Las dificultades del periodista

Mikel Itulain*. LQSomos. Septiembre 2017

Los problemas a los que se enfrenta un periodista en una sociedad dominada de principio a fin por unos pocos grandes propietarios, que quieren, a veces con capricho, se satisfagan sus deseos, son numerosos. Tanto lo son que no podrán ver a un informador riguroso en prácticamente ningún medio de comunicación controlado directa o indirectamente, casi todos, por los dueños de la economía.

De ahí que quien quiera ejercer su profesión y vocación con un código deontológico honesto no va a poder llevarla a cabo, porque bien pronto se lo impedirán. De aquí en adelante empezarán los vetos, que implicarán las estrecheces económicas, no haciendo posible a esta persona vivir de su pasión. Al mismo tiempo verá con desasosiego y desprecio cómo compañeros suyos venderán la poca alma que les quedaba haciendo la sucia labor por encargo de engañar al público ignorante para que odie a tal o cual persona o gobierno, con el fin de que quien mueve su mano y su cabeza se beneficie de la destrucción (y muerte) de sus adversarios. Es una labor mercenaria y decadente del que dejó de ser periodista y también persona.

El-la periodista recto-a tendrá que ganarse la vida de otras formas e informar de modo altruista allí donde él-ella sea quien decida y no otros por él-ella, que comúnmente suele ser su página personal; el deshonesto pululará por aquí y por allá, como la mosca que es atraída por el hedor de la podredumbre en la que estamos inmersos.

Cuando todo es ya suciedad no se tolera a los que son más limpios.

A tal propósito y con el fin de describirlo con hechos y actores reales, les traigo la experiencia que ha sufrido y sufre una persona que admiro, se llama Rosa Moro. Y con ella y otros seres humanos valientes y brillantes, de los que siempre hubo pocos, como es Joan Carrero, compartimos conocimientos y vivencias. He aquí la que me comentaba Rosa, que con su aprobación les hago llegar a ustedes:

“Gracias a los dos. Fantástico artículo Joan, todavía me pregunto cómo Mallorca Diario te sigue publicando…

Mikel, tengo tantos artículos tuyos guardados para leer con atención, que ni los cuento. Por los que ya me he leído, te felicito y te agradezco todo lo que me descubres en ellos.

Últimamente, más que las noticias, me horroriza y espanta ver cómo periodistas amigos, gente en la que confiaba, gente a la que respetaba, cada vez más, se posicionan del lado de la mentira sin pestañear.

Llevaba prácticamente 15 años leyendo exclusivamente sobre África y todavía tengo muchos libros en esa lista, pero me veo obligada a hacer un parón en esa línea profesional para escribir sobre estos asuntos que tanto lleváis los dos escribiendo: la falsedad de los medios y la información, y el conformismo y la falta de raciocinio que tiene el público, ¡pero sobre todo los periodistas! Esto último ¡me duele de verdad!

He empezado a escribir algo al respecto. Sé que lo más probable es que ni salga a la luz, y si lo hace, suponga mi suicidio profesional. Pero ya no tengo mucho que arriesgar de todos modos, primero con Ruanda-Congo, después con Libia, ahora con Siria, no hay vuelta atrás, me he quedado relegada del «periodismo respetable» por no alinearme con las mentiras oficiales, empezaron vetándome en guinguinbali, después en Mundo Negro, África no es un país, Planeta Futuro… A pesar de los esfuerzos por no ser demasiado notoria y nominativa en mi posicionamiento, porque necesito un sueldo como todo mortal, se me ha vetado abiertamente.

Esta mañana he visto en twitter una crítica de Mikel contra quienes firmaron en 2011 un manifiesto de «solidaridad con el pueblo sirio» que me ha dejado perpleja, entre los nombres estaban Roberto Montoya, Javier Couso Permuy y Agustín Velloso. Respeto profundamente a estos tres, sobre todo a Agustín…”

Una de las críticas que hago a este manifiesto, en este caso en mi blog, que apoyaba descaradamente a las bandas de terroristas de Al Qaeda que atacaban Siria y difamaba a quien protege a la gente de este país, su Gobierno y su ejército, pueden verla aquí: Los intelectuales como legitimadores de los mayores poderes y sus guerras.

“… Agustín escribió un libro sobre la intervención en Afganistán que denuncia toda la morralla de mentiras mediáticas, «España y Afganistán, 50 años de matrimonio estéril y 10 de divorcio criminal». Javier Couso se ve en el brete de no poder ser muy nominal en su denuncia, mil veces peor que yo, pero sabe muy bien que la narrativa de Siria es una farsa criminal y su hermano David es muy abierto en estas denuncias. Roberto Montoya me presentó a su amigo íntimo Pascual Serrano en una presentación de su libro «Drones, la muerte por control remoto», abiertamente crítico con la narrativa criminal de la guerra de Siria. No sé si los tres se arrepentirán de haber firmado aquello, 5 años después, sospecho que sí, pero no han entonado un mea culpa en público, tal vez, quiero pensar, porque no han visto el medio o la ocasión apropiada…”

Roberto Montoya sigue en su línea de falsificación sobre lo que ha ocurrido en el norte de África y en Oriente Medio, no yendo al fondo del asunto y recayendo en el manido discurso, impuesto por los neocons, de los «regímenes» y los «dictadores brutales». Pueden apreciarlo en este artículo: Otra vez quieren que olvidemos el origen de este terrorismo. Pero quien lo «olvida» es precisamente él: El origen de la «Primavera Árabe».

En relación a Pascual Serrano y su papel también como propagandista en este quehacer, expuse algo de lo que hizo en el momento más inoportuno para la gente de Libia, Egipto o Siria, entre otros lugares, y el más oportuno para los medios que escribe y sus codiciosos magnates. ¿Se equivocó? No he visto las disculpas y no soy de los que voy a estar esperando a que vuelva a las mismas cuando lo requieran en la próxima guerra. Esta es mi crítica, pero principalmente es su culpa: El «Déjà vu»de Pascual Serrano.

“… Sobre esto pretendo escribir en 2017 y para ello pretendo hacer muchas entrevistas, a vosotros dos por supuesto, y a quienes quieran responder de los de enfrente. (Por cierto se admiten sugerencias, consejos y críticas de todo tipo por vuestra parte).

Quiero, si me lo permiten, preguntar a Ramón Lobo con respecto a Ruanda; a Santiago Alba Rico, a Olga Rodríguez y a los tres que he mencionado antes, los motivos por los que dicen lo que dicen y firman lo que firman. Preguntarles si han prestado atención a la información y las pruebas que contradicen con posterioridad aquello que dijeron y firmaron y si seguirían afirmando lo mismo hoy en día…”

Santiago Alba, Olga Rodríguez, Leila Nachawati, Mónica G. Prieto y toda esa banda no merecen respeto alguno, sino situarlos donde están: Reporteros de guerra, El papel de los «progresistas» occidentales en la recolonización de África.

“… Yo misma he metido la pata, me he tragado algunas narrativas, y después he descubierto la verdad y he cambiado de postura, pero no he ido a ninguna plaza pública a entonar el mea culpa. No existe un espacio así, y que te permita salir vivo, menos.

Es tan difícil discernir hoy la realidad a tiempo. Por casualidad, en un viaje de trabajo por otra cosa que controlo más, me surgió una ocasión de hablar con sirios en Ceuta sin tener ni idea de la verdad de la guerra en su país, por lo que no pude hacerles las preguntas adecuadas. Desperté cuando tú, Mikel, me señalaste lo de la bandera detrás suyo en la foto del artículo ¿te acuerdas?, fue entonces cuando empecé a leer con atención, pero hice caso gracias a que fuiste tú, con respeto y educación, y no un troll que me insulte y me acose, como me ha pasado otras veces en otros asuntos [Rosa se refiere a la utilización de la bandera colonial siria en vez de la propia en un acto de supuesta defensa de los sirios].

Creo que como yo entonces, trabajan muchos periodistas, a remolque de la verdad, sin tiempo ni herramientas para hacer un buen trabajo desde el principio. Prefiero pensar esto.

Una cosa es que periodistas estrella cobren por mentir con conocimiento de causa, y otra es que prácticamente todos mis compañeros de profesión sean conscientes de esto. Creo que es una trampa en la que han caído y me pregunto si habrá algún medio eficaz para hacerles salir de ella.

Creo que la clave está en el respeto, como tú demostraste conmigo Mikel, como Joan ha hecho antes mil veces conmigo y con otros que conozco, respeto ante todo.

Creo que atacándolos con virulencia (como se está haciendo en general) no se logrará, porque como todo ser humano, se niegan a escuchar a quien los insulta. Al contrario, se relegan a consolarse con «su grupo de amigos afines» donde encuentran apoyos para no hacer caso, no perder tiempo leyendo a quienes los atacan. Una pena, porque en realidad pretenden abrirle los ojos, pero por hacerlo a hostias, con perdón, no logran su noble objetivo…”

Llegados a este punto tengo que puntualizar a Rosa que una cosa es quien por ignorancia comete un error, y que puede corregir, y otra quien deliberadamente, una y otra vez, comete delitos y propaga infamias con fines e intereses muy oscuros y resultados trágicos. No pequemos de ingenuidad con el delincuente, que por dinero y favores arruinará la vida de tantas personas.

“… Me lo han confesado amigos como Miguel Ángel Rodríguez de Cruz Roja, por ejemplo, que sufre ataques verbales continuos por sus tuits sobre refugiados sirios, (yo no le dije que estaba de acuerdo con la teoría de los que le insultan, no con los modos, un poco hipócrita por mi parte). Sé que no sólo es persistente con el mensaje bobalicón porque si no lo fuera no tendría el trabajo que tiene en Cruz Roja, que da de comer a su familia, sino que está convencido de ello de corazón. Más o menos me dijo «Son unos trolls que quieren hacer daño, menos mal que he tenido amigos y compañeros que me apoyan y me consuelan para superarlo». Pienso ¿y si se le explicase a este hombre la verdad de otro modo? ¿Se podría haber abierto su visión? Sé que es inteligente y buena persona, no le da pereza leer, tiene curiosidad natural como yo ¿cómo se puede hacer, abrirle los ojos? si lo intento yo, una amiga, ¿me hará caso o me tachará de loca y me echará al foso de los etiquetados con «no leer jamás»?

Y con esto no quiero justificar a nadie ni ponerlos al mismo nivel a todos. Miguel Ángel Rodríguez es amigo desde la universidad; Roberto Montoya, Javier Couso y yo conectamos por tener la misma visión de las guerras imperialistas al coincidir en un programa de Fort Apache sobre Malí; Olga Rodríguez se interesó por Victoire Ingabire, pero si lo hizo honestamente -que creo que sí-, al descubrir quién era yo, se negó a responder a mis mensajes; Agustín Velloso fue una fuente alternativa buenísima para analizar la guerra de Afganistán… tengo muchos motivos para negarme a usar la política del TODO O NADA con todos ellos, porque si no, ¿qué esperanza queda para mejorar algo? ¿para poder ofrecer al público información alternativa veraz sin causar rechazo de entrada? por estas guerras intestinas de los comunicadores, de la izquierda, de los expertos.

El periodismo como profesión de la que vivir ha caído en el lado oscuro definitivamente, se avecinan más guerras, y vamos de mal en peor con la tarea de abrir los ojos. Veo la necesidad de reflexionar e innovar sobre modos más eficaces de presentar la verdad y llegar al gran público, a través de llegar a los periodistas honestos.

En esto ando metida últimamente, si sabéis de alguien que ha hecho ya esta reflexión, aparte de vosotros dos que os leo religiosamente, y yo no me he enterado, por favor, decidme quién, que lo lea o escuche.

Perdón por el rollo que os he metido, necesitaba compartirlo con vosotros.
Temo que esta tarea me quede grande, cuanto más leo, más lo temo y más ganas me dan de seguir.
Os contactaré más adelante para charlar largo y tendido sobre ello.

Abrazos y gracias»

Rosa Moro

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