La utopía todavía es posible: Glastonbury festival

Por Mariano Muniesa*. LQSomos.

El creador de Glastonbury que hoy sigue al frente de la organización es Michael Eavis, hijo de un obispo anglicano y una maestra de escuela local

Última semana de junio de 1995. Quien suscribe estas líneas, acudía por primera vez al Festival de Glastonbury, uno de los mayores eventos que se celebran cada año en el Reino Unido y que en aquella ocasión contaba en su cartel nada más y nada menos entre otros que con Soul Asylum, The Black Crowes o Page & Plant, la versión años 90 de los Led Zeppelin más experimentales y abiertos a fusionar el blues y el rock con las músicas étnicas y del llamado tercer mundo.


Acostumbrado a la idiosincrasia de los festivales de heavy metal tradicionales –Donington Park, Rock Am’Ring- y tras haber vivido el verano anterior el apoteosis y el apocalipsis del Woodstock’94, la experiencia de Glastonbury fue para mí inolvidable, en tanto que viví lo más parecido en un festival de verano a lo que fueron 20 ó 25 años antes eventos como la Isla de Wight o el Bath Blues And Progressive Music de 1970, al que el año pasado dedicamos el 50 aniversario de su más exitosa y conocida edición.


El Festival de Glastonbury en 1995 conservaba aún, y por lo que conozco, al menos en parte conserva aún ese espíritu comunitario, abierto, ecléctico, y multicultural que tenían los festivales de rock de los años 60. Un inmenso espacio de intercambio, convivencia, comunidad, en el que junto a los grandes escenarios principales para los grandes conciertos de rock, había carpas de cine, plazas dedicadas a stands de Organizaciones No Gubernamentales, escenarios secundarios para grupos de blues, de jazz, canción de autor en acústico, exposiciones de escultura al aire libre, performances de teatro alternativo e incluso –Glastonbury es una ciudad de raíz y tradición muy religiosa- una capilla que ofrecía servicios religiosos a diversas horas del día. Cuatro días de una oferta musical y cultural inabarcable, y en la que el ambiente y la atmósfera que se respiraba era la de aquellos festivales de leyenda de finales de los 60.


Celebramos el 50 aniversario de la primera edición de este magno acontecimiento. No es menos cierto que Glastonbury Festival hoy es ya fundamentalmente una marca comercial y por lo que me cuentan muchos compañeros periodistas que han estado allí en los últimos años, se ha convertido en un parque temático de publicidad de telefonía móvil, diversas empresas anexionadas a Google, bebidas energéticas y demás objetos de consumo masivo. Pero a pesar de ello, su pirámide es todavía un escenario de leyenda, y así lo consideraron los Rolling Stones cuando decidieron tocar allí en el verano de 2013 a modo de “warm up” para sus históricos shows de Hyde Park en julio de aquel mismo año. Y no es menos cierto que la vocación solidaria de los orígenes del festival no ha desaparecido, ya que a medida que el festival ha crecido en popularidad y poder de convocatoria, también lo ha hecho su capacidad para donar sus ganancias a varias organizaciones benéficas. Por poner simplemente un dato encima de la mesa, en 2014 entidades como Greenpeace, Intermon Oxfam y Water Aid recaudaron alrededor de un millón de libras donadas por la organización del festival.

El creador de Glastonbury y quien a día de hoy sigue al frente de la organización del festival es Michael Eavis, hijo de un obispo anglicano y una maestra de escuela local que a la muerte de su padre en 1968 heredó una amplia extensión de terreno que en un principio pensaba dedicar a una explotación agraria. Todo cambió cuando Eavis y su mujer asistieron al primer festival de Blues y Música Progresiva de Bath en junio de 1969 y vieron allí entre otros a Led Zeppelin, John Mayall & The Bluesbreakers, Fleetwood Mac, Ten Years After, Taste o Chicken Shack. Tras esa alucinante experiencia, Michael Eavis ya no tuvo otra idea en su cabeza que la de organizar un festival similar en Glastonbury, y de hecho, lo consiguió un año más tarde organizando un festival que sería el precedente del hoy multitudinario evento. En septiembre de 1970, puso en pie la primera y única edición del Pilton Pop Folk & Blues Festival, un ensayo de lo que fue posteriormente el Glastonbury Festival, al que acudieron 1500 personas para ver en directo a unos casi desconocidos todavía T.Rex junto a la banda de rock psicodélico Quintessence, Worthing Steam Hammer, Sam Apple Pie, el cantante de blues Duster Bennett y el artista de folk escocés Al Steward. Antes del cabeza de cartel, hubo un minuto de silencio arreglado apresuradamente para Jimi Hendrix, quien murió el día antes de que tuviera lugar el festival.


Sería ya en junio de 1971 cuando se organizaría el primer “Glasto” propiamente dicho, en pleno solsticio de verano, con un área habilitada para un posible aterrizaje de OVNIS –la mentalidad psicodélica y esotérica de la época, la cercanía de un monumento con la carga simbólica de Stonehenge y el mundo de la magia antigua, los druidas, la alquimia, etc. estuvo muy presente en las primeras ediciones del festival- con la presencia en esa edición de Melanie, Quintessence, The Edgar Broughton Band, Pink Fairies, Terry Reid con David Lyndley y Linda Lewis, Gong, David Bowie, Hawkwind, Arthur Brown, Brinsley Schwarz, Fairport Convention, Family y Traffic. Existe, aunque olvidada, una película que llegó a estrenarse en el circuito alternativo de salas de cine sobre el festival, ‘Glastonbury Fayre’, que es un acertadísimo documento sobre la época crepuscular del hippismo en Gran Bretaña.

Glastonbury tardó en despegar hasta que se convirtió en el inmenso acontecimiento que es en la actualidad, pero 50 años después, es un referente absoluto en la cultura popular contemporánea. Paul McCartney, Peter Gabriel, Jackson Browne, los ya citados Rolling Stones, Metallica, Joe Cocker, Elvis Costello, Lenny Kravitz, Coldplay, Bruce Springsteen, U2, Mumford & Sons o The Arctic Monkeys son tan solo algunos de los nombres más relevantes que han hecho inolvidables conciertos en la mítica Pirámide que corona el escenario principal de la explanada en la que se celebra cada año el festival.

Su promotor, Michael Eavis, Doctor Honoris Causa por la Universidad de Bath y la de Bristol, es desde 2007 Caballero de la Orden del Imperio Británico y en 2009, la revista Time le nominó como una de las 100 personas más influyentes del mundo.


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