Las cartas de Elena Francis

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez. LQSomos.

Elena Francis, un personaje de ficción, se convirtió en la consejera sentimental de las españolas a través de un consultorio de radio. Aunque fue concebido como motor publicitario de una empresa de productos de belleza, la influencia del programa trascendió hasta convertirse en un fenómeno de masas del brazo de la ideología nacionalcatólica

Recuerdo el consultorio de Elena Francis —una señora de nombre ficticio tras de la cual se ocultaba un grupo de señores anónimos al servicio del régimen— fue, además de uno de los programas más escuchados y longevos en aquellos tiempos de radio, un perverso instrumento al servicio del aparato ideológico del nacionalcatolicismo.

Sin ninguna nostalgia, el catedrático de comunicación Armand Balsebre y Rosario Fontova, una periodista e investigadora de la que leí con gran interés Las cartas de La Pirenaica (Cátedra, 2014), han extraído el palpitar expresado entre 1950 y 1972 por miles de mujeres anónimas que buscaban un consuelo, un consejo, alguien que en otros casos podía ser el párroco. Más de un millón de cartas enviadas preguntando sobre todo tipo de “asuntos femeninos”, un verdadero “capital de dolor” que fue descubierta pudriéndose de humedad en un almacén de Cornellà.

Sobre esta base han elaborado “Las cartas de Elena Francis” (Ed. Cátedra), un trabajo fundamental para comprender no solo la situación de las mujeres trabajadoras y de la pequeña burguesía durante buena parte de la dictadura —sus aspiraciones, sus gustos estéticos, sus dolorosas frustraciones, especialmente sentimentales y laborales—, poniendo en evidencia los procedimientos y métodos de un poderoso mecanismo orientado a la “reeducación” católica más reaccionaria (incluso más brutal) de las mujeres mediante la erradicación de los ideales democráticos e igualitaristas que habían cobrado vida durante la II República.

No hay que decir que la mayoría de las cartas no fueron nunca radiadas: tan pronto rozaban la menor reivindicación que pusiera en cuestión la ideología o la moral nacional católica, o se adentraban en terrenos sentimental o sexualmente “escabrosos”, eran censuradas o ignoradas; claro que algunas alcanzaron el privilegio de ser contestadas por correo en una carta con el membrete impreso de “Elena Francis”. El consultorio, patrocinado por el Instituto Francis (que, de paso, promocionaba sus cosméticos), se emitía en una hora punta de la tarde, aunque también se ofrecían en parte por la mañana, y era el momento que en los talleres se imponía el silencio, aunque no faltaban quienes rezongaban “como si no tuviéramos bastante con el fútbol”.

En los años sesenta todo empezó a cambiar, pero de una manera muy parcial. En realidad, se empezó un proceso de camino hacia el feminismo en el que últimamente se han dado grandes saltos, aunque –que nadie se llame a engaño- el “espíritu” de elena Francis sigue ahí, por ejemplo, en el electorado femenino del PP o mejor de VOX.

La “ficha”

Las cartas de Elena Francis. Autoras: Armand Balsebre y Rosario Fontova.
Editorial Catedra. Colección Historia. Serie mayor.
I.S.B.N. 978-84-376-3878-2. Publicación: 18/10/2018.
Páginas: 512. Idioma: Castellano.

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