La tecnología digital ¿responsable de nuevas formas del mal?

Por María Inés Anuch. LQSomos.

El artículo reflexiona acerca del daño que puede provocar el mal uso de las nuevas tecnologías, cierto contenido de internet y de las redes sociales; planteando propuestas para que podamos hacer un mejor uso de ellas.

“La maldad no necesita razones,
le basta con un pretexto”.
Johann W. Goethe

Las razones del mal

Una circunstancia personal que atravieso, me hizo reflexionar acerca de que la mayoría de nosotros necesitamos encontrarnos ante acciones graves, extremadamente violentas y condenables, indiscutiblemente crueles, para que podamos aceptar la realidad de la maldad –la que, ayudada por las nuevas tecnologías– hoy se nos presenta más solapada que nunca.

Una situación de delincuencia digital, que no sea robar dinero obviamente, no se percibe como perjudicial, destructivo o inmoral, en la medida que debiera.

Según mi opinión, para muchos, el mal realizado debe responder a razones defensivas, preventivas o reactivas. La maldad del victimario la justificamos como una consecuencia, una prevención o un castigo de otro acto supuestamente provocado o merecido por la víctima.

Características, definiciones, posturas filosóficas o psicológicas del mal, las olvidamos cada uno de los protagonistas y testigos de situaciones de maldad, porque según creo, nos es difícil aceptar la existencia del mal por el mal mismo (como causa) y no como una consecuencia de.

Los conceptos transcritos a continuación reforzaron mi percepción:
“Los actos que denominamos execrables apuntan aparentemente a una grieta en nuestra comprensión racional del mundo donde no suele querer mirarse (o simplemente no se sabe cómo hacerlo). No hay lados ocultos, pero sí lados que no miramos o incluso que no vemos porque los modos de hacer el mal y padecerlo, más allá de sus formas más extremas, son tan usuales que permanecen imperceptibles ante nuestros acostumbrados ojos”. Ana Carrasco Conde

En la psicología social se describe el mal como “el daño intencional, planeado y moralmente injustificado que se causa a otras personas, de tal modo que denigra, deshumaniza, daña, destruye o mata a personas inocentes”. Si bien es objeto de polémica en el artículo, al final concluye que esta definición describe tanto a las acciones leves como acciones extremas del mal.

Uno de los riesgos de no percibir algo como dañino, es que tampoco vamos a poder entender por qué debe resistirse al mal y menos aún, apoyar a quienes intentan combatirlo.

Grados de intensidad del mal: importancia de las acciones cotidianas

Mencionar como materialización del mal, los indescriptibles horrores y atrocidades que sucedieron en el Holocausto, no me parece lo más acertado. Si para hablar de maldad, la ejemplificamos con conductas monstruosamente crueles, inhumanas, entiendo que corremos el peligro de perder de vista la verdadera importancia de las actitudes cotidianas de la maldad, que si no son detectadas y condenadas, terminan naturalizándose en la sociedad. De tal forma que, en mi criterio, sin pensarlo, esa misma sociedad genera los emergentes del MAL. Ello, porque no sabemos, podemos o nos animamos a reconocer ni resistir a las actitudes de la maldad cotidiana que pueden terminar haciéndose extremas e irremediables. Preferimos escuchar los cantos de sirena de cuanto profeta, líder, ‘influencer’, nos garantice la felicidad soñada, a reflexionar sobre las consecuencias que las mendaces promesas nos pueden acarrear.

Cuando ponemos la vara de la maldad en ejemplos tan extremos, no tenemos en cuenta que la maldad que nos rodea es mucho más silenciosa, solapada y hará todo lo posible por pasar desapercibida, y es ésta -en mi criterio- la que primero debe ser mirada y combatida.

Pareciera que para poder sobrevivir en sociedad, inconscientemente necesitamos un motivo trascendente qué de sustento al mal, –en lo posible que llegue a un número considerable de personas, se haga público, sea extremadamente cruel y condenable– para poder reconocerlo y aceptarlo; de lo contrario nos provoca un inmenso miedo su existencia sin razón aparente y por ello inseguridad y desprotección, encontrarnos tan expuestos a éste.

“A menudo el temor de un mal
nos lleva a caer en otro peor”
Nicolas Boileau

Las nuevas tecnologías: ¿solapados instrumentos del mal?

Alguna de las características comunes al mal: degradar, humillar, dominar, controlar, causar daño al próximo, si bien existieron siempre, hoy pueden hacerse con absoluta sofisticación e impunidad a través de la tecnología que usamos a diario, como internet y las redes sociales.

Por prejuicio, por ignorancia, por temor, por necesidad de pertenencia, reaccionamos desdeñando el mal; pero entiendo que en realidad estamos banalizando el bien –que en mi criterio es mucho más grave– porque todo comportamiento humano que es perjudicial o destructivo para otro –por cualquier medio– debiera ser objeto de condena social, moral y legal, de lo contrario no existiría diferencia entre uno y otro.

Frente a un mundo donde la mentira es el medio más natural de influir sobre las conciencias, ¿no corremos el riesgo de tomar al bien como algo virtual y al mal como algo natural, inevitable y real? ¿debemos delegar en la tecnología la distinción entre lo prohibido y lo permitido, lo justo y lo injusto, el bien y el mal, lo verdadero de lo falso, entre otros?. Depende de la tecnología: ¿el mal uso que hagamos de ella? ¿qué permitamos insultos, agresiones, violaciones a nuestra intimidad, imposición de “valores”, de costumbres, de conductas? o ¿Depende de “nuestra actitud hacia ella, de nuestra mirada, nuestras justificaciones edificantes”?

“… En realidad, no es el mal el que se repite porque cada vida y cada hecho concreto son únicos y singulares, irrepetibles, sino la forma en la que lo afrontamos como algo inevitable y consustancial, es decir, que el problema es nuestra actitud ante él, nuestra mirada, nuestras justificaciones edificantes…” Ana Carrasco Conde

Al principio, la definición filosófica de San Agustín acerca del mal como “Ausencia de bien”, la encontraba insuficiente, pero finalmente cambié de opinión. Ausencia de bien, no es solo provocar un daño tangible material o moralmente; es no actuar a favor del bien, como sucede con el egoísmo, la indiferencia, el desprecio por los valores que no sean los convenientemente impuestos, el individualismo; o sea varios de los disvalores que internet y las redes sociales contribuyen a exaltar.

“La omisión del bien no es menos reprensible
que la comisión del mal”
Plutarco

Pienso que hoy más que nunca el miedo a las consecuencias, la necesidad de no quedar afuera del sistema, la poca importancia que tiene la formación en valores, la desaparición de “el coraje” como valor y el bombardeo permanente de noticias apocalípticas, de fakenews, “de verdades armadas con o sin algoritmos”, nos expone a ser víctimas y victimarios de pequeñas y grandes actitudes de maldad que quedan fuera del ámbito de la ley, y lo que es peor de nuestra mirada y condena, tanto como de nuestro interés en hacerle frente.

Sin desmerecer la importancia de internet y las redes sociales, no debemos esperar de ellas el reconocimiento público y viral de su lado oscuro –delincuencia digital, acoso y publicidad en línea, noticias falsas, uso de datos personales con fines desconocidos, enfermedades como adicciones, ansiedad, etc.– ya que independientemente de cuál sea la causa, el motivo, o el medio empleado para hacer el mal, objetivamente se puede provocar daño y no toda la responsabilidad es de la tecnología, sino de nuestra indiferencia, complicidad y nuestra falsa percepción de sentirnos seguros y a resguardo.

Los grandes cambios de la humanidad los provocaron hombres y mujeres que pensaron y enseñaron a pensar diferente. Hoy en internet leemos: “Las ventajas de la inteligencia artificial” y “10 características del pensamiento crítico”; ambos artículos mendaces, contradictorios, sin ningún rigor intelectual o científico.

Percibo que algo está mal si las empresas de tecnología opinan sobre el “pensamiento crítico”.

¿No son los pensadores, filósofos, científicos, humanistas quienes tienen –en mi criterio– más responsabilidad de denunciar, enseñar a mirar, desenmascarar y resistir el mal que, disfrazado de progreso, de últimas tecnologías, etc., se presenta como las bondades reveladas? Entiendo que se deben divulgar temas como los mencionados ut supra, haciéndolo viral en las redes. Con palabras simples, con ejemplos concretos, con el mismo formato de marketing que usa internet para que sean aprehendidos y su contenido no quede relegado a blogs elitistas o grupos académicos, que como sabemos no son los sitios más visitados. Me pregunto que pasaría si se viralizara las “desventajas de la inteligencia artificial”, las mendacidades de ciertos contenidos de internet, análisis de artículos de internet con pensamiento crítico, entre otros.

Si no se forman conciencias, si no se viraliza otra versión que la de internet, el Mal habrá Ganado sin haberle siquiera presentado batalla.

Sé que suena idealista, pero no imposible. No creo que nadie quiera perder las ventajas de las nuevas tecnologías, por el contrario, se trata de sacar el mejor provecho de su uso, sin que nos veamos perjudicados por su lado oscuro.

“Acusar a la maldad de los tiempos
es excusarnos a nosotros mismos”
Thomas Fuller

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