La revolución del pensamiento

Desde noviembre del año pasado no he escrito más artículos. Como ya anuncié me quise dedicar a terminar una novela con la que llevaba nueve años. Me queda corregir una parte. Iba a esperar a la vuelta del verano para comenzar con los artículos semanales, pero necesito expresar lo que percibo sobre la manipulación atroz de acontecimientos dramáticos, que se hace con una desfachatez total. 
 
Y reflexionar ante la inercia en la que ha caído la lucha social. Antes de cualquier acción es preciso pensar sobre lo que está sucediendo y analizar cómo sucede la dominación, mediante la cual se encauzan nuestra conducta y pensamientos. Aunque a nivel personal hay mucha gente que plantean cómo nos arrastran desde los medios de comunicación, es necesario un espacio colectivo para una acción social que pueda tener repercusiones. Antes de la revolución política, económica, cultural es necesaria la revolución del pensamiento. 
 
Vivimos inmersos en la sociedad del espectáculo, cada vez más tecnificada, donde la noticia es la noticia en sí misma, más que el hecho. Cuando no hay suceso se hace noticia espectacular que nieva o que hace sol, con entrevistas, emocionando a través de la entonación e imágenes. Lo cual no es gratuito. Es necesario intervenir en la percepción de las personas y en como sienten la realidad y modular sus sensaciones. Es necesario para poder dirigir a la gente, es necesario para que funcionen las campañas de publicidad, el conformismo político. 
 
Con el accidente del tren de Alta Velocidad tenemos un ejemplo que podemos diseccionar. Porque mientras que no veamos estos aspectos de la realidad, no podemos reaccionar para evitar seguir asumiendo el chantaje afectivo al que nos someten permanentemente quienes diseñan el pensamiento social. 
 
La muerte es un hecho doloroso, pero todas. Y afecta a los allegados. Como escribe Sartre no me duele el dolor, sino mi dolor de muelas. La muerte de un allegado forma parte de la intimidad de los grupos sociales: familia, amigos, vecindad. Realzar más unas muertes que otras es intencionado, para de esta manera dominar los sentimientos de la sociedad y dirigirlos. 
 
Reflexionemos: ¿Es más muerte, o más dolorosa, la muerte de 78 personas juntas que por separado?. ¿Por qué repetir la noticia una y otra vez?, ¿no basta con informar una vez cuando ya se sabe?. ¿Por qué se repite hasta la saciedad lo obvio?. ¿Alguien se imagina un despliegue informativo por los accidentes de tráfico, cuyos muertos cada trimestre son más?. ¿O cuando el triple de trabajadores murieron en Bangladesh por las condiciones productivas en precario para vestirnos a nosotros a precios baratos?, ¿se hizo un minuto de silencio, como mínimo, propuesto por alguna institución, o por algún sindicato de “clase”?. ¿Cuántos seres humanos han muerto en las pateras?, ¿son menos seres humanos?, ¿son menos muertes?, ¿cuántos por accidentes laborales?, ¿cuántos arrastrados al suicidio (un 300% se ha incrementado por la crisis)?. ¿Cuántos mueren por disparos en las guerras humanitarias y en las que se reparten el botín de sus tierras?, y las impulsan con su apoyo y votos los que en casos de accidentes hacen el panegírico… ¿Qué justifica el morbo informativo?. La manipulación, el control sobre la conciencia para indicar qué debemos sentir y qué pensar. La intensificación de una noticia tiene siempre una intencionalidad.
 
Escuchamos a personajes sin escrúpulos solidarizarse con los fallecidos y sus familiares. ¿Y con los vivos?, nada. Hacerles la vida imposible. Otros preocupados porque la venta del proyectos de construcción de trenes de alta velocidad se van a perder. 
 
El accidente es lamentable, las muertes una pena, pero todos los accidentes y todas las muertes. Es como si quisieran convencer de que es terrible, cuando por sí mismo el accidente lo es. Basta informar, pero la presión informativa va más allá. ¿Por qué tanta insistencia?. Su objetivo es convertir la crueldad de las instituciones en bondad, con imágenes de condolencia, con declaraciones sin sentido pero vestidas de formalidad y lágrima, porque quien las hace no siente lo mismo con hechos similares que no sean el centro de la presión informativa. Y es que de otros dramas no se informa, se supone. Pero no se ve. La conciencia social ya no responde a afectos, a sensaciones normales, sino al espectáculo. A mí mismo me sobresalta escribir esto que escucho a mi conciencia (hay quien dice poéticamente que son hadas que susurran) y siento miedo. Pero descubro que el objetivo es convertir el Poder contra los ciudadanos en el poder del pueblo, es decir hacer ver que la tiranía económica que nos somete es la democracia, no su democracia, sino la de todos. Nos lo hacen sentir sin darnos cuenta mediante estas estratagemas.
 
Tanta información y, sin embargo, la prensa ni el gobierno desmienten ni desmontan, ni se dice nada, de fotos en las que aparece una persona cerca de las vías poco antes del accidente… La presión informativa no es un hecho aislado, sino que forma parte de un sistema de control, que ni el marqués de Sade, de donde viene la palabra sádico, sería capaz de imaginar que en una época de crisis se monten espectáculos de masas como MasterChef, ahora también para niños, con personas en la calle que mendigan alimentos, que los cogen de la basura mientras se emiten. 
 
La mentalidad sobre la que quieren que pensemos es el lujo, nos emocionan con la comida de diseño… programa de máxima audiencia, al igual que otros de cotilleos, espectáculos deportivos… Se ha construido, poco a poco, el Poder psicológico contra los individuos: eventos “solidarios”, la moda como espectáculo más allá de su creatividad, un sistema educativo orientado desde hace años para ejercer el control de la masa social y hacernos a cada uno parte de la misma sin que haya escapatoria… sólo siendo capaces de pensar más allá de la cultura de los post y comunicándonos cara a cara. 
 
Sólo es posible cambiar la realidad actual cuando cambiemos nuestro punto de vista de pensar, que sea el de cada uno, no el que nos imponen. Lo que creemos que es nuestro pensamiento es lo que nos hacen pensar, porque nos dan guisada y diseñada la realidad que vemos y hacen que sintamos acorde a sus intereses. Para lo cual funciona toda una maquinaria muy tecnificada de control que afecta a lo que pensamos, a lo que sentimos, a lo que vemos, a lo que vivimos…
 
La realidad es la realidad que pensamos. No hay otra. Todo cambio social, económico, cultural, político exige una revolución del pensamiento. Porque puede haber pensamientos diferentes, pero desde el mismo punto de vista. Cambiar éste que nos dan, que nos enseñan, que nos meten por los ojos, por uno propio es cambiar el mundo.
 
 
 

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