La Misión de Pich, el extraterreste

Lo encontré por la calle. Venía malamente preparado para su misión, yo creo que por las prisas. Le habían dado apariencia humana, sí. Parecía un hombre, bajito, de pelo ralo por no decir calvo del todo… pero en la nave nodriza le habían puesto un par de tetas como si efectivamente fuera la nodriza de toda la nave. Un desajuste de programación. O sea que para cumplir una misión secreta daba demasiado el cante. Sólo sabía decir una frase: “¿dónde centro de Tierra?”, que me repetía insistentemente. Yo traté de explicarle, pero una y otra vez me volvía a hacer la pregunta, mientras me miraba con cara de desconcierto (esta sí, muy lograda). Recurrí a mi segundo idioma, y comencé a hacerle gestos señalando hacia abajo. Volvió a mirarme como no comprendiendo que lo que le habían mandado a buscar era algo que cabía en mis zapatos. Con la boca ya seca, entré en un bar. Y él conmigo. Una cosa llevó a la otra, como siempre ocurre, y al final se quedó en mi casa. Y ahí sigue. Hace ya de esto tres meses.

Me ha dicho el nombre de su planeta, que suena como a ruso, y no he podido aprendérmelo. Pero vamos, que no se estaba hormonando, como pensé al principio, sino que es extraterrestre, como sospeché luego, a las dos o tres semanas de conocerlo. Y se llama Pich.

Es más listo que el hambre. Ha aprendido el idioma en un plis. Parece un académico. Lo que no aprende es a mear dentro de la taza. Sigue con el tema del centro de la Tierra. Y ya sé por qué. Resulta que sus científicos han previsto que dentro de 315 años nuestro planeta colisionará con el suyo. Yo le digo que será al revés, que el suyo colisionará con el nuestro, pero a él esos detalles le importan un pimiento. Pasa del mecanismo del seguro a terceros. El caso es que le han enviado para que coloque una carga explosiva en el centro de la Tierra, la reviente y evite así el choque.

Amenacé con delatarle a las autoridades, pero me hizo una propuesta que no pude rechazar. El cabrón sabe mis puntos débiles: el fútbol y la bonoloto. Sueño con la décima y con llevarme el bote acumulado. Él, a cambio de mi silencio, me ofrece la combinación ganadora. Yo dudaba, pero me dijo que si sabía lo que iba a pasar dentro de 315 años cómo no iba a saber lo que pasaría en una o dos semanas. El cabrón tiene argumentos para todo. Le dije: “¡Pero es que vas a reventar la Tierra!”. Y me contestó: “¡Y a tí qué te importa si vas a ser rico!”. Y es verdad, que reviente, si ya está casi reventada. ¿A quién le importa el futuro de la vida en la planeta cuando se tienen los bolsillos llenos? Pich sabe cómo conquistar el alma humana.

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