La esquizofrenia del PSOE

El último mea culpa del partido socialista ha llegado de la mano del expresidente Felipe González. Ahora, en 2011, después de más de 30 años de presencia activa en la vida política española, se le ocurre arrepentirse de los conciertos educativos. No es de extrañar que un militante de izquierdas (supuestamente de izquierdas), hable en esos términos de lo que muchos consideramos la gangrena de la educación pública. Pero que lo haga un expresidente que ha tenido la oportunidad de acabar con esta práctica no se entiende.

Los conciertos en educación, herencia franquista que el socialista Maravall adecentó para que pasaran por propuestas democráticas, sólo existen en España. En el resto del mundo desarrollado encontramos educación pública o educación privada, esta última una minoría en la mayoría de países.

Tal vez González nunca pensó que la derecha más recalcitrante de este país fuera a usar los conciertos como artimaña para privatizar la educación. En este sentido, se podría hasta comprender su arrepentimiento. Lo que resulta injustificable es que González diga esto mientras en las CC.AA. donde gobierna o ha gobernado el socialismo los concertados no merman, sino que crecen o se mantienen (un 80%, por ejemplo, durante la última década en el caso de Andalucía).

Sería muy novedoso que el PSOE se decidiera claramente por la supresión de los conciertos educativos. Podría ir ensayando en los lugares en los que gobierna. El País Vasco cuenta con el mayor porcentaje de centros concertados de toda España y ahí gobierna actualmente el señor Patxi López ¿verdad?

Nos preguntamos si en esos “arrepentimientos” entran los acuerdos con la Conferencia Episcopal, ya que la religión católica no sólo se cuela en los centros concertados (donde la mayoría son religiosos y en algunos casos pertenecientes a sectas ultracatólicas), sino que campa a sus anchas en los centros públicos, con  profesorado contratado directamente a través de la Conferencia Episcopal y grupos con poco alumnado, mientras que asignaturas optativas requieren un número mínimo de alumnos y alumnas para crear un grupo. No hablamos solamente de privatización, sino de adoctrinamiento en un Estado supuestamente “laico”.

Pues nada, pónganse manos a la obra y acaben de una vez con esta lacra que, en lugares como Madrid, de la mano del PP, roe día a día la educación de todos/as.

* Publicado en “Soy Pública”

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