Las casas de Pablo Neruda

Las casas de Pablo Neruda

La Chascona, la Casa Museo, y La Sebastiana, conforman el triángulo que más de cien mil turistas recorren cada año. Santiago de Chile, Isla Negra y Valparaíso. Cada una de ellas se conoce gracias a los anfitriones, guías que enseñan cada rincón, y a quienes el visitante puede preguntar acerca de lo que se descubre ante sus ojos.

La última vez que visité “Cantalao”, hace cinco años, sólo se hallaba entre la maleza seca, el cimiento o “radier” de la que fue esa casa imaginaria de Neruda. Es un espacio semiolvidado, tal como el proyecto que dio origen a este lugar, quizás soportando su segundo olvido.

Durante 1925, el poeta Rubén Azócar, invitó a Neruda para que se pasase una temporada en Ancud, la capital de la isla de Chiloé. En ese lugar mágico por sus leyendas y mitos, por los brujos y brujas que atraviesan las noches de tormenta esparciendo sus males y conjuros, Neruda escribió su única novela que intituló “El habitante y su esperanza”. La obra comienza de esta manera: “Ahora bien, mi casa es la última de Cantalao, y está frente a1 mar estrepitoso, encajonada contra los cerros.”

La editó en 1926 la Editorial Nascimento, después “Cantalao” cayó en su primer olvido.

En 1968, Neruda compró 4,3 hectáreas al Seminario Pontificio, en el Loteo Punta de Tralca. El terreno limita al sur con el océano Pacífico y con la Cueva de Querol (más conocida como la Cueva del Pirata), por el poniente con “otros terrenos”, al norte con “otros vecinos” y al oriente “con la calle del Trueno”.

Cuarenta y tres años después de haber creado e incluido “Cantalao” en el imaginario de “El habitante y su esperanza”, el poeta descubrió que este fragmento de Punta de Tralca era “Cantalao”, ese territorio de sus sueños más íntimos.

En este lugar, el poeta quiso fundar una pequeña colonia donde los escritores noveles permaneciesen una temporada sin otra preocupación que entregar sus almas a las musas. Se trataba de recrear una especie de la Yásnaia Poliana, esa colonia que el Conde Lev Nicoläievich Tolstoi creó en su finca homónima bajo la Rusia zarista con la intención de educar a los hijos de los campesinos.

En “Testamento”, incluido en el “Canto general”, Neruda escribe: “Dejo a los sindicatos/ del cobre, del carbón y del salitre/ mi casa junto al mar de Isla Negra./ Quiero que allí reposen los maltratados hijos/ de mi patria, saqueada por hachas y traidores (…)”. Pero esa Cariat Sepher sigue inconclusa. Las nueve esculturas de piedra expuestas a la intemperie, integradas a la naturaleza, recuerdan el trabajo que, en 1987, un grupo de escultores jóvenes provenientes de España, Reino Unido, Colombia, Japón y Chile, realizaron inspirados en el “Canto general” tras ser convocados por el artista Francisco Gacitúa. Las imágenes de piedra parecen señalar con su silencio que allí falta aún esa Ciudad de las Letras o de los Libros, que el Nobel chileno quería como legado.

“Cantalao” sigue siendo un lugar mítico, con una cabaña que hace algunos días la Fundación Pablo Neruda terminó de reconstruir. Porque el vocablo “Cantalao” no existe en el diccionario, tal como no existe en la realidad el sueño del poeta. Hay que agregar que mar adentro, frente a ese mismo sitio, se forma en algunas ocasiones, esa mancha oscura, casi negra, que da nombre a esa zona: Isla Negra.

La Isla Negra es, entonces un lugar mítico, inexistente u oculto en ese océano Pacífico, un lugar, al mismo tiempo, inhabitable para un ser humano, quizás reservado para las hadas marinas y para los espíritus puros de ese piélago. Sin embargo, aquel borde costero dependiente del municipio de El Quisco, fue denominado Isla Negra sin ser una isla, ni un istmo, ni una península. Su magia atrajo al poeta que hizo de este sitio una de sus residencias.

Entonces, la “Isla Negra” no es una ínsula y “Cantalao” no es una conjunción de fonemas inteligibles. La escritora Virginia Vidal plantea la hipótesis de que “Cantalao” podría explicarse porque su “desinencia” (“lao”) es homófona de “lav” o “lov” que en mapudungún significa “poblado” o “lugar habitado” y se pregunta si “Cantalao” sería para Neruda la “aldea del canto”.

Aunque Cantalao sigue siendo el sueño inconcluso de Neruda, éste sobrevive en la esperanza de los bardos aun de otras latitudes. A principios de 2007, el poeta tabasqueño Álvaro Solís, ganó el concurso “Clemencia Isaura” con el poemario “Cantalao”. Él mismo explica el porqué del título: “Hace muchos años leí una biografía sobre Neruda y me llamó mucho la atención que el poeta quisiera edificar un pueblo a orillas del mar para que otros artistas pudieran trabajar ahí sus obras, fue algo que me impactó, sobre todo porque al final de cuenta ese lugar no pudo ser edificado”.

La Chascona. Aquí fue velado el poeta. (Foto: Gentileza Fundación Pablo Neruda)

Las casas que se puede visitar

La Chascona, la Casa Museo, y La Sebastiana, conforman el triángulo que más de cien mil turistas recorren cada año. Santiago de Chile, Isla Negra y Valparaíso. Cada una de ellas se conoce gracias a los anfitriones, guías que enseñan cada rincón, y a quienes el visitante puede preguntar acerca de lo que se descubre ante sus ojos.

El vate, que cantó a la naturaleza de su país natal, Chile, habitó las ciudades y ese espacio particular, individual, único, que es la casa. En ellas encontró el solaz para la creación y un espacio para compartir con los otros, sus semejantes. Al recibir el premio Nobel, Neruda recordó que cien años antes Rimbaud había sido vidente y luego afirmó: “Sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres.”

Parece natural comenzar por la capital, lugar de llegada de cualquiera expedición.

1. La Chascona

“La piedra y los clavos, la tabla, la teja se unieron: he aquí levantada
la casa chascona con agua que corre escribiendo en su idioma”

Fue la segunda casa del poeta, después de la de Isla Negra. La adquirió en 1953 y el arquitecto Germán Rodríguez Arias la terminó en 1955. Neruda la bautizó con el apodo que le había dado a su mujer, Matilde Urrutia. “La Chascona” está edificada sobre la falda del cerro. Los tres niveles de la misma, siguen el curso de las cotas ascendentes de esa ladera del San Cristóbal.

Durante el sangriento golpe militar que encabezó Augusto Pinochet, esta casa fue saqueada. En la sala de estar fue velado el poeta y desde aquí salió el cortejo que fue vigilado por la vigorosa mirada de los militares golpistas que se apostaban a uno y otro lado de los deudos y asistentes. La muerte de Neruda, el poeta del pueblo, el premio Nobel que citando a Rimbaud había dicho que los más humildes entrarían en las “espléndidas ciudades” después de ir “armados” de una “ardiente paciencia”, causaba con su muerte y funeral la que se conoce como la primera protesta contra la dictadura.

Neruda, que había escrito: “Compañeros, enterradme en la Isla Negra/ frente al mar que conozco a cada área rugosa/ de piedras y de olas que mis ojos perdidos/ no volverán a ver”, vio incumplida su voluntad. Según atestigua Virginia Vidal, Matilde Urrutia ante “la imposibilidad de cumplir el deseo de Pablo de enterrarlo en Isla Negra, ella ha hecho trasladar sus restos a un nicho en un nuevo pabellón; éste es como un vasto muro de nichos, el de Pablo lleva el nombre de ‘México”.

En años posteriores y después de que se constituyera la Fundación Pablo Neruda, La Chascona fue reconstruida y con “ardiente paciencia” puesta a punto para que pudiera ser visitada. En una de las habitaciones está la pintura de Diego Rivera, el genial pintor mexicano, que inmortaliza a una Matilde que al mismo tiempo mira en dos direcciones (de frente y de perfil), mientras que un sus cabellos ondeantes, “chascones”, expuestos al viento, se esconden el perfil de Neruda.

Se conservan también este lugar, todas las primeras ediciones de Neruda, más otros libros curiosos. Neruda fue un gran bibliófilo, además de un connotado ornitólogo y malacólogo. José Donoso cuenta la siguiente anécdota: “Cuando Julian Huxley, el biólogo inglés, viajó a Chile para dar un ciclo de conferencias, preguntó tímidamente si alguien conocía a un malacólogo chileno de apellido Neruda. Le dijeron que existía un poeta Neruda -que Huxley no conocía- pero nada de malacólogo. Un día llevaron a Huxley a la casa de Neruda, adornada con su fabulosa colección de conchas que para los expertos como Huxley le daba más prestigio que sus poemas, como quien lleva a un turista distinguido a conocer las glorias nacionales. Sólo allí Huxley cayó en cuenta que el Neruda poeta y el Neruda malacólogo eran una y la misma persona y se pasaron el resto de la permanencia de Huxley en Chile hablando de conchas.”

El “Arte de pájaros” (bellamente ilustrado por Nemesio Antúnez, Héctor Herrera, Mario Carreño y Mario Toral) responde poéticamente a esa inquietud ontológica que lo llevaba a observar el mundo en sus plenitudes aparentemente más ínfimas. En tanto que su valiosa colección de conchas, “cuando ya pasaron de quince mil, empezaron a ocupar todas las estanterías y a caerse de las mesas y de las sillas. (…) Un día lo agarré todo y en inmensos calones los llevé a la Universidad de Chile.”

El amor por los libros llevó a Neruda a publicar verdaderas joyas buscadas por los coleccionistas, Neruda es un autor de culto. Sobresalen el Canto General editado en México e ilustrado por dos de los más grandes muralistas mexicanos: Diego Ribera y David Alfaro Siqueiros. También “España en el corazón”, editada por el poeta y editor de la generación del ’27 española, Manuel Altolaguirre, cuyo papel fue fabricado con las camisas que donaron los republicanos, porque en aquel momento no había cómo fabricar papel. Esos ejemplares hoy son de los más buscados y de las más caras joyas bibliográficas.

Quizás llame la atención del visitante, la colección de muñecas que encontrará distribuidas entre los dormitorios y los baños, también la colección de botellas con formas femeninas y, por supuesto, los mascarones de proa que también se encuentran en Isla Negra.

Esas figuras representan las ausencias de mujer que marcaron la vida del poeta. Primero su madre, a quien no conoció, y luego Malva Marina, la hija que nació con hidrocefalia y que después murió en Londres víctima de uno de los ataques de la aviación alemana durante la Segunda Guerra Mundial.

2. La Casa Museo de Isla Negra

En 1939 el vate compró esta casa para estar al lado de ese mar “que reparte pescado” y que “No puede estarse quieto,/ me llamo mar, repite/ pegando en una piedra/ sin lograr convencerla”.

En esta casa, yaciendo en su lecho, Neruda entregó sus últimos suspiros, los del dolor y del sufrimiento, doce días después de saber que su amigo Salvador Allende había muerto durante el golpe de Estado de ese 11 de septiembre de 1973. Neruda moría, porque también fenecía un sueño, una forma utópica de mirar el mundo, una raíz profunda desde la cual emanaba el sentimiento de construir un mundo igual para todos, con justicia, con oportunidades.

Antonio Skármeta, en una de las escenas teatrales de “Ardiente paciencia”, conocida después en el cine como “El cartero (y Pablo Neruda)”, recoge el dramatismo de aquellos momentos. El poeta, convaleciente en su cama, pregunta a Matilde por lo que ocurre, ella le oculta detalles, pero él le insiste y le dice que sabe que están los soldados de Pinochet rodeando la casa.

Neruda empeoraba. Tuvo que ser trasladado en ambulancia y de urgencia a Santiago, distante unos 135 kilómetros tierra adentro, en el valle que está a los pies de la cordillera de los Andes. La capital está a 600 metros sobre el nivel del mar y los Andes en ese paralelo, sobrepasa los 5 mil metros de altura. La sirena cortó una de esas noches fatídicas.

El Nobel del pueblo falleció el 23 de septiembre de 1973 en la clínica Santa María. Doce años después, Matilde Urrutia, que en vida impulsó la creación de la fundación que lleva el nombre del poeta, murió dejando pendiente el descanso eterno junto al mar. El 11 de diciembre de 1992, se exhumaron los restos de Pablo y Matilde y después de ser velados en el Salón de Honor del ex- Congreso Nacional, en Santiago, fueron enterrados en el patio de esta casa, frente al mar, como quería Neruda.

Aquí el visitante encontrará los queridos mascarones de proa del poeta: “La Guillermina”, “La Medusa” y la “María Celeste”. Quedan aquí algunas caracolas y botellas, muchas botellas de diferentes colores y formas.

3. La Sebastiana

“La casa crece y habla,/ se sostiene en sus pies,/ tiene ropa colgada en un andamio,/ y como por el mar la Primavera/ nadando como náyade marina/ besa la arena de Valparaíso”

En 1961 adquirió esta casa y la llamó La Sebastiana en honor a Sebastián Collado, ciudadano español que no concluyó su construcción. Con una vista privilegiada a la bahía de Valparaíso, comenzó a ser restaurada en 1990, abriéndose al público dos años después. Concluía así un largo período de abandono que se extendía desde la muerte de Neruda.

Esta fue una residencia para reunirse con los amigos y celebrar fiestas divertidas, como aquellas de disfraces que ocultaban el aspecto serio y abrían el gesto lúdico de los invitados.

Otras Casas

No se puede dejar de mencionar Michoacán y La Manquel.

Michoacán
Administrada por la Fundación Delia del Carril, no se encuentra abierta al público. En febrero de 1941, Neruda junto a Delia del Carril (su segunda esposa) compró por poder esta propiedad. Luego viajaron y, al regresar y como homenaje a los gratos recuerdos vividos en México, la bautizaron como “Michoacán”.

El 17 de agosto de 1943, Neruda había sido distinguido con el grado de Doctor Honoris Causa por la Universidad San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Michoacán. Las palabras del poeta en su discurso de agradecimiento, reflejan el cariño por la tierra que lo acogió por aquellos días: "Desde el fondo original de México, florido y aguerrido, siempre me llamó Michoacán, esta región intacta del silencio que levanta una copa de esmeralda y ahora una copa de fuego, hacia los lentos algodones celestiales de su atmósfera incomparable".

La Manquel
Es un antiguo castillo que Neruda compró en la Normandía francesa después de ganar el Nobel, un año antes de su muerte. Aquí fechó, el 6 de marzo de 1972, la carta que dirigió a Susana, la hija de su secretaria y amiga personal, y que fue subastada en enero de este año por la Casa Durán.
En esta casa Neruda vivió sus últimas tertulias junto a sus amigos, antes de que declinara su estado de salud. En particular, Poli Délano recuerda que en mayo de 1972, “Maruja Broughton (mi esposa entonces) y yo cenamos [con Neruda], cuando aún era embajador en Francia. Se encontraban allí Jorge Edwards y dos escritores colombianos, Jorge Rojas y Arturo Camacho.”

Fundación Pablo Neruda
Dirección: Fernando Márquez de la Plata, 0192, Barrio Bellavista, Santiago.
Teléfono: (56-2) 777-8741
Fax: (56-2) 737-8712
Web: http://www.fundacionneruda.org/

La Chascona
Aquí esta la sede de la Fundación Pablo Neruda.
http://www.fundacionneruda.org/home_fundacion.html
Fernando Márquez de la Plata, 0192, Barrio Bellavista, Santiago.
Teléfono: (56-2) 777-8741. Fax: (56-2) 737-8712
http://www.fundacionneruda.org/home_chascona.html
Horario de atención: de martes a domingo de 10 a 18 horas.

Casa Museo Isla Negra
Dirección: Camino Vecinal, s/n, Isla Negra. Teléfono: (56-35) 46-12384
http://www.fundacionneruda.org/home_islanegra.htm
Horario de atención: de martes a domingo de 10 a 18 horas.

La Sebastiana
Dirección: Ferrari, 692, Valparaíso.Teléfono: (56-32) 225-6606; (56-32) 223-3759
http://www.fundacionneruda.org/home_sebastiana.htm
Horario de atención: enero y febrero, de martes a domingo de 10:30 a 18:50 horas. Lunes cerrado. Si el lunes es festivo el día de cierre puede cambiar.
Marzo a diciembre, de martes a domingo de 10:10 a 18 horas

Casa de Michoacán
Dirección: Lynch Sur, 164, La Reina, Santiago de Chile. Teléfono: (56-2) 773-5365.

* Publicado por Tribuna Latina

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