas coincidencias, como decíamos al principio, Marx y Keynes llegaron a conclusiones diferentes. Marx demostró que bajo el estímulo de la competencia por el mercado, la industria capitalista siempre está tratando de reducir los costos de producción mediante la utilización de maquinaria que desplaza y precariza la mano de obra, creando así el desempleo, lo que le permite aprovechar esta situación para expandir las industrias y para contener los salarios. Para Marx, las crisis periódicas son inevitables e igualmente es inevitable que al darse la recuperación la burguesía siga empeñada en incrementar la explotación.
 
Keynes, en cambio, consideraba que el gobierno puede llevar a cabo su propia inversión para ampliar el consumo contribuyendo a que la recuperación se acelere y puede alargar esta actividad asegurando que el empleo crezca garantizando trabajo para todos.
 
Los treinta años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, hicieron abrigar la esperanza de que las previsiones de Keynes podían ser ciertas. Sin embargo, no hay que olvidar que uno de los principales factores que en aquellos años ayudó a estimular la inversión y la creación de empleo fue la demanda derivada de la destrucción durante la Segunda Guerra Mundial y un auge de la inversión inusualmente prolongado. Al entrar en los años setenta, el Keynesianismo tuvo que contemplar como de nuevo se producía una grave crisis y como el desempleo aumentaba. A partir de ese momento, la reputación de Keynes ante los capitalistas ha disminuido, pero aún cuenta con muchos adeptos entre los que viendo la catástrofe actual, intentan salvar el capitalismo.
 
Las teorías de Marx, en cambio, siguen ofreciendo un instrumento irrefutable para comprender el funcionamiento del sistema. De ahí que sea tan importantes reencontrarnos con ellas para organizar la lucha y recuperar el tiempo perdido.
 
 

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